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Que Dolor Me Da Quererte

Que Dolor Me Da Quererte

Status: Terminada
Genre:Venganza / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Bella campesina y rico citadino se aman contra la voluntad de él. Ella sufre humillación en la ciudad. Él cambia. Ella huye. Él la busca. Celos, maldad y un embarazo los unen para siempre.

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Capítulo 16: La búsqueda de la verdad

La decisión estaba tomada. Lucía y Sebastián no podían seguir permitiendo que las mentiras de Elena y Victoria destruyeran su reputación y su amor. Necesitaban pruebas contundentes que demostraran la conspiración en su contra. Y para obtenerlas, tendrían que investigar por su cuenta.

—Tenemos que ir a la ciudad —dijo Sebastián, con determinación—. Necesito hablar con mi padre. Él es el único que puede ayudarnos.

—¿Estás seguro? —preguntó Lucía, con preocupación—. Tu madre controla todo allí. Podría ser una trampa.

—Lo sé —respondió él, tomando sus manos—. Pero mi padre siempre ha sido diferente. Si le explico la situación, estoy seguro de que nos ayudará.

Don Justo, que había escuchado la conversación, asintió con seriedad.

—Es un riesgo, pero tal vez sea la única opción. No podemos seguir así, viviendo con miedo y con la gente del pueblo señalándolos.

—Entonces vamos —dijo Lucía, con voz firme—. Pero vamos juntos. No voy a dejarte ir solo.

Sebastián sonrió, agradecido por su valentía.

—Juntos —repitió.

Al día siguiente, emprendieron el viaje hacia la ciudad. El viaje fue largo y silencioso, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Lucía miraba por la ventanilla, viendo cómo el paisaje campestre se transformaba en calles de asfalto y edificios de cemento. La ciudad ya no le parecía tan aterradora como la primera vez, pero seguía sintiendo una opresión en el pecho al pensar en la mansión Montenegro.

Cuando llegaron, Sebastián no fue directamente a la casa principal. En cambio, los llevó a una pequeña cafetería cerca de la mansión, donde solía reunirse con su padre en secreto cuando era adolescente.

—Papá viene aquí los jueves por la tarde —explicó—. Es su único momento de libertad. Si tenemos suerte, lo encontraremos.

Esperaron durante horas, bebiendo café frío y observando la puerta. Finalmente, cuando el sol comenzaba a ocultarse, don Rodrigo Montenegro apareció en la entrada. Al ver a su hijo, su rostro se iluminó con una mezcla de sorpresa y alegría.

—¡Sebastián! —exclamó, acercándose rápidamente—. ¿Qué haces aquí? ¿Estás bien?

—Estoy bien, papá —respondió Sebastián, abrazándolo—. Pero necesito tu ayuda.

Don Rodrigo miró a Lucía, y aunque su expresión era seria, no había desprecio en sus ojos.

—Tú debes ser Lucía —dijo, extendiendo la mano—. He oído mucho sobre ti.

—Espero que sean cosas buenas —respondió ella, estrechando su mano con respeto.

—Mi hijo te ama, y eso es suficiente para mí —dijo don Rodrigo, con una sonrisa cansada—. Siéntense. Cuéntenme todo.

Sebastián y Lucía le contaron sobre la carta anónima, los rumores, la alianza entre Elena y Victoria, y cómo el pueblo entero los había señalado como ladrones y mentirosos. Don Rodrigo escuchó en silencio, apretando los puños mientras la ira crecía en su interior.

—Victoria —dijo, con voz de acero—. Siempre manipulando, siempre mintiendo. Y Elena... nunca imaginé que una mujer del pueblo pudiera ser tan peligrosa.

—Necesitamos pruebas, papá —dijo Sebastián—. Algo que demuestre que ellas están detrás de todo esto.

Don Rodrigo asintió.

—Hay algo que podría ayudar. Victoria guarda todos sus documentos en el estudio de la mansión. Cartas, mensajes, registros de llamadas. Si podemos encontrar algo que la relacione con Elena, tendremos lo que necesitamos.

—Pero la mansión está vigilada —dijo Sebastián—. ¿Cómo vamos a entrar?

—Yo puedo distraer a Victoria —respondió don Rodrigo—. Diré que quiero celebrar una cena familiar, para intentar reconciliarnos. Mientras tanto, ustedes podrán registrar el estudio.

El plan era arriesgado, pero era la única oportunidad que tenían.

Esa noche, don Rodrigo llegó a la mansión con una botella de vino caro y una sonrisa falsa. Victoria, sorprendida pero halagada por la atención de su esposo, accedió a cenar con él en el comedor principal.

—¿Qué celebramos? —preguntó ella, con curiosidad.

—Celebramos que aún estamos juntos —respondió don Rodrigo, sirviéndole una copa—. A pesar de todo.

Mientras tanto, Sebastián y Lucía entraban por la puerta trasera, guiados por Mateo, que los esperaba con una linterna y las llaves del estudio.

—Tienen poco tiempo —susurró Mateo—. Mi madre puede darse cuenta en cualquier momento.

El estudio era grande y oscuro, lleno de estanterías de madera y archivos metálicos. Sebastián comenzó a revisar los cajones del escritorio, mientras Lucía buscaba en los estantes. El tiempo pasaba lentamente, cada segundo una eternidad.

—¡Encontré algo! —susurró Lucía, sosteniendo un sobre con el nombre de Elena escrito en letra cursiva.

Dentro había varias cartas, intercambiadas entre Elena y Victoria, donde detallaban sus planes: la carta anónima, los rumores, la forma de presionar a Lucía y Sebastián para que huyeran y perdieran toda credibilidad.

—Esto es todo lo que necesitamos —dijo Sebastián, guardando las cartas en su bolsillo.

Salieron del estudio justo cuando Victoria se levantaba de la mesa, sospechando que algo no estaba bien. Pero no los vio. Mateo los guió por el pasillo trasero, y pronto estaban fuera de la mansión, corriendo hacia la camioneta.

—¡Lo logramos! —exclamó Lucía, con el corazón latiendo a mil por hora.

—Ahora —dijo Sebastián, encendiendo el motor—, vamos a limpiar nuestro nombre.

Al día siguiente, regresaron al pueblo. Con las cartas en mano, fueron a la oficina del alcalde y le mostraron las pruebas. El alcalde, al ver la evidencia, no pudo negar la verdad.

—Esto cambia todo —dijo, con tono grave—. Elena será llamada a declarar. Y si es necesario, la justicia actuará.

La noticia se extendió rápidamente por el pueblo. La gente, que antes señalaba a Lucía, ahora la miraba con lástima y admiración. Había sido víctima de una conspiración, y había salido fortalecida.

Elena, al enterarse de que las cartas habían sido descubiertas, sintió que el mundo se derrumbaba. Fue a casa de Lucía, suplicando perdón.

—Lucía, por favor —dijo, con lágrimas falsas—. No sabía lo que hacía. Victoria me manipuló. Yo solo quería ser feliz.

—No te creo, Elena —respondió Lucía, con voz fría—. Tuviste muchas oportunidades para detenerte, y no lo hiciste. Ahora tendrás que enfrentar las consecuencias.

Elena fue arrestada y llevada ante el juez del pueblo. Victoria Montenegro, aunque no pisó la cárcel, fue expuesta públicamente como la mente detrás de la conspiración. Su reputación quedó manchada para siempre.

Y Lucía y Sebastián, finalmente libres, pudieron respirar tranquilos.

—Ahora sí —dijo Sebastián, abrazándola—. Ahora sí podemos empezar nuestra vida juntos.

—Sí —respondió ella, con lágrimas de felicidad—. Juntos.

El amor había vencido. Pero el camino aún no terminaba.

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Monica Liliana Broudiscou
estuvo muy buena, me gustó mucho, muchas felicitaciones🥰👏👏👏👏👏
Lis
🐍
valeska garay campos
bella historia
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