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Solo Un Sorbo

Solo Un Sorbo

Status: En proceso
Genre:CEO / Yaoi
Popularitas:891
Nilai: 5
nombre de autor: Lukas el fantasma rojo

trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos

NovelToon tiene autorización de Lukas el fantasma rojo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Incluso enfermo sigue trabajando

La lluvia no había parado en toda la tarde.

El sonido constante contra las ventanas llenaba la habitación con una calma engañosa, porque dentro de esa cama el hombre más terco del planeta seguía intentando destruirse trabajando.

Y Lukas todavía no lo sabía.

Después del incidente con Viktor, finalmente había conseguido que Dimitri descansara de nuevo. O al menos eso parecía.

El empresario llevaba casi una hora acostado entre las almohadas, con los ojos cerrados y respirando lentamente. La fiebre seguía alta, pero ya no discutía tanto, y eso por sí solo era sospechoso.

Demasiado sospechoso.

Dimitri jamás cooperaba así de fácil.

Lukas estaba sentado cerca de la ventana leyendo algunos documentos médicos en la tablet. De vez en cuando levantaba la vista para comprobar que Dimitri siguiera dormido.

Todo parecía tranquilo.

Hasta que escuchó una vibración.

Muy suave.

Casi imperceptible.

Bzzzt.

Lukas levantó la mirada.

Dimitri seguía acostado exactamente igual.

Ojos cerrados.

Expresión tranquila.

Demasiado tranquila.

Lukas entrecerró los ojos.

Luego volvió a mirar la tablet.

Silencio.

Cinco segundos después:

Bzzzt.

Esta vez Lukas dejó lentamente la tablet a un lado.

—Dimitri.

—Mm.

—¿Qué fue eso?

—La lluvia.

—La lluvia no vibra.

—Esta casa es vieja.

—La mansión fue construida hace dos años.

Silencio.

Lukas ya conocía ese silencio.

Era el silencio de “me descubrieron pero aún voy a intentar mentir”.

Se levantó lentamente del sillón.

Dimitri permaneció completamente inmóvil bajo las cobijas.

Sospechoso.

Muy sospechoso.

Lukas caminó hacia la cama sin apartar la mirada de él.

—Dimitri…

—Estoy descansando.

—Claro.

—De verdad.

—Ajá.

Lukas se sentó en el borde de la cama y observó el rostro del empresario unos segundos.

Parecía dormido.

Demasiado perfectamente dormido.

Ahí estuvo el segundo error de Dimitri.

Porque Lukas notó algo mínimo.

El brillo de una pantalla reflejándose apenas debajo de la almohada.

Lo miró en silencio.

Luego levantó lentamente una ceja.

—No te atreviste.

Dimitri no abrió los ojos.

—No sé de qué hablas.

Lukas metió la mano bajo la almohada.

Y encontró un celular.

El silencio posterior fue absoluto.

Lentamente, Dimitri abrió un ojo.

—Puedo explicarlo.

Lukas miró la pantalla.

Cuarenta y siete correos enviados.

Tres videollamadas rechazadas.

Doce mensajes marcados como “urgente”.

Y una hoja de cálculo abierta.

Lukas levantó lentamente la mirada.

—¿Estás trabajando escondido?

—Técnicamente estoy acostado.

—Dimitri.

—¿Sí?

—Voy a golpearte con tu propio celular.

Dimitri tuvo el descaro de verse ofendido.

—Eso sería violencia corporativa.

—¡Tienes fiebre!

—Pero también responsabilidades.

Lukas lo observó incrédulo.

—¿En qué momento exactamente planeabas descansar?

Dimitri finalmente se incorporó un poco, apoyándose contra el respaldo de la cama.

El movimiento ya lo dejó ligeramente agotado, pero aun así extendió la mano intentando recuperar el celular.

—Solo estaba respondiendo algunos asuntos importantes.

Lukas levantó el teléfono lejos de su alcance.

—“Algunos asuntos”.

Miró la pantalla otra vez.

—Dimitri, literalmente estás amenazando legalmente a alguien desde la cama.

—Porque cometió un error muy costoso.

—¡Tú eres el error costoso ahorita!

Eso hizo que Dimitri soltara una pequeña risa ronca.

Y Lukas tuvo que contener las ganas de estrangularlo cariñosamente.

—No es gracioso.

—Un poco sí.

—No.

Dimitri suspiró y dejó caer la cabeza contra la almohada.

—Lukas… si no respondo ciertas cosas hoy, mañana será peor.

—Mañana seguirás vivo para responderlas.

—Qué optimista.

Lukas cruzó los brazos.

—¿Sabes qué pasa normalmente cuando una persona tiene fiebre?

—Suda.

—Descansa.

—También eso.

—Pues inténtalo.

Dimitri cerró los ojos unos segundos.

Luego habló más bajo.

—No puedo simplemente apagar todo.

La frase salió distinta esta vez.

Menos arrogante.

Más cansada.

Lukas guardó silencio.

Porque ahí estaba el verdadero problema.

No era solo trabajo.

Era miedo.

Dimitri había construido toda su vida alrededor del control. Cada llamada respondida. Cada contrato revisado. Cada amenaza neutralizada antes de crecer.

Descansar significaba perder control.

Y perder control era algo que Dimitri simplemente no sabía hacer.

Lukas se sentó otra vez a su lado.

—El mundo no va a derrumbarse porque ignores unos correos.

Dimitri abrió apenas los ojos.

—Tú no conoces a mis inversionistas.

—Ya conocí a uno y sobreviví.

Eso sacó una sonrisa cansada de Dimitri.

—Viktor sigue vivo solo porque te agradó.

—Qué honor.

—Créeme, lo es.

Lukas negó con la cabeza y sostuvo el celular frente a él.

—Dame una razón válida para devolvértelo.

Dimitri lo pensó apenas un segundo.

—Tengo información confidencial ahí.

—Mala respuesta.

—Soy un hombre poderoso.

—Peor.

—Estoy enfermo y vulnerable.

—Manipulación emocional.

—Funciona a veces.

Lukas suspiró.

—No contigo.

Dimitri lo miró en silencio unos segundos.

Luego, inesperadamente, habló más bajo.

—Cuando dejo de trabajar… pienso demasiado.

La habitación quedó en silencio.

La lluvia seguía golpeando las ventanas.

Lukas bajó un poco el celular.

—¿Pensar en qué?

Dimitri apartó la mirada.

Y eso solo ocurrió cuando algo realmente le incomodaba.

—En cosas.

—Respuesta evasiva.

—Respuesta suficiente.

Lukas lo observó unos segundos más.

El empresario parecía agotado.

No solo físicamente.

Mentalmente también.

Había ojeras marcadas bajo sus ojos. La fiebre le daba un leve color rojizo al rostro. Y aun así seguía intentando sostener sobre sus hombros el peso de empresas enteras.

Como si detenerse fuera peligroso.

Lukas finalmente dejó el celular sobre la mesa de noche… lejos de él.

—Vas a dormir.

Dimitri inmediatamente intentó alcanzar el teléfono.

Lukas le atrapó la muñeca antes.

—Ni lo intentes.

—Solo revisaré una cosa.

—No.

—Cinco minutos.

—No.

—Treinta segundos.

—Dimitri.

—Diez.

Lukas lo empujó suavemente de nuevo hacia la almohada.

—Cierra los ojos.

El empresario soltó un suspiro dramático.

—Eres cruel conmigo.

—Y tú eres adicto al trabajo.

—Eso suena feo.

—Porque lo es.

Dimitri murmuró algo inentendible en ruso antes de acomodarse otra vez.

Lukas sonrió apenas.

—¿Eso fue un insulto?

—Tal vez.

—Qué romántico.

Hubo un pequeño silencio.

Luego Dimitri abrió apenas los ojos otra vez.

—Lukas.

—¿Qué?

—Si me das el celular…

—No.

—Ni siquiera escuchaste la propuesta.

—Porque ya sé que es mala.

Dimitri hizo un pequeño puchero cansado.

Y honestamente, verlo así seguía siendo extraño.

Nadie en el mundo imaginaría que Dimitri Volkov, el empresario más temido de Europa del Este, hacía berrinches cuando le quitaban el celular.

Lukas le acomodó un poco el cabello oscuro hacia atrás.

—Duerme.

Dimitri lo observó en silencio.

Y entonces preguntó algo inesperado.

—¿De verdad no te molesta cuidar de mí así?

Lukas parpadeó apenas.

—¿Por qué me molestaría?

Dimitri dudó un segundo.

—Porque soy difícil.

—Eso ya lo sabía cuando me casé contigo.

Una sonrisa pequeña apareció en los labios del empresario.

Tranquila.

Real.

Y finalmente, por primera vez en todo el día…

Dejó de intentar alcanzar el celular.

Sus ojos comenzaron a cerrarse lentamente mientras Lukas seguía sentado a su lado.

Pero justo antes de quedarse dormido, Dimitri murmuró algo casi inaudible.

—Gracias por quedarte.

Lukas sintió algo apretarse suavemente en su pecho.

Porque Dimitri rara vez pedía cosas.

Y mucho menos compañía.

Lukas tomó su mano entre las suyas con cuidado.

—Siempre voy a quedarme contigo.

Y esa vez…

Dimitri finalmente se quedó dormido de verdad.

Sin correos.

Sin llamadas.

Sin empresas.

Solo Dimitri.

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