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La Sangre Que Doblegó Al Rey

La Sangre Que Doblegó Al Rey

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Hombre lobo / Mujer poderosa
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Caami Puig

Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.

No se conocen. Pero el hilo los encontró.

A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.

NovelToon tiene autorización de Caami Puig para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

*La Frontera*

El río estaba helado.

Kael lo cruzó igual.

Del otro lado no había muralla. No había torres. No había lobos con los colmillos afuera bloqueando el paso.

Solo abedules, nieve y pasto verde. Ciervos. Lobos echados como si vigilaran sin amenazar. Gente caminando libre, riéndose bajo. Entrenada, sí. Pero feliz. Kael lo notó al segundo. Sus lobos también sabían pelear. Solo que no vivían con los dientes afuera.

Sophia lo esperaba al borde del claro. Sin armadura. Sin gritos.

Kael se detuvo. Amarok se puso de pie adentro suyo y tiró de ese hilo invisible hacia ella. _MIA_. Le quemó el pecho. Kael no dijo nada.

Sophia parpadeó. Llevó una mano al esternón, como si le faltara el aire un segundo. No sabía qué era. Solo que el cuerpo le reconoció algo antes que la cabeza.

—Te estás fijando en lo que no hay —dijo ella. Voz firme, pero con un temblor chiquito que no era miedo.

Kael ladeó la cabeza. No lo negaba.

—Todas las manadas tienen muro —dijo él, grave pero sin filo—. De piedra. De espinas. De huesos si hace falta.

Sophia negó con la cabeza. No para discutir. Para ordenar lo que sentía adentro.

—No —dijo bajito—. Los muros mantienen afuera. Pero también encierran. Mi madre decía que si el territorio es fuerte, no necesita piedra. Si la gente confía, no necesita rejas.

Kael miró atrás. Los lobos de Luna Plateada. No gruñían. Vigilaban. Como soldados en descanso. Como su gente, pero sin el peso de la corona.

—Tu gente está entrenada —dijo Kael. Era observación, no cumplido. No sabía dar cumplidos—. Pero están... tranquilos.

—Porque no vivimos esperando el golpe —Sophia se cruzó de brazos, pero no a la defensiva—. Entrenamos para proteger, no para temer. Hay diferencia.

El viento movió el pelo de Sophia y a ella se le erizó la piel. No de frío. Amarok tiró otra vez adentro de Kael y Sophia sintió un calor raro bajarle por la columna. Como si su cuerpo dijera “EL”. Frunció el ceño, confundida. Faltaba un par de meses para cumplir 18.

Kael lo vio. No preguntó. Los dos estaban sintiendo lo mismo y ninguno tenía palabras.

—Viniste por los ataques de las Cenizas —dijo Sophia. Cambió de tema porque el otro tema le quemaba—. No cruzaste el río por curiosidad.

Kael asintió. Una vez. Amarok se echó en su pecho y dejó de empujar. _Escuchála_.

—Sí —dijo Kael—. Tres aldeas quemadas en dos lunas. Ceniza gris. Sin olor a lobo. Sin huellas. Solo fuego que no apaga el agua. Mi gente pelea bien. Pero no sabemos qué es.

Sophia dio un paso. El agua del río le mojó la bota. Del otro lado al pasto.

—Nosotros tampoco —dijo ella—. Por eso no tenemos muros. Los muros no paran ceniza. La ceniza pasa por arriba, por abajo, por el aire. Si construimos rejas, nos encerramos con el fuego adentro.

Sophia sonrió apenas. De alivio. De que no venía a romper.

—Entonces bienvenido, Rey de Reyes —dijo ella—. Pasá. El pasto no muerde. Y mis lobos no muerden si no los atacás.

...Kael la miró fijo. Por primera vez no la evaluaba como alfa. La miraba como igual. Dos líderes jóvenes. Dos manadas con lobos distintos. Un mismo enemigo que no entendían.

Sophia dio un paso. El agua del río le mojó la bota. Del otro lado al pasto.

—Nosotros tampoco sabemos qué es —dijo ella—. La ceniza gris no deja huellas. No deja olor. Solo casas quemadas y gente con los pulmones llenos de polvo negro. Los muros no la paran. La ceniza pasa por arriba.

Amarok se echó en el pecho de Kael. _Ella sabe_. Kael apretó la mandíbula. Sophia se llevó la mano al esternón. El cuerpo reconocía a Kael como si ya llevara años esperando.

Hablaron un rato más. De patrones. De vientos. De por qué la ceniza solo caía de noche. Ninguno tenía respuestas. Solo pedazos.

Cuando el silencio pesó, Sophia lo cortó.

—Bueno —dijo, y se cruzó de brazos—. Ahora la pregunta real. ¿Qué hacemos con la manada y con las Cenizas? Mi gente vigila sin rejas. La tuya pelea con muros. Distinto. Pero el fuego es el mismo.

Kael no contestó enseguida. Miró el bosque de ella. Tranquilo. Miró atrás, donde esperaba su manada. Entrenada. Feliz. Leal.

—Te unes o no —dijo Kael al fin. Voz baja, sin orden. Sin súplica—. No te pido juramento. Te pregunto si tu manada y la mía podrían cazar el mismo fuego.

Sophia no dijo sí. No dijo no. Solo lo sostuvo con la mirada. El pecho le ardía por algo que no era el frío.

Kael asintió una vez. Se dio vuelta.

—Vuelvo con mi gente —dijo—. Si decidís algo, solo avisa.

Y se fue. Cruzó el río de vuelta. El agua le marcó las botas otra vez. Amarok no rugió. Solo miró a Sophia una última vez desde adentro de Kael. _MIA_.

Sophia se quedó en el claro. El pasto verde bajo la nieve. El silencio que antes no dolía, ahora sí.

Se llevó la mano al pecho. El cuerpo le preguntaba por qué se sentía así. Por qué cada paso de Kael alejándose le dejaba un hueco que no sabía nombrar.

Solo la pregunta en el aire: _¿Te unes o no?_

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Tamara Cruz
👏
Caami Puig
Hola buenas noches!
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰
ximijass: cuando esté completa, avisa!!!!🥰🥰🥰👏☺️
total 1 replies
Claudia Correa
es entretenida, y me gusta q la trama se desarrolle en Argentina
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