VOLÚMEN 2 LEER PRIMERO EL VOLUMEN 1
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VOLUMEN 2 — CAPÍTULO 3
Era jalada detrás de él en silencio hasta que finalmente atravesamos otra enorme puerta del castillo. En cuanto cruzamos, el agua desapareció por completo de aquella zona y Azariel volvió a su forma humana. Su larga cola púrpura se desvaneció lentamente hasta convertirse nuevamente en unas largas piernas cubiertas por aquellas elegantes prendas oscuras.
Entonces soltó mi muñeca y comenzó a caminar frente a mí con tranquilidad.
Mis ojos se abrieron apenas observé lo que había delante.
El enorme campo de entrenamiento del reino marino…
No era muy distinto al que aparecía en los recuerdos de Seiren Scarlet.
Frente a nosotros se extendían dos gigantescos campos de entrenamiento.
Uno completamente cubierto por agua marina y otro totalmente seco.
Ambos eran inmensos.
El suelo estaba marcado por grietas antiguas, señales de incontables batallas y entrenamientos brutales. Incluso el aire parecía pesado debido a la enorme presión espiritual que flotaba alrededor.
Mi corazón empezó a acelerarse.
Mi cuerpo entero gritaba por bajar a esa arena.
Quería moverme.
Quería pelear.
Quería entrenar.
Azariel se detuvo apenas unos pasos delante de mí y volteó ligeramente el rostro hacia atrás.
—¿Te emociona?
Asentí lentamente sin apartar la vista del enorme campo.
—Mucho… Este lugar parece un verdadero campo de batalla…
Una pequeña sonrisa apareció apenas en los labios de Azariel.
Tan pequeña que casi parecía una ilusión.
—Lo es.
Sus ojos púrpura recorrieron lentamente el gigantesco lugar mientras hablaba con calma.
—Aquí entrenan los guerreros reales de mi castillo.
Mientras observaba alrededor, comencé a sentir las miradas.
Soldados.
Caballeros.
Sirvientes.
Incluso algunos nobles que pasaban por la zona se quedaron observándome sorprendidos por caminar junto al séptimo príncipe.
Los murmullos comenzaron a escucharse alrededor.
—¿Quién es esa mujer?
—¿Por qué está con el séptimo príncipe?
—¿Una hembra terrestre?
Sentí una ligera incomodidad ante tantas miradas clavadas sobre mí.
Sin embargo, antes de que pudiera pensar demasiado en ello, Azariel habló tranquilamente.
—Ignóralos.
Lo miré sorprendida.
Él ni siquiera estaba viendo a las personas alrededor.
Simplemente siguió caminando hasta llegar al centro del enorme campo de entrenamiento.
Entonces levantó ligeramente una mano.
Una larga lanza de color púrpura apareció instantáneamente frente a él envuelta en energía espiritual.
La presión que desprendía aquella arma era enorme.
Y aun así…
Sin darme cuenta, ya me encontraba justo detrás de él.
Azariel giró apenas el rostro hacia mí.
No parecía sorprendido de verme tan cerca.
Pero sí suspiró ligeramente.
—¿Por qué me seguiste? Estar dentro de la arena puede ser peligroso.
Mis ojos brillaron llenos de emoción.
Di un pequeño paso hacia él mientras lo observaba sostener aquella lanza.
—Azariel… ¿puedes entrenarme?
Azariel se quedó en silencio después de escucharme.
Sus ojos púrpura me observaron a través de sus lentes fijamente mientras la lanza descansaba tranquilamente entre sus dedos.
Por un momento pensé que me rechazaría.
Después de todo… las hembras no entrenaban.
Y mucho menos entraban voluntariamente a una arena de combate.
Los murmullos alrededor comenzaron a aumentar apenas escucharon mi petición.
—¿Entrenar?
—¿Esa hembra quiere entrenar?
—Qué ridículo…
—Deberia tomar algunos machos si quiere tener poder.
Sin embargo, Azariel ignoró completamente las voces alrededor.
Sus ojos seguían clavados únicamente en mí.
—¿Por qué quieres entrenar?
La pregunta me tomó desprevenida.
Abrí ligeramente los labios, pero las palabras salieron antes de pensarlas demasiado.
—Porque quiero ser fuerte.
Pensé emocionada.
Me emociona la idea de poder luchar… quiero ser fuerte.
Los ojos de Azariel cambiaron apenas un poco al escuchar mi respuesta.
Entonces levantó lentamente la lanza.
—Las armas no son juguetes, Nerissa.
La enorme presión espiritual de la lanza se expandió ligeramente alrededor.
—Entrenar significa lastimarte. Caer. Sangrar. Romperte los músculos una y otra vez.
Tragué saliva.
Pero aun así no retrocedí.
—Aun así quiero hacerlo.
Pensé casi suplicando.
Que no me diga que no… que no me diga que no…
Azariel me observó unos segundos más.
Entonces suspiró apenas.
—…Terca.
Mis ojos brillaron emocionados.
—¿Eso significa que sí?
Azariel levantó la mano libre y, de repente, otra lanza apareció flotando frente a mí.
Era mucho más pequeña y ligera que la de él.
La atrapó antes de que cayera y luego me la extendió.
—Primero intenta sostenerla correctamente.
Parpadeé sorprendida antes de tomarla.
Pero apenas mis dedos tocaron el arma casi se me cae.
Escuché algunas risas alrededor del campo de entrenamiento.
Mis mejillas se calentaron un poco de vergüenza mientras volvía a sujetarla con ambas manos.
Aunque podía lucirme utilizando los recuerdos y la experiencia de combate de Seiren Scarlet…
Si realmente quería ser tratada como alguien distinta y no como la reencarnación de esa mujer…
Entonces debía aprender desde cero.
Sin usar nada que perteneciera a Seiren Scarlet.
Azariel observó en silencio cómo casi dejaba caer la lanza apenas la tomé.
La punta del arma golpeó ligeramente el suelo antes de que lograra sostenerla con ambas manos.
El peso era mucho mayor de lo que imaginaba.
Mis brazos temblaron apenas un poco mientras intentaba acomodarla correctamente.
A mi alrededor comenzaron a escucharse algunas risas burlonas.
—Ni siquiera puede sostenerla…
—¿Y quiere entrenar?
—Las hembras realmente son problemáticas…
—Aun así es muy hermosa, si quiere poder yo podría ser su conyugue.
Apreté ligeramente los dientes.
Qué irritantes…
Azariel golpeó con la punta de su lanza el suelo.
El sonido seco resonó por toda la arena de entrenamiento y las voces alrededor se apagaron casi de inmediato.
Los soldados se tensaron antes de comenzar a dispersarse en silencio.
Azariel me observó fijamente mientras sostenía su propia lanza con absoluta naturalidad.
—Tu postura está mal.
Antes de que pudiera reaccionar, él se acercó lentamente hasta quedar detrás de mí.
Mi corazón dio un salto apenas sentí su presencia tan cerca.
Azariel tomó suavemente mis manos sobre la lanza.
—Relaja los hombros.
Su voz grave resonó junto a mi oído.
Mi espalda se tensó automáticamente.
—Si te fuerzas demasiado perderás estabilidad.
Sus manos acomodaron lentamente mis dedos alrededor del arma.
—La fuerza no sirve de nada si no puedes controlar el equilibrio.
Tragué saliva.
Estaba demasiado cerca…
Podía sentir claramente el calor de su cuerpo detrás del mío incluso dentro del enorme campo de entrenamiento.
Intenté concentrarme en la lanza.
Intenté…
Pero era difícil cuando Azariel literalmente me estaba sujetando de esa manera.
Mis mejillas comenzaron a calentarse.
No pienses cosas raras…
No pienses cosas raras…
Azariel inclinó apenas la cabeza observando cómo sostenía el arma.
—Mira al frente, Nerissa.
Me estremecí ligeramente al escuchar mi nombre tan cerca.
—S-Sí…