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BAJO LAS ALAS DEL AMOR

BAJO LAS ALAS DEL AMOR

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Tras un matrimonio que se desmorona en el silencio y la indiferencia, un encuentro fortuito la sumerge en la vorágine de una pasión que jamás creyó posible. Alejandro, un hombre enigmático y arrollador, emerge de entre las sombras de su pasado, trayendo consigo no solo un amor avasallador, sino también un turbulento secreto que podría destruirlos.

Isabella, una mujer que ha luchado por mantener en pie su independencia y su corazón, se ve arrastrada a un mundo de deseo incontrolable y decisiones prohibidas. A medida que sus cuerpos se entrelazan en encuentros que desafían toda convención, también lo hacen sus almas, forjando un vínculo que es tan peligroso como irresistible. Pero el camino del amor verdadero nunca es sencillo.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

Los días siguientes a la cena en el restaurante-galería fueron una tortura dulce para Isabella. Se esforzó por retomar su rutina, por sumergirse en sus diseños y proyectos gráficos, pero la imagen de Alejandro Vargas se colaba en cada pensamiento. Intentaba convencerse de que aquel encuentro había sido una simple chispa momentánea, una fantasía para escapar de su realidad, pero algo en su interior se negaba a olvidarlo.

Sin embargo, el destino, o quizás el ingenio de Alejandro, tenía otros planes.

La primera “casualidad” ocurrió una semana después. Leonardo había insistido en que Isabella lo acompañara a la inauguración de una nueva torre de oficinas en el distrito financiero, un evento que prometía ser tan soporífero como todos los anteriores. Isabella, vestida con un elegante traje sastre, intentaba pasar desapercibida mientras su esposo estrechaba manos y hablaba con vehemencia sobre las futuras ganancias.

De repente, lo vio. Alejandro Vargas estaba de pie en un pequeño corrillo de empresarios, con esa misma confianza innata, esa aura que atraía todas las miradas. Cuando sus ojos se encontraron, Isabella sintió el mismo shock eléctrico de la primera vez. Esta vez, la sonrisa de Alejandro fue más discreta, casi imperceptible, pero cargada de una complicidad que la hizo sonrojar.

Minutos después, mientras Leonardo estaba absorto en una conversación con el arquitecto del proyecto, Alejandro se acercó a Isabella con una disculpa forzada.

—Disculpe, señora Lombardi, ¿ha visto al señor Ferrer por aquí? Me parece que lo vi charlando con su esposo.

—No, no lo he visto —respondió Isabella, sintiendo que el corazón le martilleaba en el pecho—. Creo que está en la otra sala.

—Ah, ya veo —dijo él, sin moverse un centímetro—. Permítame decirle que el diseño de este lobby es impresionante. Una mezcla perfecta de modernidad y clasicismo.

Isabella, que era diseñadora, no pudo evitar sentirse halagada. Comenzaron a hablar de arte, de arquitectura, de cómo la estética puede influir en el estado de ánimo de las personas. Por primera vez en mucho tiempo, Isabella se sintió escuchada, sus opiniones valoradas. Alejandro no solo la escuchaba, sino que la entendía, la desafiaba con preguntas inteligentes y la hacía reír con comentarios ingeniosos. La conversación fluía, ligera y profunda a la vez, tocando fibras emocionales que Isabella creía muertas bajo el peso de su matrimonio.

—Me sorprende la profundidad de su perspectiva, Isabella —dijo Alejandro, pronunciando su nombre por primera vez, sin el formal "señora Lombardi", y eso se sintió como una caricia.

—Usted también es un hombre de muchas facetas, señor Vargas —respondió ella, atreviéndose a mirarlo directamente a los ojos.

La conversación fue interrumpida por Leonardo, quien, al verlos demasiado cerca y absortos, se acercó con una sonrisa forzada y un ceño fruncido.

—Vargas, ¿todo en orden? ¿Isabella te estaba entreteniendo?

—Solo hablábamos de arte, Lombardi —respondió Alejandro con su calma habitual, sin inmutarse ante la hostilidad de Leonardo—. Su esposa tiene un ojo exquisito. Es una lástima que su talento no sea más reconocido.

Ese comentario, que parecía inocente, fue una punzada para Leonardo y un bálsamo para Isabella.

Los reencuentros se hicieron más frecuentes. Una mañana, mientras Isabella tomaba café en su cafetería favorita después de una cita con un cliente, Alejandro apareció “casualmente” para pedir un espresso. Otro día, en un evento cultural benéfico, sus caminos volvieron a cruzarse. Cada vez, las conversaciones se prolongaban un poco más, las miradas se volvían más intensas y la tensión entre ellos, más palpable.

Alejandro siempre encontraba la manera de acercarse, de entablar una charla que iba más allá de lo superficial. Hablaban de sus sueños, de sus frustraciones, de lo que realmente anhelaban de la vida. Él la escuchaba con una atención que Leonardo nunca le había prestado, la hacía reír con una facilidad que ella había olvidado, y la hacía sentirse… viva.

Isabella sabía que cada uno de esos encuentros era un pequeño acto de rebeldía, un paso más hacia un precipicio peligroso. Pero la calidez y la complicidad que Alejandro le ofrecía eran como un oasis en el desierto de su matrimonio. La imagen de sus ojos oscuros, ahora llenos de una promesa silenciosa, se había grabado en su memoria, y cada vez que lo veía, sentía que un nuevo escalón en el deseo se construía en su corazón. Estaba navegando en aguas peligrosas, pero por primera vez en mucho tiempo, el viaje no le parecía aburrido.

—Ese cuadro me recuerda a ti —le susurró, señalando una pieza abstracta de colores vibrantes y pinceladas audaces—. Hay tanta fuerza oculta, tanta belleza esperando ser descubierta.

Isabella sintió un rubor ascender por sus mejillas. —¿Y qué te hace pensar eso?

Él giró su rostro para mirarla directamente a los ojos, su voz baja y cargada de una intimidad que la hizo temblar. —Porque en tus ojos veo un mundo entero que anhela ser libre.

Ella desvió la mirada, el corazón acelerado. —¿Acaso lees la mente, señor Vargas?

Alejandro sonrió, un destello de diversión y deseo en sus ojos. —No, Isabella. Solo sé reconocer la verdad cuando la veo. Y en ti, veo la verdad más hermosa y escondida que he encontrado en mucho tiempo.

El breve intercambio fue un torbellino de emociones, una promesa silenciosa que ambos entendieron. Y aunque duró apenas unos segundos antes de que Leonardo se acercara, dejó a Isabella con una sensación de vértigo, como si estuviera a punto de caer en un abismo del que, extrañamente, no quería ser rescatada.

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Miriam Ramirez
buenisima autora espero la siguiente historia gracias x compartir su talento un abrazo y asta pronto👏👏👏👏👏👏👏👏🥰 drsde Santiago de Cali Valle
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