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Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Entre Llamas Y Mareas: El Destino Del Avatar

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Época / Romance
Popularitas:470
Nilai: 5
nombre de autor: Fachis Reyes

En el mundo de Avatar: La Leyenda de Aang, donde la paz parecía finalmente establecida, una amenaza resurge desde las sombras: el temido Loto Rojo. Mientras tanto, en la era moderna, una joven fanática revive por milésima vez la historia del Avatar en su tableta, completamente enamorada del príncipe Zuko. Lo que no imagina es que su destino cambiará para siempre cuando una misteriosa luz azul la transporta a ese mismo universo… pero no como espectadora, sino como una poderosa maestra agua.

Ahora, atrapada en Ciudad República, en un cuerpo que no es el suyo y con una nueva vida rodeada de secretos, descubre una conspiración que amenaza con destruir al Avatar Aang y romper el equilibrio del mundo. Al advertir al Equipo Avatar, se ve envuelta en una batalla peligrosa contra enemigos implacables, donde el honor, la lealtad y el amor serán puestos a prueba.

NovelToon tiene autorización de Fachis Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La guarida secreta

El callejón olía a humedad.

Sereya avanzó con cuidado, manteniendo la respiración baja, casi inexistente. Cada paso que daba parecía resonar demasiado fuerte contra las paredes estrechas de ladrillo. La luz del exterior se desvanecía poco a poco, siendo reemplazada por una penumbra densa.

Las voces seguían ahí.

Bajas. Frías. Precisas.

Se deslizó hasta una esquina donde el callejón parecía abrirse hacia una estructura más amplia. Desde su posición, pudo ver una puerta metálica semioculta, incrustada en la pared, como si fuera una entrada olvidada por la ciudad… o escondida intencionalmente.

Los hombres de negro desaparecieron por ahí.

Sereya se acercó lentamente, pegándose a la pared.

Su corazón latía tan fuerte que temía que pudieran escucharlo.

Se inclinó apenas lo suficiente para mirar.

Y entonces lo vio.

No era una simple habitación.

Era una bóveda.

Amplia, profunda, iluminada por antorchas que proyectaban sombras inquietantes sobre las paredes de piedra. El suelo estaba marcado con símbolos que no reconocía completamente… pero algo en ellos le resultaba familiar.

Y en el centro…

Había más personas.

Vestidas de negro.

En silencio.

Observando.

Esperando.

Sereya frunció el ceño, sintiendo cómo una sensación helada le recorría la espalda.

Uno de los hombres avanzó un paso, tomando la palabra.

—El tiempo ha llegado.

Su voz era firme. Segura. Fría.

—El Avatar no debe seguir existiendo.

El aire se volvió pesado.

Sereya sintió cómo su cuerpo se tensaba por completo.

—…El equilibrio es una ilusión —continuó otro—. Las naciones deben liberarse de ese ciclo interminable.

Un tercero habló.

—El mundo necesita caos para encontrar su verdadera paz.

El corazón de Sereya dio un vuelco.

—No… no… no…

Su mente trabajaba a toda velocidad.

Recordando.

Atando piezas.

Historias.

Datos.

Escenas.

—El Loto Rojo…

Su respiración se volvió irregular.

—Son el Loto Rojo…

Aunque aún no los veía claramente a todos, no necesitaba hacerlo.

Sabía lo que eran.

Sabía lo que querían.

—Quieren matar al Avatar…

Su cuerpo reaccionó antes que su mente.

Retrocedió un paso.

Y ese fue su error.

Su pie rozó una pequeña piedra.

El sonido fue mínimo.

Pero en ese lugar… fue suficiente.

Todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.

Sereya se quedó completamente congelada.

—…Hay alguien —dijo una voz grave.

El mundo pareció detenerse.

Giró sobre sí misma y salió disparada por el callejón, su corazón estaba latiendo con violencia contra su pecho.

—¡Hay una intrusa! —gritó alguien detrás de ella.

—¡Atrápenla!

El sonido de pasos la persiguió de inmediato.

—¡Maldición! —jadeó mientras Seraya corría—. ¡Maldición, maldición, MALDICIÓN!

Giró en una esquina sin pensar, casi chocando contra la pared.

Escuchó un silbido.

Algo pasó rozando su hombro.

Se detuvo apenas un segundo, sorprendida.

—¿Qué fue eso?

No tuvo tiempo de analizarlo.

Otra figura apareció frente a ella.

Uno de los hombres.

Vestido de negro.

Con postura de combate.

—No vas a ir muy lejos —dijo con calma.

Sereya retrocedió.

—Ok… piensa… piensa…

Miró alrededor.

Calle estrecha.

Poca gente.

Demasiado cerca.

—Genial. Perfecto. Me van a matar en mi segundo día aquí.

El hombre avanzó.

Y entonces atacó.

Su movimiento fue rápido.

Preciso.

No era un maestro elemental.

Pero su estilo…

—Bloqueador de chi… —susurró Sereya, horrorizada.

Recordaba eso.

Perfectamente.

—No… no… no… eso no.

El hombre lanzó otro ataque.

Sereya se agachó por instinto.

Pero su mano se movió.

El agua de una fuente cercana respondió.

Se alzó en el aire, formando una corriente que giró alrededor de su brazo.

Sus ojos se abrieron.

—¡Funciona!

Movió la mano con fuerza.

El agua salió disparada contra el hombre.

Impactó su pecho, empujándolo hacia atrás.

No lo derribó completamente.

Pero lo hizo retroceder.

Pero no estaba sola.

Otros dos aparecieron detrás.

—Perfecto. Tres contra uno. Justo lo que necesitaba.

Se giró.

Y corrió de nuevo.

Esta vez más rápido.

Más desesperada.

—¡No voy a morir aquí! —gritó mientras esquivaba otro ataque.

Un golpe pasó rozando su pierna.

Tropezó.

Casi cae.

Pero logró sostenerse.

Miró hacia adelante.

La luz.

La ciudad.

La salida del callejón.

Pero uno de los hombres saltó frente a ella.

Bloqueándole el paso.

—Se acabó.

Sereya apretó los dientes.

—No… todavía no.

Respiró hondo.

Sintió el agua a su alrededor.

En el ambiente.

Movió ambas manos.

Y el agua respondió.

Se alzó desde una tubería cercana, rompiéndose con un chasquido.

Giró.

Se expandió.

Y golpeó.

El hombre fue lanzado hacia atrás con fuerza.

Sereya no esperó.

Corrió.

Salió del callejón.

La luz la cegó por un segundo.

Pero no se detuvo.

La gente estaba ahí.

Caminando.

Hablando.

Ajena al peligro.

—¡Cuidado! —gritó mientras esquivaba a varios transeúntes.

Se mezcló entre la multitud.

Intentando desaparecer.

Intentando perderlos.

Pero no era tan fácil.

Podía sentirlos.

Detrás de ella.

Siguiéndola.

—¡¿Qué hago?! —pensó con desesperación—. ¡¿Qué hago?!

Giró hacia un puente.

El agua.

El canal.

—Eso…

Corrió hacia la orilla.

Saltó.

Y en el aire…

Movió las manos.

El agua respondió.

Se alzó en una ola pequeña, pero suficiente para sostenerla.

Aterrizó sobre ella con torpeza.

Casi cayéndose.

—¡Ok! ¡Ok! ¡Estoy sobre agua! ¡Estoy sobre agua!

La corriente la impulsó hacia adelante.

Rápido.

Inestable.

Pero funcionando.

Miró hacia atrás.

Los hombres no la seguían.

Al menos… no por el agua.

Respiró con dificultad.

—Lo logré…

Pero no se detuvo.

Siguió avanzando.

Hasta que la ciudad comenzó a cambiar.

Menos edificios.

Más naturaleza.

Y entonces…

Lo vio.

El Templo Aire.

Sus ojos se abrieron.

—Ahí…

Su cuerpo estaba al límite.

Sus brazos temblaban.

El agua comenzaba a perder forma.

—Un poco más…

La corriente se debilitó.

Tropezó.

Cayó sobre el muelle con un golpe seco.

El aire abandonó sus pulmones.

—…auch…

Intentó levantarse.

No pudo.

Todo daba vueltas.

Su visión se nublaba.

Su cuerpo ya no respondía.

Lo último que vio fue una figura acercándose.

Un hombre.

Vestido con ropas simples.

De los cuidadores del templo.

—¡Oigan! —gritó—. ¡Alguien está herida!

Pasos.

Voces.

Y luego…

Oscuridad.

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