Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 4
Un sonido húmedo salió de su garganta.
Y luego—
sangre.
Pero no era normal.
Era negra.
Espesa.
Antinatural.
—Oh, Dios… —murmuré, sintiendo cómo el aire se volvía pesado en mis pulmones—. ¿Pero qué diablos está pasando…?
Sin darme cuenta, di un paso hacia él.
Algo me obligaba a mirar.
A entender.
A confirmar lo que mi mente se negaba a aceptar.
Y entonces lo ví.
Su piel.
Se volvía traslúcida.
Manchada de sangre.
Sus venas se marcaban bajo la superficie… oscuras, de un púrpura casi negro, extendiéndose como raíces podridas.
Su boca se abrió lentamente.
Las encías.
Negras.
Como si se estuvieran descomponiendo desde dentro.
Sus ojos—
perdieron todo.
Se volvieron blancos.
Vacíos.
Sin rastro de humanidad.
El mundo pareció detenerse.
Retrocedí un paso, con el corazón golpeando con fuerza brutal contra mi pecho.
Este hombre…
ya no está vivo.
Y entonces—
se movió.
Sus brazos se alzaron de golpe.
Directamente hacia mí.
Un impulso violento.
Instintivo.
¡Va a morderme!
El miedo me atravesó como un rayo—
Pero entonces—
sentí un tirón brusco.
—¡Cuidado!
Alguien me jaló hacia atrás con fuerza.
Un instante después, una patada impactó contra el hombre calvo, lanzándolo hacia un lado.
Giré, aturdida.
Era Enrique.
El cuerpo del hombre cayó… pero el sonido que siguió no fue humano.
Un crujido seco.
Su cabeza se torció en un ángulo imposible.
Y aun así—
se levantó.
Rápido.
Demasiado rápido.
El miedo me paralizó.
No podía moverme.
No podía pensar.
Solo podía mirar cómo esa cosa… se lanzaba directamente hacia mí.
—¡¿Qué estás haciendo?! —gritó Enrique—. ¡Aléjate de él!
Su mano encontró la mía y me jaló con fuerza, apartándome en el último segundo.
Un grito desgarrador cortó el aire.
—¡¿Por qué estás haciendo esto?!
Una mujer.
El hombre calvo giró la cabeza hacia ella.
Demasiado rápido.
Demasiado antinatural.
Y en un instante—
cambió de objetivo.
Se abalanzó sobre ella, derribándola contra el suelo.
Sus manos la sujetaron.
Su boca—
La mordió.
Directamente en el rostro.
El grito de la mujer se volvió inhumano.
Dolor puro.
Desesperación.
La sangre salpicó.
La multitud retrocedió en pánico.
Algunos gritaban.
Otros sacaban sus teléfonos.
Otros simplemente corrían.
—¡Llamen a la policía!
—¡¿Qué demonios es eso?!
Los dos guardias seguían luchando por contener al otro hombre violento…
cuando nuevos gritos irrumpieron desde el exterior.
Más fuertes.
Más desesperados.
Personas comenzaron a entrar al edificio.
Corriendo.
Tropezando.
—¡CORRAN!
Y entonces los vi.
Una oleada.
Gente cubierta de sangre.
Moviéndose de forma errática.
Rabiosa.
Persiguiendo.
Alcanzando.
Atacando.
Se lanzaban sobre cualquiera que encontraban.
Mordiendo.
Desgarrando.
Comiendo.
Un hombre que corría cayó de rodillas frente a nosotros.
Su cuerpo comenzó a convulsionar.
Espuma mezclada con sangre brotó de su boca, manchando su camisa.
Sus ojos…
se volvieron blancos.
Todo estaba ocurriendo al mismo tiempo.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
—¡Tenemos que subir! —gritó Enrique—. ¡A una zona más alta! ¡Vamos!
Pero no podía moverme.
Mi cuerpo no respondía.
—Yo…
—¡Vamos! —me interrumpió—. ¡No pienso irme sin ti!
Y entonces—
algo dentro de mí se rompió.
O despertó.
El instinto.
La necesidad de sobrevivir.
Mis piernas reaccionaron.
—¿A dónde vamos?
—¡A los elevadores! ¡Rápido!
Dimos un paso—
—¡Agáchense!
La voz de Omar cortó el caos.
Enrique y yo nos agachamos sin pensarlo.
Un golpe seco resonó sobre nosotros.
Omar había atacado a una mujer violenta con una escoba, impactándola directamente en la cabeza.
Ella cayó… pero no dejó de moverse.
Emitió un sonido gutural.
Intentó levantarse.
—¡Los elevadores están llenos! —gritó Omar—. ¡Será demasiado lento! ¡A las escaleras de emergencia!
La mujer se levantó de nuevo.
Omar intentó apartarla—
pero el palo de la escoba se partió.
Todo ocurrió en un segundo.
Sin dudar.
Sin vacilar.
Clavó el extremo roto en su ojo.
El impacto fue brutal.
La mujer cayó.
Y esta vez—
no se movió.
La sangre negra comenzó a extenderse bajo su cuerpo.
Mi voz salió en un susurro roto.
—Oh, Dios… ¿por qué hiciste eso…?
Omar me miró.
Directo.
Frío.
Pero completamente despierto.
—Si quieren seguir vivos… muévanse. Ahora.
No hubo espacio para discutir.
Corrimos.
Hacia las escaleras de emergencia.
Mientras atrás—
el mundo se desmoronaba.
Gente gritando.
Empujando.
Golpeando los botones de los ascensores desesperadamente.
Arañando las puertas cerradas.
Como si eso fuera a salvarlos.
Como si todavía hubiera tiempo.
Pero no lo había.
No más.
......................
Enrique tomó la delantera, tirando de mi mano con urgencia mientras avanzábamos hacia las escaleras de emergencia.
Omar nos seguía de cerca.
Aún sostenía la mitad rota de la escoba.
El sonido de nuestros pasos se mezclaba con gritos, golpes… y algo más.
Algo peor.
De repente—
un hombre surgió de una esquina.
Violento.
Rápido.
—¡Cuidado! —gritó Enrique.
Me empujó hacia un lado, apartándome justo a tiempo.
Pero el impacto lo recibió él.
El hombre lo embistió con una fuerza brutal, presionándolo contra la pared.
—¡Enrique!
El miedo desapareció.
Solo quedó la reacción.
Corrí hacia ellos.
—¡Aléjate de él!
Pero no me escuchaba.
No me veía.
Sus dientes se dirigían directamente al cuello de Enrique.
Omar apareció de la nada.
Me sujetó con fuerza y me jaló hacia atrás.
—¿Qué haces? —dijo, brusco—. ¿Quieres que te maten?
—¡Tengo que hacer algo! —respondí, forcejeando—. ¡No voy a quedarme viendo!
Miré a mi alrededor.
Desesperada.
Buscando.
Algo.
Lo que fuera.
Y entonces lo vi.
Un extintor.
Corrí hacia él sin pensarlo.
Lo arranqué de la pared.
Pesado.
Frío.
Real.
Regresé.
Levanté el extintor con ambas manos—
y golpeé.
Con todas mis fuerzas.
El impacto resonó.
Seco.
Brutal.
El sonido del cráneo rompiéndose cortó el aire.
El cuerpo del hombre colapsó sobre Enrique.
Inmóvil.
Silencio.
Por un segundo.
Solo uno.
Enrique lo empujó a un lado, respirando con dificultad.
Me miró.
—Jessica… me salvaste la vida.
Sus ojos brillaban, aún cargados de adrenalina.
—Te debo una.
Omar dio un paso al frente.
—Eso fue imprudente.
Lo miré, aún temblando.
—Enrique es mi amigo. ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarlo morir? Los amigos se apoyan… en las buenas y en las malas.
Enrique asintió.
—Tiene razón.
Yo estaba ganando tiempo para que escaparas…
Luego miró a Omar, con el ceño ligeramente fruncido.
—Deberías haberla detenido… o ayudado antes.
Omar sostuvo su mirada.
—No sabía si te habían mordido.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo