En un mundo donde humanos y demonios no pueden coexistir, el destino une a dos almas completamente opuestas. Lo que comienza como un encuentro inesperado podría cambiar el equilibrio de todo un reino.
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Capítulo 4: Una decisión que lo cambia todo
La habitación estaba en silencio.
Kari permanecía sentada en la cama, sujetando la manta con sus pequeñas manos.
Lysandor seguía acomodando algunas cosas, como si nada fuera fuera de lo normal.
Pero no lo era.
En la otra habitación…
Sarah no se había ido realmente.
Se quedó.
En silencio.
Escuchando.
Y entonces—
—Además… ella es mi hija.
El mundo se detuvo.
Lysandor no lo dijo con emoción.
Ni con duda.
Lo dijo como un hecho.
—La adopté.
Un segundo después—
La puerta se abrió de golpe.
—¿Qué acabas de decir?
Sarah estaba ahí.
Su expresión había cambiado completamente.
Ya no era solo frialdad.
Era incredulidad.
—¿Tu… qué?
Sus ojos se clavaron en él.
—¿Tu hija?
Lysandor no retrocedió.
—Sí.
Respuesta simple.
Directa.
Eso solo hizo que la tensión aumentara.
—¿Estás escuchándote? —dijo Sarah, dando un paso al frente—. ¡Apareces con una niña de la nada y ahora dices que es tu hija!
Kari se encogió ligeramente.
—…yo…
Pero no pudo terminar.
Sarah ni siquiera la estaba mirando ahora.
Toda su atención estaba en él.
—Voy a llevarla al consulado del reino —continuó Lysandor con calma—. Haré los papeles.
Silencio.
—…hablas en serio.
No era una pregunta.
Era una realización.
—Claro.
Eso fue suficiente.
Sarah apretó los puños.
—¡Esto no es algo que puedas decidir así como así!
Su voz se elevó.
Por primera vez…
realmente alterada.
—¡No es adoptar un objeto, Lysandor!
—Lo sé.
—¡¿Entonces por qué actúas como si fuera tan simple?!
El aire se volvió pesado.
Kari miraba de uno a otro.
Confundida.
Asustada.
—…no es simple —dijo Lysandor.
Su voz no cambió.
Pero tenía peso.
—Por eso lo hago.
Sarah se quedó en silencio.
—Estaba sola.
Pausa.
—No tenía a nadie.
Kari bajó la mirada.
—…igual que yo en su momento.
Eso hizo que Sarah parpadeara.
No esperaba esa respuesta.
—Y ahora…
Lysandor miró a Kari.
—sí tiene a alguien.
Silencio.
Largo.
Pesado.
Sarah desvió la mirada.
—…eres un idiota.
Pero esta vez…
no sonó como un insulto real.
Sonó… más débil.
—Cargar con algo así…
Apretó ligeramente los dientes.
—No es algo que puedas manejar solo.
Lysandor no respondió de inmediato.
Luego—
—No estoy solo.
Sarah levantó la mirada.
—…
—Tú estás aquí.
Eso…
la descolocó completamente.
—¿Q-qué…?
—Eres confiable.
Sin adornos.
Sin intención oculta.
Solo verdad.
Eso fue peor.
—¡N-no digas cosas raras!
Desvió la mirada de golpe.
Su rostro… ligeramente rojo.
—¡No significa que te vaya a ayudar con esto!
Pero no se fue.
No se movió.
Kari observó todo en silencio.
Luego…
se bajó lentamente de la cama.
Caminó.
Despacio.
Hasta quedar cerca de Sarah.
La miró hacia arriba.
—…no te enojes…
Su voz era pequeña.
—…yo puedo irme…
Silencio.
El aire se congeló.
Sarah bajó la mirada lentamente.
Sus ojos se encontraron con los de Kari.
Miedo.
Eso fue lo que vio.
No maldad.
No peligro.
Solo…
una niña.
Sarah cerró los ojos un segundo.
—…no dije eso.
Su voz bajó.
Se agachó ligeramente.
—No tienes que irte.
Kari parpadeó.
—…¿de verdad…?
Sarah suspiró.
—Tsk… eres problemática.
Pero…
no se levantó.
—Si ya estás aquí…
Desvió la mirada.
—no puedes simplemente desaparecer.
Eso era lo más cercano a aceptación que podía dar.
Lysandor observó en silencio.
Y por primera vez…
no dijo nada.
Porque no era necesario..
Capítulo 4: Una decisión que lo cambia todo (Parte 2)
El ambiente seguía cargado.
Pero ya no era tensión pura.
Era… algo más.
Algo que aún no tenía forma.
Lysandor observó la escena un momento.
Luego…
se dirigió hacia la puerta.
—Voy a salir un momento.
Kari levantó la mirada.
—…¿te vas…?
—Volveré pronto.
Su voz fue tranquila.
Segura.
Kari dudó…
pero asintió lentamente.
Lysandor colocó su mano sobre la perilla.
Pero antes de salir…
se detuvo.
Miró ligeramente hacia atrás.
—Sarah.
Ella lo miró de reojo.
—¿Qué?
—¿Puedes cuidar a la niña por mí?
Silencio.
—La directora vendrá en un momento —continuó—. Le traerá ropa.
Pausa.
—Puedes ayudarla a bañarse.
El silencio se volvió… incómodo.
—…¿perdón?
Sarah lo miró directamente ahora.
—¿En serio me estás pidiendo eso?
—Sí.
Sin dudar.
—Voy a comprar algunas cosas.
Abrió ligeramente la puerta.
—Haré comida.
Pausa.
—Les traeré algo a las dos.
Silencio.
Sarah lo observó unos segundos.
—…eres increíble.
Pero no se negaba.
Eso era lo importante.
Lysandor asintió levemente.
—Gracias.
Y salió.
La puerta se cerró.
Click.
Silencio.
Ahora…
solo estaban ellas dos.
Kari miró a Sarah.
Sarah miró a Kari.
…
—…
—…
El silencio se volvió incómodo muy rápido.
Sarah desvió la mirada primero.
—Tsk…
Se cruzó de brazos.
—No sé por qué me deja estas cosas…
Kari bajó la mirada.
—…lo siento…
Eso hizo que Sarah frunciera ligeramente el ceño.
—No tienes que disculparte por todo.
Su tono no era tan frío como antes.
Pero tampoco suave.
Simplemente…
directo.
Kari asintió.
Pequeño.
En ese momento—
toc, toc.
—Soy yo.
La voz de la directora se escuchó desde afuera.
Sarah abrió la puerta.
—Pasa.
La directora entró con una pequeña caja.
—Aquí está la ropa.
Miró a Kari.
Sonrió.
—Y algunas cosas para el baño.
Sarah tomó la caja.
—Gracias.
La directora asintió.
—Cuento contigo.
Y se retiró.
La puerta volvió a cerrarse.
Silencio otra vez.
Sarah miró la caja.
Luego a Kari.
Suspiró.
—Bien…
Se inclinó ligeramente.
—Vamos a bañarte.
Kari se tensó.
—…¿baño…?
—Sí.
Sarah giró un poco la cabeza.
—No puedes quedarte así.
Kari dudó.
Pero…
dio un pequeño paso.
—…está bien…
🚿 Baño
El agua caía suavemente.
El vapor llenaba el espacio.
Kari estaba sentada, quieta.
Sin moverse demasiado.
Sarah, arrodillada frente a ella, sostenía una pequeña esponja.
—No te muevas.
Su tono era serio.
Pero sus movimientos…
eran cuidadosos.
Muy cuidadosos.
—…está caliente…
susurró Kari.
—Es normal.
Sarah evitaba mirarla directamente.
—Así es como se limpia el cuerpo.
Kari asintió.
Silencio.
Solo el sonido del agua.
—…Sarah…
La voz de Kari fue pequeña.
—¿hm?
—…¿estás enojada… conmigo…?
La mano de Sarah se detuvo un segundo.
Silencio.
—No.
Respuesta simple.
—…entonces…
Kari bajó la mirada.
—…¿por qué… duele…?
Sarah frunció ligeramente el ceño.
—¿Dónde?
—…aquí…
Kari señaló su pecho.
Eso…
la detuvo.
Por completo.
Sarah se quedó en silencio.
Luego…
suspiró suavemente.
—Eso…
Desvió la mirada.
—no es algo que se quite con agua.
Kari no entendió.
Pero escuchó.
Y eso fue suficiente.
Sarah volvió a moverse.
—…pero…
Hizo una pequeña pausa.
—se vuelve más fácil.
Kari levantó un poco la mirada.
—…¿de verdad…?
Sarah no respondió directamente.
Pero su mano…
fue más suave.
—…sí.
Casi en susurro.
Y por primera vez…
el ambiente ya no era incómodo.
Era… tranquilo.
🔥 FIN DEL CAPÍTULO 4 PARTE 2