Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Ojos
Ainara a pocos pasos escucha comentarios innecesarios de algunas enfermeras del turno de la noche, eso no la detuvo para ir en busca de su hijo a la unidad neonatal.
Ni Ozias, ni su hermana, ni nadie que no haya perdido un hijo antes de nacer entendían por lo que estaba pasando Ainara. En el hospital le confirmaron que había perdido a su hijo, y ella no sabía como manejar la situación. Simplemente, se negaba a creer que su bebé se había muerto. Ella deseaba tanto ese hijo, había hecho tantos planes, que ahora solo se ahogaba en sus delirios y alucinaciones.
Ainara logró escapar del vigilante de seguridad y logró subir al ascensor. Cuando llegó al destino, del pasillo contrario escuchó la voz de un niño: —¡Mamá!.. ¿Estás ahí?—. El corazón de Ainara empezó a latir más fuerte. Muchas veces había imaginado cómo sería la voz de su hijo, y ahora creía que lo escuchaba en verdad. Se dirigió hacia la voz por el pasillo.
No había nadie para que le interrumpiera así que abrió la puerta de donde provenía la voz.
—¡Mamá, por fin viniste!— dijo el niño abriendo sus brazos para que Ainara lo abrazara.
¿Cuándo fue que mi hijo dejó la cuna?, se preguntó antes de acercarse al niño. Era un niño de 5 años, tenía los ojos verdes como ella, pero sus ojitos no tenían brillo, simplemente tristeza. No tenía pelo; el niño estaba completamente calvito, con una bata blanca. Ainara no tenía la respuesta a su pregunta, pero no quería hacer esperar más al niño, así que instintivamente lo abrazó como su madre.
—¡Te extrañé, mamá!— dijo el niño llorando.
—Perdóname mi amor, no quise tardar, pero aquí estoy. No llores ¿sí?
—Prométeme que no te irás otra vez.
—No, mi amor no me iré. Te lo prometo.
—Mira, te traje un cuento. ¿Quieres que te la lea?
—Sí, mamá.
Ainara se sentó junto al niño y le empezó a leerle el cuento, los ojos tristes del niño se volvieron alegres. Ninguno de los dos sabía lo que pasaba fuera de esas cuatro paredes, y no importaba si ese momento encajaba o no, por qué dos corazones lastimados intentaban tener un poco de felicidad.
Ainara se durmió a lado del niño abrazándolo como si fuera su hijo verdadero. Ander, que estaba de guardia entró a la habitación y encontró a Ainara durmiendo junto al niño que habían abandonado un mes atrás.
Ander se quedó por unos minutos observando, sentía alegría y tristeza a la vez. Una compañera de trabajo se acercó a él, al notar que se había quedado parado en la puerta de la habitación.
—¿Qué pasó?— preguntó sin hacer tanto ruido.
—Josué, por fin duerme. Desde que llegó al hospital estas horas siempre está triste y sin poder dormir. Hoy por fin esta durmiendo.
—Eso es verdad. ¿Con quién está?
—Con Aianara. Una paciente que perdió a su bebé, y bueno por ahora se niega a creer que lo perdido.
—¿Pero, qué hace aquí?
—Seguramente se estaba dirigiendo a la unidad neonatal y se habrá desviado.
—¿Qué hacemos? ¿La despertamos?
—Mejor no. Mañana temprano yo mismo me encargaré de ella.
—Es muy bonita. Que lastima que haya perdido a su bebé.
—La verdad que sí. Ojalá pronto pueda salir de esta crisis y continuar con su vida.
—¿Cuándo la conociste?
—En la mañana.
—Eso significa que no descansaste nada.
—Estaré bien.
—No amigo. No estarás bien. Y por lo que veo esa chica te interesa, anda a descansar un rato, que yo te cubro.
—¿Habla enserió?
—Dale, anda. Que mañana tenés que atender a Ainara y a Josué.
—Gracias Kenya.
A la mañana siguiente el niño despertó primero, creía que todo lo había pasado era un sueño, pero al ver a su lado Ainara sintió una gran felicidad. Acarició el rostro de Ainara y ella despertó.
—Tengo hambre mamá— dijo el niño.
—¿Qué te gustaría comer mi amor?— ella respondió sentándose a su lado.
—Quiero una chocolatada con torta.
—A mí también me dio hambre. Ahora mando a que nos traigan ¿sí?
Antes de que Ainara se levantará Ander entró con una bandeja llena de comida.
—Buenos días— saludo apoyando la bandeja en la mesita.
—¡Ander!... — dijo el niño alegremente.
—Hola, Josué. Mira todo lo que te traje para comer. Hoy si comerás ¿verdad?
El niño asintió con la cabeza.
—¿Ander?— dijo Ainara.
—¿Qué?— respondió él.
—¿Por qué mi hijo y yo estamos en el hospital?
—Eso te lo voy a explicar después que desayunes. Anda come un poco.
—Está bien.
Ainara tomó un trozo de torta con la cucharilla y le dio de comer a Josué. Josué no sabía como era tener una madre, porque la que tenía siempre estuvo ausente y solo sabía golpearlo.
Ander sabía perfectamente lo que había detrás de cada historia. No podía huir, tenía que hacerle frente al orden de la vida.
—¿Qué más te gustaría comer, Josué?— preguntó Ander.
—Me gustaría un alfajor.
—¿De dulce de leche?
—Sí.
—Bueno, cuando sea la hora de la comida haré que te lo traigan.
—¿Mi mamá me lo puede traer?
—Sí mi amor yo te lo traeré— comentó Ainara.
—Aianara, tu esposo vino a verte. ¿Me acompañas? Por favor.
—Yo no quiero verlo.
—Solo será un momento.
—Mi amor, mamá enseguida vuelve ¿sí?— dijo Aianara al niño antes de salir con Ander.
Ander llevó a Ainara a su habitación y la dejo con su esposo.
—¿Dónde estabas, Aianara?— preguntó Ozias parándose frente a ella.
—Estaba con mi hijo.
—¿Vas a seguir con eso?. Tu hijo murió. ¿Por qué no lo entendés?— dijo Ozias tomándola de la cara.
—¡Suéltame!— gritó Aianara empujándolo.
—Ainara, deja de hacerte a la loca y vámonos de acá.
—No quiero ir a ningún lado con vos. Quiero el divorcio, Ozias.
Ozias se enfureció y le dio un golpe en la cara. — No vas a arruinar mis planes, Aianara— le dijo al oído al notar que alguien habría la puerta, fingiendo que se acercaba a darle un beso en la mejilla.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.