Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
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Regreso
Regresar al palacio debería haber sido un alivio.
Normalmente lo era.
Después de una misión larga, lo único que quería era descansar, organizar informes y recuperar fuerzas.
Pero aquella vez fue diferente.
Porque apenas crucé las puertas de la capital, una idea apareció inmediatamente en mi mente.
Lina.
Lo cual era ridículo.
Absolutamente ridículo.
Y aun así, después de dejar a los heridos bajo supervisión médica y entregar los informes preliminares, terminé haciendo exactamente lo que no debía.
Fui a buscarla.
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Primero me di un baño.
Necesitaba quitarme semanas enteras de polvo, sangre y barro.
Después me cambié de ropa.
Nada oficial.
Nada que llamara demasiado la atención.
Y salí del palacio.
Cuando llegué a la tienda, la encontré más ocupada de lo habitual.
Había más mercancía.
Más clientes.
Y algo nuevo.
Dos empleados.
Uno de ellos era un muchacho de cabello oscuro que estaba ayudando a identificar armas para varios compradores.
El otro era una joven que atendía el mostrador.
—Vaya.
Murmuré.
Había crecido.
El negocio realmente estaba creciendo.
Por alguna razón eso me hizo sonreír.
Hasta que finalmente la vi.
Lina estaba organizando varias espadas detrás del mostrador.
Me acerqué.
Esperando aquella sonrisa habitual.
Aquella forma despreocupada de hablar.
Aquellos comentarios absurdos.
Pero no ocurrió.
—Hola.
Ella levantó la vista.
—Ah.
Hola.
Parpadeé.
Eso había sido... extraño.
—¿Cómo has estado?
—Bien.
—¿Solo bien?
—Sí.
Bien.
Algo estaba mal.
Definitivamente estaba mal.
Y lo confirmé unos segundos después.
Porque el muchacho se acercó.
—Señorita Lina, ¿podría revisar esta espada?
—Claro, Daniel.
Respondió ella inmediatamente.
Y su tono cambió por completo.
Más amable.
Más relajado.
Más natural.
Observé cómo ambos comenzaban a hablar sobre armas.
Y por alguna razón aquello me resultó irritante.
Muchísimo.
Intenté ignorarlo.
No funcionó.
Daniel preguntó algo.
Lina sonrió.
Daniel comentó otra cosa.
Lina volvió a sonreír.
Y yo comencé a comprender por qué mi hermana disfrutaba tanto molestándome.
Porque aquello era insoportable.
—Parece que estás ocupada.
Dije finalmente.
—Un poco.
Respondió ella.
—La tienda ha crecido bastante.
—Eso veo.
—Daniel ha sido de mucha ayuda.
La mirada que dirigí al joven fue completamente neutral.
Al menos por fuera.
El pobre muchacho se puso rígido inmediatamente.
Como si acabara de sentir un peligro mortal.
Curioso.
Me marché poco después.
Y estaba molesto.
Muy molesto.
Lo peor era que ni siquiera entendía por qué.
Lina no tenía ninguna obligación de prestarme atención.
Ni de explicarme nada.
Ni de recibirme de manera especial.
Era absurdo.
Y aun así...
seguía molesto.
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Cuando regresé al palacio, el ambiente era completamente distinto.
Los oficiales corrían de un lado a otro.
Los mensajeros llegaban constantemente.
Y todos se preparaban para la reunión oficial con el emperador.
La reunión donde presentaríamos el informe completo sobre los Vherum.
Entré en la sala.
Tomé asiento.
Y esperé.
Al parecer mi humor era evidente.
Porque nadie se acercó.
Literalmente nadie.
Los comandantes hablaban entre ellos.
Los magos hablaban entre ellos.
Los nobles hablaban entre ellos.
Pero todos mantenían una prudente distancia de mi persona.
Como si esperaran que decapitara al primero que intentara conversar.
Honestamente...
no podía culparlos.
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La reunión terminó varias horas después.
Fue larga.
Agotadora.
Y llena de malas noticias.
Cuando finalmente abandoné la sala, escuché unos pasos acercándose.
Mi padre.
El emperador.
Lo cual normalmente significaba más trabajo.
—Leonhart.
—Padre.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Mentira.
Suspiré.
—No ocurre nada.
Mi padre me observó durante varios segundos.
Luego soltó una pequeña risa.
Una muy pequeña.
—Interesante.
—¿Qué es interesante?
—Que el hombre que acaba de enfrentarse a monstruos ancestrales parezca más preocupado por otra cosa.
Fruncí el ceño.
—Está imaginando cosas.
—Por supuesto.
Respondió él con una sonrisa sospechosa.
Decidí ignorarlo.
Era más seguro.
Entonces cambió de tema.
—Vine a decirte algonsibre tu hermano.
—¿Sí?
—Kael se casará en una semana.
Lo miré.
Sorprendido.
—¿Tan pronto?
—Los preparativos ya están terminando.
Asentí lentamente.
Sabía del compromiso por las cartas que envia mi hermana cuando llegué encontre varias y de lo unico que hablaba era sobre la fiesta de compromiso y lo cruel que era kael por dejarla tanto tiempo sola.
Pero escuchar una fecha concreta lo hacía parecer más real.
Dentro de una semana.
Kael es un poco sorprendente.
Aquello provocaría una cantidad absurda de rumores.
Y probablemente dolores de cabeza políticos.
—Supongo que tendremos que viajar.
Dije.
—Así es.
Por suerte tenemos magia de teletransportación.
Eso simplifica bastante las cosas.
Al menos en eso tenía razón.
De no existir los círculos imperiales de transporte, o nuestra magia de teletransportación el viaje habría tomado semanas.
Mi padre comenzó a alejarse.
Pero antes de marcharse se detuvo.
Y habló sin girarse.
—Por cierto.
—¿Qué?
—Si piensas invitar a alguien a la boda, procura no esperar demasiado.
Me quedé inmóvil.
—Padre.
—Buenas noches, Leonhart.
Y se marchó.
Solo.
Dejándome allí.
Con una sensación muy desagradable.
Porque sospechaba que mi familia estaba empezando a divertirse demasiado a mi costa.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣