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Cuando Regresa El Pasado

Cuando Regresa El Pasado

Status: Terminada
Genre:Mafia / Madre soltera / Completas
Popularitas:114
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Nina se enamoró de un hombre que nunca existió.
Él mintió sobre su nombre. Sobre su vida. Sobre quién era en realidad.
Y cuando desapareció, se llevó la verdad con él.
Embarazada, lo buscó incansablemente — pero el hombre que amó parecía no haber dejado huellas.
Cinco años después, su hijo enferma.
La única esperanza es encontrar al padre del niño.
Lo que Nina no imagina es que el hombre que la engañó es Marco Lombardi — brazo derecho de la mafia italiana, leal a la familia y demasiado peligroso para ser amado.
Cuando el pasado regresa, no pide permiso.
Cambia destinos.
Y puede costarle todo.

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4

Nina

Felipo me guía hasta el coche con la mano firme en mi cintura, como si fuera la cosa más natural del mundo. Él abre la puerta para mí — un gesto simple, pero que me descompone un poco.

Yo me siento.

El asiento de cuero está frío. O tal vez sea solo mi conciencia pesando.

Yo no debería aceptar.

No debería estar aquí.

No debería sentir esa curiosidad peligrosa quemando por dentro.

La puerta se cierra con un sonido seco.

Antes de que él dé la vuelta para el lado del conductor, mi celular vibra en mi mano.

Abro y leo rápidamente.

Felipo asume la dirección y cierra la puerta con tranquilidad, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

— ¿Tu dirección? — pide, ya con el celular en la mano.

Yo hablo.

Él digita en el GPS, confirma la ruta y apoya el brazo en el volante. El silencio se instala dentro del coche. No es incómodo… pero es intenso. Las luces de la ciudad pasan rápidas por la ventana, reflejando en el vidrio y mezclando mi rostro al suyo.

Me quedo pensando en qué decir.

Cualquier cosa parece pequeña demás para lo que está sucediendo.

Quien rompe el silencio es él.

— ¿Qué vas a hacer mañana?

La pregunta es simple, pero el modo en que él pregunta… no lo es.

— Yo trabajo por la mañana — respondo, manteniendo los ojos en la calle.

— Pero tengo el final de la tarde y la noche libres.

Percibo la comisura de su boca curvándose.

— Interesante.

Mi corazón late más rápido.

El coche para frente a mi edificio. Él apaga el motor, pero ninguno de nosotros se mueve inmediatamente. El aire parece más pesado.

Yo no sé de dónde saco coraje. Tal vez del vino. Tal vez de la forma en que él me mira.

Tal vez de mí misma.

— Tú… ¿no quieres subir?

Solo percibo que hablé cuando termino la frase.

Felipo gira el rostro despacio en mi dirección. La sonrisa que surge es lenta. Confiada. Canalla.

— Yo estaba esperando tu invitación.

Mi estómago se revuelve.

Descendemos del coche juntos. Caminamos lado a lado hasta la portería. El portero mal levanta los ojos. Entramos en el ascensor.

Las puertas se cierran.

Felipo está demasiado cerca.

Consigo sentir el calor de su cuerpo. El perfume. La respiración. Él inclina el rostro en mi dirección, despacio, como si estuviera dándome la chance de recular.

Yo no reculo.

Yo avanzo.

Sujeto la camisa de él y jalo. Nuestros labios se encuentran con urgencia, como si estuviéramos aplazando aquello desde la primera mirada en el bar. El beso comienza intenso, firme — y rápidamente se torna profundo, explorando, provocando.

Mis manos suben por el pecho de él. Las de él sujetan mi cintura, apretando con seguridad.

El ascensor parece demasiado pequeño.

El mundo parece demasiado distante.

Solo paramos cuando el ascensor anuncia mi piso.

Las puertas se abren.

Y, por primera vez en aquella noche, yo percibo que cruzar aquella puerta puede cambiar todo.

Yo tomo la llave con las manos levemente trémulas y abro la puerta. Las luces de la sala están apagadas; apenas el brillo distante de la ciudad entra por las ventanas.

Felipo pasa por último y cierra la puerta tras de sí.

El sonido del pestillo resuena bajo.

Yo mal tengo tiempo de girarme.

Él me sujeta por la cintura y me besa.

Un beso urgente. Con hambre. Como si se hubiera sujetado la noche entera.

Y yo correspondo con la misma intensidad.

Mis manos suben por el pecho de él, sintiendo el tejido de la camisa bajo los dedos. Nuestras lenguas se encuentran, exploran, provocan. El aire parece poco. El mundo allá afuera deja de existir.

Él profundiza el beso, conduciéndome algunos pasos hacia atrás hasta que mis espaldas tocan la pared de la sala. Las manos de él se deslizan firmes por mi cintura, por la curva de mi cadera, jalándome más para cerca.

Cuando finalmente nos alejamos por un segundo, él apoya la frente en la mía. La respiración caliente se mezcla.

— Nina… — él murmura mi nombre como si estuviera probando el sonido.

Yo no respondo.

Sujeto la mano de él.

Entrelazo nuestros dedos.

Y jalo.

Vamos en dirección al cuarto, casi tropezando por el camino, riendo bajo entre un beso y otro. Mi corazón late tan fuerte que parece resonar por el apartamento.

Antes de atravesar la puerta del cuarto, yo paro por un segundo.

Miro para él.

No hay duda en la mirada de él. Solo deseo. Solo certeza.

Entramos en el cuarto, yo me retiro el vestido, quedando apenas de calzón, pues estoy sin sostén. La mirada de Felipo me devora, aproximo mi boca de la suya, el beso ahora es lento. Felipo comienza a retirar la ropa, ayudo con la boca pegada a la de él. Cuando él queda completamente desnudo, no lo creo. El pene de él es grande. Demasiado grande.

Estoy nerviosa.

En realidad… estoy extremadamente nerviosa

Él percibe.

Él alza la mano y aparta un mechón de mi cabello del rostro, los dedos rozando leve en mi piel. El toque es demasiado delicado para alguien que me besaba con tanta intensidad hace poco. Felipo me toma en los brazos y me coloca acostada en la cama. El cuerpo de él está sobre el mío, los labios de él se deslizan de mi boca para la mandíbula, de la mandíbula para el cuello, de mi cuello para mis senos, ya estoy extremadamente mojada. Conseguiría llegar al orgasmo solo con esos estímulos. Los labios descienden por mi barriga, dejando mi piel erizada. Cuando llega a mi vagina, él me huele sin pudor ninguno y desliza la lengua en mis pliegues, me chupa con devoción. Mis gemidos resuenan por el cuarto. Estoy a punto de llegar al orgasmo, él percibe intensificando las chupadas y usando los dedos. Yo grito su nombre cuando llego al ápice. Mis piernas tiemblan, él continúa chupándome. Él me mira con aquella sonrisa canalla aún en el rostro con la voz ronca él habla en mi oído

— Deliciosa.

Él frota el pene en mi entrada torturándome. Mira en mis ojos, posiciona y entra lentamente dentro de mí. Un gemido me escapa, él es demasiado grande. Pero es tan delicioso. Él me llena toda, las estocadas ganan velocidad, el cuerpo de él chocando con el mío. Felipo muerde mi cuello mientras entra y sale de dentro de mí en ritmo alucinante, mis manos arañan su espalda, siento mi vagina apretar el pene de él, mis piernas ya pierden las fuerzas, yo llego al orgasmo nuevamente esta vez sofocando en el torbellino de emociones. Pero él no para, me gira con facilidad absurda dejándome de cuatro sobre la cama. Yo me empino toda, él entra y sale de dentro de mí sujetando firme en mis cabellos, mi cuerpo es proyectado para frente en cada estocada bruta, ya estoy sin aliento cuando siento él llegar al orgasmo. Mi cuerpo cae en la cama blando, él se acuesta al lado y me jala para su pecho.

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