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Bajo La Máscara De La Venganza.

Bajo La Máscara De La Venganza.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / CEO / Completas
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo donde la traición y el deseo son moneda corriente, una mujer se alza entre las sombras para reclamar su lugar en el trono del poder, desatando una tormenta de venganza y seducción.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 03

El muelle viejo de Veracruz olía a salitre, a madera podrida y a secretos que el mar se negaba a devolver. Era un lugar que el progreso había olvidado, pero que el crimen mantenía vivo como un corazón negro que latía bajo la superficie de la legalidad. Para Clara, este lugar era un santuario de dolor y poder. Aquí, donde su padre perdió todo, ella había jurado que nadie volvería a arrebatarle ni un solo milímetro de lo que era suyo.

El Range Rover blindado se detuvo frente a un almacén de lámina oxidada que parecía deshabitado. Esteban bajó primero, su mano derecha descansando discretamente sobre la culata de su arma. Tras un breve intercambio de señas con un hombre apostado en las sombras de la entrada, le abrió la puerta a Clara.

Ella bajó con una elegancia que contrastaba violentamente con el entorno. Llevaba un abrigo de lana color ceniza y unas gafas de sol que ocultaban las ojeras producto de una noche de planes y furia contenida. Al entrar en el almacén, el aire cambió; dentro, el lujo era subterráneo. Luces LED de bajo perfil iluminaban una oficina de cristal reforzado en el centro de la nave, rodeada de cajas de armamento pesado y tecnología de punta.

Allí estaba él. Gabriel "El Lobo" Silva.

Gabriel era lo opuesto a Julián. Si Julián era la seda y el perfume caro, Gabriel era el acero y el humo de tabaco. Con el cabello ligeramente largo y una barba de tres días, vestía con una sencillez deliberada que no lograba ocultar la musculatura de un hombre que aún peleaba sus propias batallas. Se conocían desde los inicios, cuando ambos eran solo peones en el tablero de Don Arturo.

—Has tardado mucho en volver a casa, Clarita —dijo Gabriel, su voz era un barítono profundo que vibró en el aire viciado del almacén. No se levantó de su silla de cuero, pero su mirada, afilada como un bisturí, recorrió a Clara de arriba abajo.

—No me llames así, Gabriel —respondió ella, sentándose frente a él sin esperar invitación. Cruzó las piernas con una parsimonia que gritaba autoridad—. Los tiempos de los apodos terminaron hace una década.

Gabriel soltó una risa seca y dejó sobre la mesa una botella de tequila añejo. Sirvió dos vasos generosos.

—Dicen las malas lenguas que has tenido problemas domésticos. Que tu pequeño príncipe decidió que la corona le quedaba mejor a él.

Clara sintió una punzada de humillación, pero no permitió que sus músculos faciales la traicionaran. Tomó el vaso de tequila y lo bebió de un solo trago, dejando que el líquido quemara su garganta.

—Julián es un error que ya estoy corrigiendo —sentenció ella, dejando el vaso con un golpe seco sobre la mesa—. Estoy aquí porque necesito tus "Fantasmas". Sé que los tienes operando en la frontera y que los Beltrán te deben tres entregas de mercancía que nunca pagaron.

Gabriel se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio. El ambiente se volvió pesado, la tensión entre ellos era casi eléctrica. Había una historia no escrita entre los dos, una mezcla de respeto mutuo y una rivalidad que en el pasado rozó lo personal.

—Mis hombres no se mueven por despecho, Clara. Se mueven por intereses —Gabriel tamborileó sus dedos sobre el cristal—. Atacar a los Beltrán ahora es iniciar una guerra abierta. Ellos tienen la infraestructura logística que tú misma les ayudaste a construir a través de tus empresas legales. Si golpeo su centro operativo, el puerto se cerrará por meses. Eso me cuesta dinero.

—Te daré el treinta por ciento de las rutas del Pacífico una vez que los Beltrán estén fuera del juego —propuso Clara, sus ojos fijos en los de él—. Y te daré a Julián. Sé que siempre quisiste cobrarle aquella falta en Tijuana.

Gabriel guardó silencio, evaluando la oferta. La ambición brillaba en sus ojos, pero también algo más oscuro, algo que Clara reconoció como deseo de control. Él siempre la había visto como el trofeo más difícil de conseguir, no solo por su belleza, sino por la mente privilegiada que la hacía dominar un mundo de hombres.

—El treinta por ciento es poco para el riesgo que corro —dijo Gabriel, bajando el tono de voz—. Quiero el cuarenta. Y quiero algo más, algo que el dinero no puede comprar.

Clara arqueó una ceja, sintiendo un escalofrío que no era de miedo, sino de anticipación. Sabía que con Gabriel todo tenía un precio oculto.

—Habla claro —exigió ella.

—Quiero que esta alianza sea total —Gabriel se levantó y rodeó el escritorio, deteniéndose justo detrás de ella. Puso una mano sobre el respaldo de su silla, invadiendo su espacio personal—. No quiero ser solo tu brazo armado. Quiero que volvamos a ser lo que Arturo planeó: los dos pilares del imperio. Eso significa que cualquier decisión que tomes, cualquier movimiento de "La Sombra", pasará por mí.

Clara se levantó bruscamente, quedando a pocos centímetros de él. Podía oler el cuero y la pólvora que siempre lo acompañaban.

—Lo que me pides es que te entregue mi soberanía —siseó ella, sus ojos echando chispas—. No me liberé de un traidor para encadenarme a un lobo. Yo soy la líder, Gabriel. Tú eres el apoyo. No te confundas.

Gabriel sonrió, una expresión depredadora que no llegó a sus ojos.

—Te están cazando, Clara. Julián sabe demasiado. Los Beltrán están a una firma de absorber tu empresa legal. Sin mí, eres una reina sin ejército en medio de una tormenta. Puedes mantener tu título, pero yo pondré las condiciones del combate.

Clara sintió una rabia sorda bullir en su pecho. La vulnerabilidad era una sensación que detestaba, y estar allí, negociando su supervivencia con un hombre que sabía exactamente cuáles eran sus puntos débiles, la hacía sentir expuesta. Sin embargo, su mente analítica le decía que Gabriel tenía razón. Necesitaba su fuerza bruta para ejecutar la cirugía estética de violencia que tenía planeada.

—El cuarenta por ciento —cedió Clara, su voz gélida—. Pero mis métodos no se cuestionan. Si te pido que quemes un almacén con gente dentro, lo quemas. Si te pido que detengas un cargamento en alta mar, lo detienes. No habrá preguntas, solo resultados.

Gabriel extendió la mano, su piel curtida esperando el contacto.

—Hecho. Pero recuerda esto, Clara: el Lobo no se conforma con las sobras. Algún día, este trato te costará más de lo que estás dispuesta a pagar ahora.

Clara estrechó su mano. Su agarre fue firme, un pacto sellado en el fango de la necesidad. Al contacto de sus manos, una corriente de recuerdos compartidos —sangre, pólvora y una lealtad que alguna vez fue real— los golpeó a ambos. Durante un segundo, la máscara de frialdad de Clara flaqueó, y Gabriel lo notó.

—¿Aún te duele? —preguntó él, suavizando ligeramente su expresión—. ¿Lo que hizo ese imbécil?

Clara retiró su mano como si se hubiera quemado.

—Lo que me duele es haber sido tan estúpida como para creer que en nuestro mundo existe el descanso —respondió ella, caminando hacia la salida—. Julián no fue una traición de amor, Gabriel. Fue un recordatorio de que solo puedo confiar en el arma que tengo en la mano.

—A veces, las armas también fallan si no las cuidas —gritó Gabriel mientras ella se alejaba.

Clara no se detuvo. Salió del almacén sintiendo el peso de la nueva alianza. Sabía que Gabriel era un aliado peligroso; uno que, en el momento en que viera una debilidad, no dudaría en devorarla para quedarse con todo. Pero en ese momento, él era el mal necesario.

Al subir al coche, Esteban la miró a través del retrovisor.

—¿Tenemos un trato, jefa?

—Tenemos una guerra, Esteban —corrigió ella, sacando su teléfono y empezando a teclear una serie de comandos—. Empieza a mover los fondos a la cuenta puente en las Islas Caimán. Mañana es la gala de la Fundación Benéfica de la ciudad. Julián cree que será su gran debut como el nuevo dueño del imperio.

—¿Y qué será en realidad? —preguntó Esteban, arrancando el motor.

Clara miró por la ventana, viendo cómo el muelle de Veracruz se alejaba en la bruma.

—Será su funeral —dijo ella, con una voz desprovista de toda emoción humana—. Solo que él todavía no ha visto el ataúd.

La alianza con Gabriel estaba sellada, pero Clara sabía que acababa de abrir una puerta que quizá no podría volver a cerrar. Gabriel siempre había tenido intereses ocultos, y su mirada le había dicho que esos intereses incluían no solo su imperio, sino a ella misma. Pero por ahora, dejaría que el Lobo pensara que tenía la sartén por el mango.

"La Sombra" nunca entregaba el control total. Nunca.

Mientras el vehículo se adentraba en la autopista de regreso a la capital, Clara comenzó a trazar mentalmente el plano de la gala. Habría cámaras, prensa, la élite política y empresarial. El escenario perfecto para una máscara... y para un cuchillo en la oscuridad. El dolor por la traición de Julián seguía ahí, un latido sordo en su sien, pero lo estaba transformando en algo útil. En algo letal.

Se tocó el hombro, donde la vieja cicatriz parecía arder bajo la ropa. El pasado la había traído hasta aquí, y el presente la obligaba a aliarse con el diablo. Pero Clara Mendoza no tenía miedo al fuego. Ella misma era el incendio que estaba a punto de consumir la ciudad.

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Mar Sol
Clara está confiada en que está vez va a resultar su plan, ella es astuta, espera no haya errores.
Equipo Motorola
excelente felicitaciones escritora, muy diferente a todo lo recurrente, solo me quedo la duda de Julian, osea, no murió jajaja
Mar Sol
Al igual que Julián, hay otra persona que no sabe de lealtad, la ambición es tan fuerte que no le importó vender información a los enemigos de Clara.
Mar Sol
¡¡Que interesante!! ¡¡esto apenas va a empezar!!
Mónica Aulet
Que fuerte!!
Mónica Aulet
Y que se queme todo!!!!
Mónica Aulet
Impresionante ,la verdad que me tiene atrapada la historia.
Irma Ruelas
❤️😍😍😍😍😍😍
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