Matrimonio por conveniencia
NovelToon tiene autorización de A.Y. Clover para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 14: Operación "Derritiendo al Cubito de hielo"
La fiesta estaba en su punto más crítico. Doña Mariana, la ex-suegra de Alessandra, ya llevaba tres copas de un Chardonnay carísimo y su lengua estaba más afilada que un bisturí.
Se subió al podio, golpeando su copa con un tenedor de plata, llamando la atención de todos los inversores y de las "madrinas" víboras.
—¡Un brindis! —exclamó Mariana, tambaleándose un poco—. Un brindis por la "feliz" pareja. Aunque, entre nosotros, Alessandra... todos sabemos que tus gustos siempre han sido... mediocres.
El lugar rápidamente se llenó de murmullos.
—Rodrigo, mi hijo, solía contarme cómo tenías que usar manuales de instrucciones para todo, incluso para las noches de "pasión". ¡Pobre mi Rodrigo! Soportando a una mujer que tiene un cubo de hielo por corazón y que solo sabe hablar de bacterias en la cama.
Dante sintió que una vena le palpitaba en la sien.
No era por Alessandra, se dijo a sí mismo, sino porque ese tipo, Rodrigo, se atrevía a hablar de lo que pasaba en la intimidad de su jefa.
Alessandra, por su parte, tenía la mirada fija en su copa, con la mandíbula tan apretada que parecía que iba a estallar.
—¡Y no olvido cuando Rodrigo tuvo que comprarte aquel peluche de microbio porque no sabías qué hacer con un ramo de flores! —continuó Mariana, riendo a carcajadas—. ¡Eres patética, Alessandra!
Alessandra se levantó con una elegancia aterradora.
Tomó el micrófono con una calma que hizo que César se santiguara tres veces seguidas.
*«Cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan: dos en las patas, y en la cabecera uno. Para que Valeriano no nos mate a ninguno», pensó César. «Bitácora de quilombos, quilombo 11: Humillación pública nivel Marrana. Lápiz y papel: "doña Marrana" agregado al diccionario como sinónimo de "suegra exhumada con Chardonnay". P/D: si sobrevivo, me cambio el nombre y huyo a un monasterio.»*
—Doña Mariana... o debería decir, Doña Marrana, dado que parece que ha confundido este salón con un chiquero para ventilar sus frustraciones —dijo Alessandra, provocando un jadeo colectivo.
—Entiendo que extrañe mi patrimonio, pero no confunda mi falta de interés en su hijo con una falta de capacidad. Si Rodrigo no sabía cómo encender una estufa, no era culpa del gas, sino de que él no tenía ni cerillas ni chispa.
En ese momento, una de las madrinas, por orden de Rodrigo, fingió un tropiezo y "accidentalmente" enganchó el tacón de su zapato en la cola del vestido de Alessandra.
*¡RRRRRIP!*
El sonido de la seda desgarrándose detuvo los corazones de todos. La parte trasera del vestido de Alessandra se abrió de arriba abajo, dejando su espalda y parte de su lencería de encaje a la vista de los fotógrafos de _Forbes_.
Rodrigo sonrió desde su esquina, esperando ver a Alessandra salir corriendo avergonzada.
Pero no contaba con el factor Dante.
Dante no lo pensó.
En un movimiento que dejó a las madrinas sin respiración, se quitó el saco del esmoquin y luego, con una rapidez felina, se desabrochó la camisa blanca, quedando con el torso desnudo frente a todos.
Envolvió a Alessandra con su camisa, anudando las mangas al frente de su cintura con una fuerza posesiva, cubriendo el desastre del vestido.
—Lo siento, señores —dijo Dante, con voz aterciopelada pero ácida, silenciando el salón mientras atraía a Alessandra hacia su pecho desnudo—. Pero mi esposa es tan ardiente que hasta la seda más fina se rinde ante ella.
Antes de que Alessandra pudiera procesar el calor de la piel de Dante contra su espalda, él la tomó por la barbilla y la besó.
No fue un beso de contrato.
Fue un beso diseñado para borrar cualquier recuerdo de Rodrigo, un beso que le supo a victoria y a desquite.
Mariana se quedó con la boca abierta, soltando su copa, que se hizo añicos en el suelo.
—Marcador, jefa... —susurró Dante contra sus labios, mientras los flashes los cegaban—. *Dante 6 - Alessandra 5*. Acabo de salvarte el trasero, literalmente, y de paso le cerré el hocico a la Marrana.
Alessandra, por primera vez en su vida, no se quejó de las bacterias.
Se aferró a la camisa de Dante y miró a Rodrigo con un triunfo salvaje en los ojos.
César, desde la barra, se sirvió un trago doble.
*«¡Código Rojo!», pensó César. «Desnudo parcial y humillación total. A la Marrana se le atragantó el Chardonnay y a mí se me atragantó la dignidad.»*