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Obsesionada Con El Profesor

Obsesionada Con El Profesor

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Grandes Curvas
Popularitas:3.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Nunca planeé enamorarme de mi profesor.

Simplemente ocurrió.

Una clase fue suficiente para que dejara de verlo como un hombre cualquiera y empezara a convertirlo en el centro de todos mis pensamientos.

Desde entonces, cada excusa era perfecta para estar cerca de él.

Cada mirada alimentaba mi esperanza. Cada rechazo solo aumentaba mis ganas de conquistarlo.

Dicen que hay amores imposibles.

Yo no creo en lo imposible y si el destino insiste en poner reglas entre nosotros...

Me encargaré de romperlas una por una.

Porque él todavía no lo sabe... Pero algún día será solo MIO.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El lugar donde él no sabía que yo existía

Hay frases que se olvidan al cerrar un libro.

Y hay otras... Que parecen abrirlo dentro de tu cabeza.

"Quien dedica demasiado tiempo a observar a otros termina dejando al descubierto su propia conducta."

La leí una vez.

Después otra.

Y otra.

Hasta que terminé cerrando el libro de golpe. No porque ya hubiera entendido la frase.

Sino porque empezaba a sentir que la frase me estaba entendiendo a mí.

Dormí mal. Otra vez.

Cada vez que despertaba miraba el libro sobre la mesa de noche. Seguía allí, inmóvil, como si estuviera esperándome. Como si quisiera recordarme que quizá todo aquello solo estaba ocurriendo dentro de mi cabeza.

Y necesitaba creerlo, necesitaba convencerme de que el profesor Ferrer no me estaba enviando mensajes ocultos en libros prestados.

Porque la otra opción... Era demasiado aterradora.

Llegué a la universidad decidida a comportarme como una persona normal.

Nada de buscar su oficina.

Nada de mirar la cafetería.

Nada de intentar adivinar dónde estaría.

Entraría a clase, tomaría apuntes y volvería a casa.

Así de sencillo.

—Buenos días.

Emma apareció a mi lado sosteniendo un café enorme entre las manos.

—Buenos días.

Me observó apenas unos segundos antes de fruncir ligeramente el ceño.

—No me gusta esa cara.

—¿Qué tiene mi cara?

—Parece que llevas tres noches hablando con fantasmas.

Sonreí con esfuerzo.

—Solo dormí mal.

—¿Otra vez?

Asentí.

Ella pasó un brazo sobre mis hombros mientras caminábamos hacia el edificio.

—Necesitas descansar. Te estás tomando demasiado en serio la universidad.

No respondí.

Si ella supiera la verdadera razón de mi insomnio...

Probablemente me obligaría a buscar ayuda psicológica.

Y, sinceramente... Empezaba a pensar que no sería una mala idea.

La clase transcurrió sin nada fuera de lo común.

El profesor explicó, nos hizo participar y corrigió algunos ejercicios. Ni una sola vez volvió a mencionar patrones, coincidencias o conductas repetidas.

Todo parecía tan normal...

Que poco a poco empecé a sentirme ridícula, tal vez de verdad estaba exagerando.

Tal vez aquel libro llevaba años con esa frase subrayada.

Tal vez el profesor ni siquiera recordaba haberme prestado ese ejemplar.

Cuando terminó la clase respiré con alivio.

Necesitaba dejar de pensar.

Solo eso pensar menos.

—¿Julieta?

Levanté la cabeza.

Era Claudia, la secretaria del departamento de Psicología.

Siempre sonreía.

Siempre parecía saber el nombre de todo el mundo.

—¿Sí?

—¿Podrías hacerme un favor?

—Claro.

Me acerqué a su escritorio.

Encima había un pequeño llavero de cuero oscuro.

Lo reconocí de inmediato.

La letra G, grabada en metal, brilló bajo la luz.

- Son las llaves del profesor Ferrer?- pregunté.

Claudia negó con una sonrisa resignada mientras las tomaba entre los dedos.

—Otra vez las dejó aquí. Ese hombre podría olvidar la cabeza si no la llevara pegada al cuerpo.

No pude evitar reír.

En ese momento sonó el teléfono, contestó de inmediato y su expresión cambió por completo.

—Sí... voy enseguida.

Colgó con rapidez y volvió a mirarme.

—Julieta, me salvarías la vida si dejas estas llaves sobre el escritorio del profesor. La oficina quedó abierta porque salió a una reunión hace un momento. Solo déjalas ahí. Ya vuelvo.

Las puso en mi mano sin esperar respuesta y salió casi corriendo por el pasillo.

Me quedé sola.

Con las llaves.

Sentí un cosquilleo extraño en el estómago.

Era solo un favor, Nada más.

La puerta de la oficina estaba entreabierta.

La empujé con suavidad.

Entré.

Y el mundo pareció quedarse completamente en silencio. Nunca imaginé que una oficina pudiera parecer tan... Suya.

Olía a café, libros, madera y a ese perfume discreto que siempre llevaba.

No era un lugar elegante.

Ni especialmente grande.

Era un lugar vivido.

Sobre el escritorio descansaban varias carpetas perfectamente alineadas, un reloj de arena, dos bolígrafos idénticos y una taza negra con un poco de café seco en el fondo.

Sonreí sin querer.

Siempre terminaba dejando un poco. Nunca lo había notado hasta ese momento.

Dejé las llaves sobre el escritorio.

Listo.

Ya podía irme.

Di media vuelta, llegué hasta la puerta, apoyé la mano sobre la manija.

Pero... No la abrí.

Volví a mirar la oficina, solo un minuto no iba a tocar nada.

Solo quería mirar.

Eso no hacía daño a nadie.

¿Verdad?

Mis ojos recorrieron lentamente los estantes. Había muchísimos libros.

Algunos completamente nuevos. Otros tan usados que el lomo empezaba a romperse.

Me acerqué despacio y pasé un dedo por los títulos.

Psicología.

Neurociencia.

Conducta.

Filosofía.

Literatura.

También novelas.

Eso me sorprendió, nunca lo habría imaginado leyendo ficción.

En una esquina descansaba una pequeña planta, las hojas estaban perfectamente cuidadas.

—Así que también cuidas plantas...- Murmuré sin darme cuenta, como si él pudiera escucharme.

Solté una pequeña risa.

Estaba hablando sola. Otra vez.

Entonces vi un marco de fotografía.

Estaba boca abajo.

Fruncí el ceño.

¿Por qué alguien dejaría una fotografía al revés?

No la toques, Julieta.

No la toques.

Retrocedí un paso.

Respiré hondo.

Volví a acercarme.

Mis dedos rozaron el marco y lo levanté apenas unos centímetros.

Era él.

Sonriendo y abrazándolo por los hombros estaba la mujer del coche negro.

Sentí un vacío extraño en el pecho, no parecía una fotografía romántica se veían felices. Cómodos.

Como dos personas que llevaban mucho tiempo compartiendo la vida.

Me descubrí intentando adivinar quién era.

¿Una novia?

¿Una hermana?

¿Una amiga?

¿Por qué seguía apareciendo ella?

Volví a colocar el marco exactamente en la misma posición.

Boca abajo.

Como estaba.

Entonces... Escuché voces muy cerca en el pasillo.

Todo mi cuerpo se tensó.

Los pasos se acercaban cada vez más la manija empezó a moverse.

El corazón golpeaba con tanta fuerza que estaba convencida de que podían escucharlo desde el otro lado de la puerta.

Miré desesperadamente alrededor. No había dónde esconderme.

Solo alcancé a pegarme detrás de la puerta.

La respiración quedó atrapada en mi garganta.

La puerta se abrió.

Entró Claudia.

Ni siquiera levantó la vista.

Dejó una carpeta azul sobre el escritorio, tomó otra y volvió a salir mientras hablaba con alguien en el pasillo.

—Sí, profesor, ya la llevo...

Profesor... ¿Profesor?

Sentí que la sangre desaparecía de mi rostro. ¿Él estaba afuera?

Esperé.

Cinco segundos.

Diez.

Quince.

No escuché la voz de Gael. Solo el sonido de unos pasos alejándose, salí lentamente de detrás de la puerta con las piernas temblando.

¿Qué acababa de hacer?

¿Por qué no me había ido cuando tuve la oportunidad?

Abrí la puerta con cuidado y asomé la cabeza al pasillo.

Estaba vacío.

Respiré profundamente.

Cerré la oficina y caminé lo más rápido que pude sin llegar a correr.

Cuando regresé al escritorio de Claudia, ella ya estaba organizando unos documentos.

Al verme, sonrió.

—¿Pudiste dejarle las llaves?

Asentí.

—Sí.

Todo listo.

—Gracias.

Sabía que podía confiar en ti.

Le devolví la sonrisa.

Pero aquellas palabras me atravesaron como una aguja.

Porque ella sí confiaba en mí y yo acababa de utilizar esa confianza para hacer algo que ni siquiera era capaz de justificarme a mí misma.

Esa noche abrí el cuaderno.

Pasé varias páginas.

Leí algunas de las frases del profesor.

Después escribí lentamente:

"Hoy entré al lugar donde él pasa la mayor parte de sus días."

Hice una pausa.

El bolígrafo permaneció suspendido sobre el papel unos segundos antes de seguir escribiendo.

"Pensé que conocer su oficina calmaría mi curiosidad."

Volví a detenerme... y terminé escribiendo la única verdad que ya no podía seguir negando.

"Solo consiguió que quisiera conocer el resto de su mundo."

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Jazmin Peña
seguro es la novia o esposa
Jazmin Peña
actualizaaaa
Alice: Tus deseos son órdenes 😉 😌 😏
total 1 replies
Anyela samira Nazareno caicedo
Autora por favor, por lo que más quieras subenos los capítulos🤩🫦
Anyela samira Nazareno caicedo
hay Días mío, no me digan que yo acabo de leer esta novela sin estar terminada. Cómo desleo está novela para no morirme de saber que es lo que pasará. Está novela está demasiado buena 🤩.
Alice: lo sientoooooo 🙈, estoy corriendo para tenerlos actualizado todos los dias ❤️
total 1 replies
Jazzy
actualizaaaaaaaa
Jazzy
excelente historia y la narrativa es buena
Jazzy
ACTUALIZAAAAAAAAA
Luana Gomez
xq se demora mucho en subir capitulo
Arelis Canales
Esta muy buena espero subas mas capitulos .
Luana Gomez
xfis 2 capitulo más xfi xfi
Luana Gomez
eya controla sus horas su recorrido sus miradas todo y el d eya nada
Luana Gomez
está muy buena Pero solo creooo q eya debería d alejarse un poquito del profesor ya que eya n mas anda x atrás d el
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