Renace en un mundo mágico para cobrar venganza.
* Novela parte de un gran mundo mágico *
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Recuerdos 2
A medida que los recuerdos de Cora se ordenaban en su mente, el odio crecía con ellos, capa tras capa, como un fuego que encontraba nuevo combustible en cada imagen recuperada. Ya no eran escenas borrosas ni sensaciones vagas.. eran hechos. Nombres. Rostros. Dolores precisos.
El primero era su padre.
Lord Casper Morgan no golpeaba por impulso ni por rabia descontrolada. Golpeaba con cálculo. Sus manos buscaban siempre los lugares que no dejaban marcas visibles.. los costados, la espalda baja, los brazos donde la ropa cubría la piel. Cada castigo iba acompañado de palabras frías, de reproches disfrazados de lecciones. Disciplina, lo llamaba. Corrección. Cora recordaba el ardor contenido, el llanto silencioso frente al espejo, aprendiendo demasiado pronto que el dolor debía ocultarse para sobrevivir.
Luego estaban las empleadas.
Mujeres que conocían su lugar de poder dentro de la casa y lo ejercían con crueldad. Le negaban comida como castigo, la obligaban a repetir tareas inútiles, la humillaban con sonrisas falsas cuando nadie miraba. Algunas apretaban su muñeca con demasiada fuerza, otras susurraban comentarios venenosos sobre su valor, su futuro, su inutilidad. No eran inocentes. Sabían que nadie las reprendería por abusar de una niña silenciosa.
Después apareció ella.
La amante de su padre.
Wilma Smith.. Una mujer elegante, siempre perfumada, que caminaba por la mansión como si ya fuera su dueña. Sus miradas hacia Cora estaban llenas de desprecio y celos, como si la viera no como una hija, sino como un estorbo. Recordó sus palabras afiladas, la forma en que sugería castigos más duros, decisiones más convenientes. Sonreía cuando Lord Morgan alzaba la voz. Nunca intercedía. Nunca.
Y finalmente… él.
El recuerdo que más náuseas le provocó.
John Brown, amigo de su padre.. de manos gruesas y sonrisa torcida, que comenzó a mirarla de otra manera desde que ella cumplió doce años. Cora recordaba perfectamente esa sensación pegajosa, la incomodidad constante, la forma en que sus ojos se detenían demasiado tiempo, recorriéndola sin pudor. Los comentarios ambiguos. Las risas bajas. Las visitas frecuentes.
Nadie la protegió.
Con el tiempo, ese mismo hombre asqueroso se convirtió en algo más que una presencia desagradable. En los recuerdos que ahora entendía como futuro, era él con quien la obligaban a casarse. Él quien la reclamaba como propiedad. Él quien, después, la golpeaba cuando se atrevía a llorar, cuando no obedecía lo suficiente, cuando simplemente existía.
Cora sintió el odio arderle en el pecho, espeso, oscuro, justificado. No era un sentimiento nuevo, pero ahora tenía forma, dirección y propósito. Ya no era la niña indefensa que soportaba en silencio. Era una mujer con memoria completa… y con tiempo.
Cada uno de ellos había dejado una marca.
Y cada marca sería cobrada.
Porque Cora Morgan ya no confundía el odio con debilidad. Lo entendía como lo que realmente era.. la prueba de que había sobrevivido.
Y esta vez, nadie saldría ileso de sus recuerdos
Cora necesitaba orden.
El odio, cuando era puro instinto, quemaba sin dirección. Pero ella ya no era una criatura dominada por impulsos. Había aprendido, incluso en el dolor, que la verdadera destrucción exigía método. Silencio. Paciencia.
Buscó papel y pluma.
La habitación antigua le ofrecía un pequeño escritorio de madera oscura, gastado en los bordes por años de uso. Se sentó con la espalda recta, respiró hondo y dejó que la mano dejara de temblar. Cada recuerdo que había regresado pedía ser fijado, atrapado en tinta, para no volverse confuso ni indulgente.
Encabezó la hoja sin adornos.
No era una carta.
No era un lamento.
Era una lista.
El primer nombre lo escribió despacio, marcando cada letra, como si al hacerlo sellara un pacto consigo misma.
Casper Morgan.. su padre..
El hombre que debía protegerla y que en cambio la había moldeado a golpes invisibles. El funcionario corrupto del reino de Bernicia. El arquitecto de su desgracia. Al escribir su nombre, Cora sintió una calma extraña, peligrosa. No había lágrimas. Solo una certeza fría.. él sería el primero en caer, porque todo había comenzado con él.
Debajo, uno a uno, fueron apareciendo los nombres de las empleadas.
Mujeres que habían usado su cercanía para abusar. Que habían elegido ser crueles porque podían. Cora no las excusó por su posición ni por su género. El poder, incluso el pequeño, siempre revela el verdadero rostro de quien lo ejerce. Cada nombre escrito era un recuerdo afilado, una humillación devuelta al presente.
Luego escribió..
Wilma Smith.
La amante de su padre.
El nombre quedó ahí, elegante y venenoso. Wilma, con sus perfumes caros y su sonrisa calculada. Wilma, que había empujado decisiones, celebrado castigos, deseado su desaparición silenciosa. Cora recordó su mirada, siempre cargada de una satisfacción cruel. Esa mujer no había levantado la mano, pero había sostenido el arma.
Y finalmente, al final de la lista, escribió el nombre que le revolvió el estómago incluso ahora..
John Brown.
La tinta pareció más oscura al trazarlo.
El viejo amigo de su padre.
El hombre que la miró con lujuria desde que dejó de ser una niña.
El que la reclamó.
El que la golpeó.
El que creyó que podía poseerla.
Cora dejó la pluma sobre el escritorio y observó la hoja durante largos segundos. No había símbolos. No había juramentos escritos. No hacían falta.
Esa lista no era un arrebato de furia.
Era un mapa.
Sería su guía.
Su recordatorio.
Su promesa.
Porque mientras esos nombres existieran, su misión estaría clara. Y cuando el último de ellos fuera tachado, entonces, solo entonces, Cora Morgan decidiría qué hacer con lo que quedara de sí misma.
Hasta ese día, viviría con un propósito inquebrantable..
Convertir cada nombre en consecuencia.
que no pierde tiempo para recordarte directa e indirectamente tus errores pasados!, detesto ese/Smug/ Callalos Jason
ya está muerto y no se ha dado cuenta mi amigo, con esas palabras que le dijo a Jason, creó su propia tumba😡