Ella es la líder del clan más poderoso de todos los reinos lo que la pone en el ojo de la tormenta, Ella es una exorcista de élite Pero tiene enemigos más peligrosos que los demonios a los que debe vencer, el prejuicio hacia la mujer en un mundo de hombres
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Capitulo 1
* Tae Hijo mayor Del sabio del fuego maestro del cultivo demoníaco*
El salón seguía en silencio cuando Tae irrumpió por las puertas principales.
El polvo del camino aún cubría su armadura, y su caballo debió haber volado para traerlo tan rápido desde la frontera este. Tae, mi mano derecha desde que tengo memoria. Tae, el único que me defendía cuando mis hermanos se burlaban. Tae, que había partido a una misión importante justo antes de mi ceremonia.
— ¿Es cierto lo que escuché, Sakura? — preguntó sin siquiera desmontar, saltando del caballo antes de que este se detuviera por completo.
Las miradas de todos los presentes se clavaron en nosotros. Mi padre seguía de rodillas. Mis hermanos, mudos. Los ancianos, con los rostros desencajados.
Yo solo quería desaparecer.
Pero Tae ya estaba frente a mí, con esa sonrisa suya que siempre lograba que el mundo pesara menos.
— Muéstrame — dijo, con los ojos brillando de emoción infantil.
Sin pensar, sin medir las consecuencias, me di la vuelta.
Bajé un poco la túnica, dejando al descubierto mi espalda.
Las runas rojas ardían sobre mi piel como si aún estuvieran naciendo. Como si el fuego no hubiera terminado de hablar.
— No puedo creerlo — susurró Tae, extendiendo una mano pero sin atreverse a tocarme, como si yo fuera un objeto sagrado —. Esto es tan... tan...
— Genial — completó, con una risa que rompió la tensión del salón —. Jamás había visto runas de este color. ¿Sabes lo que significa?
— Caos — respondí, con la voz apagada —. Destrucción. Perdición. Eso dijo el fuego.
Tae negó con la cabeza.
— El fuego dijo muchas cosas. Pero lo importante es esto — señaló las runas —: te nombró jefa del clan. A ti. Por encima de todos. ¿Eso no te dice nada?
— Me dice que van a odiarme — susurré.
Tae me miró. Y en sus ojos vi algo que no esperaba: orgullo.
— Que te odien — dijo, con una calma que asustaba —. Que te odien y tiemblen. Porque ahora, Sakura, tú mandas. Y si alguien tiene un problema con eso...
Se volvió hacia el salón. Hacia mi padre, todavía de rodillas. Hacia los ancianos, que cuchicheaban en las sombras. Hacia mis hermanos, que no sabían dónde mirar.
— ...que venga a decírmelo a mí.
El silencio fue tan profundo que se oía el viento afuera.
Nadie habló.
Pero yo conocía esa mirada en los ancianos. Era la misma que le ponían a las sirvientas cuando se equivocaban. La misma que le dedicaban a mi madre cuando opinaba en las reuniones. La misma que usaban para recordarle a una mujer cuál era su lugar.
Y su lugar, según ellos, no era este.
EL CONSEJO DE ANCIANOS
Esa noche, mientras Tae me acompañaba a mis habitaciones, los susurros comenzaron.
— Una mujer... es inaudito...
— Las mujeres son para el hogar, para la compañía...
— Exorcistas menores, eso es lo máximo que pueden aspirar...
— Simples... siempre han sido simples...
— ¿Cómo vamos a inclinarnos ante una niña?
— El fuego se equivocó... debió ser el hermano mayor...
Tae apretó el paso, poniéndose entre yo y los susurros.
— No los escuches — dijo sin mirarme —. Son viejos. Los viejos temen lo que no entienden.
— ¿Y si tienen razón? — pregunté, sintiendo el peso de las runas en mi espalda —. ¿Y si el fuego se equivocó? ¿Y si todo esto es un error y yo... yo solo soy una niña asustada?
Tae se detuvo. Me miró fijamente.
— Sakura. ¿Tú crees que el fuego se equivoca?
— No lo sé...
— Yo sí lo sé — cortó —. El fuego no se equivoca. Los elementos no se equivocan. Te eligieron a ti. Y si te eligieron a ti es porque puedes con esto. Porque eres más que una "niña asustada". Porque eres mi amiga. Y yo no sigo a cualquiera.
Sonrió. Esa sonrisa de siempre.
— Además — agregó, en un tono más bajo —, si alguien intenta algo, yo estaré ahí. Siempre.
Le devolví la sonrisa. Por primera vez en todo el día, el nudo en mi estómago se aflojó un poco.
Pero al fondo del pasillo, una sombra observaba.
Uno de los ancianos.
Con una libreta en la mano.
Anotando.
Siempre anotando.
LO QUE TAE NO SABÍA
Mientras Tae dormía esa noche, yo no podía cerrar los ojos.
Las runas no dejaban de picar. Como si quisieran decirme algo. Como si hubiera una voz atrapada en mi piel.
Me levanté. Fui al balcón.
El cerezo del patio central estaba iluminado por la luna. Sus flores, rosadas de día, ahora parecían plateadas.
Y bajo el cerezo, una figura.
Pequeña. Delgada. Arrodillada.
Reconocí el cabello. La postura. La forma de inclinar la cabeza.
Mi madre.
Rezaba.
Nunca la había visto rezar. En este clan, los dioses eran secundarios. El poder era lo único que importaba.
Pero ahí estaba ella, de madrugada, bajo el cerezo, rezando.
Me acerqué sigilosamente. No quise interrumpir. Pero alcancé a escuchar sus palabras:
— ...protégela. No importa lo que pase. No importa lo que digan. Protégela. Es mi hija. Es solo una niña. No merece esto. No merece el odio. No merece...
Su voz se quebró.
— ...no merece morir por ser quien es.
Mi sangre se heló.
¿Morir?
¿Mi madre pensaba que yo iba a morir?
Retrocedí sin hacer ruido. Volví a mi habitación. Me acosté. Miré el techo.
Y por primera vez, entendí que esto no era un nombramiento.
Era una sentencia.
🌸 Continuará... 🌸