NovelToon NovelToon
La Obsesión Del Alemán

La Obsesión Del Alemán

Status: En proceso
Genre:Dominación / Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:9.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Giselle O'Connor huyó de un pasado que casi la destruye y encontró refugio bailando cada noche en el club Eclipse, donde solo en el escenario logra sentirse libre. Su mundo cambia cuando la mirada fría y poderosa de Dexter Müller, el líder de la mafia más temida de la ciudad, se fija en ella. Lo que empieza como una obsesión silenciosa se convierte en un vínculo prohibido lleno de deseo, peligro y salvación.

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UN LOCO OBSESIONADO

No sabía en qué momento dejó de ser un arranque impulsivo y se convirtió en algo peligrosamente personal, pero lo único claro era que Dexter me cargó desde el auto hasta el ascensor como si yo no pesara nada… como si fuera suya.

—¡Bájame! ¡Ya te dije que me sueltes! —gruñí, golpeándole el pecho.

—No. —Su voz era baja. Controlada. Mucho peor que si estuviera gritando.

—¡Dexter, maldita sea!

—Giselle, te callas y entras —respondió con esa calma fría que usaba cuando estaba a punto de romper algo.

El ascensor subía y yo seguía forcejeando, pero su brazo rodeándome la cintura era una banda de hierro. No me lastimaba. Nunca me lastimaba. Pero tampoco me daba opción.

Cuando las puertas se abrieron en el último piso, me bajó sin ceremonia, aunque su mano siguió aferrada a mi brazo. Caminé porque me obligaba a caminar. No porque quisiera.

Apenas cruzamos el umbral del penthouse, empujó la puerta con el pie y la cerró de golpe.

El sonido retumbó.

Yo me solté con un tirón brusco.

—¿Te volviste completamente loco? —espeté, retrocediendo varios pasos.

Él se quedó donde estaba. Respirando fuerte. Conteniéndose.

—¿Loco? —repitió, quitándose la chaqueta y arrojándola sobre una silla—. Loca tú, subiéndose a una tarima como si nada estuviera pasando.

—¡Era mi trabajo!

—Era un maldito escaparate.

—No soy un objeto en exhibición.

—Todo ese lugar te mira como si lo fueras.

—Y yo decido que me miren.

—No cuando hay un hombre obsesionado contigo suelto.

Su voz bajó un tono. Más peligrosa.

—No puedes traerme aquí como si fuera… ¡una cosa! —grité, señalando la puerta—. ¡No soy algo que recoges y guardas!

Sus ojos se oscurecieron.

—No eres una cosa —dijo, avanzando un paso—. Eres una mujer que casi pierdo una vez y no pienso perder otra.

—¡No me perdiste! —repliqué.

—Te estaban siguiendo.

Eso me silenció un segundo. Solo un segundo.

—Eso no te convierte en mi dueño.

La palabra quedó flotando.

Dueño.

Algo cruzó por su mirada.

—No quiero ser tu dueño.

—Pues deja de actuar como si lo fueras.

Él pasó una mano por su cabello, exasperado. Era la primera vez que lo veía realmente al límite.

—No sabes lo que vi cuando entré a ese club —dijo entre dientes—. No sabes lo que sentí.

—Celos —disparé.

Su mandíbula se tensó.

—Rabia.

—Por lo mismo.

—Por cómo te miraban.

—No puedes controlar eso.

—Pero puedo controlar dónde estás.

—No.

Me acerqué ahora yo. Desafiándolo. Con el uniforme aún puesto, las botas, la falda mínima, el maquillaje intacto. Vulnerable y poderosa al mismo tiempo.

—No puedes decidir por mí —repetí.

—Tengo derecho cuando tu vida depende de una decisión estúpida —respondió sin apartarse.

Lo odié.

Lo odié porque su miedo era real. Lo odié porque me hacía sentir protegida. Lo odié porque me gustaba que alguien se preocupara así.

Me crucé de brazos para ocultar el temblor.

—…Está bien —dije al fin, con la voz más baja—. Me quedaré. Temporalmente. Hasta que esté segura de que no me sigue.

Dexter se quedó quieto.

—Temporal está bien —respondió despacio.

No le creí.

Di un paso más, invadiendo su espacio ahora yo.

—Pero no confío en ti.

Una exhalación oscura salió de su pecho.

—No espero que lo hagas.

—Entonces deja de actuar como si yo te perteneciera.

Su mirada bajó un segundo por mi cuello, por la línea de mi clavícula, por el borde del corpiño negro. Volvió a mis ojos.

—No actúo así porque me pertenezcas —dijo bajo—. Actúo así porque no soporto la idea de que alguien más crea que puede tenerte.

El aire cambió.

—Eso es posesión.

—Eso es deseo.

Mi respiración se desordenó.

—No es lo mismo.

—Para mí ahora mismo… se siente igual.

Mi corazón golpeó fuerte.

—¿De dónde sale todo esto? —pregunté—. Apenas me conoces.

— No te conozco del todo aún, quiero conocerte — dice mirándome — Déjame conocerte Giselle

— Pareces un loco obsesionado, Dexter... — Suelto y el sonríe de lado

— Tal vez...

— ¿Por qué vives tan confiado? No puedes protegerme de nada, no de Liam, él tiene... — Me quedo sin palabras mientras lo veo acercarse más

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Hay algo que tienes que saber.

—¿Qué ahora? —susurré, agotada.

No apartó la mirada cuando lo dijo.

—Soy un mafioso.

El mundo se inclinó un segundo.

—¿Qué…?

—Tengo negocios. Poder. Enemigos. Hombres que responden a mí. Y una vida que no es limpia.

Retrocedí un paso.

—No… No quiero más peligro. No quiero más hombres violentos en mi vida.

—No soy como él.

—Eso dicen todos.

En dos pasos me acorraló contra la pared del recibidor. No me tocaba. Solo estaba ahí. Grande. Imponente.

—No te pasará nada —dijo con voz baja, firme—. No mientras yo respire.

—Ese es el problema —susurré—. No entiendo por qué te importa tanto.

Sus ojos bajaron a mis labios.

Mi pulso se disparó.

—Porque me interesas —murmuró.

—No es lógico.

—Nada de esto lo es.

—No puedes sentir algo así tan rápido.

—No me digas lo que puedo o no sentir.

Su mano subió lentamente hasta mi mejilla. Dudó apenas un segundo antes de tocarme.

El roce fue firme. Caliente.

—Desde que entraste a mi casa —continuó—, desde que dormiste con mi abrigo puesto… no he dejado de pensar en ti.

Mi garganta se secó.

—Eso no significa que puedas decidir por mí.

—No quiero decidir por ti —susurró—. Quiero que elijas quedarte.

—¿Y si no lo hago?

Su pulgar descendió por la línea de mi mandíbula.

—No te obligaría.

—Mentiroso.

Una sombra de sonrisa peligrosa cruzó su boca.

—Tal vez.

El calor entre nosotros era insoportable. Su cuerpo tan cerca del mío que podía sentir su respiración en mi cuello.

—Dexter… —intenté advertirlo.

—No te voy a lastimar.

—No es eso lo que me da miedo.

—¿Entonces qué?

Lo miré.

—Que no quiera que te detengas.

Eso rompió algo en él.

Su boca descendió despacio. Me dio tiempo para apartarme.

No lo hice.

El beso comenzó suave. Inesperadamente suave para un hombre que irrumpía en clubes y arrastraba mujeres por escenarios.

No fue dominante. No fue exigente.

Fue lento.

Caliente.

Como si estuviera probando algo que no sabía si podía permitirse.

Mis manos se aferraron a su camisa sin que yo lo decidiera. Sus dedos descendieron por mi cintura, firmes, seguros, marcando territorio sin invadir más de lo que yo permitía.

El beso se profundizó apenas.

Un suspiro escapó de mi boca.

Su mano subió por mi espalda desnuda, deteniéndose justo antes de cruzar cualquier límite.

Nos separamos despacio.

Demasiado despacio.

Su frente se apoyó contra la mía. Su respiración estaba tan desordenada como la mía.

—Quédate —murmuró, pero esta vez no sonó como orden.

Sonó como necesidad.

Cerré los ojos.

Y por primera vez desde que Liam reapareció…

El peligro no era el hombre que me perseguía.

Era el hombre que me sostenía.

Porque con él no temía por mi vida.

Temía por mi corazón.

1
Sandra Dallosta
muy bueno todo
Eneida Atencio
Amo su novela autora excelente
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play