*Ella solo quería pagar sus cuentas. Él solo quería mantener su imperio.*
Sofía no buscaba problemas, solo un buen turno de noche. Pero cuando sus ojos se cruzan con los de Alessandro, el hombre que controla la noche y el peligro, su vida sencilla se hace añicos. Ella es testigo de algo que no debió ver, y ahora, en lugar de ser eliminada, se convierte en su posesión más preciada y peligrosa.
Alessandro es un depredador, un jefe de la mafia cuya palabra es ley y cuyo corazón se creía muerto. Pero Sofía, con su inocencia indomable y su inesperada resistencia, desentierra una vulnerabilidad que él juró enterrar bajo capas de poder.
Atrapados en una mansión dorada que es también su jaula, la tensión entre ellos se vuelve insoportable. ¿Podrá Sofía amar a un hombre cuyo mundo se construye sobre secretos y violencia? y estará Alejandro dispuesto a quemar su imperio hasta los cimientos para mantenerla a salvo?
prepárate para una historia donde la obsesión es la única regla.
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capitulo 4
Alessandro no había terminado de hablar, pero Sofía sintió que el peso de sus palabras ya la había aplastado contra la silla de cuero. El aire en la biblioteca, antes denso por el miedo, ahora vibraba con la electricidad de una transacción inminente, una que no involucraba dinero, sino su alma.
"...No voy a mentirte, Sofía. Lo que viste fue real. Y lo que haremos con el testigo no fue un acto de clemencia, fue pragmatismo. El hombre que viste caer era un traidor. Su muerte fue un mensaje limpio, rápido. El problema eres tú. Eres un cabo suelto en un tejido que debe ser perfecto."
Sofía tragó saliva. Su mochila, con sus libros de contabilidad, se sentía ridículamente liviana a sus pies. Era como intentar detener un tsunami con una hoja de papel.
"¿Y cuál es la otra opción?" preguntó, su voz apenas un hilo, pero firme. Tenía que saber las reglas del juego antes de decidir si jugaba o se rendía.
Alessandro sonrió de nuevo, esa media sonrisa que no alcanzaba sus ojos, pero que hacía que el corazón de Sofía diera un vuelco incómodo. "La otra opción es simple: te elimino. Rápido. Sin dolor. Tu madre recibirá una transferencia bancaria anónima que cubrirá sus gastos médicos por el resto de su vida. Morirías inocente, y yo dormiría tranquilo sabiendo que el riesgo desapareció."
Sofía sintió un escalofrío al pensar en su madre, pero la idea de que su muerte fuera comprada con dinero de sangre le revolvió el estómago.
"¿Y la primera opción?" preguntó.
"La primera opción," continuó Alessandro, inclinándose hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio, "es que te quedes. Te ofrezco protección absoluta. Nadie, ni siquiera mis hombres más cercanos, sabrá que estuviste allí. Serás invisible. A cambio, te conviertes en mi sombra. No como camarera. Como... un secreto. Necesito que observes, que escuches, que aprendas. Y, sobre todo, que no hables nunca. Ni una palabra de lo que viste, ni de lo que veas, a nadie."
El silencio se instaló, largo y pesado. Sofía procesaba la propuesta. No era una amenaza de muerte, era una propuesta de vida en cautiverio, una vida bajo la vigilancia constante de un hombre que acababa de ejecutar a alguien frente a ella.
"¿Qué significa 'mi sombra'? ¿Qué se supone que debo hacer?"
"Por ahora, nada que implique violencia. Necesito ojos y oídos que no estén contaminados por la lealtad a esta familia. Eres una extraña. Eres... pura. Necesito que me digas si algo se siente mal, si alguien está mintiendo. Necesito una perspectiva que no esté nublada por el miedo o la ambición," explicó Alessandro. "Y mientras tanto, te mantendré a salvo. Tendrás una habitación aquí. Nadie te molestará. Te pagaré más de lo que podrías ganar en diez años sirviendo café."
Sofía miró su mochila. Los libros de contabilidad. La lógica. Él le estaba ofreciendo un problema de lógica extrema. Un sistema cerrado, ilegal, pero con reglas internas que, si se entendían, podían ser navegadas.
"¿Y si me enamoro de ti?" La pregunta salió antes de que pudiera detenerla, impulsada por la extraña y aterradora atracción que sentía hacia la calma mortal de él.
La reacción de Alessandro fue inesperada. No se rió, ni se puso a la defensiva. Una sombra cruzó su rostro, una expresión que era casi dolor.
"Eso," dijo con una aspereza repentina, "es un riesgo que tendrás que manejar sola. Yo no soy un hombre para el amor, Sofía. Soy un hombre para el poder y la supervivencia. Si te enamoras de mí, solo te ofrezco el peligro de estar cerca del fuego. Pero si lo haces, no esperes que yo te corresponda con la misma debilidad. Mi única debilidad será asegurarme de que nadie más te haga daño."
Era una declaración brutal de sus límites. No prometía un romance de cuento de hadas; prometía una protección feroz a cambio de su silencio y su observación.
Sofía cerró los ojos un instante. Pensó en su madre, en el futuro sin deudas, en la adrenalina de estar tan cerca del abismo. Y pensó en la mirada de Alessandro justo después del disparo: la calma absoluta. Había algo magnético en esa certeza.
"Acepto," dijo, abriendo los ojos. "Acepto el contrato de silencio. Pero quiero algo claro, Alessandro. Si voy a ser tu secreto, necesito saber que mi madre está completamente a salvo. No solo con dinero. Necesito saber que si algo me pasa, alguien de confianza, alguien que no seas tú, sabe dónde está y puede cuidarla."
Alessandro la observó, una chispa de algo parecido al respeto encendiéndose en sus ojos oscuros.
"Eres más astuta de lo que pareces, Sofía. Un buen activo. Muy bien. Mi abogado, Marco, se encargará de un fideicomiso inquebrantable para tu madre. No hay forma de rastrearlo, y el pago es automático si dejas de comunicarte conmigo por más de 72 horas. Es una póliza de seguro contra mi propia desaparición, o contra tu fracaso en el trato."
Se puso de pie, y Sofía sintió que se encogía instintivamente. Era alto, y su presencia llenaba la habitación. Caminó alrededor del escritorio, deteniéndose justo frente a ella.
"Bienvenida a tu nueva vida, Sofía. Olvídate de los libros de texto por un tiempo. Aquí, la única contabilidad que importa es la de la lealtad y el riesgo. Y recuerda esto," bajó la voz hasta que fue casi un ronroneo peligroso, "si alguna vez te descubren hablando de lo que viste anoche, no seré yo quien te mate. Serán ellos. Y no habrá fideicomiso que valga."
Alessandro extendió una mano, no para un apretón, sino para señalar la puerta que daba al pasillo.
"Tu habitación está en el ala este. Es cómoda, tiene vistas al jardín. No hay cerradura en el interior, pero sí en el exterior. No intentes salir sin escolta. El jardín no es tan seguro como parece."
Sofía se puso de pie, sintiendo el peso de su nueva realidad. Recogió su mochila. Era irónico. Había venido a unirse a la mafia para sobrevivir, y su única herramienta era la misma que había usado para sobrevivir en el mundo legal: el análisis de riesgos.
"¿Y el espresso doble?" preguntó, intentando aferrarse a un ápice de normalidad.
Alessandro se permitió una sonrisa genuina por primera vez. Era desarmante. "Lo siento. El asesinato me puso de mal humor. Lo pagaré mañana. Ahora, ve a instalarte. Necesitas descansar. Mañana empezamos a enseñarte las reglas de la casa."
Mientras Sofía salía de la biblioteca, escoltada por los dos hombres silenciosos, miró hacia atrás una última vez. Alessandro ya estaba de nuevo en su escritorio, con la copa de whisky en mano, ya sumergido en sus propios secretos.
Ella había elegido la vida, pero era una vida que olía a peligro y a vino tinto derramado. Mientras caminaba por los pasillos lujosos, la sensación de ser una intrusa, una extranjera en tierra hostil, era abrumadora. Pero debajo del miedo, una pequeña semilla de algo nuevo comenzaba a germinar: la emoción de estar viva, peligrosamente viva, al lado del hombre más letal que jamás había conocido. Era el comienzo de su condena y, quizás, de su inesperada aventura.
escrituras , al parecer 2 versiones de una misma historia
🤔
qué se cree ????/Smug/