Durante dos años, Arabella lo dio todo por el hombre al que amaba: su jefe, el frío y poderoso heredero del Grupo Altamira. Creyó en cada beso a escondidas, en cada promesa susurrada dentro del ascensor. Hasta la mañana en que otra mujer abrió la puerta del apartamento de él... y lo llamó "cariño".
Traicionada y con un secreto latiéndole en el vientre, Arabella desaparece sin dejar rastro. No habrá aborto, no habrá súplicas, no habrá una segunda humillación: se marcha para reconstruirse lejos, dispuesta a criar sola a su bebé.
Cinco años después regresa convertida en otra mujer: una diseñadora exitosa, dueña de sí misma y de una niña de sonrisa idéntica a la del hombre que la abandonó. Pero la capital es pequeña para dos corazones rotos, y Mateo —arrepentido, obsesionado, decidido a recuperar lo que perdió— está a punto de descubrir que la mujer a la que dejó ir nunca estuvo sola.
Él quiere una segunda oportunidad. Ella quiere justicia. Y entre los dos hay una niña que no piensa compartir a su papá con nadie.
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El accidente
—Felicidades. —Samuel abrazó a Arabella en cuanto bajó del escenario y se acercó a él.
Ella le devolvió el abrazo con fuerza, entre sollozos.
Al notar que el cuerpo de su hermana temblaba, Samuel la estrechó todavía más y le besó la coronilla una y otra vez.
Mateo apartó la mirada con los ojos ardiendo. Sentía el corazón atravesado por mil cuchillos, hasta el punto de no poder respirar bien. Prefirió marcharse cargando con su dolor: no soportaba ver a la mujer que amaba haciéndole cariños a otro hombre; se le oprimía el pecho.
—Lo logré, Samuel —susurró Arabella entre hipidos.
—Sí, eres increíble. Amara va a estar orgullosísima de ti —Samuel le acarició la espalda con todo el cariño.
Adán y Delia se acercaron a los dos, que seguían abrazados.
Un carraspeo de Adán hizo que Arabella y Samuel se separaran. Ella se secó las lágrimas y, al mirar a las dos personas que conocía, se sobresaltó.
—S-señor... señora. —Arabella agachó la cabeza con respeto; Samuel se limitó a esbozar una leve sonrisa.
—No llores más —Samuel le enjugó a Arabella la mejilla húmeda, y ella sonrió y se la secó también.
—Ara, ¿cómo estás? No imaginé que aquella mujer tan talentosa de hace un rato fueras tú —dijo Delia, y de inmediato la envolvió en un abrazo.
Arabella se quedó paralizada un instante, pero se esforzó por corresponderle y comportarse con naturalidad, aunque un montón de preguntas le daban vueltas en la cabeza.
—Has cambiado mucho, estás cada vez más hermosa y más maternal —le dijo Delia con una sonrisa.
No podía negarlo: Delia se moría por conocer a su nieta.
—¿Vinieron ustedes dos solos? —preguntó, incapaz de contener la impaciencia.
Arabella miró a Samuel y sonrió.
—Vinimos los dos, señora —contestó con cortesía, sin darse cuenta aún de la intención de la pregunta de la madre de Mateo, ni de que ellos ya sabían de la existencia de la hija de Mateo.
—Ah, yo pensé que habías venido con tu familia. ¿Y quién es este hombre? —no supo por qué, pero a Delia la curiosidad la carcomía y necesitaba saberlo.
—Él es...
—Ya, mamá —la interrumpió Adán al notar que Arabella se sentía incómoda ante tantas preguntas de su esposa.
—Ara, felicidades por tu logro. No imaginé que tuvieras un talento tan extraordinario —habló Adán con sinceridad. Aunque él había movido algunos hilos, en el veredicto del jurado no había metido mano: aquello había sido mérito exclusivo de Arabella.
—Gracias, señor —respondió ella.
Conversaron un rato más, hasta que la voz de alguien los hizo volver la mirada.
—¡Papá! ¡Mateo! —Maira parecía presa del pánico; miraba a sus padres con los ojos anegados en lágrimas.
—Maira, cálmate, ¿qué pasa? —Adán le sujetó el brazo a su hija, que se veía angustiada.
—Con permiso, nosotros nos retiramos —Samuel prefirió marcharse y llevarse a Arabella al ver que la cara de su hermana se tensaba; se dio cuenta y decidió apartarla de allí.
—Cariño, dime qué pasa. ¡No asustes a mamá! —Delia, muerta de curiosidad y de miedo, sintió que el corazón se le disparaba al ver a Maira tan alterada.
—M-Mateo tuvo un accidente.
Arabella se quedó helada. Sus pies se detuvieron en seco al oír a Maira.
—¿Qué? —Delia se desplomó en el acto y, mareada, se llevó la mano a la cabeza.
—Cariño —Adán se apresuró a sostener a su esposa.
—Darío está en camino al hospital. La ambulancia ya se llevó a Mateo —Maira, que había estado aguantando las lágrimas, dejó por fin que se le escaparan. No soportaba ver a su madre en shock, y menos aún a su hermano mellizo enfrentándose otra vez a la muerte.
—Ara, ¿estás bien? —Samuel le acarició el brazo a su hermana al verla detenerse de golpe.
—Estoy bien, Samuel. Vámonos a casa.
Samuel asintió.
—¿El hombre del que hablan es...?
—Estoy cansada, Samuel —lo cortó Arabella antes de que terminara la pregunta.
—Está bien, volvamos al hotel. —Samuel condujo a Arabella hacia el taxi que los esperaba, y ambos dejaron el recinto antes de que todo acabara.
Dentro del coche, Arabella miraba por la ventanilla con la mente perdida, muy lejos, en el pasado que le había dejado huella.
Enterarse de que Mateo había tenido un accidente le entristecía el corazón, claro que sí. Al fin y al cabo, Mateo había sido un hombre cercano a ella en la capital, y no podía evitar sentir compasión por lo que le ocurría.
¿Cómo pudo tener un accidente?, se preguntó para sus adentros.
y pones en aprietos a tu madre ..
Y eso te divierte, porque tú ya conoces a tu Padre🥰🤭