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La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



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Capítulo 4: El Retorno De La Villana

Cinco años después.

Me miré en el espejo del hotel antes de arreglarme. La mujer que me devolvía la mirada era imponente. El cabello, de un rojo intenso y brillante, caía en ondas perfectas sobre hombros firmes. El cuerpo… el cuerpo era una obra de arte: curvas generosas pero firmes, cintura esbelta, piernas largas y fuertes, fruto de años de disciplina diaria. La piel cuidada, las uñas impecables, cada detalle estudiado. Era hermosa. Hermosa con una belleza que no invitaba al amor, sino al respeto. Al miedo. Los ojos seguían siendo los mismos, pero ahora había en ellos algo que hacía que la gente apartara la mirada: frialdad, ambición, un brillo de quien ha venido a ganar.

Morana:

Llegó el momento. Regresaba a Corel. No como la esposa olvidada, no como la villana despreciada, no como la pobre mujer del pueblo. Regresaba como una mujer que tenía el mundo en sus manos y un plan en la mente.

Mi destino: la Mansión Kim.

El taxi se detuvo frente a la inmensa verja de hierro forjado, dorada y pesada, símbolo del poder de Kim Ian. Nadie me esperaba. Nadie sabía quién era. Pero cuando abrí la puerta del coche y puse un pie fuera, el aire pareció cambiar.

Bajé con lentitud, con la elegancia de quien ha nacido para estar en ese lugar. la falda de seda color negro ceñía mi figura sin ocultar nada, resaltando cada curva, cada línea trabajada con disciplina. Los tacones de aguja golpeaban el suelo de adoquines con un sonido rítmico, firme, como un tambor anunciando una guerra. El cabello rojo brillaba bajo el sol, llamando la atención, imposible de ignorar.

Los empleados que esperaban en la entrada se quedaron petrificados. Los jardineros dejaron las tijeras. Las sirvientas detuvieron sus pasos. Todos miraban, con la boca entreabierta, sin poder apartar la vista. Nunca habían visto a nadie así. No era simplemente belleza; era presencia, era autoridad, era una fuerza que se sentía antes de ser comprendida.

—¿Quién es? —susurró una criada, bajando la voz como si temiera que yo la oyera.

—Nunca la he visto… —respondió otra, con la mirada fija en mi cabello—. Debe ser una invitada de la alta sociedad… una princesa, tal vez.

En la escalinata de entrada, junto a los empleados, estaban ellos.

Mis ojos se posaron en ellos y se me congeló el corazón. Dos niños de unos cinco años, idénticos en rasgos, con los mismos ojos azules de Kim Ian. Bella y Diego. Los hijos de Morana. Mis hijos. Pero no estaban vestidos con la ropa fina y cara que correspondía a los hijos de un CEO. Llevaban prendas que parecían recortadas de uniformes viejos de la casa: telas gruesas y ásperas, manchadas, con dobladillos mal cosidos con hilos de colores distintos. Diego llevaba una camisa demasiado grande, Bella unos pantalones que le arrastraban. En los pies, unos zapatos que no eran de su talla, atados con cuerdas. Eran andrajosos. Abandonados. Como yo lo fui en el orfanato. Y reconocí la tela de la camisa de Diego: era el mismo material de los uniformes de servicio que la antigua Morana lavaba en el pueblo. No eran ropa prestada. Eran sobras. Los vestían como sirvientes, no como herederos.

Y entonces, algo inexplicable sucedió. Un dolor se abrió en mi pecho, fuerte, acuciante, como si alguien me clavara un puñal. No era un dolor físico, sino algo más profundo, algo que no conocía. En mi vida anterior, nunca había sentido nada así. Nunca había cuidado por nadie más que por mí misma. Nunca había sentido que algo le pasara mal a otro ser me afectara. Pero ahora… ahora ese dolor se extendía por todo mi cuerpo, quemando, apretándome la garganta hasta que casi no podía respirar.

Me quedé paralizada, mirándolos. Ellos me miraban con curiosidad infantil, sin saber quién era yo, sin entender por qué la mujer de rojo brillante se quedaba quieta, mirándolos con ojos que se llenaban de lágrimas —lágrimas que yo no podía evitar, que se deslizaban por mis mejillas sin permiso.

No lo entendía. No debía sentir esto. Ellos eran solo piezas en el tablero. Herramientas para mi venganza. Pero al verlos así, descalzos y con ropa rotas, recordé mis propios días en el orfanato, los vestidos que otras niñas ya no querían, la mirada de lástima de los extraños. Y el dolor se hizo aún más fuerte.

Era la primera vez en mi vida que sentía algo así. Algo que no era odio, ni ambición, ni desdén. Algo que me hacía vulnerable. Me enojé conmigo misma. No podía permitirme esto. No podía dejar que un par de niños me desarmaran. Pero el dolor no se iba. Seguía ahí, firme, como un recordatorio de que tal vez, después de todo, no era tan fría como creía.

Me detuve un instante más, luchando por controlarme, por volver a ser la mujer fría y calculadora que había venido a Corel. Pasé una mano por mi cabello rojo, lenta y deliberadamente, y me sequé las lágrimas con la punta del dedo, sin que nadie lo notara. La sonrisa que formé en mis labios no era dulce, pero tenía ahora un matiz de algo que no estaba allí antes: una sombra de dolor, de promesa.

—Díganle a su amo que he llegado —dije, y mi voz fue clara, cortante, llegando a cada rincón del patio, aunque con un ligero temblor que logré ocultar—. Díganle que Morana Miller ha vuelto. Y que esta vez, no vine a suplicar. Vine a tomar lo que me pertenece. Y a recuperar lo que nunca debió perderse.

Di un paso hacia la entrada, mis tacones resonando con fuerza, rompiendo el hechizo de silencio. Mientras la puerta se abría ante mí, mis ojos volvieron a los niños andrajosos.

—Bárbara, Dalila, Ian… prepárense —pensé, y ahora en mi mente había dos propósitos, no uno—. Porque yo no vine a pedir perdón. Vine a destruir todo lo que aman.

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inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
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Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
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Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
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Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
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Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
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