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CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

CEO Despiadado vs. Secretaria Indomable

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Aventura de una noche / Mafia / Madre soltera / Secretario/a / Romance de oficina / Venganza por acoso / Completas
Popularitas:49.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Eli Priwanti

Una noche lo destruyó todo. Una trampa, una droga, un hombre que no pudo controlarse. Fernanda Arévalo perdió su pureza, su beca y su fe en el mundo a manos de Tristán Bracamonte, el heredero más poderoso —y más cruel— del país. Huyó sin mirar atrás, jurando enterrar aquella noche para siempre.

Seis años después, la vida tiene un sentido del humor perverso.

Fernanda ya no es el patito feo al que todos humillaban en la universidad. Ahora es una mujer imponente, madre soltera de un niño brillante, y acaba de ser contratada como secretaria personal del nuevo CEO del Grupo Bracamonte. El mismo hombre. La misma mirada gélida. El mismo apellido que le arrebató todo.

Pero Tristán tampoco es el mismo. Detrás de su fachada de hielo, lleva seis años buscando a la chica que desapareció sin dejar rastro, atormentado por una culpa que no lo deja dormir. Y cuando su nueva secretaria lo mira con esos ojos cristalinos que le resultan imposibles de olvidar, algo dentro de él se quiebra.

Ella finge no conocerlo. Él finge no sospechar. Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

Mientras Fernanda lucha por mantener oculta la identidad del padre de su hijo, una mujer del pasado urde un plan siniestro para destruirla. Secuestros, traiciones empresariales, una hermana gemela que nadie sabía que existía y una red criminal que se extiende desde Ciudad de México hasta las costas de Maldivas convergen en una trama donde el amor y la venganza comparten la misma cama.

NovelToon tiene autorización de Eli Priwanti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 27

Tras separarse de Ignacio en el café privado, Andrés no quiso perder ni un minuto más. Con los restos de la conmoción transformados ya en una euforia triunfal, se apresuró a sacar el celular dentro del auto para comunicarse con Tristán Bracamonte.

Mientras tanto, en el penthouse de su lujoso departamento, Tristán estaba sentado en el borde de la cama, absorto en sus pensamientos. La habitación se hallaba en penumbra, pero la mente del hombre volaba lejos, reviviendo el momento dulce y a la vez estremecedor que había compartido con Fernanda esa tarde. Sus ojos contemplaban el suelo con la mirada perdida, mientras los dedos se le alzaban despacio hasta rozar su propio labio inferior. Entre el escozor de la herida de la mordida que empezaba a secarse, Tristán sonrió a solas. Era como si aún pudiera sentir con absoluta claridad lo dulces y suaves que eran los labios de Fernanda, aquellos que había devorado con avidez esa misma tarde.

Bzzz... Bzzz...

Su hermosa ensoñación se esfumó de golpe cuando el celular sobre la mesita de noche vibró con estruendo. Tristán chasqueó la lengua, irritado. Un surco profundo se le marcó en la frente en cuanto vio el nombre de Andrés en la pantalla. En realidad, le daba una pereza enorme contestar la llamada de aquel tipo. Sin embargo, un segundo después se sobresaltó al recordar la orden terminante que le había dado a Andrés días atrás: encontrar el paradero del patito feo en el menor tiempo posible. Quería comprobar si el hombre de verdad la había buscado o si solo pretendía salir del paso con mentiras.

Tristán deslizó el botón verde hacia la derecha y se llevó el celular a la oreja sin emitir el menor sonido.

Al otro lado de la línea, Andrés soltó un suspiro de alivio en cuanto le respondieron, aunque de inmediato lo asaltó un nerviosismo brutal provocado por el gélido silencio de su gran jefe. —Hola... ¿Tristán? Yo... ya tengo noticias muy confiables sobre el patito feo. ¡Quiero que nos veamos hoy mismo para hablar de esto! —dijo Andrés con un tono convincente.

Al instante, una amplia sonrisa se dibujó en el apuesto rostro de Tristán. Por supuesto que quería saber hasta dónde y con cuánta precisión había llegado Andrés con sus hallazgos sobre la Patita. ¿Acaso aquel hombre realmente había rastreado la verdadera identidad de Fernanda, o se trataba solo de una táctica barata para librarse de la amenaza mortal que le había lanzado el día anterior?

Sin vacilar, Tristán aceptó. Le dio la dirección de un restaurante lujoso y reconocido en el centro de la Ciudad de México como punto de encuentro para esa misma noche.

Esa noche, el reloj marcaba las ocho. Andrés e Ignacio ya habían llegado primero al restaurante de lujo acordado. Reservaron una mesa en un rincón bastante privado, con cómodos sillones acolchados. Sin embargo, pasados quince minutos, Tristán seguía sin dar señales de vida.

Ignacio, sentado junto a Andrés, empezó a removerse inquieto, echándole un vistazo al reloj una y otra vez. —Andrés, ¿de verdad estás seguro de que Tristán va a venir? ¿Cómo es que a estas horas no ha aparecido todavía? —susurró Ignacio, nervioso.

—Seguro, Nacho. Tranquilo —respondió Andrés, intentando calmarse a sí mismo, aunque el sudor frío ya le empapaba las sienes—. Esta es la información que más ha esperado durante seis largos años: encontrar el paradero de la Patita. No hay manera de que deje pasar esta noche así como así.

Ambos volvieron a reclinarse contra los sillones con una mezcla de emociones revueltas y un nerviosismo que les trepaba cada vez más. Poco después, el ambiente dentro del lujoso restaurante se tornó de pronto gélido como el hielo. Unos pasos firmes y acompasados se oyeron acercarse.

La persona a quien esperaban por fin había llegado. En cuanto vieron la figura del hombre que avanzaba con porte elegante, Andrés e Ignacio se irguieron de inmediato en sus asientos. A ambos se les descoloró la cara y tragaron saliva con dificultad al unísono. Tristán Bracamonte caminó hacia ellos con un semblante gélido, inexpresivo, que irradiaba un aura atemorizante capaz de intimidar a cualquiera.

Sin saludar ni esbozar la menor sonrisa, Tristán se dejó caer en la silla individual del restaurante, quedando justo frente a Andrés e Ignacio. Sus ojos afilados se clavaron en los dos hombres que tenía enfrente.

—No tengo mucho tiempo para formalidades —dijo Tristán con su voz grave, esforzándose por mostrarse lo más frío posible.

En realidad, por dentro, Tristán estaba disfrutando. Como ya conocía la verdadera identidad de Fernanda, se propuso deliberadamente poner a prueba y tomarles el pelo a los dos hombres que tenía delante. Aún no se sentía satisfecho de verlos a ambos temblar de miedo bajo su poder.

—Ahora díganme de una vez qué información obtuvieron sobre el patito feo. ¡No me hagan perder el tiempo si es pura mentira!

Andrés respiró hondo y luego miró a Tristán directamente a los ojos con valentía, en nombre de su propia supervivencia.

—Tristán... prepárate para la sorpresa. El patito feo que llevas buscando por todas partes... ¡es tu propia secretaria personal en el Grupo Bracamonte! ¡Fernanda Ayunindia es el patito feo!

¡Tum!

Al escuchar la declaración de Andrés, tan directa y certera, el pecho de Tristán se estremeció levemente por la sorpresa. Pero su asombro no se debía a que recién se enterara de la verdad sobre la Patita, sino a que no esperaba que Andrés e Ignacio en efecto se hubieran movilizado con tanta rapidez para llevar a cabo una investigación a fondo, logrando demostrar sus palabras y descorrer el velo que durante seis años había permanecido sellado a cal y canto.

Tristán se quedó en silencio un instante y luego reclinó la espalda contra la silla poco a poco. La tensión que le marcaba el rostro se disolvió, sustituida por una sonrisa tenue cargada de triunfo.

—Ya lo sabía —dijo Tristán con naturalidad, rompiendo el silencio—. Anoche, un hombre de mi entera confianza me entregó todos los documentos y fotografías de la época universitaria de Fernanda en la Universidad Autónoma de Monterrey. Así que la información de ustedes ya está caduca.

Andrés e Ignacio abrieron los ojos de par en par, atónitos, pero un segundo después un soplo de alivio les escapó a ambos al mismo tiempo. Resultó que su corazonada no estaba errada: la Patita que buscaba Tristán era efectivamente la hermosa mujer que ahora trabajaba como su secretaria.

—Caramba, así que ya lo sabías antes que nosotros, Tristán —masculló Andrés, meneando la cabeza. Sin embargo, un instante después su expresión se tornó seria. Se inclinó sobre la mesa—. Pero... ¿ya sabías que, aparte de que la Patita es tu secretaria personal, ella guarda un enorme secreto que tú todavía desconoces?

Tristán frunció el ceño y negó con la cabeza de inmediato. —Eso es todo lo que sé. ¿Qué otro secreto? —respondió Tristán. Su tono de voz sonaba ahora mucho más suave, casi igual que cuando eran estudiantes y solían reunirse juntos.

Andrés giró la cabeza hacia Ignacio y le lanzó una señal con la mirada. Ignacio asintió despacio, dándole a entender que abriera aquella carta del triunfo de una vez.

—Tristán, ¿sabías que la Patita tiene ahora un hijo varón? —preguntó Ignacio con cautela.

Al oír la pregunta, el semblante de Tristán se ensombreció al instante. Un destello de decepción se reflejó con nitidez en sus ojos.

—Sí, lo sé. Ronald también me informó de eso. La Patita se casó cuando se mudó a Veracruz, y el niño que se llama Elián... es hijo de ella con su difunto esposo.

Al escuchar la respuesta de Tristán, tanto Andrés como Ignacio exhalaron un largo suspiro al unísono. Se miraron el uno al otro con expresión incrédula, y luego Andrés acercó los labios al oído de Ignacio para susurrarle en voz baja.

—Nacho, lo bruto no se le ha quitado a Tristán desde la universidad, ¿verdad? Él sabe perfectamente que fue él quien le rompió el arco a la Patita aquella noche, ¡y ahora va y cree que el hijo de ella es de otro! —cuchicheó Andrés con un murmullo exasperado.

Ignacio se limitó a asentir levemente con gesto incómodo, lanzando una mirada de reojo hacia Tristán. Pero, pese a que hablaban en susurros, los ojos afilados de Tristán captaron cada uno de sus movimientos, y ahora los observaba de nuevo con una mirada gélida como el hielo.

—¡Oigan... ustedes dos se atreven a burlarse de mí en mi propia cara, ¿eh?! —bramó Tristán, haciendo que la tensión en la mesa se volviera asfixiante—. ¡Recuerden que todo este desastre ocurrió por culpa de un par de miserables como ustedes, hace seis años! ¡Debería haberlos mandado al infierno desde entonces!

Andrés e Ignacio tragaron saliva con dificultad al mismo tiempo; el valor se les encogió en un parpadeo.

—P... perdón, Tristán... No quisimos decir eso —tartamudeó Andrés, tratando de apaciguar la furia del CEO—. La verdad es que... ¡ese niño es tu propio hijo con la Patita!

¡Tum!

Las palabras de Andrés fueron como el impacto de un mazo descomunal que le acertó de lleno en el pecho a Tristán. El corazón se le detuvo por un instante. Con un movimiento reflejo, Tristán se puso de pie de golpe, haciendo que la silla se deslizara hacia atrás.

—¡¿Qué?! ¡No digan tonterías! ¡No inventen cuentos para manipular nuestra negociación! —rugió Tristán con la respiración agitada.

—¡No estamos mintiendo, Tristán! ¡Es la verdad! —exclamó Andrés en tono de alarma para evitar el malentendido—. La novia de Ignacio es amiga cercana de la Patita desde hace años, y fue ella quien transformó a la Patita en la mujer tan hermosa que es ahora. ¿Verdad, Nacho? ¡Anda, explícale!

Ignacio asintió con rapidez, reforzando el argumento de Andrés. —Sí, Tristán, es cierto. Ayer por la tarde yo incluso estuve en la fiesta de cumpleaños de Elián en un restaurante dentro de un centro comercial, junto con mi novia y la Patita. Ahí, Fabiana, mi novia, me contó que la Patita se enteró de que estaba embarazada cuando ya se encontraba en Veracruz. Y cuando llevaba siete meses de embarazo, un hombre del lugar aceptó casarse con ella para darle a Elián una identidad legal y un acta de nacimiento en regla, para que al niño no lo señalaran como hijo ilegítimo. Pero el esposo murió poco después de que se casaron.

Tristán se quedó petrificado de pie. El cuerpo se le puso rígido de pronto y todo el aire a su alrededor pareció escasear. La mente le daba vueltas con violencia, rememorando aquella noche maldita y a la vez invaluable de seis años atrás en el Hotel La Perla.

—Entonces... ¿entonces lo que pasó aquella noche... dejó embarazada a la Patita? —preguntó Tristán con la voz temblándole entera, mirando a sus dos amigos con expresión vacía de incredulidad—. Ella... ¿ella concibió y dio a luz a mi propia sangre?

—Exactamente, Tristán. Ahora eres padre... y Elián, ese niño, es tu hijo de sangre —respondió Ignacio con firmeza, revelando la verdad más contundente de aquella noche.

Continuará...

1
diana orozco
mil gracias muy buena
Jos Qui
😂😂😂😂😂😂
Zaira
Bello trabajo felicidades.
Maria del Carmen Herrera
Una historia entretenida. Gracias autora por tu dedicación para brindarnos este material!
Maria del Carmen Herrera
Al fin...! Un capítulo con mucha acción
Noemi Alvarez
excelente , maravillosa novela me encantó
Maria del Carmen Herrera
No entiendo por qué cuando se refieren a expresiones de ellos mismos, o sea: primera persona lo hacen en tercera persona ¿??? Desconozco si en algún país de habla hispana se acostumbra así. Aunque sea por un uso regional es una conjugación incorrecta del español
Marcela Allendes
Excelente novela muy entretenida, cada capítulo nos regala una nueva pista para completar esta hermosa historia. Felicidades por tan linda, buena y entretenida historia.
Nerika Moreno
Huy lo siento yo ya le hubiese dado una buena patada en el trasero 😤😒 para que aprenda a respetar a los empleados y a una mujer 😒😒
Elena Rodriguez Welman
Me encantó la novela ,linda historia de amor. Felicitaciones escritora
Miriam Cantero
muy buena
Miriam Cantero
muy buena
Elena De Cuadros
excelente historia muy buena
Clayas Pao
es excelente
Ruth Stella Osorio
No devia de tomar
Ruth Stella Osorio
Interesante gracias
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