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El Corazón de Azalea

El Corazón de Azalea

Status: Terminada
Genre:Niñero / Amor eterno / Completas
Popularitas:40.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Azalea Nurul Huda lo dio todo por su matrimonio: tres años cuidando a una suegra postrada en cama, sola en un pueblo mientras su marido vivía en la ciudad. El día que la suegra muere, Reza la repudia frente a los vecinos acusándola de estéril. Sin un centavo, sin familia, con solo una maleta y su fe, Azalea parte a la ciudad en busca de trabajo.

El destino la cruza con Elora, una niña de tres años que resulta ser la hija de Jasmine —su hermana mayor fallecida— y de Enzo Alexander Kaiser, el poderoso CEO de Kaiser Group. Enzo, viudo y emocionalmente cerrado, tiene dos hijos destrozados: Erza, de cinco años, que sufre crisis de ira y autolesión, y Elora, que apenas sabe hablar y no conoce el cariño de una madre.

Azalea acepta ser su niñera. En tres meses transforma el hogar: les enseña a rezar, a pedir perdón, a pronunciar el nombre de Dios antes de dormir. Cuando la madre de Enzo la despide por mencionar a Jasmine, Enzo toma una decisión desesperada: le propone matrimonio. No por amor. Solo por sus hijos.

Lo que comienza como un acuerdo frío se convierte en un amor lento e inevitable. Un Ramadán compartido le devuelve la fe a un hombre que había olvidado cómo rezar. Pero cuando la exnovia del exmarido y una villana con sed de venganza orquestan un plan para destruir a Azalea, un secreto devastador sobre la muerte de Jasmine amenaza con arrasarlo todo.

Entre rezos al alba, heridas del pasado y un perdón que parece imposible, Azalea descubrirá que el amor verdadero no elige el momento perfecto: echa raíces donde menos lo esperas y florece en el lugar más improbable.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 27

El primer sahur —la comida que se toma antes del alba durante el Ramadán— se sintió distinto en aquella casa. Desde las tres de la madrugada, la luz del comedor ya estaba encendida. Amina y Azalea preparaban los alimentos.

El aroma del pollo frito especiado se extendió hasta la sala. El aceite caliente recién retirado del sartén todavía crepitaba con un siseo suave.

Azalea estaba en la cocina con un delantal sencillo; el rostro algo cansado pero iluminado por una sonrisa. Había insistido en cocinar ella misma el primer sahur de los niños. Era un momento que no quería perderse.

Desde el pasillo se oyeron pasitos apresurados. —¡Mami! ¿Ya eztá lizto? —gritó Elora con el pelo todavía revuelto, abrazada a su muñequita.

Erza venía detrás, soltando un bostezo enorme pero haciendo lo posible por parecer fuerte. —Yo me desperté solito, Mami. Sin que nadie me llamara.

Azalea rio. —Mis hijos son unos campeones.

Enzo salió de la habitación donde durmió con Erza, en camiseta y pantalón deportivo. El rostro medio adormilado, pero con una sensación diferente en el pecho. La casa se sentía viva.

En la mesa del comedor, el pollo frito especiado estaba dispuesto con esmero. Había tortilla de huevo, sopa caliente y un vaso de leche para cada niño.

Elora se sentó con los ojos centelleantes. —¡Mi pollo favolito!

Azalea se asomó hacia la cocina del fondo. —¡Amina, venga a desayunar aquí con nosotros!

La mujer madura apareció secándose las manos con un trapo. —Yo me quedo atrás, señora. Me da pena.

—Aquí, Amina —intervino Enzo, firme pero afectuoso—. Se disfruta más cuando comemos todos juntos.

Amina se detuvo un momento. Miró la mesa, luego los rostros de aquella familia pequeña. Se le ablandó el corazón.

—Entonces... me siento con ustedes.

—¡Yupiii! —Elora aplaudió.

Se sentaron juntos. Sin distancias. Sin fronteras entre patrones y empleada. Solo compañía.

—¿La Oma no viene al sahur? —preguntó Erza al notar una silla vacía.

—La Oma no ayuna porque tiene problemas de estómago —explicó Enzo con calma.

Erza asintió, comprensivo. —Entonces rezamos para que la Oma se alivie.

Azalea sonrió, orgullosa.

De vez en cuando estallaba alguna risita de los niños. Elora comía con ímpetu, aunque a los pocos minutos empezó a quejarse de que le dolía la panza de tan llena.

—Si comes de más, la sed te va a llegar más rápido —advirtió Erza con solemnidad.

—Helbmano parece imam —replicó Elora, torciendo los labios en un mohín.

Enzo observaba a sus hijos con el pecho caliente. Antes, aquella casa solía sentirse fría y silenciosa. Ahora, hasta el tintineo de una cuchara contra el plato sonaba como música.

El primer día de ayuno, a las diez de la mañana, Elora ya estaba desplomada en la sala, la cabeza recostada en el muslo de Azalea.

—Mami... me zuena la panza todo el rato.

Azalea sonrió con dulzura. —¿Tienes sed o hambre?

—Las dos cozas.

Erza, que leía un cuaderno de letras árabes, volteó. —Aguanta, Elora.

Elora lo miró con una mezcla de admiración y fastidio.

Azalea le acarició el pelo. —Si ya no puedes más, está bien que rompas el ayuno. Dios sabe que todavía eres chiquita.

Elora lo pensó un momento. Luego asintió despacio.

Cuando llegó la hora de la oración del mediodía, Elora rompió el ayuno. Pero, como de costumbre, solo tomó un vaso de agua, un jugo y un flan.

—¿Y el arroz? —preguntó Azalea con suavidad.

—No quielo. Ezo lo como en la noche, con Papi —respondió la niña con toda naturalidad.

Azalea rio bajito. La pequeña quería seguir sintiéndose "parte del ayuno".

Con Erza fue distinto. Entrada la tarde, después de la oración vespertina, se le notaba pálido. Estaba sentado en silencio en la sala, sujetándose el estómago.

—¿Hambre? —preguntó Enzo, que acababa de bajar del estudio tras una sesión de trabajo a distancia.

Erza asintió despacio. —Un poco.

Azalea apareció con un ejemplar pequeño del Corán. —Si recitamos juntos, el hambre suele pasar.

Se sentaron los tres en la sala. Erza leía en voz baja, Elora lo seguía con pronunciación entrecortada. Azalea los guiaba, corrigiéndoles la recitación de vez en cuando.

Por la tarde salieron un momento a comprar aperitivos para romper el ayuno. La brisa vespertina le acarició la cara a Erza, cada vez más demacrado, pero con los ojos encendidos.

—Mami... ¿falta mucho para el azán del ocaso? —preguntó cuando ya estaba sentado a la mesa, contemplando los dátiles y la compota de frutas frente a él.

Azalea miró el reloj de pared. —Un poquito. Tal vez tres minutos. Paciencia.

Tres minutos que a Erza le parecieron tres horas.

Enzo, recién salido de la ducha, llegó con el pelo todavía húmedo. Elora lo interceptó de inmediato.

—Papi, ¿tú lompiste el ayuno?

Enzo rio. —No. Papi sí aguantó.

—Con lazón no se te ve flaquito como a Elza —dijo Elora, tapándose la boca para reírse.

Erza iba a protestar, pero Enzo le pasó el brazo por los hombros primero. —Tú también eres un campeón. Aguantaste el día entero sin romper el ayuno.

A Erza se le transformó la cara. Un elogio de su padre valía más que cualquier premio.

Desde la mezquita cercana se elevó el azán del ocaso.

Allahu Akbar...

Erza y Elora aplaudieron bajito. Tomaron un dátil y un vaso de agua.

—¡Alhamdulillah, ayuné todo el día! —anunció Erza con orgullo.

Enzo lo miró con los ojos húmedos. —Estoy orgulloso de ti.

Azalea agachó la cabeza un instante. El pecho le apretaba de emoción.

El Ramadán avanzó rápido. Entrada la tercera semana, Erza seguía ayunando los días completos sin fallar. Elora mantenía su medio día con dignidad.

Los comentarios ácidos de doña Elsa —que insinuó alguna vez que Azalea torturaba a los niños— nunca le hicieron mella. Azalea jamás los obligó. Solo enseñaba. Si alguno se enfermaba, ella misma les habría pedido que pararan.

Una tarde en la sala, Erza preguntó: —Mami, después de un mes de ayuno viene el Eid, ¿verdad?

—Sí. Después podemos volver a comer de todo —respondió Azalea mientras le hacía dos coletas a Elora.

—Ya me acostumbré a ayunar —dijo Erza en voz queda—. Hasta me dan ganas de seguir.

Azalea se quedó inmóvil un instante. Le tocó el corazón.

—Si quieres, después del Eid puedes hacer el ayuno voluntario de seis días. La recompensa equivale a un año entero de ayuno.

—¿De verdad, Mami? —Los ojos de Erza se agrandaron—. ¡Yo quiero!

Elora levantó la mano. —¡Yo también! Pelo solo hasta el mediodía.

Rieron juntos.

Enzo escuchaba desde el sofá, contemplando a su familia con una emoción que le costaba nombrar. —¿Y si el domingo vamos a comprar ropa del Eid para todos? —propuso de pronto.

—¡Sí! —saltó Elora—. ¿Vamos a paseal?

—Claro —concedió Enzo.

Erza se le iluminó la cara. —¿Nos vestimos iguales?

—También puede ser —aceptó Enzo.

Azalea volvió la cabeza hacia su esposo. En el mismo instante, Enzo miró hacia ella.

Aquella mirada iba más allá de un plan de compras. Era sobre el camino recorrido por aquella familia pequeña.

Sobre una casa que antes se sentía sola y ahora estaba llena de risas. Sobre niños que crecían entre plegarias y cariño.

Sin necesidad de muchas palabras, Azalea y Enzo se entendían. El Ramadán de ese año no fue solo cuestión de privarse de comida y bebida, sino de aprender a ser mejores cada día.

Un padre que volvía a acercarse a Dios. Una madre que guiaba con dulzura paciente. Y dos niños que hacían vibrar aquella casa.

En la sala sencilla, la felicidad se sentía al alcance de la mano. El hogar, por fin, de verdad estaba tibio.

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Darmin Sanchez
Hermosa historia, felicidades autora 👏🏻👏🏻👏🏻 Dios la bendiga grandemente 🙏🏻😇
Sonia Susarte Sanchez
Yo creo que el estéril es el, por eso no quiere tener hijos con Nadia, para no délatarse
Sonia Susarte Sanchez
Y que quería, que viniera el espíritu Santo y la dejara embarazada?,si él se fue a trabajar a la ciudad,mas que seguro que allá tenía otra por eso no necesitaba a la esposa y ahora dice que ella es estéril, yo creo que ni siquiera consumo el matrimonio y quiere hijos el balsa.😂😂😂😂😂
Zulema Neme
Buenísima la Novela Excelente Relato de tan Bella Historia Muchas Felicitaciones Autora Muchas Gracias por Compartir con tus Lectores 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏💗💗💗💗💗
Zulema Neme
Que Espanto cuánto sufrímiento por la maldad de.unos pocos. Que pronto puedan ver la luz 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Zulema Neme
Que Bella Historia Cuánta.Dulzura.hay en esa Familia Me Encanta 💗💗💗💗💗💗💗💗💗
Zulema Neme
Deja de ser. Suegra Egoísta y Desalmada tu nuera a la que Desprecias te dono su sangre y te salvo la vida 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏💗💗💗💗💗
Zulema Neme
Que Triste y Bella Historia por Dios Cuánto Dolor y que Difícil seguir Adelante 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Zulema Neme
Que Mujer Desubicada la que de hace llamar Abuela. Ridícula Pobre Enzo tener semejante madre 😚😚😚😚😚😚😚
Zulema Neme
Ya tuvo que aparecer la vieja Inmunda. Por Dios pobres niños 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Pepis Campos
Bueno
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