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La dote del silencio

La dote del silencio

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor eterno / Enfermizo / Completas
Popularitas:6.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Valeria creció entre los surcos de una plantación de té, sin padres, con una pierna que nunca sanó del todo y unos tíos que la trataban como sirvienta. El día que Don Alejandro Montemayor, el patriarca más poderoso de la región, ofrece un millón de dólares de dote para casar a su nieto, los tíos de Valeria no dudan en venderla al mejor postor.

Sebastián Montemayor es el heredero de un imperio del té. Es brillante, observador y reservado. También es sordo desde los diez años, cuando un accidente que nadie ha logrado explicar le arrebató la audición y a su padre. Todas las mujeres que le han presentado lo han rechazado. Cuando Valeria aparece frente a él con un vestido prestado y una marca roja en la mejilla, Sebastián no ve a una novia sumisa: ve a alguien que esconde heridas.

Lo que comienza como un matrimonio arreglado entre dos personas rotas se transforma en algo inesperado. Poco a poco, entre torpezas, silencios elocuentes y pequeños actos de valentía cotidiana, Valeria y Sebastián descubren que sus vidas estuvieron entrelazadas mucho antes de conocerse.

Pero el pasado guarda secretos peligrosos. Un hombre poderoso lleva décadas ocultando una verdad que podría destruirlo todo, y hará lo que sea necesario para que esa verdad no salga a la luz. Cuando la búsqueda de justicia pone en la mira a quienes Sebastián más quiere, el silencio deja de ser refugio y se convierte en campo de batalla.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 26

La puerta de la habitación se abrió despacio. Sebastián entró frotándose la nuca, entumecida tras un día entero en la oficina.

—Voy a lavarme los dientes —murmuró en voz baja, más por costumbre de hablar consigo mismo que dirigiéndose a alguien en particular.

Sin sospechar nada, caminó hacia el baño. Extendió la mano y presionó el picaporte.

La puerta se abrió lentamente. En ese mismo instante, Valeria, que acababa de terminar de cambiarse, se quedó petrificada frente al espejo. Ya llevaba puesta la lencería roja que Patricia le había comprado esa tarde. Sin embargo, la bata de seda que debía cubrirla apenas le colgaba de los brazos, suelta, sin atar.

En cuanto alzó la cabeza, sus miradas se encontraron. El tiempo pareció detenerse.

Sebastián se quedó inmóvil en el umbral. Sus ojos se posaron de forma involuntaria en la figura de su esposa. El cabello largo de Valeria aún estaba ligeramente húmedo después del baño; algunos mechones se le adherían a las mejillas sonrojadas. El rostro limpio, sin una gota de maquillaje, le confería una belleza todavía más natural.

La prenda roja que vestía ceñía un cuerpo que hasta entonces siempre había permanecido oculto bajo telas holgadas, y lo revelaba con una mezcla de sensualidad y elegancia.

Nada excesivo, pero suficiente para dejar a Sebastián sin palabras y hacer que la sangre le recorriera el cuerpo con un cosquilleo suave. Se olvidó incluso de parpadear.

Valeria, por su parte, recién cayó en la cuenta de su error. Los ojos se le abrieron de par en par.

¡La puerta! Recordó que había olvidado echar el cerrojo del baño.

El calor le trepó de golpe por todo el rostro. Con un movimiento reflejo, tiró de la bata de seda para cubrirse. Los dedos le temblaban mientras intentaba anudar el cinturón.

—Se... Sebastián... —balbuceó.

Los labios le temblaron, pero ninguna frase logró salir. La vergüenza le había vaciado la mente.

Mientras tanto, Sebastián permanecía clavado en su sitio. Recién unos segundos después pareció despertar del trance. Carraspeó con suavidad.

—Perdona. No fue a propósito —dijo, con un tono que sonaba sereno, aunque las orejas empezaban a enrojecérsele. De inmediato desvió el rostro hacia otro lado.

Valeria se mordió el labio inferior.

—S-sí, no te preocupes.

Agachó la cabeza lo más que pudo mientras terminaba de acomodarse la bata, que por fin le cubría el cuerpo entero. El corazón le latía desbocado.

¿Qué hago ahora?, pensó, presa del pánico. Sebastián va a pensar que soy una rara.

Las palabras de su suegra aquella tarde volvieron a resonarle en la cabeza. Pero Valeria jamás se había imaginado que la situación terminaría así. En lugar de lucir bonita, había estado a punto de desmayarse de la vergüenza. Lo único que deseaba en ese momento era que la tierra se la tragara.

Sebastián, entretanto, seguía de pie dándole la espalda. Se pasó la mano por el rostro, tratando de aplacar los latidos que de pronto se le habían vuelto erráticos. Por alguna razón, la imagen de Valeria segundos atrás no dejaba de reaparecer en su mente.

Aspiró hondo antes de hablar con voz queda.

—Cuando termines, avísame. Voy a entrar.

—S-sí. —Valeria se apartó de prisa, dejándole el paso libre.

Sin atreverse a girar la cabeza ni un milímetro, Sebastián entró al baño. Pero justo antes de cerrar la puerta, sus pasos se detuvieron.

—Valeria.

—¿Sí? —respondió ella en un hilo de voz.

Sebastián aún le daba la espalda. Permaneció en silencio unos segundos, como si reuniera el valor para decir algo. Luego, con una voz baja y profundamente sincera, pronunció:

—Eres hermosa.

La frase era simple. Solo dos palabras, pero bastaron para que todo el cuerpo de Valeria se quedara de piedra. Antes de que pudiera articular respuesta alguna, la puerta del baño ya se había cerrado.

Valeria seguía de pie, inmóvil, con la mirada perdida en la puerta cerrada. Unos instantes después, alzó ambas manos y se cubrió el rostro, rojo como un tomate.

—¿Por qué me elogia otra vez? —susurró apenas.

Negó con la cabeza mientras una sonrisa tímida se le escapaba. El corazón aún le golpeaba con fuerza, pero ya no era solo por los nervios. Un calor distinto, suave y envolvente, había comenzado a llenarle el pecho.

Al otro lado de la puerta, Sebastián no se encontraba en mejor estado. Apoyó la espalda contra la hoja de madera y dejó escapar un largo suspiro. Cerró los ojos un momento, intentando recobrar la compostura.

Por primera vez en mucho tiempo, se sentía genuinamente nervioso frente a una mujer. Ni siquiera en las reuniones más importantes con grandes clientes había experimentado algo así. Sin darse cuenta, la comisura de sus labios se elevó en una sonrisa discreta.

—Así que mamá lo hizo a propósito —murmuró, meneando levemente la cabeza.

Mientras tanto, fuera del baño, Valeria caminó despacio hasta la cama. Abrazó una almohada contra el pecho y se sentó al borde del colchón con una sonrisa que no lograba borrar. La vergüenza aún le colmaba el corazón, pero detrás de toda esa torpeza comenzaba a sentir algo diferente.

Lo que al principio había sido un matrimonio construido sobre un arreglo empezaba a transformarse, poco a poco, en una cercanía cálida. No por palabras melosas ni gestos exagerados, sino a través de pequeñas atenciones, elogios sinceros y momentos sencillos que, sin que ninguno de los dos lo advirtiera, acercaban sus corazones un poco más cada día.

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Joseanny Rociel
Me esta gustando la novela 👏
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