Ellos son enemigos mortales en la escuela tras morir juntos en un accidente renacen en una novela dónde son los villanos
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 24
—Está bien, Su Majestad —respondió Alma con una reverencia.
El rey regente asintió y le indicó que lo siguiera.
Alma caminó a su lado con una sonrisa educada, mientras por dentro sentía que estaba a punto de perder la poca cordura que le quedaba.
¿Qué demonios está sucediendo?
Intentó recordar la novela original.
Había leído aquella historia de principio a fin. Recordaba los conflictos, las traiciones, las humillaciones y hasta los acontecimientos secundarios que parecían irrelevantes.
¡Se la sabía prácticamente de memoria!
Y, sin embargo, jamás había existido una escena en la que el rey regente defendiera a Juner de la hija de un general.
¡Mucho menos una en la que quisiera hablar con ella en privado!
Esto no forma parte del guion.
Alma apretó los puños dentro de las mangas.
¿Será porque le devolví la horquilla a Juner? ¿Porque acepté mi nueva posición sin hacer un escándalo? ¿O porque le di una bofetada a Uma?
La última posibilidad le pareció bastante razonable.
Pero ¿por qué querría hablar con ella?
¿Acaso sospechaba que estaba fingiendo?
¿Había descubierto que conocía los acontecimientos futuros?
Imposible. No podía saberlo.
Tranquila, Alma. Tranquila. Solo tienes que averiguar qué quiere y responder con educación. No hagas nada estúpido.
—Alma.
La joven casi saltó cuando escuchó su nombre.
—¡Sí, Su Majestad!
El rey regente la miró de reojo.
—Pareces nerviosa.
—¡En absoluto! Es que estoy muy agradecida por su preocupación hacia mi hermana.
—No te he preguntado eso.
—¡Qué alivio! Porque no sabría qué responder si me hiciera una pregunta difícil.
El rey regente se detuvo.
Alma también.
¡¿Por qué abrí la boca?!
El hombre la observó con una expresión indescifrable.
Ella sonrió como una niña que acababa de romper un jarrón imperial.
—Quiero decir… que me esforzaré por responder cualquier pregunta que Su Majestad considere necesaria.
El rey regente entrecerró los ojos.
Antes de que pudiera hablar, una voz familiar resonó al final del corredor.
—¡Alma!
La joven giró la cabeza.
Y entonces lo vio.
Su esposo.
Su molesto, insoportable, pegajoso y extraordinariamente oportuno esposo.
¡Mino!
Xie Lang acababa de llegar al corredor acompañado por un sirviente. Al verla junto al rey regente, se detuvo, sorprendido.
Alma no perdió ni un segundo.
—¡ESPOSO!
Corrió hacia él con los brazos abiertos.
Xie Lang apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su mujer se arrojara contra su pecho.
—¡¿Esposa?! ¿Qué sucede?
Alma lo abrazó con tanta fuerza que casi le cortó la respiración.
Después acercó los labios a su oído.
—Sácame de aquí.
Xie Lang se quedó inmóvil.
Su esposa acababa de abrazarlo por voluntad propia.
No lo había amenazado, no había exigido un contrato y tampoco le había pedido que estudiara.
¡Lo había abrazado!
Su corazón comenzó a latir como un tambor.
Pero entonces escuchó el susurro desesperado.
—Por favor, Mino. Te lo suplico. Sácame de aquí antes de que ese hombre me haga preguntas.
Xie Lang levantó la mirada hacia el rey regente.
Su expresión cambió.
Aunque seguía sintiendo una felicidad indescriptible por tener a Alma entre sus brazos, comprendió que algo no iba bien.
La rodeó con un brazo y se inclinó respetuosamente ante el hombre.
—Lo siento, Su Majestad, pero debo llevarme a mi amada esposa.
El rey regente frunció el ceño.
—Todavía no he terminado de hablar con ella.
—Le pido disculpas. Parece que mi esposa no se encuentra bien.
—Xie Lang…
La voz del rey regente se volvió más fría.
Alma sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.
¡No provoques al rey, Mino! ¡Por favor, no provoques al rey!
Sin embargo, antes de que la situación empeorara, se separó ligeramente de su esposo y realizó una reverencia ante el soberano.
—Lo siento, Su Majestad. Pero una mujer siempre debe disponer de su esposo. Una vez que una mujer se casa, su esposo se convierte en su cielo.
Xie Lang parpadeó.
El rey regente también.
¿Acababa Alma de declarar delante de todos que su esposo era su cielo?
¿La misma mujer que amenazaba con divorciarse de él cada vez que respiraba demasiado cerca?
Xie Lang tuvo que esforzarse muchísimo para no sonreír.
¡Mi esposa me considera su cielo!
Si hubiera tenido una cola, seguramente estaría moviéndola de felicidad.
El rey regente, por su parte, no parecía compartir su entusiasmo.
Miró a Alma, después a Xie Lang y finalmente soltó un suspiro de evidente disgusto.
—Bien. Vete. Hablaremos otro día.
—Gracias por su comprensión, Su Majestad.
Alma hizo otra reverencia.
Después agarró la manga de su esposo y prácticamente lo arrastró por el corredor.
Pero, en cuanto estuvieron lo suficientemente lejos, se detuvo y lo miró con desesperación.
—¡Cárgame!
Xie Lang abrió los ojos.
—¿Qué?
—¡Que me cargues!
—¿Mi esposa quiere que la lleve en brazos?
—¡Sí!
—¿Delante de todos?
—¡Mino, como no me cargues ahora mismo, te juro que voy a…!
Él no esperó a escuchar la amenaza completa.
Se inclinó, la levantó en brazos y la acomodó contra su pecho.
Alma le rodeó el cuello con ambos brazos.
—¡Corre!
—¿Correr? ¿Quieres que corra cargando a mi esposa?
—¡SÍ!
Xie Lang comenzó a caminar más deprisa.
—¡Como ordene mi señora!
Alma escondió el rostro contra su pecho.
Por primera vez desde que había reencarnado, estaba verdaderamente agradecida de tenerlo a su lado.
Cuando finalmente llegaron a un corredor tranquilo, ella levantó la cabeza y lo miró con una expresión solemne.
—Es la primera vez en mi vida que siento que te amo.
Xie Lang se detuvo.
El mundo pareció quedarse en silencio.
—¿Qué…?
Alma suspiró y volvió a apoyar la cabeza en su pecho.
—Sin duda, mi esposo me ha salvado.
Xie Lang sintió que el corazón se le derretía.
¡Me ama!
¡Su esposa acababa de decir que lo amaba!
No importaba que lo hubiera dicho porque estaba huyendo del rey regente. No importaba que su siguiente frase hubiera sido una declaración de alivio y gratitud.
¡Lo había dicho!
Xie Lang apretó suavemente los brazos alrededor de ella.
—Alma…
—¿Qué?
—¿Puedes repetirlo?
—No.
—¿Una sola vez?
—No.
—¿Al menos puedes decir que soy un esposo maravilloso?
—Te voy a lanzar al estanque.
—¡Pero si acabas de decir que me amas!
—¡Eso fue antes de que abrieras la boca!
Xie Lang sonrió de oreja a oreja.
Su esposa podía amenazarlo todo lo que quisiera.
Él seguiría siendo el hombre más feliz del imperio.
Cuando regresaron al jardín, Alma exigió que la bajara.
—Necesito comer algo. Se me bajó la presión.
Xie Lang la depositó con cuidado sobre sus pies.
—¿Te encuentras mal?
—No. Solo necesito azúcar, comida y posiblemente unas vacaciones de tres años.
—Puedo pedir que preparen algo.
—Por favor.
Xie Lang llamó a un sirviente y le pidió que trajera algunos bocadillos y té dulce.
Mientras esperaban, Alma se sentó en un banco del jardín y cerró los ojos unos segundos.
Todavía no podía creer lo que había ocurrido.
El rey regente había querido hablar con ella a solas.
Y, por alguna razón, la idea le provocaba un miedo que no quería reconocer.
Aquel hombre era peligroso. Si empezaba a sospechar que ella conocía el futuro, podría convertirse en un enemigo mucho más aterrador de lo que ya era.
—¿Esas flores son muy bonitas, verdad?
La voz de Juner la sacó de sus pensamientos.
Alma abrió los ojos.
Su hermana se había acercado al jardín y estaba mirando las flores que crecían junto al sendero.
Xie Lang siguió su mirada.
—¿Las flores?
—Sí —respondió Juner con una sonrisa—. Nunca había visto tantas juntas.
Él observó los pétalos de distintos colores durante un instante.
Después volvió la cabeza hacia Alma.
—No. Mi esposa es la mujer más hermosa del mundo. Opaca a todas estas flores sin ningún esfuerzo.
Alma, que estaba bebiendo agua, casi se atragantó.
—¡¿QUÉ?!
Xie Lang la miró con inocencia.
—¿Qué sucede?
—¡¿Puedes dejar de decir esas cosas delante de la gente?!
—Pero es la verdad.
—¡No es la verdad!
—Entonces, ¿crees que hay alguien más hermosa que tú?
Alma abrió la boca.
La cerró.
Volvió a abrirla.
¡Maldito tramposo!
—¡No cambies mis palabras!
Juner se llevó una mano a la boca para disimular una sonrisa.
—Hermana, el marqués te quiere mucho.
—¡No le des ánimos!
Xie Lang se acercó a Alma y se sentó a su lado.
—¿Por qué no? Estoy orgulloso de mi esposa.
Ella lo miró de reojo.
Su marido estaba sonriendo con tanta naturalidad que resultaba imposible enfadarse con él durante mucho tiempo.
Lo cual era muy injusto.
Alma había pasado años compitiendo con Mino. Sabía cómo provocarlo, cómo discutir con él y cómo derrotarlo en los exámenes.
Pero jamás había aprendido a lidiar con un Mino que la miraba como si fuera el tesoro más valioso del mundo.
Y eso la desconcertaba.
Muchísimo.
Loto llegó con una bandeja de bocadillos y té dulce.
—Señora, le he traído algo para comer.
—¡Loto, eres mi salvadora!
Alma tomó uno de los pastelitos y le dio un mordisco.
Solo entonces sintió que empezaba a recuperar la tranquilidad.
Loto se sentó cerca de ella y siguió la dirección de su mirada.
Alma estaba observando a Xie Lang y Juner, que conversaban junto al sendero.
Su esposo escuchaba a la princesa mientras ella le señalaba las flores. De vez en cuando, él respondía con una sonrisa amable.
Alma dejó lentamente el pastelito sobre la bandeja.
Su expresión cambió.
—No…
Loto la miró.
—¿Qué sucede, señora?
Alma siguió observando a los dos jóvenes.
No. Él no.
Xie Lang acababa de inclinarse para escuchar mejor algo que Juner le decía.
Después se rio.
Se rio con ella.
¡Con ella!
Alma sintió que un extraño malestar le revolvía el estómago.
—No. Él no se va a enamorar de ella.
Loto parpadeó.
Miró a su señora.
Después miró al marqués y a la princesa.
Y finalmente regresó la mirada a Alma.
Ah…
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—No se preocupe, señora. Su esposo solo tiene ojos para usted.
Alma giró la cabeza de golpe.
—¡No estoy preocupada!
—Por supuesto.
—¡Ni siquiera me importa de quién se enamore!
—Naturalmente.
—¡Puede enamorarse de quien quiera! ¡Yo no tengo ningún problema!
—Desde luego, señora.
Alma apretó los dientes.
¡¿Por qué Loto sonreía de esa manera?!
—¡Deja de mirarme así!
—¿Así cómo?
—¡Como si supieras algo!
Loto bajó la cabeza para ocultar una risita.
—No sé nada, señora.
Alma volvió a mirar hacia el sendero.
Xie Lang acababa de arrancar una pequeña flor y se la ofrecía a Juner.
Juner la recibió con una sonrisa.
Alma se quedó petrificada.
¿¡UNA FLOR!?
Su mano se cerró lentamente alrededor del pastelito.
¡Mino, desgraciado!
Loto observó cómo su señora aplastaba el pastel sin darse cuenta.
—Señora… ese pastel ya no se puede comer.
Alma miró lo que tenía en la mano.
Luego miró a Loto.
—Tráeme otro.
—Sí, señora.
—Y no se lo digas a nadie.
—Por supuesto.
Loto se alejó con una sonrisa divertida.
Alma volvió a mirar a su esposo.
No estaba celosa.
¡Por supuesto que no!
Simplemente tenía que vigilar que aquel idiota no se enamorara de la princesa equivocada, provocara una catástrofe imperial y terminara arrastrándola a una tragedia romántica que ella llevaba capítulos enteros intentando evitar.
Sí.
Era una cuestión de supervivencia.
Definitivamente no eran celos.
Alma cruzó los brazos y frunció el ceño.
—Más le vale recordar quién es su esposa.
A lo lejos, Xie Lang estornudó.
Juner lo miró preocupada.
—¿Te has resfriado, marqués?
—No lo sé —respondió él—. Pero tengo la sensación de que alguien está pensando cosas terribles sobre mí.
Alma apretó los puños.
—¡Y TODAVÍA NO HE EMPEZADO!
Xie Lang se estremeció sin saber por qué.
Y, sin embargo, sonrió.
Porque, aunque su esposa todavía no quisiera admitirlo, él tenía la sospecha de que acababa de descubrir una nueva forma de conseguir su atención.