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EL MERCADER DE DOS ERAS

EL MERCADER DE DOS ERAS

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Época
Popularitas:84
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Lin Chen estaba endeudado y sin futuro hasta que una misteriosa puerta le permitió viajar entre la era moderna y la antigua China.

Desde entonces, objetos comunes como sal, espejos, medicinas y herramientas se convierten en tesoros en el pasado, mientras que jade, oro y reliquias antiguas valen fortunas en el presente.

Lo que comienza como una forma de pagar sus deudas pronto se transforma en un imperio comercial capaz de desafiar nobles, familias poderosas y hasta la corte imperial.

Pero cada viaje modifica algo.

Y un día, Lin Chen descubre su propio nombre escrito en documentos históricos de hace siglos.

Dos épocas. Un comerciante. Una fortuna sin límites.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ochenta kilos no salvan una ciudad

Lin Chen observó los sacos colocados frente a él.

Ochenta kilogramos.

En el presente parecían una compra modesta.

En Qinghe seguían pareciendo modestos.

Eso fue lo primero que le molestó.

Había pasado días creando una empresa.

Alquilando un almacén.

Probando la puerta.

Preparando mercancía.

Y ahora, frente al problema real, comprendía la diferencia entre imaginar ayuda y tener capacidad para proporcionarla.

Ochenta kilogramos podían alimentar personas.

Sí.

Pero Qinghe tenía miles.

Una ciudad no se salvaba con una mochila más grande.

Transportó los sacos hasta un escondite provisional.

Después regresó.

Segundo viaje.

Otros cien kilogramos.

Tercero.

Cien.

No hizo más.

La puerta seguía funcionando con normalidad, pero Lin Chen estaba agotado.

Mover carga físicamente era trabajo.

No magia.

Al terminar tenía aproximadamente doscientos ochenta kilogramos.

Menos de un tercio de tonelada.

Nada extraordinario.

Eso era bueno.

Todavía quería mantener escala pequeña.

Wu San lo ayudó a transportar la mercancía hasta el almacén usando una carreta.

Lin Chen no le explicó de dónde venía.

Solo dijo que un proveedor había dejado carga fuera de la ciudad.

Wu San no preguntó.

Eso era una de las razones por las que seguía trabajando con él.

En el almacén, Su Wan'er examinó el arroz.

Tomó un puñado.

—Es muy uniforme.

Lin Chen sintió una alerta.

—¿Demasiado?

Ella lo miró.

—No sé.

—¿Has visto algo parecido?

—Buena calidad, sí. Pero...

Separó algunos granos.

—Está muy limpio.

Exactamente.

Lin Chen había pensado lo mismo.

—No lo venderemos directamente.

—¿Entonces para qué lo trajiste?

—Reserva.

—¿Toda esta cantidad?

Lin Chen casi rió.

—No es tanto.

Su Wan'er lo miró como si estuviera loco.

—Para ti quizá.

Aquello revelaba otra diferencia.

En su mente, cientos de kilogramos parecían poco.

Para una pequeña empresa de Qinghe, era significativo.

Perspectiva.

Debía conservarla.

Han De llegó esa tarde.

Observó los sacos.

—Así que tu Cámara sí consiguió algo.

—Poco.

—¿De dónde?

—Lejos.

Han De soltó un bufido.

—Algún día voy a golpear a alguien cada vez que diga esa palabra.

Lin Chen sonrió.

—¿Qué opinas?

Han De inspeccionó el arroz.

—Bueno.

—¿Precio?

—Si lo vendieras hoy...

Dio una cifra.

Lin Chen hizo cálculos.

El margen respecto al presente era enorme.

Podía ganar mucho.

Incluso con transporte limitado.

Eso era precisamente lo peligroso.

—No lo venderé.

Han De lo miró.

—¿Qué?

—No todavía.

—El precio está subiendo.

—Precisamente.

—Entonces ganarías más.

—Precisamente.

Han De frunció el ceño.

—No entiendo.

Lin Chen tomó un puñado de arroz.

—Si empiezo a vender ahora, ¿qué pasa?

—Ganas dinero.

—¿Y el mercado?

—Nada con esta cantidad.

—Exacto.

Dejó el arroz.

—Entonces no sirve para reducir precios.

Han De se quedó callado.

—Y si traigo mucho más...

—Los comerciantes reaccionarán.

—Exacto.

—Entonces, ¿qué quieres hacer?

Lin Chen sonrió sin alegría.

—Eso estoy intentando averiguar.

La respuesta llegó parcialmente al día siguiente.

Wu San regresó con información.

Varias caravanas estaban siendo compradas antes de llegar.

Pero no por una sola familia.

Había al menos cuatro grandes compradores.

Zhao era uno.

Otros tres eran almacenes y casas comerciales.

Eso complicaba todo.

No había un villano único.

Había incentivos.

Todos esperaban precios mayores.

Lin Chen podía enfrentarse a Zhao.

Mucho más difícil enfrentarse al mercado.

El magistrado Xu recibió a Lin Chen esa tarde.

Esta vez Shen Rui estaba presente desde el principio.

—¿Tiene respuesta? —preguntó Xu.

—Parcial.

—Hable.

Lin Chen colocó las cifras recopiladas.

Entradas de grano.

Aumentos.

Compras anticipadas.

Reservas conocidas.

No eran datos perfectos.

Pero sí útiles.

Xu leyó.

—¿Conclusión?

—La cosecha es peor, pero el aumento de precios es mayor que la reducción real de oferta.

Shen Rui dijo:

—Especulación.

—En parte.

Xu levantó la mirada.

—¿Puede traer grano?

—Sí.

—¿Cuánto?

Lin Chen hizo una pausa.

Era el momento de no exagerar.

—Por ahora, poco.

—¿Cuánto es poco?

—Algunos cientos de jin de forma rápida.

El magistrado pareció decepcionado.

Bien.

Eso significaba que Lin Chen no estaba vendiendo una fantasía.

—No sirve para toda Qinghe.

—No.

—Entonces, ¿para qué?

—Para emergencias localizadas.

Xu cerró el informe.

—Necesitamos más.

—Lo sé.

—¿Puede conseguirlo?

—Quizá, con tiempo.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé.

Shen Rui frunció el ceño.

—Tu Cámara parece muy poco organizada.

Lin Chen casi sonrió.

No tenían idea.

—No soy su único representante.

Mentira útil.

—Y no controlo todas las rutas.

Xu permaneció pensativo.

Después dijo:

—No quiero confiscaciones.

Lin Chen levantó ligeramente la mirada.

—¿Por qué?

—Porque si obligo a comerciantes a vender barato, el próximo cargamento no vendrá.

Exactamente.

El magistrado entendía incentivos.

Eso facilitaba las cosas.

—Entonces necesitamos aumentar oferta.

—Sí.

—Y evitar pánico.

—Sí.

Lin Chen pensó.

—También podemos reducir consumo institucional.

Xu lo miró.

—Explíquese.

—Grandes casas. Posadas. Funcionarios. Talleres. Si compran con anticipación por miedo, empeoran el problema.

—¿Quieres que les ordene no comprar?

—No. Quiero que sepan que habrá reservas.

—Aunque no existan.

Lin Chen guardó silencio.

Xu sonrió ligeramente.

—Interesante.

—Si la gente cree que el mercado no se quedará vacío, algunos dejarán de acumular.

Shen Rui respondió:

—Y si descubren que mentimos, el pánico será peor.

—Por eso necesitamos una reserva real.

El magistrado lo observó.

—Que todavía no tienes.

—Exacto.

Silencio.

La conversación había llegado al punto central.

Lin Chen necesitaba más capacidad.

No necesariamente más portal.

Más logística.

Al salir, Shen Rui caminó junto a él.

—El magistrado te escucha demasiado.

—También me amenaza demasiado.

—Eso mantiene equilibrio.

Lin Chen sonrió.

—¿Qué hará?

—Lo que siempre hace.

—Eso no responde.

—Aprendes rápido.

Esa noche, Su Wan'er encontró a Lin Chen sentado en el almacén.

—¿Qué piensas?

—Que doscientos ochenta kilogramos no significan nada.

—Para nuestros empleados sí.

—Para Qinghe no.

—Entonces no salves Qinghe.

Lin Chen la miró.

—¿Qué?

—No eres magistrado.

—Lo sé.

—No eres noble.

—También.

—No tienes ejército.

—Gracias por recordarlo.

—Entonces deja de comportarte como si fueras responsable de todos.

Lin Chen permaneció callado.

Su Wan'er continuó.

—Protege a nuestros trabajadores.

Nuestros proveedores.

La posada.

Los talleres.

Después ayuda a otros si puedes.

No al revés.

Era una idea fría.

Pero sensata.

Lin Chen la entendió.

Su responsabilidad tenía límites.

Todavía.

—Tienes razón.

Su Wan'er sonrió.

—Puedes repetirlo.

—No abuses.

Lin Chen tomó una decisión.

La reserva moderna no se vendería todavía.

Primero cubriría su red.

Después ampliarían gradualmente.

Mientras tanto, buscarían proveedores de otras regiones.

La puerta sería respaldo.

No solución principal.

Eso también protegía el secreto.

Antes de dormir, Lin Chen revisó otra vez el arroz moderno.

Una pregunta nueva apareció.

¿Y si en lugar de transportar solo alimentos transportaba algo capaz de aumentar producción?

Bombas manuales.

Herramientas.

Métodos de riego.

Semillas.

Fertilizantes.

No para esta cosecha quizá.

Pero para la siguiente.

Eso era más importante.

Un saco alimentaba durante días.

Una mejora agrícola podía producir durante años.

Lin Chen sonrió ligeramente.

Quizá había estado pensando demasiado como comerciante.

El futuro no solo podía venderle mercancía al pasado.

Podía venderle capacidad.

Y si conseguía hacerlo sin destruir el equilibrio...

esa sería una riqueza mucho más grande que cualquier bolsa de plata.

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