Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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REGLAS DE CONVIVENCIA ANTI HOMICIDIO
KRISTEN WHITAKER
Dante me miraba y sonreía divertido. Los años no lo habían cambiado. Solamente era más alto, más fuerte y tenía barba, pero seguía siendo aquel niño de siete años atrapado en el cuerpo de un hombre. Estaba segura.
--¿Por qué aceptaste venir a perturbar mi paz? Estaba tan feliz imaginándote a más de quinientos kilómetros-- suspiré
--Esa universidad no me convenía y ya no quiero jugar. Por eso. ¿Vas a darme un recorrido?
--No. Es un apartamento pequeño. Imposible que te pierdas
Entonces caminó. Miró todo y tocó las plantas que seguramente morirían justamente por eso.
Luego fue a su cuarto. Me senté en el sofá con un yogur en la mano. Necesitaba comer algo dulce y dejar de pensar en mi nuevo y detestable roommate.
Entonces apareció. No tardó ni cinco minutos y, lo peor es que me quitó el yogur.
--¡Es mío!
Miré su boca. Si no lo babeaba, serviría. Si no se llevaba la cuchara a la boca y volvía a meterla en el pote, todo estaba bien.
--Tienes diecinueve años. No quiero tu saliva en mis cosas.
Lo miré indignada y él sonrió ampliamente. ¿Por qué? Ni idea.
Entonces mi teléfono sonó. Era mi madre.
Dante se comió dos cucharadas. Definitivamente, mi yogur ya estaba contaminado.
--Mamá, ¿por qué no me dijeron que era Dante? Se suponía que tendría una compañera de apartamento
--Nosotros nunca te dijimos que sería una mujer. Eso lo asumiste tú, hija
--¡Mamá! Ese no es el punto. ¿Por qué él? Sus padres quieren que nos cuidemos mutuamente y eso es imposible. No sabe cuidarse ni él mismo
Él pareció prestarle atención a cada una de mis palabras sin dejar de comer.
--No fue capaz de cuidar de una tortuga. ¡Una tortuga!-- reí nerviosa, caminando de un lado a otro
--Hija, tenía ocho años en ese momento
--Once años después no ha cambiado. Sigue siendo el mismo estúpido. Por favor, si no me odian, desalójenlo o consigan otro lugar para mí-- imploré
--Hija, pagaremos los años restantes de renta. Los McCade harán un depósito y nosotros también
Me dejé caer en el sofá. Obviamente, no iba a llorar porque yo no hacía algo así.
Dante me había endurecido en ese aspecto. La última vez que lloré por tristeza y desesperación fue cuando tenía once años y estaba en su baño. Nada más.
Además, sentimentalmente no estaba enamorada y consideraba que podría seguir así. Todo eso de que cuesta olvidar un amor y demás seguramente era mentira. Yo había detestado a los dos chicos que me gustaron sin derramar una lágrima.
La llamada terminó y no conseguí mi objetivo.
--Malas noticias, McCade. Quieren pagar más años de depósito
--Viviremos juntos cinco años-- sonrió lentamente
--Eso es lo que está mal. Quería paz
Miré las cajas en el suelo y quise matarlo. Fantaseé con tirarlas por la ventana con él adentro.
--Te gustará vivir conmigo. Quiero tu habitación
--No
--Me gusta más esa
--A mí también
Así fue como comprendí que vivir con él sería aún peor que tenerlo de vecino.
--Necesitamos reglas de convivencia o acabaré asesinándote-- le dije
Él me miró completamente divertido. ¿Será que no entiende que estoy hablándole en serio? Todo puede ser porque, después de todo, dudo que tenga cerebro.
--Nuestra regla de no salir con nuestros amigos sigue en pie-- ¿Solamente eso iba a remarcar?
--Y yo mantengo mi postura respecto a eso. No quiero tener sexo con alguien y que luego sepas los detalles si estoy con un idiota que no sabe mantener la boca cerrada
--Y yo tampoco me acostaría con tus amigas para que no ocurriera eso. Nuestra guerra tiene que ser solo nuestra
--Perfecto
--Bien
--Me ayudarás a limpiar. Harás los mismos quehaceres que yo. Si ensucias, limpias; si desordenas, lo ordenas. No seré tu empleada
Su sonrisa no vaciló.
--¿Algo más, general?-- puse los ojos en blanco
--Iremos a hacer las compras al supermercado. No esperarás que lo haga sola y que cargue todo escaleras arriba sin ayuda. Ni pensarlo
--Puedo con eso, Whitaker
--Bien. Si tienes sexo, lo harás fuera de aquí y yo haré lo mismo
--Perfecto. Tampoco tengo interés en escucharte tener sexo. Está bien para mí
--Tendremos un día de limpieza general
--¿También eso? Eres peor que mi madre con ese temita
--Te hubieras negado a vivir conmigo y mira el gran problema que nos ahorrábamos-- me crucé de brazos, todavía indignada
--¿Negarme? Eso me demuestra que no conoces a nuestros padres. Ellos arreglaron todo y me dijeron antes de venir que viviría contigo. ¿Qué querías que hiciera?
--Nos queda sobrevivir o ir a la cárcel. Ahora ponte a ordenar tus cosas y después vamos al supermercado
Él fue a su habitación. No llevó ni una de sus cajas. Maldito sea.
Con toda su paciencia fue a ducharse después y, cuando salimos del apartamento, pareció particularmente divertido en todo momento.
Entonces llegamos a comprar y discutimos en cada góndola porque él se negaba a mirar los precios.
Si Dante ponía un producto en el carrito, yo lo sacaba inmediatamente después y lo reemplazaba por otro más económico.
--Necesitamos papas fritas y cerveza-- agregó
Lo miré indignada.
--¿Qué? ¿Por qué?
--Porque todavía no comenzamos las clases y aún podemos beber algo y relajarnos. ¿Conoces lo que significa relajarse, al menos?
--Claro que lo conozco y es imposible hacer eso contigo
Estando con Dante no me relajaría ni tomando un tranquilizante para caballos.
--Si quieres comprar eso, hazlo, pero lo pagarás tú. Lo demás lo dividiremos
--Definitivamente eres la persona más aburrida que conocí en toda mi vida, pero como quieras
Fui a la sección femenina. Me siguió.
--¿También quieres toallas higiénicas o tampones?-- lo miré con fastidio.
Estar comprando esto con él era por demás embarazoso.
--Por si no lo sabes, fui a comprar estas cosas para mi madre docenas de veces y, si vivimos juntos, imagino que tendré que hacerlo alguna vez por ti-- restó importancia
--¿Tú? ¿Comprando toallas higiénicas? Eso pagaría por verlo
--Sí. Mi madre usa estas-- señaló un paquete
No quería creerle, pero parecía bastante seguro. Tampoco quería recordar que presenció mi primera menstruación. Eso, hasta en la actualidad, me resultaba horrible.
Fue la única vez que lloré desconsolada y que lo supo.
Yo tampoco lo vi llorando, a excepción de cuando lo perseguía, se cayó y se le salio un diente que ya estaba flojo. Después de esa vez nunca más.
muy dramática yo