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Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Eres Mi Perdición, Tío De Mi Ex

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Helena Fiallet creía que lo peor que podía pasarle era descubrir la traición de Sebastián. Lo que no imaginaba era que, una noche, terminaría en los brazos de otro hombre.

Benjamin Scott quién parecía un error del que debía olvidarse… hasta que volvió a aparecer en su vida.

Y entonces Helena descubrió la verdad: Benjamin era el tío de Sebastián.

Lo que comenzó como una noche equivocada pronto se convirtió en una atracción imposible de ignorar. Porque cuanto más intenta alejarse de Benjamin, más descubre que aquello nunca fue un error.

Y ahora deberá decidir qué es más peligroso: enamorarse del hombre equivocado o descubrir que quizá siempre fue el correcto.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una dura confesión

Benjamin estacionó el auto frente a la mansión y, antes de bajar, tomó el teléfono. Escribió un mensaje breve:

Ya llegué.

La respuesta de Helena llegó casi de inmediato.

Voy a dormir temprano. Tengo una audiencia muy temprano en la mañana y quiero estar preparada.

Él sonrió apenas, solo con la comisura de los labios.

Buenas noches, entonces. Y suerte… aunque no la necesitas.

Guardó el teléfono y entró a la casa. El olor a comida casera lo recibió en el vestíbulo. En el comedor solo estaban Gerard y Sebastian. Felipe y Oriana habían salido a una cena con amigos de la alta sociedad, según le informó el mayordomo en voz baja.

—Llegas justo a tiempo —dijo Gerard, señalando el asiento vacío a su derecha—. Siéntate. La cocinera preparó ese asado que te gusta.

Cenaron en un silencio relativamente cómodo. Gerard habló un poco de los jardines y de un viejo conocido que había llamado desde Boston. Sebastian apenas tocó la comida. Benjamin notó la inquietud en los hombros de su sobrino, la forma en que miraba el reloj cada dos minutos, pero no comentó nada.

Cuando el postre fue servido, Gerard se levantó con un suspiro.

—Estos huesos ya no son los de antes. Me retiro. No se maten entre ustedes mientras duermo.

Les dedicó una mirada cargada de ironía y desapareció por el pasillo.

Quedaron solos.

Benjamin sacó el teléfono y lo dejó sobre la mesa, la pantalla hacia abajo. Sebastian jugueteó con la servilleta un rato antes de hablar.

—Tío… necesito un consejo. Sobre chicas.

Benjamin levantó la vista con lentitud. Lo miró de arriba abajo, serio, y luego movió el índice de forma deliberada, apuntando hacia abajo.

—¿Problemitas de esos? —preguntó con voz plana—. Porque si es disfunción, hay especialistas. No soy el indicado.

Sebastian se puso rojo hasta las orejas.

—¡No! ¿Qué demonios? No es eso. Es… otra cosa.

Benjamin arqueó una ceja, esperando.

Sebastian se pasó una mano por el pelo, visiblemente incómodo.

—Es que Camila ya me aburre. No sé cómo zafarme de ella sin que monte un escándalo. Y yo… quiero recuperar a Helena.

La mandíbula de Benjamin se tensó apenas. Un destello de preocupación —y algo más cercano al nerviosismo— cruzó sus ojos grises antes de que lograra disimularlo.

—¿Por qué ahora? —preguntó con calma forzada—. Hace unos días era “la peor mujer del mundo”. Una zorra, según tus propias palabras. ¿Qué cambió?

Sebastian bajó la mirada a su vaso de agua.

—Lo he estado pensando. Ella cometió un error, sí. Pero… era algo que también me había pasado a mí. Y la verdad —tragó saliva— es que Camila no fue la única vez que engañé a Helena. Fue… durante toda la relación. No pude contenerme. Siempre había alguien. Fiestas, viajes, hasta en la universidad. Helena nunca se enteró de la mayoría. Solo del video.

Benjamin se quedó completamente inmóvil. El tenedor que tenía entre los dedos quedó suspendido a medio camino. No podía creer lo que estaba oyendo. Cada palabra de su sobrino se clavaba como una aguja.

Había juzgado a Helena. La había acusado en el jardín de ser capaz de engañar con el primero que se le atravesara. Y resultaba que el verdadero patrón de infidelidades había sido Sebastian… desde el principio.

Benjamin dejó el tenedor con cuidado sobre el plato. Cuando habló, la voz le salió más baja y más fría de lo habitual.

—Entonces mi consejo es simple: busca el amor en otro lado. Esa relación está demasiado rota. Hay demasiadas mentiras, demasiadas heridas. No se arregla con flores ni con promesas.

Sebastian negó con la cabeza de inmediato, casi con desesperación.

—No. A la única mujer que he amado de verdad es a Helena. Las demás… no significaban nada. Eran solo… momentos. Ella es distinta. Siempre lo fue. Por eso quiero recuperarla. Sé que puedo hacerlo. Sé que todavía me ama.

Benjamin sostuvo la mirada de su sobrino durante un largo segundo. Por dentro, una mezcla peligrosa de rabia, celos y algo parecido al alivio se arremolinaba en su pecho. Alivio porque Helena no pensaba regresar con Sebastian. Rabia porque ese mismo sobrino la había golpeado. Y celos… porque Sebastian seguía hablando de ella como si todavía le perteneciera.

Al final, Benjamin apartó la vista hacia la ventana oscura.

—Haz lo que quieras —dijo con voz neutra—. Pero no digas que no te lo advertí. Algunas cosas, una vez rotas, no se vuelven a pegar.

Sebastian no contestó. Solo se quedó mirando el mantel, perdido en sus propios pensamientos.

Benjamin, por su parte, tomó el teléfono y lo desbloqueó bajo la mesa. La conversación con Helena seguía ahí, en silencio. Se resistió a escribirle. Ella había dicho que necesitaba dormir temprano. Y él, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesto a respetar ese límite…

Aunque cada fibra de su cuerpo le pidiera lo contrario.

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Kayra Villavicencio
Por cab*on calenturiento.
Kayra Villavicencio
Es un socio, ya me cae como patada en una tet*
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