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Renacer Contigo

Renacer Contigo

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Autosuperación / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Un matrimonio nacido de un acuerdo silencioso parecía destinado a la distancia, hasta que una decisión amenazó con arrebatarles todo. Entre ruinas, lágrimas y un campo de tulipanes, David y Elena descubrirán que el amor verdadero no nace perfecto, sino que se construye cuando el mundo se desmorona. A veces, el invierno más frío de la vida es solo la antesala de un nuevo florecer. Esta es la historia de una promesa rota por el miedo, un diagnóstico que cambió sus destinos y un amor inquebrantable que, treinta años después, sigue respirando en el corazón de quienes más los aman.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

12

 David

Con el ardor punzante aún en la mejilla, me quedé mirando la puerta, incapaz de procesar lo ocurrido. Realmente se había ido; finalmente había logrado lo que tantas veces había deseado en mis momentos de mayor egoísmo. Pero, ¿por qué este sentimiento me quemaba por dentro con tanta intensidad?

Miré mis manos temblorosas y, de repente, una oleada de náuseas me invadió. Terminé en el baño, vaciando mi estómago, expulsando hasta la última pizca de comida que me quedaba. Después de un rato, me dejé caer en la cama, observando el techo. El silencio que antes me parecía un refugio necesario, ahora me resultaba asfixiante, una presión que me oprimía el pecho.

No podía quedarme allí. Me puse en pie y fui a la cocina, donde Ana limpiaba en silencio los pocos rastros de la cena.

—¿Desea algo, joven? —preguntó ella con una tristeza infinita en la mirada.

—Sabes... tengo que preguntarlo. ¿Tienes idea de qué fue lo que hice para que se fuera así? —indagué, esperando encontrar una respuesta que aliviara mi culpa.

Ana me miró con pesar.

—La señora lo quiere mucho, joven. Creo que sus palabras la han herido profundamente —respondió con sencillez.

Sentí un sabor amargo, como ceniza en mi boca. ¿Quererme? No lo creía. Ella claramente había dicho que nuestra promesa estaba rota; eso significaba que deseaba ser libre. Además, le estaba dejando el camino libre para empezar de cero con ese hombre que había venido por ella. Era lo correcto; ella me había dado demasiado y yo no le había devuelto nada.

—Lo mejor será que la llame. Se fue en muy mal estado; conducir así puede ser peligroso —dijo Ana, devolviéndome a la realidad.

Tomé mi celular y marqué. No contestó durante varios tonos, hasta que finalmente alguien al otro lado atendió.

—¿Diga? —la voz de una chica inundó la línea, cargada de una rabia que no intentó ocultar.

—¿Elena?

—Está dormida. ¿Por qué recién ahora te acuerdas de que tienes esposa? —me reclamó la desconocida.

—Solo quería saber si estaba bien...

—No, no lo está —dijo, pero alguien la interrumpió.

—¡No digas nada, a ella le molestará! —escuché decir a otra chica al fondo.

—¡Me importa una mierda! Nunca antes había visto a mi amiga en este estado tan deplorable, y este imbécil...

La línea se cortó, dejándome sumido en una confusión absoluta. Tras unos segundos, volvieron a llamar.

—Sí —contesté al instante.

—Lo sentimos. A veces Kim se olvida de la educación. Elena está dormida; por ahora no te atenderá, y creo que no lo hará por un buen tiempo. Pero, dentro de lo que cabe, está bien.

—De acuerdo. Cuando despierte, dile que estaré esperando su llamada —dije. Lo pensé un momento, con el corazón apretado—. Cuídala. No ha estado comiendo bien últimamente; quizás allá sí lo haga.

Colgué. Durante estos meses, ella se había esforzado por cuidarme, olvidándose por completo de su propia existencia. Todos los días la veía comer apenas un bocado. Lo correcto era dejarla ir; no podía seguir arrastrándola hacia el fondo del abismo conmigo. Todavía recuerdo cuando dormimos en la misma cama; su cuerpo no pesaba nada, sus costillas se marcaban bajo la piel. Estaba más delgada que cuando la conocí, y sus ojos habían perdido aquel brillo que tanto me gustaba.

Al día siguiente, mi padre llegó a casa enfurecido. Me obligó a levantarme con brusquedad.

—¡Sal de esta maldita cama de una vez! —gritó, rompiendo la ventana de un golpe para que la luz del sol inundara la estancia. Mis ojos, incapaces de adaptarse, se cerraron con dolor.

—Ya me enteré de lo que hiciste. Eres un hombre egoísta y cruel. Ella entregó sus días para cuidarte, para que tú siguieras adelante, ¿y así le pagas? De verdad, no puedo creer que hayas decepcionado tanto a tu madre —dijo papá, mirándome con los ojos cristalinos pero cargados de una seriedad severa.

—¿Qué quieres que haga? —pregunté, soltando finalmente el peso que me ahogaba—. La sigo manteniendo aquí a pesar de que se está perdiendo a sí misma.

—No fue la manera correcta. No puedes tener a alguien a tu lado por tanto tiempo y luego simplemente pedirle que se vaya. Ella también tiene sentimientos —respondió.

Un silencio pesado nos envolvió.

—Tu madre tenía la ilusión de que serías agradecido. Ella esperaba que supieras qué hacer con Elena cuando el duelo terminara. No creí que terminarías siendo un maldito cobarde.

—¡Basta! ¡Deja de insultarme!

—¡Es lo que mereces! Tu madre ya no regresará. Sé que te duele, a mí también, pero no por eso tienes que quedarte aquí como un niño inmaduro. Eres un hombre, ¡piensa como tal!

—¡No lo entiendes!

—Mejor que tú, sí. No sabes lo horrible que es entrar a esa casa y no verla en la sala con su sonrisa, ni lo difícil que es dormir en nuestra cama sabiendo que ya no está. Para ti es tu madre, para mí es la mujer con la que compartí mi vida entera. Tu madre tenía la esperanza de que Elena fuera como ella: una mujer compasiva que estuviera para ti. Pero no contó con que tú eras demasiado peso para ella. Me arrepiento de haberla incluido en esto; solo le hemos traído dolor.

Mi padre se puso de pie, frustrado, enfadado y, sobre todo, profundamente dolido.

—De ahora en adelante, te vales por ti mismo. Si quieres morir, adelante, nadie te retendrá. Pero antes, tienes una deuda con ella. Si Elena acepta tus "limosnas", entonces puedes acabar con tu dolor.

Se fue, dejándome solo. Igual que Elena, me quedé mirando la ventana rota. No se pueden reparar los vidrios, pero sí reemplazarlos. Quizás así se siente la pérdida: no se puede olvidar, pero se puede transformar en un recuerdo.

Me dejé caer al suelo, invadido por una tristeza que me desbordaba el pecho. Tomé el teléfono y llamé a Elena. No contestó. Tomé uno de los fragmentos de vidrio del suelo, miré la herida que ya tenía en mi muñeca y pasé cuidadosamente el filo sobre mi piel, sin hacerme daño real, solo observando la línea roja que dejaba.

—Las heridas sanan por fuera —la voz de Ana me interrumpió; estaba recogiendo los trozos—. Pero por dentro siguen doliendo, aunque no por mucho. La cicatriz queda como recuerdo; así son las heridas del corazón.

La vi recoger cada vidrio, dedicarme una sonrisa llena de tristeza antes de continuar.

—La señora lloraba todos los días al verlo dormir. Se preguntaba una y otra vez qué hacía mal. Se llegó a preguntar si su madre se había equivocado al elegirla, porque sentía que no era lo suficientemente fuerte para que usted saliera adelante.

Las lágrimas comenzaron a brotar, incontenibles.

—No es fácil —susurré.

—Lo sé. Yo perdí a mi hijo. Créeme, no se puede borrar ese vacío, pero se puede vivir con él. Aquí afuera te esperan personas que te quieren de verdad.

Se marchó, dejándome con mi miseria. Tomé el celular nuevamente y marqué. Al primer tono, nadie contestó. Al segundo, sí. Me quedé en silencio, escuchando su respiración entrecortada.

—Tengo hambre —dije, en un hilo de voz.

No hubo respuesta, solo el sonido de sus sollozos.

—Todavía... te necesito... Yo...

No pude seguir. Del otro lado también se oía un llanto roto.

—Por favor, regresa —logré decir antes de que la línea se cortara.

Miré el celular en mi mano. Ella no regresaría; no tenía por qué hacerlo. Y eso, por primera vez, me dolió más que cualquier otra cosa en el mundo.

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Betty Saavedra Alvarado
Kiary mi sobrina Aitana tiene las paredes con sus rayones de colores son sus princesas no se los borramos llora ahora le pegamos papel sábana Cortita muy emotiva y familiar un final bello David y Elena juntos con sus traviesos retoños un abrazo desde mi Piura Perú
Kiary Valverde: 🤭🤭 mi hijo me rayo toda la pared 😭 me tocó volver a pintar 🤣😃🤣
total 1 replies
Lectora con visión 🥰
me ha encantado, es una historia muy buena, demasiado sentimental 💗😭
Lectora con visión 🥰
quiero más 👏👏👏👏
Lectora con visión 🥰
por qué yo no consigo hombres como este 😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo muy familiar Elena y David van a se padres
Betty Saavedra Alvarado
Ahora a luchar juntos saldrán adelante porque se aman
Betty Saavedra Alvarado
Elena David tiene que estar contigo luchar juntos el es tu esposo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo muy bello y amoroso
Betty Saavedra Alvarado
Elena y David desean estar juntos se extrañan
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que asumir tus responsabilidades
Betty Saavedra Alvarado
David Elena después del regreso del viaje a conversar para volver a casarse y vivir juntos
Betty Saavedra Alvarado
Una boda un comienzo de una nueva vida
Betty Saavedra Alvarado
Elena dijiste no ahora sí te gusta David
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
David tienes que ser fuerte mamá pronto partirá
Betty Saavedra Alvarado
Mi madre partió un Lunes 18 de Mayo fue de repente que cerró sus ojos ella se llevó un pedacito de mi corazón la extraño mucho
Kiary Valverde: un abrazo desde la distancia🫂
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
David la vida sigue Elena es más fuerte que tú
Betty Saavedra Alvarado
David eres un cobarde todos perdemos a nuestras madres y seguimos adelante
Betty Saavedra Alvarado
Elena tu lo amas David nada de nada
Betty Saavedra Alvarado
David Elena te ama y tú le pides el divorcio
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