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La Chica Del Cabello Infinito

La Chica Del Cabello Infinito

Status: Terminada
Genre:Magia / Familia mágica / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

En el pequeño pueblo de Valleoscuro, donde las montañas se alzaban como gigantes dormidos y la niebla solía quedarse abrazada a los tejados hasta bien entrada la mañana, todos conocían a Mariana. No por su nombre, ni por su familia, ni por nada que hubiera dicho o hecho, sino por una sola cosa: su cabello. Era rojo, del tono intenso de las brasas que arden despacio en la chimenea, rizado como las olas de un mar que nunca se calma, y tan largo, tan increíblemente largo, que nadie había logrado ver dónde terminaba.
Mariana tenía la piel morena, suave y cálida como la tierra fértil de los valles cercanos, y sus ojos eran del color del ámbar, brillantes y profundos, como si guardara en ellos todos los atardeceres que se habían visto caer sobre aquel rincón del mundo. Vivía en una casa pequeña, de paredes de adobe y techo de tejas rojas, situada al final del camino principal

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Capitulo 10: La guardiana.

Todos los días, al amanecer, caminaba hasta el borde del bosque antiguo que rodeaba Valleoscuro. Allí, en un claro lleno de rocas cubiertas de musgo, se sentaba en el centro y cerraba los ojos. Ahora sabía que su cabello era mucho más que una extensión de su cuerpo: era una red viva que recorría la tierra entera.

—Muéstrame lo que puedes hacer —se decía a sí misma en voz baja—. Enséñame a ser la guardiana que debo ser.

Y poco a poco, empezó a descubrir habilidades que nunca habría imaginado.

Un día, vio que, en la parte más alejada del valle, un tramo del río se había secado debido al calor del verano, dejando sin agua a los cultivos de varias familias. Mariana cerró los ojos y concentró su atención en esa zona lejana. A través de sus hilos infinitos, sintió la sed de la tierra y la tristeza de las plantas. Con un pensamiento suave pero firme, ordenó que parte de la humedad y la energía que recorrían sus hebras fluyeran hacia ese lugar.

En cuestión de minutos, los vecinos que trabajaban en los campos quedaron asombrados al ver cómo brotaba agua fresca y cristalina de nuevo en el lecho del río, y cómo las hojas de los cultivos, marchitos momentos antes, recuperaban su color verde y su fortaleza. Nadie entendió qué pasaba, pero Mariana, sentada lejos en el claro, sonrió al sentir la gratitud que viajaba de regreso a través de sus rizos, como una caricia cálida.

Otra tarde, una tormenta violenta se acercó al valle, trayendo vientos fuertes que amenazaban con arrancar los techos de las casas y derribar árboles centenarios. Mariana no dudó: extendió sus manos y, como una ola inmensa, su cabello se alzó en el aire, formando una cúpula protectora sobre todo el pueblo. Los vientos chocaban contra esa barrera de rizos rojos y brillantes, pero no podían atravesarla, rodeaban el pueblo sin causar daño alguno hasta que la tormenta se alejó hacia otras zonas donde no había vidas que proteger.

La gente de Valleoscuro, que al principio había mirado con respeto y algo de temor, ahora sentía un amor profundo y agradecimiento hacia ella. Sabían que ya no era solo la chica solitaria de cabello sin fin; era su protección, su fuerza y su esperanza.

—Nunca nos haremos daño mutuamente —decía Mariana a su cabello, mientras acariciaba sus rizos al final del día—. Tú me das fuerza, yo te doy dirección. Juntos somos invencibles.

El regreso inevitable

Pasaron quince días. El tiempo había transcurrido en paz, pero la sensación de alerta en el pecho de Mariana no desaparecía. Cada mañana, al despertar, sentía que sus hilos se estiraban más lejos, explorando caminos, como si estuvieran vigilando cada sendero que llevaba al valle.

Fue una tarde, justo cuando el sol empezaba a ocultarse tiñendo el cielo de tonos rojos y morados, cuando sintió la vibración que esperaba. Era una energía fuerte, imponente, pero mezclada con dureza y deseo de control.

Vuelven.

Mariana no tuvo necesidad de ver con sus ojos para saberlo. A través de sus hebras, vio cómo se acercaban: los mismos carruajes de madera oscura con adornos dorados, los jinetes armados, pero esta vez eran muchos más. Había más de veinte hombres a caballo, y entre ellos había figuras vestidas con túnicas oscuras, que no parecían soldados comunes, sino personas que también manejaban alguna clase de poder, aunque de naturaleza muy distinta al suyo.

—Han traído refuerzos —susurró Mariana, mientras salía de su casa y se detenía en medio del camino principal, a la entrada del pueblo—. Y también han traído a quienes comparten su forma de ver el poder.

Pronto, el polvo se hizo visible en la distancia, y minutos después la comitiva se detuvo frente a ella. Elías y Beatriz bajaron del carruaje principal. Ya no tenían esa expresión de superioridad con la que habían llegado la primera vez, ni tampoco la humildad fingida de la segunda. Ahora había en sus miradas una mezcla de urgencia y determinación. Sabían que no podían engañarla fácilmente, así que esta vez cambiaron de estrategia.

—Mariana —habló Elías, levantando la voz para que todos los vecinos que se habían reunido a cierta distancia pudieran oír—. Te hemos dado tiempo, te hemos dejado conocer historias antiguas y escuchar consejos de personas que no saben nada de lo que está en juego. Pero ahora debes entender: el peligro es real, y ya está más cerca de lo que crees.

Hizo un gesto con la mano, y de entre los jinetes avanzaron tres hombres vestidos de negro, con capuchas que cubrían gran parte de sus rostros, dejando ver solo unos ojos fríos y brillantes.

—Estos son emisarios del Consejo de la Ciudad Alta —explicó Beatriz, señalándolos—. Ellos han venido para confirmarte que lo que decimos es verdad. El Consejo de las Sombras ya ha enviado a sus rastreadores. En cuestión de días llegarán aquí, y no buscarán razones ni conversaciones. Solo querrán apoderarse de ti, tejen tus hilos para sus fines oscuros y destruirán todo lo que amas para obligarte a obedecer.

Uno de los emisarios habló entonces, con una voz profunda y hueca que parecía salir de muy lejos:

—La Guardiana no puede permanecer oculta. Si no viene voluntariamente a refugiarse bajo la protección de la Ciudad Alta, caerá en manos de quienes quieren deshacer el orden del mundo. Entonces, el hilo infinito se convertirá en una cadena que esclavizará a toda la creación. No hay elección posible, solo hay una única vía segura.

Mariana los escuchó con calma, sin moverse ni retroceder un paso. Su cabello, que ya cubría todo el ancho del camino, empezó a brillar con intensidad, levantándose levemente del suelo formando ondas suaves que rodeaban su figura, creando un resplandor que iluminaba toda la zona, incluso cuando la luz del sol desaparecía tras las montañas.

—Hablan de peligro —respondió Mariana con voz clara y firme, que resonó con fuerza en el silencio de la tarde—, pero también hablan de obligación. Me dicen que no hay elección, y sin embargo olvidan lo más importante: que el hilo infinito solo responde a la libertad. Si me llevan contra mi voluntad, si intentan encerrarme en sus palacios y usarme como una herramienta, ¿de qué servirá mi poder? Se volverá débil, confundido y peligroso, porque perderá su verdadera guía: mi corazón.

Elías frunció el ceño. No le gustaba que una chica tan joven hablara con tanta sabiduría y autoridad.

—Eres demasiado joven para comprender todas las consecuencias —le replicó con impaciencia—. Si no vienes con nosotros, el Consejo de las Sombras llegará antes. Ellos no pedirán permiso, ni respetarán tu pueblo ni tu vida. Ya hemos visto señales de su presencia en los bosques cercanos. Vienen buscándote.

En cuanto dijo esas palabras, todos sintieron un cambio en el aire. Se volvió más frío, pesado, como si una sombra espesa hubiera caído sobre el valle de repente. Los caballos se pusieron inquietos y relincharon asustados. Los emisarios de la Ciudad Alta agarraron con más fuerza sus bastones y armas, mirando con temor hacia la oscuridad que avanzaba desde el borde del bosque.

Mariana no necesitó mirar para saberlo. A través de sus hilos infinitos, sintió llegar algo que nunca había sentido antes: una energía fría, pesada, que quería apagar cualquier luz, cualquier vida, cualquier esperanza. Era exactamente lo que habían dicho. Los primeros enviados del Consejo de las Sombras ya estaban allí.

—Han traído la amenaza hasta mi puerta —dijo Mariana con calma, aunque sus ojos brillaban con determinación—. Y ahora verán que no soy una niña indefensa ni un objeto para tomar. Verán para qué sirve realmente el hilo infinito.

Con un solo movimiento de su mano, miles de rizos rojos se elevaron en el aire, iluminando todo el camino con una luz tan intensa que parecía volver a ser mediodía. Del bosque salieron entonces figuras oscuras, deformes, envueltas en una niebla gris que marchitaba las flores y las hierbas por donde pasaba. Eran los rastreadores de la sombra, seres hechos de oscuridad y odio, enviados para capturarla sin importar el precio.

Los hombres armados de la comitiva de Elías retrocedieron asustados, incapaces de enfrentarse a algo que no podía ser tocado por espadas normales. Pero Mariana no retrocedió. Confiaba en sí misma y en su don más que nunca.

—Mi cabello es el puente que une toda la vida —gritó ella con fuerza, y su voz pareció multiplicarse en cada hebra que se extendía—. ¡Vuelvan a la nada de donde vinieron! Aquí no hay nada para lo que buscan, solo luz y equilibrio.

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Fátima Noelia Gauto
acaso sos una retrazada?? no te contaron ya la verdad??
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