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TADMOR: La Historia De Una Asesina

TADMOR: La Historia De Una Asesina

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Thais Perdida

En la prisión de máxima seguridad de Tadmor, la doctora Andrea Spencer, psicóloga forense, recibe una tarea imposible: evaluar a Danielle Hoffmann, una asesina acusada de crímenes inhumanos.

Pero en cada entrevista, los roles comienzan a invertirse.

Tras el vidrio blindado y las cadenas, Danielle no se comporta como un monstruo… sino como alguien que sabe exactamente lo que es. Habla de experimentos, de una infancia robada, de un proyecto que buscaba crear algo más que soldados. Y en su mirada hay una certeza inquietante: ella no fue la única.

Mientras Andrea intenta separar la verdad del delirio, descubre que cada palabra en esa celda es una advertencia. Porque Danielle no espera juicio.

Espera que vengan por ella.

NovelToon tiene autorización de Thais Perdida para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

XXIV. ENFERMA.

La casa estaba completamente en silencio.

La noche había cubierto la isla y solo se escuchaba el mar golpeando suavemente contra las rocas. En su habitación, Luciam dormía profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, su mente estaba en calma.

Sin laboratorios.

Sin gritos.

Sin recuerdos.

Solo oscuridad tranquila.

Entonces… algo cambió. Primero fue una sensación leve en su mente. Como un hilo invisible, el mismo hilo que lo conectaba con Athenas. Pero ahora… estaba tenso. Demasiado tenso.

Luciam frunció el ceño dormido. El hilo vibró otra vez y entonces lo sintió.

Calor. Un calor anormal. Como si algo estuviera ardiendo del otro lado de la conexión. Luego llegó el dolor, un dolor de cabeza brutal, repentino, como si algo golpeara directamente contra su mente.

Los ojos de Luciam se abrieron de golpe, se incorporó en la cama respirando fuerte. El hilo mental estaba gritando.

—No…

Se levantó de un salto. Salió de la habitación corriendo por el pasillo como un rayo.

—¡DESPIERTEN! —su voz retumbó en toda la casa—. ¡DESPIERTEN AHORA!

Corrió directo hacia la habitación de los mellizos. Abrió la puerta de golpe. Athas estaba sentado en su cama, medio despierto.

—¿Qué...?

Luciam ni siquiera lo escuchó. Fue directo hacia la otra cama... Athenas. Y cuando la vio… su rostro cambió inmediatamente. La niña estaba completamente roja.

El cabello pegado a la frente por el sudor. Su cuerpo temblaba ligeramente. La respiración era rápida… irregular y no despertaba. Luciam la tocó en la frente... Su piel estaba ardiendo.

—Mierda… —la levantó en brazos inmediatamente—. Athenas…

Pero la niña no reaccionó. Solo respiraba rápido. En ese momento empezaron a aparecer personas en la puerta.

Danielle.

Ares.

Conrad.

Andrea.

Asziel.

Lesya.

Zoltan.

Sounya.

Todos se quedaron congelados al ver la escena. Luciam giró hacia ellos, sus ojos estaban tensos. Urgentes.

—¡CONRAD!

El científico reaccionó.

—¿Qué pasa?

Luciam apretó un poco más a la niña contra su pecho.

—¡Haz algo inmediatamente!

Su voz ya no era calmada. Era una orden desesperada.

—¡Está muy mal!

El laboratorio de la isla se encendió en segundos.

Luces blancas.

Pantallas activándose.

Equipos médicos arrancando con pitidos rápidos. Conrad entró primero.

—¡Aquí! —señaló una camilla médica en el centro—. ¡Ponla aquí!

Luciam llegó en segundos y acostó a Athenas con cuidado sobre la camilla. La niña seguía inconsciente. Su piel estaba roja.

El sudor cubría su frente. Su respiración era demasiado rápida. Danielle llegó al lado de la camilla inmediatamente.

—¡Athenas! —tomó su mano—. Cariño, despierta.

Pero no hubo respuesta. Ares se acercó al otro lado. Su voz era tensa.

—Conrad… ¿qué le pasa a mi hija?

El científico ya estaba conectando sensores. Pantallas comenzaron a mostrar datos.

Pulso.

Temperatura.

Actividad cerebral.

Conrad frunció el ceño.

—Esto no tiene sentido…

Andrea miró otro monitor.

—La temperatura está subiendo demasiado. Pero no hay infección.

Conrad negó.

—Su sistema inmunológico no está reaccionando como debería.

Athas miraba desde la puerta, asustado.

—¿Qué está pasando?

Nadie tenía una respuesta. Entonces Luciam se acercó. Miró a Athenas, luego tomó su pequeña mano entre las suyas.

—Athenas. —su voz fue firme—. Escúchame.

La niña no respondía. Luciam cerró los ojos un segundo.

—Si no puedes hablar… —apretó un poco su mano—. Enséñamelo.

Durante un segundo no pasó nada. Luego… algo entró en su mente. Una sensación rápida. Como una imagen empujada a la fuerza.

Luciam tensó la mandíbula. Su mente se llenó de visiones fragmentadas. Imágenes internas.

Órganos.

Células.

Un hígado y dentro… una masa oscura creciendo. Células anormales multiplicándose. Luciam abrió los ojos de golpe.

Su voz salió grave.

—Cáncer.

Todos lo miraron.

Danielle palideció.

—¿Qué?

Luciam miró la pantalla.

—Cáncer de hígado.

Andrea negó inmediatamente.

—Eso es imposible. —dijo—. No puede aparecer así de rápido.

Luciam volvió a mirar a Athenas. Porque la visión no había terminado. Otra imagen apareció en su mente.

El calor.

Células destruyéndose.

La temperatura subiendo dentro de su propio cuerpo. Luciam entendió de inmediato. Miró a Conrad.

—Su cuerpo lo está eliminando.

Conrad frunció el ceño.

—¿Qué?

Luciam señaló a Athenas.

—Está haciendo una ablación automática.

Andrea abrió los ojos.

—¿Con su propio calor?

Luciam asintió lentamente.

—Sí. Su calor esta mutado funciona tranquilamente.

La sala quedó en silencio. Las pantallas seguían mostrando la temperatura interna subiendo. Conrad murmuró mientras analizaba los datos.

—Su cuerpo detectó el tumor…

Andrea terminó la idea.

—Y decidió destruirlo.

Luciam apretó la mano de Athenas.

—Pero el proceso está siendo… demasiado agresivo.

Danielle miró a su hija con horror.

—¿Eso significa que...?

Conrad respondió en voz baja.

—Que su propio cuerpo está quemando el cáncer. —miró las lecturas—. Pero también podría dañarla si no se controla.

El laboratorio quedó lleno de tensión. Mientras Athenas seguía luchando inconsciente contra algo dentro de su propio cuerpo. Y por primera vez… todos entendieron algo aterrador.

El poder de la niña estaba evolucionando más rápido de lo que podían comprender.

El laboratorio estaba lleno de pitidos constantes. Las pantallas mostraban gráficos subiendo.

Temperatura interna.

Actividad cerebral.

Metabolismo disparado.

Conrad movía datos en las pantallas rápidamente. Andrea analizaba las lecturas con el ceño fruncido.

Danielle sostenía la mano de su hija, pálida.Ares miraba todo en silencio… pero su mandíbula estaba tensa.

Luego miró a Luciam y entendió algo. Se acercó un paso.

—Ella te escucha.

Luciam levantó la mirada. Ares señaló a la niña.

—Dile que se detenga.

Conrad asintió inmediatamente.

—Tiene razón. —miró la pantalla del cerebro—. Si sigue elevando su temperatura así… va a freír su propio cerebro.

El silencio cayó sobre la sala. Luciam miró a Athenas. Luego asintió una vez, se acercó más a la camilla. Tomó nuevamente la pequeña mano de la niña.

—Athenas. —su voz fue firme… pero tranquila—. Escúchame.

Las lecturas seguían subiendo. Luciam cerró los ojos un segundo, enfocándose en el hilo mental.

—Ya lo eliminaste. El tumor ya no está.

No hubo cambio. La temperatura seguía subiendo. Luciam frunció el ceño.

—Athenas…

Pero el cuerpo de la niña seguía reaccionando. Su respiración era agitada, el calor aumentaba. Entonces Luciam cambió de tono.

Un poco más suave.

—Recuerda lo que dijiste. —una pequeña pausa—. El polo sur.

El laboratorio quedó en silencio. Luciam siguió hablando.

—Dijiste que yo debería ir a ver los pingüinos.

La temperatura seguía subiendo, pero más lento. Luciam apretó suavemente su mano.

—Pero tú también deberías conocerlos —los monitores comenzaron a estabilizarse apenas—. Para eso… —su voz fue más firme—. Tienes que calmarte.

El calor seguía alto. Pero ahora ya no subía tan rápido. Luciam continuó.

—Si sigues así… te vas a hacer demasiado daño. —tra pausa—. Y entonces no podrás verlos.

El laboratorio estaba completamente quieto. Todos observaban las pantallas.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Entonces Conrad habló en voz baja.

—Está bajando…

Andrea miró otra pantalla.

—La actividad cerebral también.

La temperatura empezó a descender lentamente. El cuerpo de Athenas dejó de temblar, su respiración se volvió más lenta.

Más profunda. Danielle soltó un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Ares cerró los ojos un segundo.

Luciam no soltó la mano de la niña y después de unos segundos más… Athenas respiró profundamente. Su cuerpo finalmente se relajó. El laboratorio volvió a llenarse de silencio.

Pero esta vez… no era de pánico. Era de alivio.

El laboratorio seguía lleno de tensión, pero ahora los monitores ya no gritaban alarmas.

Las lecturas empezaban a estabilizarse lentamente. Athenas seguía inconsciente en la camilla, respirando más despacio. El color rojo intenso de su piel comenzaba a disminuir.

Conrad seguía trabajando en la consola central. Sus dedos se movían rápido sobre el panel.

—Necesito ver qué demonios está pasando ahí dentro…

Presionó varios comandos. Una de las paredes del laboratorio se iluminó. Un holograma tridimensional del cerebro de Athenas apareció flotando en el aire. La imagen giraba lentamente.

Era hermoso… y aterrador al mismo tiempo.

Redes neuronales brillaban como constelaciones. Pero lo que más llamó la atención de todos fue la actividad.

—Dios… —murmuró Andrea.

Las señales neuronales estaban aceleradas. No de forma caótica. Sino evolutiva. Nuevas conexiones aparecían. Sinapsis reforzándose.

Regiones completas del cerebro activándose al mismo tiempo. Pero, a diferencia de antes… ahora el proceso se estaba regulando. Las señales frenéticas empezaban a disminuir poco a poco.

Conrad señaló el holograma.

—Miren esto. —amplió una región específica—. El sistema límbico.

Luego otra zona.

—Corteza prefrontal. —después el tallo cerebral—. Todo está trabajando a un nivel… absurdo.

Andrea observó con atención.

—Es como si su cerebro hubiera entrado en modo de emergencia evolutiva.

Conrad asintió.

—Exactamente —señaló el hígado en otra pantalla médica—. Su cuerpo detectó el cáncer. Su cerebro decidió eliminarlo.

Ares frunció el ceño.

—¿Con calor?

Conrad negó.

—No exactamente. Con control metabólico extremo.

Andrea terminó la idea.

—Aumentó la temperatura interna para destruir las células cancerígenas.

Conrad señaló el holograma.

—Pero el proceso también forzó su cerebro a evolucionar más rápido para controlar ese poder.

La imagen seguía girando. Las conexiones neuronales continuaban reorganizándose. Pero cada vez más lentas. Más estables.

Danielle miró a su hija.

—¿Eso significa que…?

Conrad suspiró.

—Que su cerebro acaba de pasar por algo que a un humano normal le tomaría años de evolución neurológica.

Andrea cruzó los brazos.

—Y lo hizo en minutos.

El laboratorio quedó en silencio. Las luces azules del holograma iluminaban los rostros de todos.

Luciam seguía de pie junto a la camilla. Aún sostenía la mano de la niña. Conrad miró las lecturas finales.

—Se está regulando. —dijo—. Su cerebro está estabilizando el proceso.

Ares soltó el aire lentamente. Pero Andrea todavía miraba el holograma con una mezcla de fascinación y preocupación.

—Esto significa algo más…

Conrad la miró.

—¿Qué?

Andrea señaló las nuevas conexiones.

—Athenas no solo sobrevivió al cáncer. —hizo una pequeña pausa—. Su cerebro aprendió algo nuevo mientras lo hacía.

El silencio volvió a llenar el laboratorio. Porque todos entendieron lo que eso significaba. La niña acababa de evolucionar otra vez.

El holograma del cerebro de Athenas seguía flotando en el centro del laboratorio. Las conexiones neuronales brillaban como una red de luz viva.

Pero ahora el proceso iba disminuyendo lentamente.

El cuerpo de la niña respiraba con más calma.

Los monitores se estabilizaban.

Todos miraban el holograma en silencio. Entonces Luciam soltó suavemente la mano de Athenas. Se enderezó. Observó el cerebro proyectado unos segundos.

Y habló.

—Hay que detener su evolución.

La frase cayó pesada en la sala. Todos lo miraron. Danielle frunció el ceño. Ares entrecerró los ojos. Andrea inclinó la cabeza, pensativa, pero fue Conrad quien respondió primero. El científico seguía mirando las lecturas.

Luego asintió lentamente.

—Tiene razón.

Varias miradas se movieron hacia él.

Conrad amplió otra sección del holograma.

—Esto... —señaló las nuevas conexiones—. Es demasiado para un cerebro infantil.

Andrea cruzó los brazos.

—Su sistema nervioso no está diseñado para soportar este ritmo de desarrollo.

Conrad continuó:

—La evolución natural del cerebro humano ocurre durante años. —señaló a Athenas—. Ella lo está haciendo en minutos u horas.

Ares miró a su hija.

—¿Qué significa eso?

Conrad respondió con calma científica… pero su voz era grave.

—Que cada vez que su poder reaccione de esta manera —su cerebro podría forzarse a evolucionar otra vez.

Andrea añadió:

—Y cada salto evolutivo aumenta el riesgo de daño neurológico permanente.

Danielle apretó la mano de su hija.

—¿Podría morir?

Conrad no respondió de inmediato, pero su silencio fue suficiente.Entonces Luciam volvió a hablar. Su voz era tranquila.

—O peor.

Todos lo miraron otra vez.

Luciam miró el holograma.

—Podría perderse a sí misma.

Andrea entendió de inmediato.

—Una conciencia infantil en un cerebro que evoluciona demasiado rápido…

Conrad terminó la idea.

—Podría fracturar su identidad.

El laboratorio quedó en silencio. Athenas respiraba tranquila en la camilla. Parecía una niña completamente normal.

Pequeña.

Frágil.

Pero el holograma sobre ellos mostraba algo muy distinto. Entonces Ares habló.

—¿Cómo lo detenemos?

Luciam miró nuevamente a la niña. Sus ojos se movieron hacia la pulsera de caracoles que llevaba en su muñeca.

Luego respondió con calma.

—Primero… —hizo una pequeña pausa—, tenemos que enseñarle a no usar su poder cuando su cuerpo esté en peligro.

Andrea suspiró.

—Eso será complicado.

Conrad miró las lecturas finales.

—Pero necesario.

Porque todos en esa sala sabían algo ahora. El mayor peligro para Athenas ya no era el mundo exterior.

Era su propio poder creciendo demasiado rápido dentro de ella.

...----------------...

El laboratorio se había calmado poco a poco.

Las pantallas seguían encendidas, mostrando los signos vitales de Athenas, pero ahora todo estaba dentro de rangos estables.

En otra parte del laboratorio, Conrad, Andrea, Ares, Danielle y Luciam discutían en voz baja frente a varias pantallas, intentando entender cómo podrían evitar que la evolución acelerada del cerebro de la niña volviera a ocurrir.

Mientras tanto, en la camilla… Athenas seguía acostada. Había pasado un buen rato. El sudor había desaparecido de su frente. Su respiración era tranquila.

Sentada junto a ella estaba Lesya, vigilándola con paciencia. La mujer mantenía una mano apoyada cerca de la niña, como si quisiera asegurarse de que seguía allí.

Después de unos minutos más Athenas abrió los ojos lentamente. Parpadeó. El techo blanco del laboratorio estaba sobre ella. Giró un poco la cabeza y vio a Lesya. La niña sonrió con toda naturalidad.

—Hola.

Lesya la miró con alivio inmediato.

—Hola, pequeña.

Athenas se acomodó un poco en la camilla.

—¿Qué pasó?

Lesya le acomodó suavemente un mechón de cabello detrás de la oreja. Su voz fue cálida.

—Te enfermaste un poquito.

Athenas frunció un poco la nariz.

—Ah.

Pensó unos segundos. Luego asintió como si fuera una explicación completamente aceptable.

—Bueno.

Lesya sonrió. La inocencia de la niña era casi desconcertante después de lo que había pasado. Hubo un pequeño silencio.

Luego Lesya habló otra vez.

—¿Sabías algo?

Athenas levantó la mirada.

—¿Qué?

Lesya sonrió con una mezcla de ternura y nostalgia.

—Mañana es el cumpleaños de Luciam.

Athenas abrió los ojos con sorpresa.

—¿En serio?

Lesya asintió.

—Pero probablemente él no lo recuerda. miró hacia donde su hijo estaba hablando con los demás—. Después de todo lo que le hicieron… dudo que haya tenido muchos cumpleaños.

La niña se incorporó un poco más en la camilla. Su rostro se iluminó.

—¡Entonces tenemos que hacer algo!

Lesya levantó una ceja divertida.

—¿Ah sí?

Athenas asintió con entusiasmo.

—¡Un pastel! —luego pensó otro segundo—. ¡Y un regalo!

Lesya soltó una pequeña risa suave.

—Eso suena como un buen plan.

Athenas miró alrededor como si ya estuviera organizando todo.

—Pero tiene que ser sorpresa.

Lesya sonrió otra vez.

—Claro.

Athenas bajó la voz conspirativamente.

—No le digas.

Lesya imitó el mismo tono.

—Prometido.

A pocos metros, Luciam seguía hablando con Conrad sobre el cerebro de la niña. Sin saber que por primera vez en su vida después de mucho tiempo alguien estaba planeando celebrarle un cumpleaños.

Más tarde, cuando todos estaban ocupados entre el laboratorio y la casa, Athenas salió del cuarto casi trotando.

Había recuperado su energía… o al menos lo suficiente para moverse con su entusiasmo habitual. Encontró a Athas en la sala, sentado en el suelo con algunas piezas mecánicas que Conrad le había dejado estudiar.

—¡Athas!

El niño levantó la cabeza.

—¿Qué?

Athenas miró a ambos lados como si fuera un secreto de estado.

—Ven...

Athas frunció el ceño, pero se levantó.

—¿Por qué hablas así?

Antes de que ella respondiera, apareció Asziel desde la cocina con un vaso en la mano.

—¿Quién conspira ahora?

Athenas lo señaló inmediatamente.

—¡Tú también!

Asziel arqueó una ceja.

—Eso nunca termina bien.

Los tres se reunieron cerca de una de las ventanas. Athenas bajó la voz dramáticamente.

—Mañana es el cumpleaños de Luciam.

Athas abrió los ojos.

—¿En serio?

Asziel apoyó el hombro en la pared.

—Bueno… eso explica todo este secreto.

Athenas continuó con entusiasmo.

—Vamos a hacerle un cumpleaños sorpresa.

Athas sonrió.

—Eso está bueno.

La niña levantó un dedo.

—Pero tiene que ser a las doce en punto.

Asziel asintió lentamente.

—Muy dramático. Me gusta.

Athas pensó un segundo.

Luego frunció el ceño.

—¿Pero cómo lo distraemos hasta esa hora?

Miró hacia el jardín donde Luciam a veces caminaba.

—Ese tipo no habla mucho… y tampoco se aburre fácil.

Athenas cruzó los brazos pensando. Asziel también se quedó pensativo.

Un segundo.

Dos.

Y entonces… sonrió. Esa sonrisa peligrosa que normalmente significaba problemas.

—Tengo una idea.

Los dos niños lo miraron.

—¿Qué?

Asziel señaló hacia el exterior de la casa.

—Lo saco a dar una vuelta.

Athas inclinó la cabeza.

—¿A dónde?

Asziel levantó un dedo.

—Primero… a ver a los ligres. —otro dedo—. Después… a caminar por la costa. —tercer dedo—. Y si todavía no es medianoche… —sonrió con malicia—. Le voy a contar historias muy incómodas de cuando mi madre y mi padre eran jóvenes.

Athas empezó a reír.

—Eso sí lo va a mantener ocupado.

Athenas asintió satisfecha.

—Perfecto.

Luego señaló a los dos como si estuviera dando órdenes militares.

—Ustedes lo distraen.

—Yo hago el pastel.

Asziel levantó las manos.

—Jefa, sí jefa.

Athas sonrió.

—Esto va a ser divertido.

Athenas miró hacia el pasillo donde estaba Luciam hablando con Conrad y sonrió con emoción. Porque esa noche… Apocalipsis iba a tener su primer cumpleaños sorpresa.

La casa se había dividido en dos misiones secretas. En la cocina estaba llena de olor a azúcar, vainilla y masa recién horneada.

Athenas estaba parada sobre una pequeña banqueta frente a la mesa mientras mezclaba ingredientes con enorme concentración.

—Así se hace —decía muy seria.

A su lado, Lesya batía otra mezcla con paciencia.

—Muy bien.

La niña levantó la cuchara.

—¿Crees que le guste?

Lesya sonrió con una ternura profunda.

—Creo que nadie le ha hecho un pastel en mucho tiempo.

Eso hizo que Athenas sonriera aún más.

—Entonces le va a gustar seguro.

En ese momento Zoltan pasó por la puerta cargando una caja con decoraciones. Miró hacia la cocina. Luego suspiró.

—No puedo creer que estemos haciendo una fiesta de cumpleaños para el hombre que casi mata a mi hijo.

Lesya se giró inmediatamente.

—Lo siento…

Pero antes de que pudiera decir algo más, Sounya le dio un pequeño golpe a su esposo en el brazo.

—Ya basta.

Zoltan la miró.

—¿Qué?

Sounya negó con la cabeza.

—Sabes perfectamente cómo fueron las cosas. —luego señaló la cocina—. Y ese chico ha sufrido más que cualquiera aquí.

Zoltan suspiró resignado.

—Sí… lo sé.

Y siguió caminando con la caja. Athenas, que había escuchado todo, levantó la cuchara nuevamente.

—Este pastel tiene que ser perfecto.

Lesya sonrió.

—Lo será.

En la sala.Mientras tanto, Athas estaba de pie sobre una silla intentando colgar una pequeña guirnalda de papel.

—Un poco más a la izquierda —dijo Zoltan desde abajo.

—¡Estoy tratando!

El niño finalmente logró fijarla.

—¡Listo!

Afuera de la casa.

Mientras Asziel estaba apoyado contra una baranda con su teléfono.

—Sí, sí… lo sé.

Del otro lado estaba Conrad.

—Esto es absurdo —murmuró el científico.

—Necesito que me ayudes —dijo Asziel.

—Luciam es probablemente la persona más difícil de distraer del planeta.

Conrad suspiró.

—De acuerdo. Voy contigo.

Asziel colgó y esperó unos segundos. Entonces vio a Luciam salir de la casa. El joven caminaba tranquilo, como siempre, mirando el mar.

Asziel levantó la mano.

—Ey.

Luciam lo miró con leve sospecha.

—¿Qué?

En ese momento Conrad apareció también. Luciam los observó a los dos.

—¿Qué pasa?

Asziel sonrió con naturalidad exagerada.

—Estábamos pensando en algo.

Luciam entrecerró los ojos.

—Eso nunca es bueno.

Conrad se cruzó de brazos.

—Queremos recorrer la isla.

Luciam los miró sin cambiar su expresión.

—¿Por qué?

Asziel se encogió de hombros.

—Porque estás aquí. —lo miró—. Y no has visto ni la mitad del lugar.

Conrad añadió:

—Además hay unas formaciones rocosas interesantes del otro lado.

Luciam los observó en silencio. Claramente no les creía del todo.

—¿Y por qué quieren que vaya?

Asziel sonrió.

—Porque eres el mas alto despues de Ares.

Luciam arqueó una ceja.

—¿Qué?

Asziel señaló el acantilado.

—Si uno de nosotros se cae, alguien tiene que sacarnos.

Conrad negó lentamente con la cabeza. Luciam los observó unos segundos más. Luego suspiró.

—De acuerdo.

Los dos se miraron discretamente. Plan de distracción iniciado. Asziel señaló el camino hacia los acantilados.

—Perfecto.Vamos a dar un paseo.

Mientras tanto, dentro de la casa la operación cumpleaños sorpresa seguía en marcha.

La caminata por la isla se extendía mucho más de lo que cualquiera habría imaginado. Desde lejos parecía pequeña.

Pero al recorrerla se descubrían senderos entre rocas, pequeñas playas escondidas y acantilados cubiertos de hierba. El mar rodeaba todo con un silencio profundo.

Después de todo lo que habían vivido esa paz resultaba casi extraña. Los tres caminaban por un sendero de piedra. Asziel llevaba las manos en los bolsillos. Conrad observaba el terreno como si analizara formaciones geológicas.

Luciam caminaba unos pasos adelante mirando el horizonte. El viento movía su cabello oscuro. Asziel rompió el silencio.

—Oye, Conrad.

El doctor levantó la mirada.

—¿Sí?

Asziel sonrió con curiosidad.

—Siempre me pregunté algo.

Conrad suspiró.

—Eso nunca termina bien.

Asziel señaló hacia adelante.

—Tú y Andrea. ¿Cómo funciona eso?

Conrad frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Dos cerebros que podrían gobernar el mundo. Viviendo juntos. —Asziel levantó una ceja—. ¿No se pelean por quién tiene razón?

Conrad soltó una pequeña risa.

—Más seguido de lo que imaginas. —luego su expresión se suavizó—. Pero Andrea es… una mujer maravillosa.

Miró el mar un momento.

—Brillante. Paciente y tiene la rara habilidad de recordarme que no todo en la vida es ciencia.

Asziel lo miró con una sonrisa burlona.

—Qué romántico, doctor.

Conrad lo miró de reojo.

—¿Y tú?¿Por qué no tienes esposa?

Asziel se llevó una mano al pecho con dramatismo.

—Porque tengo amor para muchas mujeres.

Conrad soltó una carcajada.

—Claro.

Asziel sonrió.

—Es un sacrificio enorme, lo sé.

Entonces ocurrió algo curioso. Un pequeño sonido detrás de ellos. Casi imperceptible. Los dos giraron la cabeza. Luciam estaba sonriendo. Muy levemente.

Pero claramente era una sonrisa. Asziel lo señaló inmediatamente.

—¡Lo vi!

Luciam volvió a su expresión neutra.

—¿Qué?

Conrad también sonrió.

—Creo que fue una risa.

Luciam negó.

—No.

Asziel cruzó los brazos.

—Ahora tengo pruebas de que no eres una estatua.

Conrad miró a Luciam con curiosidad.

—Dime algo, chico —lo miró—. ¿Alguna vez te enamoraste?

Luciam se detuvo. Miró el mar. Las olas rompían contra las rocas varios metros abajo.

Su respuesta llegó tranquila.

—No. —los otros dos esperaron y Luciam continuó—. Cada pedazo de amor que alguna vez tuve… fue reemplazado por mecanismos de guerra.

El silencio cayó entre ellos. Asziel ya no sonreía. Conrad tampoco.

Luciam siguió mirando el horizonte.

—Dudo mucho conocer a alguien. —hizo una pequeña pausa—. Especialmente con mi condición.

Conrad frunció el ceño.

—¿La inmortalidad?

Luciam asintió apenas. Luego habló con una calma que era más triste que cualquier emoción fuerte.

—Imaginen enamorarse siendo como yo —sus ojos seguían en el mar—. Casarse. Tener una familia. Hijos. —ell viento sopló más fuerte—. Y verlos morir a todos.

Una pausa larga.

—Mientras tú sigues aquí. Condenado a caminar por el mundo para siempre.

Nadie habló.

Solo se escuchaba el mar. Porque lo que Luciam había descrito… no era un miedo. Era una eternidad de soledad.

El viento del mar soplaba constante.

Las olas subían y bajaban contra las rocas, a veces alcanzando el borde donde estaban parados. El silencio que había quedado después de las palabras de Luciam era pesado.

No incómodo. Pero profundo. Entonces Asziel suspiró.

—Bueno…

Metió la mano dentro de la cartera de cuero que llevaba cruzada. Revolvió un momento.

—No podemos dejar que una conversación así termine sin recursos terapéuticos.

Sacó algo. Luego otro y después otro. Tres latas de cerveza. Conrad levantó una ceja.

—¿En serio llevas cerveza en la cartera?

Asziel abrió una con una sonrisa.

—Soy un hombre preparado para emergencias.

Extendió una lata hacia Conrad. Luego otra hacia Luciam.

Luciam la miró.

—No bebo.

Asziel se acercó un poco más y prácticamente se la puso en la mano.

—Hoy sí.

Luciam no respondió. Pero tampoco la devolvió. Los tres caminaron unos pasos más hacia una roca grande cerca del agua.

Se sentaron. Las olas a veces llegaban hasta sus botas, el mar era enorme frente a ellos. Conrad bebió un pequeño sorbo. Asziel apoyó los codos sobre las rodillas.

Luciam sostenía la lata sin abrir. El capo miró el horizonte unos segundos. Luego habló con una voz distinta a la habitual.

Más tranquila.

—Compré esta isla después de que mataron a mi hermano.

Conrad lo miró.

—Silas. —menciono el doctor.

Asziel asintió lentamente.

—Mi mellizo. —las olas golpearon las rocas otra vez—. Necesitaba desaparecer un tiempo. —le dio otro trago a la cerveza—. Demasiada gente. Demasiadas balas. Demasiada mierda.

Se encogió de hombros.

—Así que compré una isla.

Conrad sonrió un poco.

—La solución más normal del mundo.

Asziel señaló el mar.

—Aquí encontré algo que no había tenido en años.

Luciam miró el agua.

—¿Qué?

Asziel respondió sin pensarlo demasiado.

—Silencio. —cerró sus ojos.

El viento movía la hierba detrás de ellos. El capo continuó:

—A veces vienes aquí… te sientas frente al mar y el mundo deja de gritar por un rato.

Conrad asintió. Luciam finalmente abrió la lata. El sonido metálico se perdió entre el ruido de las olas. Bebió un pequeño sorbo.

Asziel sonrió sin mirarlo.

—¿Ves? —señaló el mar con la lata—. No todo en este mundo es guerra.

Luciam miró el horizonte largo rato. Las olas seguían rompiendo frente a ellos y por unos minutos… los tres simplemente se quedaron sentados allí, en silencio, mirando el mar.

...----------------...

...(LUCIAM, ASZIEL Y CONRAD EN LA PLAYA)...

1
Analia Puntin
Excelente narración, atrapante
Evelyn Robles Lepin
spenser con más músculo y más alto
Evelyn Robles Lepin
spenser con más músculo y más alto
Alison Mendoza Sotelo
Maravillada y ansiosa por más
Alison Mendoza Sotelo
Segunda temporada.????
Mercedes Tibisay Marin
hay ellos no puedes morir el padre de ella tiene que sufrir por todo el daño que hicierón
Mercedes Tibisay Marin
hay Dios estó está muy bueno
Mercedes Tibisay Marin
esté hombre como papá merece que ella le haga lo mismo
Mercedes Tibisay Marin
ese padre es un mostro
María Angelica Stessens
Autora esta historia es fascinante , adictiva , no puedo dejar de leer y tan detallista que me hace como si yo fuera cada uno de los personajes 👏👏👏
Nancy RoMo
yo que queria athenas y luciam juntos 🥺😣😣
María Angelica Stessens
estupenda historia , felicitaciones 👏👏👏👏
Nancy RoMo
luciam 🥺🥺🥺
María Angelica Stessens
apasionante la historia 👏👏👏
Nancy RoMo
🥺🥺🥺
Nancy RoMo
💀💀💀💀
Alison Mendoza Sotelo
Que los mate de una ves
Nancy RoMo
😰😰😰😰😰😱😱😱😱😱
Nancy RoMo
amo a todos 😍😍😍
Alison Mendoza Sotelo
Esperar por más


No tardes
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