Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°24
De regreso a casa, Tamara se sentía culpable, estaba en silencio y no podía dejar de ver los pies de Franco y como movía sus dedos al compás de la música, era como si no le importara estar descalzo, dentro del auto y parecía que realmente estaba disfrutando sentir el contacto de la mullida alfombra bajo sus pies.
En el parque, sobre el banco habían quedado abandonados sus calcetines y los zapatos del diseñador italiano que era de su preferencia y que con tanto esmero había elegido en su último viaje.
Ella estaba avergonzada, era el segundo par de zapatos que le arruinaba y sabía perfectamente que eran demasiado costosos para que se los pudiera reponer fácilmente en un futuro cercano. Suspirando desvió la mirada hacia el espejo retrovisor y pudo notar que el chofer los observaba divertido. Su vida era un desastre pero al menos se alegraba sabiendo que a alguien le divertía su desgracia. Apoyando su cabeza sobre el hombro del ceo susurró
—Sí continuó a tu lado pronto estaré completamente en la ruina.
—¿Por qué dices eso?
—Ya te debo dos pares de zapatos que valen más que todo lo que poseo en este momento en mi vida
Franco rio con todas sus fuerzas al escuchar ese comentario y mirando los dedos de sus pies contestó.
—Muñeca, no te estoy cobrando los zapatos, además quien lleva la cuenta—dijo sonriendo.
—¡Yo! No me gusta deber nada y contigo estoy acabada—levantó la voz de manera exagerada para luego tapar su rostro con ambas manos.
—Te propongo algo, si insistes en saldar tu deuda, buscaré un modo divertido y placentero para que lo hagas—murmuró muy cerca de su oído de tal manera que su tibio aliento le erizo la piel—. Además esta vez fue mi culpa, tú me advertiste que el café te hacía daño y de todos modos te besé—admitió tomando una de sus manos entre las suyas y dejando un beso cálido sobre la misma.
—Tienes razón esta vez, fue tu culpa, no te debo nada—repitió más animada y al fin pudo mirarlo a los ojos sin tanto pesar.
Franco le devolvió la sonrisa y cambiando el tono de la conversación se removió en el asiento y acariciando la mano de la joven le informó de su planes
—Al llegar a casa, debo revisar unos documentos, firmar las certificaciones de la nueva colección, luego hablar con el detective para que me informe sobre los avances de la investigación y que novedades tiene del robo—enumero su agenda como de costumbre—. Tengo mucho trabajo atrasado pero no te preocupes después que termine con algunos pendientes haremos lo que tú quieras.
—¿Te puedo ayudar con los certificados? Estoy aburrida y extraño mi trabajo—comentó y su tono de voz sonó melancólico.
—El doctor aún no te da el alta definitivo, no sé si sea lo correcto—dudó en aceptar.
—Trabajaré en la casa, solo cuando sea necesario—propuso y al ver que él guardaba silencio continuó—. Por favor Franco déjame volver al trabajo.
—No lo sé, hace solo unos días estaba con reposo absoluto, no quiero que te pase nada a ti ni al bebé.
—Te prometo que seré responsable y no pondré en riesgo a nuestro bebé por nada en este mundo, pero necesito mantener mi mente ocupada aunque sea solo por un par de horas. Estar sin hacer nada todo el día es frustrante y me estresa—suplico mientras que se incorporaba un poco en el asiento junto a su lado esperanzada de volver a trabajar.
—De acuerdo, te dejaré trabajar solo por una o dos horas al día y desde la casa—cedió al fin—. Pero debes prometerme que si te mareas, si te cansas, si sientes el menor de los síntomas dejaras todo lo que estés haciendo e irás a la cama a descansar—dijo seriamente y en sus ojos se reflejaba una preocupación absoluta
—Te lo prometo, seré obediente y solo serán un par de horas al día y bajo tu supervisión —respondió feliz y sin pensarlo rozó sus labios junto a los de él y rápidamente se alejó murmurando—. Debes lavarte los dientes, no soporto el sabor al café.
—Tú también apestas y no me quejo—se burló y ella se ruborizo de pies a cabeza recordando que solo unos minutos atrás había vomitado.
El viaje lo continuaron en silencio, escuchando música y observando el paisaje.
[…]
Al llegar a la casa, Telma se encontraba sentada en la mesa del comedor, estaba tan distraída que ni siquiera se percató de que la familia estaba de regreso. Su cuerpo temblaba visiblemente, así que lentamente Alfred se acercó a su esposa y pudo ver que en su mano sostenía nerviosamente su teléfono celular y no dejaba de mirar la pantalla. En su rostro había rastro de alguna que otra lágrima escurridiza se había escapado de sus grandes ojos azules y había recorrido sin decoro las mejillas del ama de llaves. Su nariz estaba visiblemente colorada y sobre su falda reposaba un pañuelo de seda.
—Cariño—susurro Alfred posando su mano en el hombro de su esposa—. Cariño, ¿qué sucede?—Telma levantó la vista hacia su esposos y con la voz entrecortada, intentando no quebrarse frente a su jefe respondió
—Celina aún no responde, lleva casi un mes sin responder mis llamadas y presiento que algo malo le sucede. Jamás estuvo tanto tiempo sin hablar con nosotros por más enojada que estuviera, ella siempre llamaba y su celular ahora está apagado. Es como si se la hubiera tragado la tierra.
Franco miró a Tamara y en silencio se sentaron alrededor de la mesa junto al matrimonio y finalmente intervino
—Telma ¿sabes para quien trabajaba Celina?—preguntó al mismo tiempo que tomaba su mano de manera fraternal.
—No, no sé nada, salvo...—dijo y secando su rostro miró el celular fijamente y luego a su esposo—. Ahora que lo recuerdo me dio el número de la señora de la casa—respondió mirando finalmente a su jefe—. No sé su nombre ni apellido, ni siquiera se a donde viven o si ese número es real, sin embargo es lo único que tengo—dijo esperanzada—.Tuve que insistir mucho para que Celi me diera ese contacto, ya que ella tenía miedo de que en algún momento me apareciera en ese lugar y le contara a sus jefes porque dejó de trabajar en esta casa —admitió avergonzada.
—Entiendo—dijo Franco recordando la última vez que se encontró a Celina metida en su cama.
—Cariño, seguramente Celi está bien, sabes que es algo distraída y que odia que estemos encima de ella—dijo el chofer intentando animar a su esposa.
—Alfred, no lo sé. Algo anda mal, mi corazón me lo dice—respondió y no pudo evitar llorar desconsoladamente.
—¿Por qué no llamas a esa señora? No creo que esa mujer se niegue a responder un par de preguntas—propuso Tamara y se encogió de hombros al ver al ama de llaves angustiada.
—Tamara tiene razón, debes hablar con esa mujer—intervino Franco.
Telma se limpió el rostro y con determinación busco entre los contactos el número de la jefa de Celina y respirando profundamente lo marcó. En la sala todos guardaban silencio esperando que alguien del otro lado de la línea respondiera, cuando de repente el teléfono de Tamara comenzó a vibrar dentro de su cartera y ella atendió por inercia sin siquiera mirar.
—Hola—dijo y todos en la sala voltearon a verla.
Maldito investigador 🫣 no eres bueno en tu trabajo por eso te despidieron y le hechas tu veneno y frustración a la pobre de Tamara por ser tan débil y sumisa con él malito Saimon!!!
Gracias querida escritora @Lola Lu 🇦🇷 por actualizar 🤗 sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos 🤗🌹
te advierto Franco si a Támara y al bebé le sucede algo yo misma te pateó las pelotas tengo influencias 🤨🤭😉
todo lo que tocas lo dañas o lo matas 🤦🏼♀️