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La Joya Del Ceo, Un Amor Invaluable

La Joya Del Ceo, Un Amor Invaluable

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / CEO / Amor tras matrimonio
Popularitas:34.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Lola Lu

Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.

NovelToon tiene autorización de Lola Lu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo N°23

El silencio fue absoluto del otro lado de la línea y Saimon no pudo evitar enfurecerse, necesitaba con urgencia descargar su ira,  golpear a alguien o a algo, así que con rabia arrojó al suelo todo lo que se encontraba encima de la mesa. Nada le estaba saliendo como pretendía y estaba perdiendo el control de la situación. Tamara se había enamorado de su jefe, un obstáculo difícil de sortear y que ni siquiera estaba en sus planes. Ella juró que siempre lo amaría, que pase lo que pase él sería el único amor de su vida, sin embargo ahora se retractaba de su promesa.

—¡Maldición ahora si me quedaré en la ruina!—gritó mientras que con ambos puños golpeaba el escritorio—. Sí esa maldita no regresa pronto a mí lado ya no tendré dinero, debo recuperarla así sea a la fuerza—dijo con determinación al mismo tiempo que caminaba hasta la caja fuerte y observaba con una sonrisa el contenido de la misma—. Tamy, Tamy ...Sí ese hombre es tu debilidad, sé que harás lo que sea para que él recupere sus joyas—murmuró y cerrando nuevamente la caja fuerte se alejó de la misma con más confianza de la que en verdad sentía.

 […]

Mientras tanto en casa de Franco, Tamara caminaba de un lado a otro, estaba nerviosa, conocía perfectamente a su ex esposo y sabía que no se quedaría de brazos cruzados y mucho menos renunciaría a ella tan fácilmente.

—Muñeca, debes calmarte—sugirió Franco al mismo tiempo que la abrazaba por la espalda y detenía sus pasos.

—Ese maldito no me dejará tranquila y jamás firmará el divorcio.

—No debes pensar en eso, no le hace bien a nuestro bebé y ya encontraré la forma de que firme la demanda—murmuró acariciando su cabello con suavidad.

—Lo siento, tienes razón. No me debo alterar pensando en ese idiota, la salud de mi bebé es más importante que ese infeliz—respondió apoyando su cabeza sobre el pecho de él—. Será mejor que continúe arreglando el closet y deje de pensar en todas las barbaridades que dijo, no tiene sentido que siga pensando en lo mismo.

—Creo que por hoy ya hemos trabajado lo suficiente—dijo y girando a Tamara sobre sus talones, la obligó a que lo mire a los ojos—. Ambos estamos algo alterados y estar en la casa no nos servirá de mucho, porque mejor no salimos a dar un paseo y nos distraemos un rato—propuso antes de besar su frente.

—Me gusta esa idea, sin embargo debes regresar a la empresa, aún falta resolver el robo de tu colección.

—Prefiero tomarme el día libre, aclarar mi mente y cuidar de mi mujer—respondió y la atrajo con fuerzas de la cintura acortando la poca distancia que los separaba.

—¡Tu mujer—repitió con la mejillas sonrosadas—. Me gusta como suena esa frase en tus labios, pero me encanta más sentir como vibro entre tus brazos cuando me besas—confesó y posando sus manos sobre los hombros de él lo atrajo para besar sus labios.

Tamara se había vuelto adicta a su boca, necesitaba a cada instante besar sus labios, unir sus lenguas en una perfecta danza y sentir como su cuerpo vibraba de emoción con tan solo un beso.

Alfred conducía en silencio, observando de vez en cuando a través del espejo retrovisor a la pareja que se encontraba en el asiento trasero y se alegraba por su jefe, al fin había reconocido sus sentimientos por su joven secretaria y era evidente que ambos se amaban de verdad.

 Tamara estaba reclinada sobre el hombro de Franco, mirando todo a su alrededor, como si por primera vez viera ese paisaje que en realidad conocía a la perfección, sin embargo este paseo era diferente, se sentía especial, era la primera vez que ellos salían como pareja.

—Alfred, detente en esa confitería—ordenó Franco de repente al ver un Starbucks—. Tengo ganas de tomar un café bien cargado.

—De acuerdo—respondió y vio como Tamara suspiraba sin mucho ánimo de solo escuchar la palabra café—. Señor, le recomiendo la terraza, el aire fresco le hace muy bien a las mujeres embarazadas y la señora debe tomar un poco de sol—sugirió recordando cuando su mujer estaba embarazada y le afectaba el café que él tomaba por las mañanas.

—Sí, me gustaría tomar aire fresco—respondió la joven que de inmediato se incorporó en el asiento con una sonrisa en sus labios y agradeció en silencio la intervención del chofer, ya que no estaba segura de poder soportar el aroma a café dentro del local.

—Muy bien, beberemos café en la terraza—respondió Franco besando la mano de Tamara cariñosamente.

Tamara miraba el gran tazón que tenía frente a sus ojos, no había sido lo suficientemente valiente para interferir cuando Franco ordenó los capuchinos para ambos y ahora se lamentaba. Las nauseas apenas la dejaban respirar y su estomago comenzaba a doler, sin embargo solo ver la sonrisa del ceo era motivo suficiente para soportar esa tortura.

—Amo el café, creo que de todas las cosas de este mundo es la única a la que no podría renunciar—comentó mientras bebía otro sorbo de su capuchino y la observaba por encima de la taza—. ¿Te sientes bien? Estas algo pálida—dijo dejando la taza sobre la mesa y percatándose que no había tocado ni un bocado, ni bebido nada desde que se sentaron.

—Sí, solo estoy algo mareada—respondió.

—Deberías comer algo o beber un poco de café—sugirió y le alcanzó la taza que se encontraba en el centro de la mesa.

—Perdón, ya no lo soporto—dijo Tamara y de inmediato se incorporó del asiento y a toda prisa se alejó de la confitería, necesitaba tomar distancia, respirar aire puro y controlar sus náuseas.

Franco se puso de pie rápidamente sin comprender que estaba sucediendo, desde que habían ingresado a ese lugar Tamara actuaba de manera extraña y solo podía pensar que ese lugar le traía recuerdos de su ex y los celos lo embargaron por completo.

—Siempre ese maldito estará en el medio—dijo y haciendo señas a la moza pidió la cuenta.

Alfred estaba en el estacionamiento cuando de repente vio a la asistente que caminaba rápidamente hacia un parque. Sabía perfectamente lo que eso significaba, había pasado muchas veces por lo mismo con Telma y en ese preciso momento Tamara estaba a punto de colapsar, así que tomó la botella de agua que tenía en la gaveta, bajó del auto y se acercó al parque.

La joven estaba sentada en un banco, mirando a la nada, con el rostro pálido e intentando respirar.

—Ten, bebe un poco de agua—le ordenó Alfred extendiendo la botella.

—Gracias—respondió bebiendo de a pequeños sorbos el contenido de la botella.

—Debes decirle que el café te causa náuseas—murmuró y con calma se sentó a su lado.

—Lo sé, sin embargo es su bebida favorita y me acaba de confesar que por nada en este mundo renunciara a ella, así que estoy segura que puedo soportar un poco de malestar con tal de ver esa hermosa sonrisa en sus labios—respondió y se encogió de hombros.

Franco estaba a solo unos pasos de distancia, su mal humor desapareció de manera instantánea al oír la verdadera razón de su huida y ahora comprendía porque por la mañana ella prefería tomar alguna infusión en vez de acompañarlo como siempre con su capuchino expreso.

El ceo posó la mano sobre el hombro del chofer y le hizo señas para que los deje solo, entonces tomando su lugar en el banco comentó

—Me encanta el café, sin embargo no pretendo que nada en este mundo te haga daño, así que puedo desistir de tomar un capuchino en tu presencia o de comer cualquier cosa que le haga mal a nuestro bebé.

—Lo siento, no quise abandonarte de esa manera, pensé que lo soportaría pero estaba a punto de hacer un desastre en frente de todos y lo menos que quiero es avergonzarte—confesó.

 —Descuida, oírte decir que mi sonrisa te encanta opaco cualquier disgusto que pudiera sentir—dijo y besó sus labios.

Tamara contuvo la respiración aceptando el beso, sin embargo las náuseas se hicieron presente, rápidamente se apartó y sin más terminó ensuciando los zapatos de Franco una vez más.

—Lo siento—se disculpó avergonzada.

—Descuida, fue mi culpa, no debí besarte aún teniendo el sabor del café en mis labios—respondió al ver otro par de zapatos de diseñador siendo arruinado por su bella asistente.

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lirio
Franco a este paso se va a quedar sin Zapatos 😂😂😂
Liani Amanda Mayola Piñero
porfa autora termine el final de esta novela es la mas increible de todas
canelita ❤️‍🔥💗
Jajaja segundo par azotado🤣🤣
canelita ❤️‍🔥💗
Eso, eso, ese hombre si sabe, no renunciaría a su bebida, sino que no la tome frente a ella 👌
canelita ❤️‍🔥💗
Aahhh, que linda ojalá Franco la escuche 🤗
canelita ❤️‍🔥💗
Dio mio, por ahí no va la cosa 😅
canelita ❤️‍🔥💗
Será que no renunciaría😅, con solo saber que tamara no soporta ese olor, de una lo deja 😅
canelita ❤️‍🔥💗
Alfred eres muy sabio 👌
canelita ❤️‍🔥💗
I love you baby 😍😍
canelita ❤️‍🔥💗
Este que se cree 🤦, que lo amara pa' siempre , gusano malnacido y mantenido 😠
canelita ❤️‍🔥💗
🤣🤣Debes retorcerse, que segregues más bilis, se te rompa el hígado y te de un paro cardíaco de una, por malparido 😠
Irene Gpe Vazquez Osorio
y el final que paso???
😜 Betsy 🇻🇪
Jajajaja tanto huir y al final vomitando en los zapatos de Franco 😂😂😂😂
😜 Betsy 🇻🇪
Q malo son esas naucias 🥴🥴🥴
Eli Cardona💘💘
🤣🤣Ahora le toca a ella mantenerlo 🤣🤣🤣
Eli Cardona💘💘
No es nada comparado con lo que se merece, basura 😡
Eli Cardona💘💘
Esto si e mucho lo cínico 😡😡hp 😡😡😡😡
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Liani Amanda Mayola Piñero
Muchas gracias a la autora @Lola Lu 🇦🇷
Liani Amanda Mayola Piñero
Porfa escriban mas capitulos 🙏🙏🙏
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