📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 8: Cifras que rompen el silencio
El bus de las seis de la tarde va repleto, como siempre. El olor a cansancio y el roce de los hombros de extraños suelen ser mi peor pesadilla, pero hoy ni siquiera me importa. Me he pegado a la ventana, apoyando la frente contra el vidrio frío mientras las luces de la ciudad empiezan a encenderse, borrosas por el movimiento.
Mis manos están quietas sobre mis rodillas, pero por dentro sigo temblando. El turno en la fábrica ha sido eterno, pero la pequeña semilla de valentía que planté al mediodía sigue ahí, creciendo, alimentada por el agotamiento y la nostalgia.
De pronto, el celular vibra en mi bolsillo. El sonido es amortiguado por la tela de mi pantalón de trabajo, pero para mí suena como un trueno en medio de la unidad de transporte. Con dedos torpes, saco el aparato. La luz de la pantalla ilumina mi rostro cansado en el reflejo del vidrio.
Es un mensaje directo de Instagram. Es él.
J_Castillo94: "Me alegra saber que sigues ahí, Emma. No te imaginas cuánto. No quiero ser un extraño que solo te escribe por una aplicación de fotos. ¿Me darías tu número? Me gustaría escribirte por WhatsApp... y tal vez, si me dejas, escuchar tu voz algún día".
Me quedo sin aliento. El aire del bus parece volverse más pesado, más denso. ¿Mi número? Entregar mi número de teléfono se siente como entregarle la llave de mi casa, de mi vida privada, de mi soledad. WhatsApp es real, es directo, no hay una cuenta anónima ni un algoritmo que me proteja allí. Es el salto al vacío.
«Escuchar tu voz...», repito mentalmente. Hace trece años, nuestras voces apenas eran susurros robados en el recreo. Ahora, somos adultos con vidas distintas, con cicatrices y miedos.
—¿Te bajas aquí, muchacha? —me pregunta una señora mayor, sacándome de mi trance con un toque en el hombro.
—No, no... perdón —balbuceo, encogiéndome en mi asiento mientras siento que mis mejillas se encienden.
Vuelvo a mirar la pantalla. Mi dedo duda sobre el teclado. El bus frena de golpe ante un semáforo y mi corazón salta con él. Es ahora o nunca. Si no le doy mi número en este instante, mi timidez ganará la batalla otra vez y volveré a ser la chica invisible de la fábrica que solo vive romances a través de la televisión.
Con el pulso acelerado, empiezo a teclear los números. Uno a uno, sintiendo que cada cifra es un muro de mi fortaleza que se derrumba.
Emma_Rod: "Es este: 786533219. Pero por favor, ve despacio... todavía me cuesta creer que esto esté pasando".
Le doy a "Enviar" justo cuando el bus llega a mi parada. Me levanto casi sin ver por dónde piso, bajando los escalones con las piernas de gelatina. Mientras camino hacia mi casa por la acera mal iluminada, el celular vuelve a sonar. Esta vez no es el tono de Instagram. Es el silbido corto y familiar de WhatsApp.
Viene de un número desconocido, pero la foto de perfil —aunque pequeña— me deja ver una silueta que mi memoria reconoce de inmediato.
Mensaje de WhatsApp: "Hola, Emma. Soy Julián. No tienes idea de lo mucho que he esperado por este momento".
Me detengo en mitad de la acera, ignorando a la gente que me esquiva y se queja. El mundo se ha detenido. Ya no hay vuelta atrás. El niño de la nota ahora tiene mi contacto directo, y mi vida, por fin, ha dejado de ser una serie coreana para convertirse en mi propia historia.