Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Paseo
Cuando el duque regresó a la habitación, el silencio era profundo.
La lámpara apenas iluminaba el espacio.
Y en la cama…
Ophelia dormía.
Tranquila.
Con esa expresión serena que parecía completamente ajena a todo lo que había pasado.
El duque se detuvo unos segundos en la puerta.
Observándola.
Y, sin darse cuenta…
Sonrió.
Se acercó con pasos silenciosos.
Ophelia se movió levemente al sentir su presencia, aunque no despertó del todo.
Él comenzó a quitarse la ropa, con calma, sin apartar la mirada de ella.
Y ella hizo lo mismo, se quito el vestido y quedo solo en un camison..
El duque trago seco apreto los puños y se contuvo.
Cuando terminó ella se acosto y se cubrió, y él se recostó a su lado.
Ophelia se movió hacia él casi de inmediato.
Instintivamente.
Se acurrucó contra él.
Lo abrazó.
—Siempre estás abrigado… Me encanta eso…
El duque la rodeó con sus brazos.
Acomodándola contra su pecho.
Y por un momento…
Solo se quedaron así.
Cerca.
En silencio.
Ophelia alzó un poco el rostro.
Y lo besó.
Suave.
Tierno.
Muy distinto a los besos de antes.
Más tranquilo.
Más íntimo.
El duque respondió.
Pero en cuanto ese beso se profundizó un poco…
Su intención cambió.
Quiso avanzar.
Aproximarse más.
Acortar esa última distancia.
Pero..
Ella lo detuvo.
Como antes.
Con una sonrisa leve.
Con una mano suave apoyándose en su pecho.
—Voy a dormir.. Aún queda camino por viajar…
No había rechazo en sus palabras.
Solo… decisión.
El duque la miró unos segundos.
Y luego asintió.
Se contuvo.
Otra vez.
—Duerme.
Ophelia no necesitó más.
Se acomodó mejor contra él.
Y en cuestión de segundos…
Volvió a dormirse.
Tan rápido… que incluso lo sorprendió.
El duque quedó inmóvil.
Mirándola.
Escuchando su respiración tranquila.
Sintiendo su cuerpo cálido contra el suyo.
Y entonces…
Se dio cuenta.
No podía dormir.
No así.
No con ella tan cerca.
No con esa sensación aún presente.
No cuando su entrepierna palpitaba contra el cuerpo de ella..
Y no era solo deseo.
Era algo más incómodo.
Más constante.
Porque él… nunca había dormido bien.
Su poder.
Su mente.
Siempre en alerta.
Siempre despierto.
Pero ahora…
Era peor.
Porque antes era costumbre.
Ahora era frustración.
Porque por primera vez…
Había algo que quería.
Algo que podía tocar.
Y aun así…
No podía tener completamente.
El duque cerró los ojos un instante.
Exhaló lentamente.
Ajustó su brazo alrededor de ella, asegurándola contra su pecho.
Y permaneció ahí.
Despierto.
En silencio.
Mientras la noche avanzaba…
Y Ophelia dormía, ajena a todo…
En brazos de un hombre que, no encontraba descanso.
Cuando Ophelia despertó, la habitación estaba en calma.
La luz de la mañana entraba suavemente por la ventana, iluminando el espacio con un tono más cálido que la noche anterior.
Parpadeó un par de veces.
Se movió.
Y entonces notó…
El duque ya no estaba.
El lugar donde había dormido aún conservaba algo de su calor, pero él no estaba ahí.
Antes de que pudiera pensar demasiado en ello..
Un golpe suave en la puerta.
—Pase —dijo, incorporándose un poco.
La puerta se abrió con cuidado.
—Mi niña…
Nanny entró con una sonrisa aliviada, llevando consigo un conjunto de ropa nueva.
—Le traje algo adecuado para el frío.
Ophelia sonrió.
—Gracias, Nanny.
Se levantó y, con ayuda de ella, comenzó a prepararse.
El proceso fue tranquilo.
Familiar.
Cómodo.
Como si, por un momento, todo volviera a ser simple.
Cuando estuvieron listas, bajaron juntas al salón principal de la posada.
El aroma del desayuno llenaba el lugar.
Ophelia miró alrededor.
Buscándolo.
—¿Y el duque?
Uno de los hombres cercanos respondió..
—Ha salido, mi lady. Volverá pronto.
Ophelia asintió.
Pensativa.
Pero no decepcionada.
—Entonces aprovecharé de pasear un poco antes de irnos.
Nanny, por supuesto, no la dejó sola.
—Voy con usted.
El pueblo ya estaba despierto.
Más activo que la noche anterior.
Y esta vez, Ophelia caminaba con un objetivo.
Se detuvo frente a una tienda de telas.
Colores.
Texturas.
Materiales.
Sus ojos brillaron.
—Quiero comprar algo… —murmuró.
Nanny la miró curiosa.
—¿Para usted, mi niña?
Ophelia negó.
Y sonrió con dulzura.
—Para ti.
Nanny se quedó quieta.
Sorprendida.
—¿Para… mí?
—Sí —respondió Ophelia, ya entrando
—Una manta bonita. Para que te cubras del frío.. y la ropa comoda, todo lo que necesites..
La mujer no supo qué decir.
Solo la siguió.
Con los ojos ligeramente húmedos.
Mientras caminaban entre las telas, tocando, eligiendo, comentando…
Como dos personas que, por primera vez, podían disfrutar algo así sin preocupaciones inmediatas.
Una hora después..
El duque regresaba.
Su reunión con el duque Abney había terminado.
Su expresión era la de siempre.
Calma.
Control.
Pero apenas cruzó la entrada..
—¿Dónde está Ophelia?
La pregunta fue inmediata.
Uno de sus hombres respondió..
—Salió, mi señor. Con su doncella mayor.
El duque asintió.
Pero algo no encajó.
—¿Quién las acompaña?
Silencio.
Los hombres se miraron entre sí.
Y luego..
—Nadie, mi señor.
El aire cambió.
De inmediato.
La calma desapareció.
El duque no levantó la voz.
No hizo un gesto brusco.
Pero su expresión…
Se endureció.
Recordó.
La mirada de aquel soldado el día anterior.
Demasiado insistente.
Demasiado… interesada.
Y entonces..
Sus dedos se tensaron levemente.
Una bruma oscura comenzó a escapar entre ellos.
Lenta.
Densa.
Como si respirara.
Los hombres retrocedieron apenas.
El miedo fue inmediato.
Real.
Porque conocían ese poder.
Y sabían lo que significaba.
Pero el humo no atacó.
No explotó.
Se expandió…
Y luego se dispersó por el lugar.
Los ojos del duque permanecieron cerrados.
Buscando.
Sintiendo.
Intentando encontrarla.
Pero…
Nada.
No la encontró.
Y eso..
Lo enfureció más.
Sus ojos se abrieron.
Oscuros.
Peligrosos.
[Cuando tenga ella tenga mi esencia en su cuerpo.. no podrá ocultarse.]
Respiró una vez.
Lento.
Controlándose.
—Encuéntrenla.
Su voz fue baja.
Pero no dejaba espacio a errores.
—Y avísenme en cuanto la vean.
—Sí, mi señor.
Los hombres salieron de inmediato.
Mientras el duque permanecía ahí.
Inmóvil.
Con una sola idea en mente..
Ese pequeño conejo…
No debía estar fuera de su alcance.
Pobre Duque con sus hijos😂