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Entre Heridas Y Esperanzas

Entre Heridas Y Esperanzas

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Enfermizo / Completas
Popularitas:6.4k
Nilai: 5
nombre de autor: viviana ramoa

A ella una tragedia que la obligó a huir.
Al el una silla de ruedas lo condeno al olvido y al dolor para siempre.
cuando sus vidas se encuentren, cada herida amenaza con romperlos, pero será la esperanza quien siempre insistirá en salvarlos.

NovelToon tiene autorización de viviana ramoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Llamadas que vulevn a mover el piso

La semana pasó casi como en cámara lenta.

Todo iba bien: la rehabilitación con Lukas avanzaba, los ejercicios salían mejor, y Adela —aunque con el corazón todavía cansado— lograba estar presente sin quebrarse. Estefanía la miraba con esa calma de quien ya aprendió a sostener sin apretar, y Adela, por primera vez en mucho tiempo, dormía con menos peso en el pecho.

Lukas, por su parte, parecía más firme.

No amable del todo, no todavía… pero sí más estable. Como si, sin decirlo, también estuviera tratando de volver a habitar su vida en vez de solo sobrevivirla.

Y entonces llegó el día.

Un día cualquiera, de esos que no avisan nada, en el que Adela estaba acomodando unos papeles de Lukas cuando su teléfono vibró.

**“Marta”**.

Adela se quedó inmóvil.

Marta… su ex compañera. La que siempre le escribía por mensajes cuando Adela necesitaba distraerse o cuando el mundo se ponía demasiado pesado. Marta era de esas personas que no preguntaban demasiado, pero tampoco desaparecían.

Adela contestó.

—¿Hola? —dijo, con la voz firme… aunque por dentro no lo estuviera.

Del otro lado, Marta habló rápido, como si hubiera estado conteniendo el aire.

—Adela… necesito que me escuches. Aldo volvió.

Adela sintió cómo se le enfriaba la espalda.

—¿Qué…? ¿Cómo que volvió?

—Volvió para reclamar la casa. La que tu estabas cuidando. La que tu… —Marta tragó saliva—. La que tu tenías bajo tu nombre de hecho, por lo que sea.

Adela intentó respirar, pero le costó.

—Marta… ¿y por qué me llamás a mí ahora?

—Porque yo sabía que estabas cerca, y porque… porque no quiero que te agarre desprevenida.

Adela se quedó callada. No por falta de palabras. Por exceso.

Recordó el ruido de llaves, el olor a encierro, la sensación de que todo lo que construía alguien se lo podían arrancar de un día para el otro. Y, sobre todo, recordó que Aldo no regresaba para “arreglar”. Aldo regresaba para dominar.

—Adela… ¿seguís ahí?

—Sí —dijo por fin, lenta—. Sí, estoy.

Marta respiró aliviada, como si esa confirmación fuera una cuerda.

—Escuchame. Yo creo que lo mejor es que resolvamos esto ya. Pero primero necesito saber una cosa: ¿tu sigues teniendo la llave de la casa?

Adela cerró los ojos.

No quería pensar en esa llave. No quería pensar en esa puerta.

—No sé qué responderte… —admitió, y la voz se le quebró apenas—. Aldo… ¿qué pretende?

—Pretende que le entregues todo. Y si no lo haces, se va a meter con abogados, con papeles, con presión… como siempre.

Adela apretó el teléfono.

—Dame un momento.

Marta no la interrumpió.

Adela miró el techo, como si el aire pudiera darle una respuesta. Y luego, con una decisión que no era calma sino necesidad, dijo:

—Está bien. Marta… si Aldo está ahí, dale la llave

Del otro lado hubo silencio.

—¿Qué? —preguntó Marta, confundida.

Adela tragó saliva.

—Yo no puedo… no puedo dejar que esto se vuelva un problema más grande. Te agradezco que te hayas hecho cargo de la casa durante todo este tiempo, pero no quiero volver a retroceder por esto…

Marta soltó el aire, como si le hubieran caído encima años enteros.

—Adela… ¿estas segura?

— si estoy segura.

Marta se aclaró la garganta.

—Bueno… entonces te digo otra cosa. Tambien me pidio tu numero.

Adela se tensó.

—¿No, no se lo des, no quiero tener ningun contacto con el, dale la llave y alejate de el?

— Entiendo y esta bien, tambien te Quiero hablar de otra cosa. Estoy preocupada. Y… te voy a decir algo que quizá no te guste, pero es lo correcto.

Adela no respondió. Solo escuchó.

—Tu sabés que Aldo no se va a quedar tranquilo. Y si lo que quierés es dejarlo definitivamente atrás… —Marta bajó la voz—. **vuelvé a Paraguay. Aunque sea por unos días.**

Adela sintió el golpe completo.

—¿Volver? Marta, yo… no sé si puedo. No sé si quiero.

—No es por “querer”. Es por cerrar la puerta —dijo Marta con firmeza—. Para arreglar lo del divorcio, para sacarlo por completo de tu vida. Sin vueltas. Sin miedo.

Adela apretó los labios.

—¿Y si no sale? ¿Y si me vuelve a buscar?

—Entonces lo enfrentás con papeles, con testigos, con orden. No con recuerdos. No con culpa. Con hechos.

Adela se quedó callada otra vez.

Marta no presionó. Solo la acompañó.

—Adela… yo sé que estás lejos. Pero no estás sola.

Adela respiró hondo.

—Gracias… —dijo, aunque le costó que la voz saliera entera—. Gracias por avisarme.

—Piensalo, por favor. Vuelvé. Aunque sea un viaje corto.

Adela colgó.

Y cuando la pantalla se apagó, el silencio se le metió en el cuerpo como una corriente helada.

Al día siguiente, Adela fue a la rehabilitación.

Acompañó a Lukas con normalidad. Le preparó el espacio, le indicó los ejercicios, lo ayudó con paciencia. Sonreía lo justo. Hablaba lo necesario.

Pero por dentro estaba ausente.

No se trataba de falta de cariño. Se trataba de que el miedo y la rabia le habían vuelto a encender una alarma antigua. Y aunque Adela caminaba, su mente seguía en esa llamada: la casa, la llave, Aldo… y la idea de Paraguay.

Cuando por fin terminaron la rehabilitación, volvieron a casa.

Adela ayudó a Lukas a acomodarse, a descansar un poco, a recuperar fuerzas. Lukas se movía con más seguridad, pero todavía necesitaba ayuda en detalles: el baño, el cambio de postura, el cuidado con el equilibrio.

Adela lo acompañó al baño.

El vapor del agua llenaba el ambiente. Había una calma rara, íntima, casi doméstica… y sin embargo, Adela seguía con la cabeza en otra parte.

Lukas se acomodó en el borde de la bañera con cuidado. Adela, como siempre, estaba ahí: firme, atenta, con manos seguras… pero con la mirada un poquito lejos.

—Adela —dijo él, casi como si probara el aire—. ¿Qué te pasa?

Adela parpadeó, volviendo al presente.

—¿Qué…? —intentó sonar normal.

Lukas suspiró, y su voz salió más directa, menos paciente.

—No me mientas. Hoy estabas… ausente. Y yo lo noto.

Adela tragó saliva. El vapor le empañaba los lentes, pero no le empañaba la verdad.

—Me llamó una amiga —admitió al fin—. Marta.

Lukas se quedó quieto un segundo. No por sorpresa solamente: por reconocimiento de que ese nombre tenía historia.

—¿Marta? —repitió.

—Sí —confirmó Adela—. Marta, mi ex compañera. La que siempre me escribe por mensaje cuando todo se me hace pesado.

Lukas no dijo nada. Esperó.

Adela siguió, más despacio, como si cada palabra tuviera peso.

—Me dijo que Aldo volvió.

El silencio se hizo más denso. Lukas apretó apenas la mandíbula mientras se acomodaba para que Adela pudiera ayudarlo con el agua.

—¿Volvió a hacer qué? —preguntó, y esta vez su tono tenía filo.

Adela bajó la vista.

—A reclamar la casa. A reclamar lo que yo estaba cuidando. Y… también me dijo que pidió mi número para hablar conmigo de otra cosa.

Lukas la miró por fin, directo.

—¿Otra cosa?

Adela respiró hondo.

—Que vuelva a Paraguay. Aunque sea por unos días. Para solucionar el divorcio… y sacarlo definitivamente de mi vida.

Lukas se quedó mirándola. Su expresión no era solo enojo: era algo más complejo, como si la idea de Aldo tocando a Adela le hubiera encendido un instinto que no sabía dónde guardar.

Adela sintió que se le humedecían los ojos, pero no lloró. No todavía.

—Eso es lo que me pasa —dijo, casi en un susurro—. Que no sé qué hacer… y me da miedo que vuelva a meterse.

Lukas se movió un poco, con cuidado, y entonces habló.

—¿Y tu quierés volver?

Adela se quedó en blanco un instante.

—No sé… —admitió—. Quiero que termine. Pero volver… es volver a abrir heridas.

Lukas la observó como si estuviera midiendo cada palabra.

—Entonces no vuelvas sola —dijo al fin—. Si te vas a mover por esto, lo vas a hacer con control. Con papeles. Con alguien que te cubra.

Adela tragó saliva, sorprendida por la firmeza.

—¿Tu… estás diciendo que me acompañarías?

Lukas desvió la mirada, como si no quisiera que se le note lo que siente.

—Estoy diciendo que no te conviene quedarte paralizada por culpa o miedo. Y que si Aldo volvió, no va a ganar ventaja.

Adela soltó aire, y por primera vez en todo el día sintió que el miedo no estaba ganando.

—Gracias —murmuró.

Lukas se incorporó un poco más, y su voz volvió a ser más áspera, como para tapar la ternura.

—No te acostumbres. Yo no soy tu “ángel”. Solo… —se detuvo— solo no me gusta verte así.

Adela sonrió apenas, con esa mezcla rara de gratitud y emoción que asusta.

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Sandra Maritza Mesa
bonita novela me gustó gracias 👏👏🙏 una pareja que se ayudaron mutuamente a salir de dolor y encontrar la felicidad
mariela
Hermosa novela donde una persona que no creía que alguien lo amara en el caso de Lukas un hombre destinado a estar en silla de ruedas y llega Adela con un dolor muy grande la perdida de su hijo Jorge de una manera cruel donde dos almas destinadas estar juntos curando sus heridas se enamoran y los bendicen con hijo me encanto gracias, gracias, gracias por compartir tu talento con nosotras que Dios te bendiga un saludo muy cordial desde 🇻🇪😊🤗😘🙏🏻🌼
viviana ramoa: Gracias a vos por ser parte🥰
total 1 replies
SORAYA AGUILERA RONDON
y el siempre soñó ser padre
SORAYA AGUILERA RONDON
hojala logre caminar aunque sea con un bastón y queden juntos acompañandose ese dolor que solo se aprende a soportar con el tiempo y la ayuda de dios
Sandra Maritza Mesa
es enserio no va a decir nada acaso no está arrepentido no siente dolor que mataron a su hijo por su culpa
Sandra Maritza Mesa
que capítulo tan angustiante 😭 terrible.un niño que tiene la culpa
Sandra Maritza Mesa
pero por qué un niño que no se puede defender ni culpa tiene de tener un padre desgraciado, cobardes
mariela
Dios los esta premiando con Mateo la perdida de Jorge a Adela y a Luka el no volver a caminar y juntos están haciendo su hogar en familia ahora que llegue Leyla sera la abuela que consentirá a Mateo.
Muy lindo el capitulo
mariela
Que hermoso capitulo donde Adela ya llega a Paraguay y se encuentra con su amiga Marta después de ese recibimiento van al cementerio donde
Jorge está el quiebre de Adela es inminente pero luego de descargar ese dolor viene la paz de decirle que tendrá un hermano y Luka que no lo conoció se conmovió de ver Adela asi.
Me gusto mucho este capitulo Autora con sentimientos encontrados.
mariela
Pobre Luka el no quería que su mama lo viera en ese estado y no hacerla sufrir y fue peor el remedio que la enfermedad porque esa señora Leyla es dura con su hijo no entiende y no comprende la situación.
Y Adela en el medio sin saber que hacer y poder ayudar a Luka.
Juliana Badaracco
Hermoso capitulo ☺️
mariela
Por fin Lunas decidiste ir a Brasil a contarle la verdad de tu salud a tu madre veremos como reacciona al ver Adela y saber que va a tener un nieto.
mariela
Adela y Lukas ya se atrevieron a dar el paso para hacer el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y funcionó perfectamente y ahora con Luci posesionada de la cama y la casa huele a hogar por fin Adela se olvido por un momento de todo.
mariela
Ya Adela esta empezando a dejar que el dolor por la perdida de Jorge se transforme en amor que no lo olvidara nunca pero ella tiene que aprender a vivir y ser feliz con ese amor que le ofrece Lukas.
mariela
Porque le tiene tanto miedo a Aldo que venda su casa y se divorcie de esa escoria Lukas tiene dinero y puede contratar a un buen abogado que saque a ese lastre de encima.
mariela
Muy bonias palabras y consejos de Estafania a su hermana Adela se esta auto castigando porque si siente alegría, si ríe, si ama estará faltando a la memoria de su hijo Jorge y se es dolorosa la muerte de un hijo pero la vida continua y por eso no es faltarle a su memoria honralo recuerdalo con amor infinito fue tu hijo por 9 años siempre lo vas adorar.
Te mereces una oportunidad de ser feliz al lado de Lukas no lo pienses y deja te querer y quiere tu también.
mariela
Adela hablar de tu pasado y la muerte de tu hijo que es doloroso por las circunstancias en que sucedio esa tragedia te hace bien desahogar ese pesar que llevas y así Lukas sabrá de tu tristeza.
mariela
Que gustos tenía Estefi que nadie la quería y la juzgaba porque si era lesbiana porque criticar cada quien tiene sus gustos y quien la comprendió fue Hans y no la juzgo.
Lukas lo que hace el amor saliste de tu casa a respirar el mismo aire que Adela.
mariela
Ya comenzo sutilmente el cariño entre Adelante y Lukas que puede llegar al amor verdadero que tanto necesitan los dos.
mariela
Lukas llego la horma de tu zapato la que te hará fortalecer ese cuerpo y puedas volver a caminar así sea con un bastón pero de pie.
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