Itzcelina Bocanegra dejo todo por el amor de Luca Harrison.
Adrian Stuart ama a su esposa.
una noche unidos por la traición se encuentran.
¿Que pasará entre ellos dos?
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Capitulo 24
La música se fue apagando mientras se metía en el pasillo. El ruido de los tacones de Laura lo llevó hasta una puerta entreabierta. Miró con cuidado y ahí estaban: Lucas y Laura, ¡besándose como si no hubiera un mañana! Cero miedo a que los descubrieran.
Adrián se apoyó en la puerta, sin decir nada. Los observó unos segundos, y le apareció una sonrisa maliciosa. Esa imagen valía más que mil palabras. Ahora tenía las pruebas de la traición.
Se dio media vuelta y volvió al salón, con las ideas más claras.
Al entrar, la música lo envolvió de nuevo. Se metió entre la gente y llegó hasta donde Itzcelina charlaba con unas amigas de su madre. Ella se reía, pero se notaba que estaba nerviosa y orgullosa a la vez.
Adrián pasó a su lado sin parar y, en voz baja, le dijo:
—Estás preciosa esta noche.
Itzcelina se quedó sin aire. Lo miró de reojo y, aunque trató de mantener la calma, no pudo evitar sonreír. Una sonrisa discreta, pero que lo decía todo.
Siguió charlando, como si nada, mientras Adrián se alejaba. Pero la frase se le quedó grabada a fuego, como un secreto entre los dos.
En ese momento, escuchó una voz conocida:
—¿¡Itzcelina!?
Era su hermana Celene, con un vestido verde radiante. Se le estrujó el corazón. Hacía tanto que no se veían… Se abrazaron fuerte, como si el tiempo no hubiera pasado.
—¡Te extrañé tanto! —dijo Celene, con los ojos llenos de lágrimas.
—Y yo a ti —respondió Itzcelina, abrazándola con cariño.
Se quedaron abrazadas un rato, sin importarles las miradas de la gente.
Celene la miró con cariño y un poquito de reproche.
—Nuestros papás te echan de menos, ¿sabes? Siempre preguntan por ti.
Itzcelina bajó la mirada, con un nudo en la garganta.
—Lo sé. Iré a verlos. Te lo prometo.
Celene le tocó la cara, contenta de verla tan guapa con ese vestido.
—Se van a poner muy contentos. Y yo también… te necesito cerca.
Itzcelina asintió, apretando sus manos.
—Te voy a visitar pronto, hermanita.
Se dio cuenta de que esa noche no solo estaba recuperando su dignidad, sino también pedazos de su vida que había dejado atrás, de su familia, de su historia.
Adrián, desde lejos, observaba la escena. Sin escuchar lo que decían, veía en los ojos de Itzcelina una luz especial, una fuerza que lo hacía admirarla aún más.
Luca y Laura entraron al salón como si nada, con sonrisas falsas y saludando a la gente, pero cualquiera con dos dedos de frente notaba la interacción entre ellos. Adrián, desde su sitio, no los perdía de vista, con una frialdad que escondía lo furioso que estaba.
Itzcelina, sin ser vista por Luca, pero atenta a lo que pasaba a su alrededor, siendo discreta, se reía con su hermana Celene recordando cosas de antes. Su buena vibra se sentía en todo el lugar, y muchos no podían evitar mirarla. Adrián, a lo lejos, se sentía orgulloso de haberla invitado, aunque no fueran pareja oficial.
Marcos se acercó a Adrián y le dijo al oído:
—Esto se va a poner bueno. —Señaló a Luca, que no dejaba de coquetear con Laura, hasta en público.
—Que sigan regándola —contestó Adrián, tomando vino y sin quitarles la vista de encima.
Laura se veía nerviosa, intentando disimular, pero su respiración agitada y cómo buscaba a Luca a cada rato la delataban. Luca, por su parte, actuaba como si nada, saludando y riendo a todo pulmón, pero cuando cruzaba miradas con Laura, bajaba la voz y se acercaba a ella discretamente.
Jonás se acercó a Adrián y comentó con sarcasmo:
—Si la noche sigue así, no vamos a tener que hacer nada. Se están hundiendo solos.
Adrián sonrió fríamente, pero sus ojos se suavizaron al ver a Itzcelina, charlando con la gente que conocía a sus padres. Ella lo miró y, sin decir nada, le sostuvo la mirada un segundo antes de voltearse con una sonrisa. Ese gesto le bastó a Adrián para recordar por qué estaba dispuesto a desenmascarar a esos traidores.
La música subió de volumen, avisando que en unos minutos empezarían los discursos y el brindis. Adrián sabía que sería el momento clave: todos estarían mirando al escenario, y cualquier movimiento sospechoso de Luca y Laura quedaría al descubierto.
—Prepárate —dijo en voz baja, con una seguridad que daba miedo —, porque esta noche todos van a quedar en evidencia. —dijo Marcos mirando a Laura venir hacia ellos.
—Mi amor, me duele la cabeza, quiero irme a casa. Si quieres, quédate, tienes que atender a muchos socios —le dice Laura a Adrián.
—Okey, me quedo un ratito, pero no quiero que te vayas sola. Mejor espérame en el auto, prometo no tardar —dice Adrián, aunque ya se imaginaba los planes de Laura.
—No te preocupes, mejor pido un taxi y te espero en la casa, estoy cansada —responde ella con una sonrisa.
Adrián dice que sí y la ve irse. Unos minutos después, Luca se va del salón, mientras Adrián y Jonas lo siguen.
Llegan a un hotel, esperan a que entren y Adrián le pide algo a la recepcionista, quien, al saber quién es, le da una llave de la habitación.
Adrián entró despacio, sin hacer ruido, cerrando la puerta casi sin que se oyera. Sus ojos brillaban fríos y calculadores, al ver la escena. Laura y Luca, abrazados en la cama, sin idea de lo que les esperaba.
Dio unos pasos lentos, saboreando el momento, como un depredador antes de atacar. Se cruzó de brazos y esperó hasta que sus pisadas en la alfombra hicieron que Laura se diera cuenta.
—¿Adrián? —preguntó ella, dando un brinco, con la cara desencajada y respirando agitada.
Luca, todavía confundido, intentó taparse, pero Adrián lo detuvo.
—No te molestes. Ya no tiene caso —dijo con una sonrisa amarga—. Ya vi suficiente.
Laura se puso pálida.
—Te lo puedo explicar... —tartamudeó, pero Adrián la interrumpió.
—¿Explicarme? —soltó una risita venenosa—. ¿Qué me vas a explicar, Laura? ¿Que estabas cansada en la fiesta y por eso corriste a los brazos de esté?
Luca se sentó en la orilla de la cama, intentando mantener la calma.
—Señor, no haga un escándalo. No es lo que parece.
—¿No es lo que parece? —Adrián se acercó a él, mirándolo fijo—. Todavía huele a traición y me dicen eso.
Laura tragó saliva, desesperada.
—Por favor, Adrián, escúchame. Yo...
—Ya no hay nada que oír —la interrumpió él, con una frialdad que congeló el ambiente—. Solo hay una verdad: me traicionaste.
El silencio se hizo pesado. Laura intentaba taparse con las sábanas, temblando. Luca buscaba qué decir, pero se quedó sin palabras al ver la mirada oscura de Adrián.
—Van a pagar —dijo Adrián, tan bajo que sonó como una sentencia.
Y caminó hacia la ventana, donde las cortinas dejaban ver las luces de la ciudad.
—¿Saben qué es lo más irónico? —siguió, volteando a verlos—. Que ya lo sabía. Solo quería confirmar lo que ya imaginaba.
Laura se echó a llorar. Luca apretó la mandíbula, intentando mostrarse fuerte, pero el sudor frío lo delataba.
—Esto no se va a quedar así —advirtió Adrián, caminando hacia la puerta—. Disfruten su última noche tranquilos, porque mañana todo cambia.
Salió de la habitación con la misma calma con la que entró, dejando un silencio lleno de miedo.
Laura, enredada en la sábana, quiso correr tras de Adrián, pero el portazo la hizo saltar. Lucas la miraba sin decir nada, con cara de miedo o inseguridad.
—¿Y ahora qué vamos a hacer? —preguntó Laura. Luca no respondía—. ¡Luca, contéstame!
—No sé, no sé —contestó, tirándose en la cama y agarrándose la cabeza con las manos.
—No, no puedo perder a Adrián, tengo que convencerlo de que fue un error.
—Sí, tienes razón, ve con él, suplícale si hace falta —le dijo Luca con sarcasmo.
Afuera del hotel, Adrián subió a su coche. Jonás lo esperaba. Arrancó y vio el silencio de su amigo y jefe, no dijo nada, sabía que no era el momento, aunque todo esto estuviera planeado para desenmascarar a esos dos. Solo manejó.
Adrián sacó su teléfono, envió un mensaje y llamó a Itzcelina.
—Ya está hecho, pronto lo recibirás, recuerda que no estamos solos.
Se despidió con un nos vemos pronto y guardó su celular.