Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPITULO #6 - SOMBRAS Y MENSAJES
La habitación estaba en penumbra.
Las cortinas de seda apenas dejaban pasar la luz de la ciudad, que brillaba a lo lejos como un mar de pequeños diamantes. El aire estaba cargado con el aroma de perfume caro y vino tinto.
Isabella Luján estaba sentada en el borde de la cama.
Su vestido negro descansaba descuidadamente sobre el suelo.
Sus dedos jugaban con el borde de la sábana mientras observaba al hombre que caminaba por la habitación.
—Deberías irte —dijo ella finalmente.
Su voz era suave, pero no distante.
El hombre soltó una pequeña risa.
—Eso no fue lo que dijiste hace unos minutos.
Isabella levantó una ceja.
—No seas infantil.
El hombre se acercó otra vez.
Era alto, atractivo, con esa clase de confianza peligrosa que siempre parecía atraer problemas. Sus manos se deslizaron suavemente por la cintura de Isabella, acercándola un poco más.
Ella no se apartó.
Durante unos segundos no dijeron nada.
Solo el silencio de la habitación… y el peso de lo que acababa de ocurrir entre ellos.
—Tu abuela no estaría muy feliz si supiera dónde estás esta noche —murmuró él.
Isabella sonrió con cierta ironía.
—Mi abuela no tiene por qué saber nada.
—¿Ni siquiera sobre mí?
Ella lo miró fijamente.
—Especialmente sobre ti.
El hombre soltó otra risa baja.
—Eres peligrosa, Isabella.
—No.
Ella se levantó lentamente de la cama y recogió su vestido del suelo.
—Solo soy realista.
Mientras se lo colocaba nuevamente, el hombre la observaba con una mezcla de fascinación y diversión.
—¿Y qué pasa con Adrián Valcari?
El nombre quedó flotando en el aire.
Isabella se quedó quieta por un momento.
Luego terminó de acomodarse el vestido con calma.
—Adrián es… conveniente.
El hombre apoyó un hombro contra la pared.
—¿Conveniente?
Isabella caminó hacia el espejo y acomodó su cabello castaño con elegancia.
—Poderoso, Respetado y Rico.
Su sonrisa apareció en el reflejo.
—Mi abuela cree que es perfecto para mí.
El hombre ladeó la cabeza.
—¿Y tú?
Isabella lo miró a través del espejo.
—Yo creo que las personas poderosas siempre creen que están controlando el juego.
Sus labios se curvaron con un pequeño gesto arrogante.
—Pero a veces… no tienen idea de lo que realmente está pasando.
El hombre la observó con una expresión que mezclaba deseo y curiosidad.
—Algún día vas a meterte en problemas muy grandes.
Isabella tomó su bolso de la mesa.
—Tal vez.
Caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se giró ligeramente.
—Pero no hoy.
Y se marchó.
Dejando detrás de ella una habitación llena de secretos. Y un hombre que no parecía demasiado preocupado por el futuro.
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Meses después…
El restaurante estaba lleno otra vez.
El sonido de los platos, las conversaciones y el olor a comida caliente llenaban el aire como cualquier otra noche. Pero para Valeria, todo se sentía más pesado.
Habían pasado cuatro meses desde aquella noche en la mansión de los De Alvarenne.
Cuatro meses desde la fiesta.
Cuatro meses desde que vio a Isabella.
Y desde entonces… nada había mejorado.
—Valeria, mesa siete —gritó don Ernesto desde la cocina.
—¡Ya voy!
Tomé la bandeja con dos vasos de limonada y caminé entre las mesas. Mis pies dolían. Mis manos estaban un poco más ásperas que antes. Y cada día parecía más largo que el anterior.
La enfermedad de mamá había empeorado. Las medicinas costaban más. El alquiler seguía acumulándose.
Y aun así… seguíamos intentando sobrevivir.
Dejé las bebidas sobre la mesa.
—Aquí tienen.
Cuando me giré para regresar al mostrador, vi algo que me hizo detenerme. Un hombre estaba parado cerca de la entrada. No parecía un cliente.
Su traje oscuro era demasiado elegante para ese lugar. Y su postura era demasiado formal. Sus ojos recorrieron el restaurante hasta detenerse en mí. Sentí un pequeño nudo en el estómago. El hombre caminó directamente hacia el mostrador.
—Disculpe —dijo con voz tranquila—. ¿Valeria Rivas?
Mi corazón dio un pequeño salto.
—Sí…
El hombre sacó un pequeño sobre de su bolsillo.
—Tengo un mensaje para usted.
Fruncí ligeramente el ceño.
—¿De quién?
El hombre dudó apenas un segundo.
—De Doña Aurelia Vespera de Alvarenne.
El restaurante pareció volverse más silencioso de repente. Tomé el sobre lentamente. Mis dedos temblaban un poco.
—¿Mi abuela?
El hombre asintió.
—Me pidió que le entregara esto personalmente.
Abrí el sobre con cuidado. Dentro había una sola tarjeta. El papel era grueso, elegante. Las letras estaban escritas con una caligrafía precisa.
Leí las palabras una vez. Luego otra.
Mi estómago se apretó.
—¿Qué dice? —preguntó don Ernesto desde la cocina con curiosidad.
No respondí.
Porque las palabras seguían resonando en mi cabeza.
"Debes venir a la mansión inmediatamente."
"Es urgente."
"No llegues tarde."
No había firma. No era necesario.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
Durante cuatro meses… nadie de esa familia había vuelto a mencionar mi nombre.
Ni una carta. Ni una visita. Ni una palabra. Hasta ahora. Levanté la mirada hacia el mensajero.
—¿Dijo… por qué?
El hombre negó con calma.
—Solo me pidió que le dijera que es un asunto de suma importancia.
Guardé la tarjeta lentamente.
Mi corazón latía más rápido.
Algo no estaba bien.
Podía sentirlo.
Porque cuando una mujer como Aurelia Vespera de Alvarenne decide llamarte después de meses de silencio… nunca es por algo bueno.
Y por alguna razón… tuve la sensación de que mi vida estaba a punto de cambiar otra vez. Pero esta vez… no sabía si estaba preparada para lo que venía.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰