Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Un negocio sospechoso.
En otro lugar de la ciudad, Santiago comenzó a despertarse lentamente.
La habitación del hotel estaba silenciosa.
Estiró el brazo de forma instintiva hacia el otro lado del colchón.
Pero estaba vacío.
Santiago abrió los ojos y miró a su alrededor.
—¿Eh?
Se sentó en la cama y observó la habitación.
La chica con la que había pasado la noche… ya no estaba.
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Pequeña traviesa… —murmuró.
Se levantó de la cama y caminó hasta la ventana.
—Te fuiste sin despedirte de mí.
Recordó algunos momentos de la noche anterior y soltó una pequeña risa.
—Definitivamente no eres una mujer aburrida.
Se pasó la mano por el cabello, aún pensando en ella.
—Sonia…
El nombre quedó grabado en su mente.
No sabía mucho sobre ella, pero algo en su personalidad le había llamado la atención.
—Tal vez volvamos a encontrarnos.
Sacudió la cabeza.
—O tal vez no.
Santiago no era un hombre que se aferrara a encuentros de una sola noche.
Pero aun así, la forma en que Sonia había desaparecido sin decir nada le parecía curiosa.
—Misteriosa… —pensó.
Luego miró el reloj.
—Bien, hora de volver al mundo real.
Se dirigió al baño, se duchó rápidamente y se cambió con ropa elegante.
Un traje oscuro, perfectamente planchado.
Mientras terminaba de ajustarse la corbata, su teléfono comenzó a sonar.
Santiago miró la pantalla.
Era su asistente.
Contestó.
—Buenos días.
—Buenos días, señor Ibáñez —respondió la voz femenina del otro lado de la línea—. Le recuerdo que hoy tiene una reunión con la empresa Vega LTDA.
Santiago caminó hacia la mesa donde había dejado su computadora portátil.
—Sí, lo recuerdo.
Abrió la laptop.
—¿A qué hora?
—A las once de la mañana.
Santiago revisó algunos documentos.
—Escuche… —dijo su asistente. Anoche investigué un poco más sobre esa empresa.
Santiago levantó una ceja.
—¿Y?
—Hay algo extraño en sus finanzas.
Santiago dejó de mover el mouse.
—Explíquese.
—Sus reportes muestran varias inconsistencias —continuó la asistente—. Parece que hay desfalco de dinero.
El silencio llenó la habitación por unos segundos.
Santiago se sentó en la silla.
—¿Está segura?
—Todo indica que sí.
Santiago comenzó a revisar algunos datos en la computadora.
—Interesante…
La empresa Vega LTDA era conocida por dedicarse a la exportación de autos.
Querían hacer una alianza tecnológica.
La empresa de Santiago desarrollaba software inteligente para vehículos de gama alta.
Sistemas de navegación avanzada.
Control inteligente del motor.
Automatización de seguridad.
Era tecnología muy cotizada en el mercado.
—Si Vega está en problemas financieros… —murmuró.
Santiago revisó algunos gráficos.
—Entonces esto no es una oportunidad.
La asistente continuó hablando.
—Según los datos que encontré, la empresa podría estar muy cerca de la quiebra.
Santiago cerró la laptop.
—Entonces la decisión es simple.
—¿Desea continuar con la reunión?
Santiago negó con la cabeza, aunque su asistente no podía verlo.
—No.
—Cancela la reunión.
—Entendido, señor.
Santiago se levantó y caminó hacia la ventana nuevamente.
—No quiero colaborar con un cascarón de empresa.
—Lo haré saber inmediatamente —dijo la asistente.
—Gracias.
Colgó la llamada.
Durante unos segundos se quedó observando la ciudad desde lo alto del hotel.
El tráfico comenzaba a llenarse.
La gente caminaba con prisa por las calles.
El mundo de los negocios no se detenía.Todo era un sistema como un círculo repetido y nunca acaba estan los de abajo, los del medio y en lo alto personas inteligentes como yo cada persona decide estar donde quiere estar.
—Una empresa con desfalco de dinero… —pensó.
Eso significaba problemas legales tarde o temprano.
Santiago tenía una regla muy clara en su vida profesional.
Nunca asociarse con empresas corruptas.
—Demasiados riesgos.
Volvió a sentarse y abrió nuevamente la computadora.
Comenzó a revisar otros proyectos pendientes.
Su empresa estaba creciendo rápido.
Cada vez más compañías querían integrar su software en vehículos modernos.
Pero aun así, su mente volvió a desviarse por un momento.
Sonia.
Recordó su sonrisa.
Su forma directa de hablar.
—Interesante mujer.
Se preguntó si la volvería a ver.
Pero negó con la cabeza.
—La ciudad es demasiado grande.
Probablemente había sido solo un encuentro casual.
Nada más.
—La ciudad es demasiado grande.
Probablemente había sido solo un encuentro casual.
Nada más.
Si te vuelvo a ver, pequeña traviesa, te voy a castigar...
Estaba tranquilo porque se cuidó; aún no quiere tener hijos regados por ahí.
Quiero formar una familia con una mujer que lo haga sentir amor de verdad.