Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo XXIV
Se levantó, con los ojos llenos de ojeras, pero como si nada hubiera pasado y esas ojeras Ya estuvieron ahí. Se quedó otro Momento más. Pensando en lo que debería hacer para convencer a su amada de que había valido la pena tanto tiempo de espera y que se amarían mucho más de lo que podrían creer.
Salió, sus futuros suegros estaban afuera esperando, al verlo se espantaron, les parecía la cara de alguien que estaba por volverse loco. No dijeron nada. Pero al ver su reacción fue lo que intuyo. Se fueron a desayunar. Del bufete que ofrecía el restaurante del hotel. Siempre algo nuevo que comer y disfrutar. Después de haber ingerido un poco de alimento el padre de Cindy, decidió hablar.
—Oye, ¿por qué estás Así?
—¿Así? ¿Así cómo?
—pues, ojeroso. Parece que no duermes bien y el día de hoy se marcan más, además de que te estás moviendo un poco y entre sierras los ojos.
—no es cierto. Yo dormí un poco.
—pero no parece que fuera así. Pareciera que estuviste despierto toda la noche.
—no... solo que no dormí muy bien que digamos.
—claro, no puedes engañar a este viejo niño.
—¿Eh?
Algogo te estuvo preocupando?
—¿Por qué pregunta eso?
—pues, en tu mirada se nota que algo te está preocupando. Y creo que fue el causante de que no hayas dormido bien.
—no, no es eso.
—Hijo, —hablo la mamá de Cindy. —no trates de ocultar lo que es evidente, algo te preocupa de verdad. Mi esposo puede ser algo distraído para unas cosas. —dirigiendo su mirada hacia su esposo con molestia. —Pero en estos casos, es cuando más él se da cuenta. Un hombre como él que atravesó varios problemas, sabe cuando alguien tiene un problema. Y tú lo tienes y lo tratas de ocultar.
—no, en verdad yo...
—no lo hagas más difícil para ti.
—aaaah, está bien, tuve un extraño sueño anoche y la verdad, ya no pude dormir después de eso. Tenía miedo de volver a soñar lo mismo. Y estuve bebiendo café toda la noche.
—¿toda la noche? —pregunto la mamá de Cindy.
—sí. Fue un sueño muy espantoso. Que no quiero ni recordarlo. Pero o ser capaz de volver a tener el mismo sueño.
—ya veo, si que es complicado. —dijo el papá.
—¿no le vas a preguntar cuál fue el sueño? —dijo la mamá.
—cariño, no ves que no quiere ni recordarlo. ¿Por qué quieres que le pregunte algo que no quiere ni recordar?
—porque si queremos ayudarlo, y comprender mejor por qué tuvo ese horrible sueño. Necesitamos saber. Sobre qué trataba.
—Mujer, no es necesario, pero. Hay que ayudarlo a olvidar lo que soñó, no hacer que lo siga recordando.
—Uh, ¿no sé por qué los hombres son así? Una los quiere ayudar y ustedes no quieren.
—no es que no queramos amor, es que, ante cualquier problema, el salir adelante y resolverlo es algo que se ha vuelto parte de nuestra vida, no es algo que nosotros busquemos o queramos tener. Si no que así sea es como hemos sido hechos. Que aun con las dificultades encima. Sigamos cómo si nada ha pasado.
—aaaah, bien, solo procura que nada más te afecte. Porque no es bueno para ti. Y deberías de disminuir tu trabajo. Ya que si no lo haces. Como vas a cuidar a Cindy y a mis nietos.
—Mamá... —dijo max.
—estoy hablando en serio. Es necesario que regules las horas de trabajo, para que tu esposa y tus hijos se sientan queridos. Que sepan que su papá estará presente la mayor parte del tiempo. Sé que es inevitable estar en todo momento. Pero por lo menos en la mayoría.
—lo Sé, sé que si quiero ser un buen esposo y padre, tengo dar lo mejor de mí. No solo en el trabajo. Si no con ellos también.
—qué bueno que lo entiendas hijo. —Dijo la mamá de Cindy
—te deseo lo mejor hijo, espero que todo te salga bien con mi hija. —dijo el papá de Cindy.
—gracias.
—aunque primero hay que encontrarla y si es tal como dice mi esposa, que la vio por estos lugares. Puede que muy pronto la volvamos a ver.
—¿y eso que me crees? —dijo la mamá con molestia.
—lo pensé bien y tienes razón, fuimos unos torpes por no darnos cuenta, ¿verdad Max?
—es cierto, yo también lo estuve pensando y tiene razón. Aunque no sabría si reconocerla. Pero si usted dice que la vio. Es porque es verdad. Lo siento mucho.
—aaah, está bien, acepto sus disculpas. Pero como acabas de decir tú. —sé dirigió a su esposo. —ella debe andar por ahí. Pero encontrarla, no serán tan fácil como esa vez, la verdad tuvimos mucha suerte. Pero aun así. no se si llegaremos a contar con esa suerte nuevamente. Pero primero que nada, duerme un poco. Que en verdad lo necesitas, toma algo para relajar la mente y puedas dormir bien.
—no creo que sea necesario.
—toma manzanilla, y un té de valeriana para los nervios.
—pero...
—sin peros, no quiero que te desmayes o te quedes dormido de repente en el camino. ¿Entiendes?
—sí...
—muy bien, saldremos en la tarde a buscarla y espero que la encontremos o nos tendremos que dividir. En caso de hacer eso. Quien la encuentre primero, le avisa a los otros por este aparato. —dijo el papá con su celular en la mano derecha.
—sí. —respondieron todos.
Mientras terminaban el desayuno y regresaban a su habitación y le llegaba unas cajitas de té a la habitación de Max. Y este las abría preparaba y se las bebió, se acostó y en unos minutos se quedó dormido. Mientras él dormía. Su amada despertaba de su sueño y sin entender por qué dormía en el regazo de su amiga y mucho menos. Recordar bien. Lo que había pasado antes de ese momento
—Oye, ¿qué pasó antes de terminar dormida en tus piernas?
—es el regazo, ah, nada importante. Solo terminaste dormida en el suelo y ya.
—¿en serio?
—sí. Fue algo extraño, por eso puse tu cabeza en mi regazo. Estabas bastante cómoda. Que estabas sonriendo.
—¿Eh?
—te veías tan linda, que me daban ganas de besarte.
—¿Eh?
—¿Eh? ¡Ah! No, lo que yo quise decir es... Qué tenía ganas de abrazarte, sentía unas ganas de abrazarte, pero me contuve. Je, je, je.
—bueno...no veo problema con eso. Si quieres abrazarme, hazlo.
—¿en serio?
—sí. Es un abrazo, ¿no es que vayas a abrazarme y tocarme el trasero?
—tienes razón. ¡Rayos! Y yo que pensaba hacerlo pasar por un simple resbalón de mano. —hablando en su mente. —bueno, déjame darte un abrazo. —la abrazo. Ah... Que reconfortante.
—sí... —Cindy también la abraza. —es muy bonito... —empieza a llorar sobre el hombro de Victoria.
—mucho en verdad. —le soba la cabeza, mientras el llanto se hacía un poco más intenso.