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Lo Difícil De Amarte

Lo Difícil De Amarte

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Escuela
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: neversaynever

Uno, al enamorarse, cree que será fácil y será correspondido con el tiempo, pero nadie te dice que puede ser la persona más cruel de quien quieres que te enamores, o la equivocada. ❤️‍

Y así es como casi le pasó a Alison, quien sin darse cuenta...

Prohibido el plagio. ✅

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Cambios y nuevos lugares.

Meses después.

El tiempo fue pasando lento pero seguro, y desde aquel día no volví a dirigirle la palabra a Valentina. No podía olvidar lo que había dicho para ofender a mi hermana Jonás: la había comparado conmigo, aseguró que yo estudiaba mucho más que ella y llegó a decir que parecía «medio tonta». Según Valentina, Jonás no tenía ganas de hacer nada de la tarea, ni siquiera se esforzaba por intentarlo.

No soporto que nadie hable así de mi hermana, y menos siendo familia. Sé muy bien que si yo dijera algo grosero o injusto de su hermana, ella se ofendería profundamente, porque la quiere con todo su corazón y no permitiría que nadie la juzgue mal. Por esta vez dejaré pasar lo que dijo, pero espero de verdad que se dé cuenta pronto: esas comparaciones son incómodas, totalmente injustas y hasta ridículas, porque cada uno tiene su ritmo y su forma de ser.

En medio de esos pensamientos, mi mente viajó hacia otro recuerdo, de hace poco tiempo atrás: la chica nueva.

Todo el curso hablaba de ella, murmuraban cosas al pasar, y hasta yo sentía curiosidad por saber quién era realmente, de dónde venía y por qué había llegado tan tarde. Hasta que por fin la vi bien: Tamara Angélica Torres, de doce años, de estatura pequeña y complexión algo delgada. Tenía el cabello lacio y negro como el azabache, brillante y muy bien cuidado; piel muy clara, cejas con un arco muy regular y suave, y unos ojos de rasgos asiáticos preciosos, de color marrón oscuro, con pestañas largas y abundantes que le daban una mirada muy dulce; nariz chata y labios que siempre parecían ligeramente caídos hacia abajo, como si estuviera pensando en algo importante.

Me pregunté en aquel momento si volvería a su antigua escuela, y cómo haría para completar toda su carpeta llena de hojas vacías, y ponerse al día con todos los trabajos y exámenes, habiéndose incorporado apenas a mitad de año, cuando ya llevábamos mucho avanzado.

Fin del recuerdo.

—¿Cómo sabes eso, Alison? —preguntó Jonás, con un tono de voz que dejaba notar cierto enojo y mucha desconfianza, sin levantar la vista del cuaderno.

—En el salón se armó un gran revuelo cuando se fue de regreso a su escuela; pasó lo mismo el primer día que vino —respondí con calma, sin querer pelear—. Ella es así, Jonás. Si no quiere estudiar, si a ella no le preocupa su rendimiento, no veo cuál es el problema. Cada uno elige qué hacer con su tiempo.

Días después.

—Me he puesto a pensar mucho en la saga de Crepúsculo —dije de repente, intentando cambiar de tema para distraernos y dejar los malos ánimos atrás—. Me gusta mucho cómo se desarrolla la historia, cómo se van conociendo y todo lo que pasa entre ellos.

—Yo digo que al final se quedan juntos los protagonistas, sin ninguna duda —afirmó Valentina con decisión, golpeando suavemente la mesa con la mano.

—Parece que sí, aunque nunca se sabe del todo hasta que se termina —respondí—. Pero a mí me encanta la pareja que forman, cómo se cuidan el uno al otro.

Levanté mi cuaderno y se lo mostré con cuidado, señalando lo que había escrito en la esquina de la hoja. Valentina lo tomó en sus manos y leyó en voz baja: Edward y Bella, acompañado de un corazón rojo dibujado con lápiz de colores y la frase: juntos por siempre. Una pequeña risa se le escapó al terminar de leerlo.

—No es chistoso —dije recuperando el cuaderno de sus manos, un poco molesta—. ¿No ves que son novios en la película? Dámelo, lo voy a guardar antes de que se arrugue.

Mientras lo tomaba de vuelta y lo metía entre mis hojas, pensé: Valentina no sabe nada de amor, y encima es fanática de la historia... no quiero imaginar cómo sería si no lo fuera, seguro que entendería menos las cosas.

Narrador.

Unos días más tarde, en casa de Valentina, todo estaba revuelto y lleno de ruido: albañiles y obreros iban y venían sacando muebles, cajas y materiales de todas las habitaciones, ya que iban a reconstruir la vivienda por completo, cambiando paredes y pisos. El polvo flotaba en el aire y apenas había lugar para caminar.

Vi cómo Valentina se levantaba de su silla de un salto, sacudía el polvo de su pantalón, tomaba su mochila y se la ponía al hombro con fuerza.

—¿A dónde vamos? —le pregunté, mirando el desorden a nuestro alrededor.

—A casa de mi vecina —respondió ella, agarrando una carpeta que estaba sobre la mesa—. En la mía están trabajando todo el día y no hay lugar tranquilo para hacer la tarea.

Yo también tomé mi mochila y me la puse, ajustando las correas sobre los hombros.

—¿No le molestará a tu vecina que vayamos? —pregunté con curiosidad y un poco de nervios—. Es de repente.

—Para nada, nos conoce bien —dijo ella, dándose la vuelta y caminando hacia el portón de rejas negras de su casa.

La seguí de cerca. Ella abrió el portón con cuidado para que no hiciera ruido, salió y luego lo cerró con llave detrás de nosotras. Empezamos a caminar despacio hacia la casa que quedaba justo enfrente, al otro lado de la calle.

Me pregunto cómo puede ser que no le moleste, pensé mientras caminábamos. A mí me parecería muy incómodo si la amiga de mi vecina —que además es una desconocida para mí— viniera a mi casa sin avisar, por mucha confianza que se tengan ellas dos. Pero bueno, cada uno maneja las cosas y las visitas a su manera.

Valentina se detuvo frente al portón de madera de la casa vecina, lo empujó suavemente y entró; yo pasé después y ayudé a cerrarlo para que no se quedara abierto.

Se trataba de una vivienda típica de la zona, construida con la solidez y el cariño de quienes planean quedarse toda la vida en ella. Sus muros eran de ladrillo revoque y pintado de un color beige arena, un tono cálido que resiste muy bien el sol fuerte del norte y se suaviza al llegar la noche cuando caen las sombras. El techo era a dos aguas, hecho con chapa de doble machimbrado —una elección muy común aquí—: protege bien de las lluvias fuertes y del calor intenso, y se distingue por el sonido rítmico y tranquilo que hace cuando llueve.

Tenía una entrada amplia, con un porche cubierto sostenido por columnas sencillas de ladrillo, donde descansaba una silla de madera vieja y cómoda, y una maceta grande llena de flores rojas que se abrían con el sol. Las ventanas eran grandes, con marcos de algarrobo macizo —una madera muy noble y resistente que abunda en la región—, sin celosías, para dejar entrar todo el aire fresco de la tarde; conservaban cortinas gruesas de lino para protegerse del sol del mediodía. En la parte del frente se abría una puerta doble, también de algarrobo, con un diseño sencillo pero imponente, con herrajes de bronce pulido.

Alrededor de la casa había un jardín cuidado con mucho cariño: crecían palmas pequeñas, ceibos en plena floración y matas de jazmín que perfumaban todo el aire con su aroma dulce. El suelo de la entrada era de cemento alisado y barrido limpio, y más allá se extendía el pasto natural verde y suave. Al fondo se adivinaba el patio interno, abierto al cielo, el corazón de cualquier casa argentina, donde suelen estar las hamacas y el gallinero.

No era una vivienda ostentosa ni llamativa, pero sí sólida, ordenada y muy acogedora: hecha para vivir, para recibir a la familia entera, para resistir los veranos más calurosos y guardar los recuerdos de muchas generaciones que pasaron por allí.

Caminamos rodeando la casa hasta llegar a la parte trasera, donde había dos sillas de plástico blanco apoyadas contra la pared, protegidas por la sombra de un parral que daba uvas dulces. Nos sentamos allí, sintiendo el alivio del aire fresco y la tranquilidad. Saqué el afiche que había preparado en mi casa, lo levanté con cuidado para no arrugarlo y se lo acerqué a Valentina, señalando con el dedo el espacio en blanco que quedaba justo en el centro, donde debía escribir su parte del trabajo.

^^^Continuará.❤️^^^

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