Pensé que lo más difícil ya había pasado. Luego encontré la firma de Kael en el documento que cambió todo. Ahora tengo que decidir si el amor que construimos puede sobrevivir conocer exactamente qué clase de hombre era antes de que yo llegara.
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Lo que trae Dracon PARTE 1
Dracon llegó un lunes con información y con algo que no era exactamente información pero que Ren ya sabía leer en él.
Llegó por la entrada principal esta vez también — un patrón que se había establecido desde su primera visita oficial al Ducado y que decía algo sobre cómo había cambiado la naturaleza de su presencia en este espacio. No el canal de emergencia. No el callejón del mercado. La entrada que dejaba registro.
Garen lo hizo pasar al salón de trabajo.
Sophia preparó el té con la eficiencia de siempre y luego se colocó en el lateral con el libro de cuentas que esta vez sí estaba en la página correcta — o al menos en una página más cercana a la correcta que en ocasiones anteriores.
Dracon entró.
Miró a Sophia.
Sophia levantó los ojos del libro de cuentas.
—¿Pasteles? —dijo Dracon.
—De cocina —dijo Sophia.
—¿Los regulares o los buenos de cocina?
—Los que el cocinero hace cuando hay visita que considera importante —dijo Sophia.
Dracon la miró durante un momento.
—¿Cuál es el criterio para que la visita sea importante?
—No lo sé —dijo Sophia—. Él decide solo.
Dracon procesó eso.
—¿Siempre ha sido así?
—Desde que reemplazamos al mayordomo anterior —dijo Sophia—. Garen le da más autonomía.
—¿Y el cocinero usa esa autonomía para jerarquizar visitas según su propio criterio?
—Aparentemente —dijo Sophia.
Dracon miró la bandeja de pasteles.
—¿Y yo estoy en la categoría de visita importante?
—Está en la categoría de los pasteles buenos de cocina —dijo Sophia—. La interpretación es suya.
Dracon la miró.
Algo en su expresión hizo ese movimiento que Ren reconocía en él — el reconocimiento específico de alguien que encuentra en otra persona la misma filosofía fundamental operando con métodos completamente distintos.
—Sophia —dijo Dracon.
—¿Sí?
—Si alguna vez el Gremio de la Mano Gris necesita personal con su tipo de precisión—
—No —dijo Sophia, sin levantar los ojos del libro de cuentas.
—No me dejé terminar.
—Ya terminó —dijo Sophia.
Dracon tomó un pastel.
Ren entró en ese momento seguida de Kael, que llegaba desde el ala de administración con el informe de la semana bajo el brazo y la expresión controlada que usaba en reuniones con personas que no eran Devan ni el Doctor Elias.
Los ojos de Dracon hicieron el recorrido de siempre — Ren primero, luego el vientre que a veintitrés semanas ya era imposible de ignorar, luego Kael. El recorrido duró menos de un segundo. Contenía más información de la que la mayoría de las personas procesarían en un minuto.
—Vel —dijo Kael.
—Duque —dijo Dracon.
Se sentaron.
......................
—El Emperador —dijo Dracon, cuando el protocolo de los pasteles y el té había cumplido su función social — movió algo esta semana.
—¿Qué tipo de movimiento? —dijo Kael.
—Sutil —dijo Dracon—. De los que no dejan registro inmediato pero que producen efectos medibles en dos o tres semanas. —Abrió la carpeta que traía—. Tres nobles de rango medio recibieron visitas de representantes imperiales en los últimos cinco días. No visitas oficiales. Conversaciones informales en espacios privados.
—¿Los nobles? —dijo Ren.
—Lord Castan del territorio norte. Lady Verne del distrito comercial. Y Lord Pellier, que tiene asiento en el consejo administrativo del Imperio. —Una pausa—. Los tres tienen algo en común.
—Dilo —dijo Kael.
—Los tres tienen propiedades o intereses económicos que colindan o dependen de territorios del Ducado Prevail —dijo Dracon—. No directamente. A través de intermediarios. Pero la conexión existe y es documentable.
Ren procesó eso.
«El Emperador no ataca al Ducado directamente», pensó. «Ataca lo que lo rodea. Aplica presión en la periferia hasta que el centro no tiene dónde moverse.»
Era más paciente que el intento de la recepción. Más sutil que los agentes del perímetro.
También era más difícil de contrarrestar porque no había un evento visible al cual responder.
—¿Sabes qué les dijo? —dijo Ren.
—No con certeza —dijo Dracon—. Mi fuente tuvo acceso parcial. Pero la dirección general era que el Ducado Prevail estaba en una posición de inestabilidad política que podría afectar sus intereses a mediano plazo y que el Emperador estaba... interesado en asegurar la continuidad de los acuerdos con quienes eligieran posicionarse correctamente.
—Les ofreció algo —dijo Kael.
—O les advirtió algo —dijo Dracon—. Que en el lenguaje del Emperador a veces es la misma cosa.
Kael miró los nombres en la lista.
Lord Castan. Lady Verne. Lord Pellier.
Ren los conocía de los informes anteriores de Dracon — figuras de rango medio, sin el peso de los allegados directos del Emperador pero con suficiente influencia en sus territorios específicos para que su posición importara.
«El Emperador aprendió», pensó Ren. «Los movimientos directos — el baile, la recepción, los agentes, el secuestro — todos fallaron porque tenían un punto de ataque visible. Esta vez está construyendo algo que no tiene un punto único de ataque.»
—¿Cuánto tiempo tenemos antes de que el efecto sea medible? —dijo Ren.
—Tres semanas —dijo Dracon—. Posiblemente cuatro. Depende de lo que el Emperador les haya prometido y de la velocidad con que cada uno de los tres decida actuar.
—¿Cuál de los tres es más urgente?
Dracon la miró.
—Lord Pellier —dijo—. El asiento en el consejo administrativo es el que más puede usarse para aplicar presión legal al Ducado.
Kael lo miró.
—¿Qué tipo de presión legal?
—Auditorías administrativas —dijo Dracon—. Revisiones de los acuerdos territoriales. Cuestionamientos de protocolos. Nada que sea directamente contra la Duquesa o el heredero — eso seguiría siendo difícil mientras el embarazo avanza — pero sí contra las operaciones del Ducado como institución.
Ren asintió.
Era la estrategia que había anticipado con Kael semanas atrás — no un ataque directo, sino la erosión gradual de lo que sostenía el Ducado.
—Necesitamos hablar con Caelan —dijo Ren.
—Ya le envié la información esta mañana —dijo Dracon—. Debería tener una respuesta antes del viernes.
Kael asintió.
—¿Hay algo más? —dijo Kael.
Dracon la miró a ella brevemente antes de responder.
Era el movimiento que Kael había notado meses atrás. El mismo de siempre. Esta vez Kael lo notó también — Ren lo vio en el ajuste mínimo de su postura — y no dijo nada.
«Ya no le molesta de la misma forma», registró Ren. «O aprendió a manejarlo. O las dos cosas.»
—Hay algo más —dijo Dracon—. Pero es sobre Julius, no sobre el Emperador.
—Dilo —dijo Ren.
—Julius hizo un movimiento esta semana que mis fuentes describen como... inesperado —dijo Dracon—. Solicitó formalmente acceso a los archivos históricos del palacio. Específicamente los registros de los últimos veinte años de administración imperial.
Silencio.
—¿Por qué eso es inesperado? —dijo Kael—. El Príncipe Heredero tiene acceso a esos archivos por derecho.
—Tiene acceso —confirmó Dracon—. Nunca lo había ejercido. —Una pausa—. Julius lleva dieciocho años en el palacio sin nunca pedir acceso a los registros de administración de su padre. La solicitud formal de esta semana es la primera.
Ren procesó eso.
«Julius está buscando algo específico», pensó. «O aprendiendo a buscar. Documentando. Construyendo el caso que necesitará cuando el momento llegue.»
Era exactamente lo que haría alguien que ha decidido que las circunstancias necesitan clarificarse — que ha dicho las circunstancias serán más claras y está activamente trabajando para aclarearlas.
—¿Sabe el Emperador que solicitó acceso? —dijo Ren.
—Lo sabrá antes del fin de semana —dijo Dracon—. En el palacio muy pocas cosas son completamente privadas.
—¿Cómo reaccionará?
Dracon consideró eso.
—Con preocupación —dijo finalmente—. El Emperador puede ignorar que Julius tenga opiniones distintas a las suyas. No puede ignorar que Julius está documentando activamente su administración.
Kael y Ren intercambiaron una mirada.
En ese intercambio había el peso específico de lo que Julius representaba — no solo el aliado que había destruido el argumento de la profecía, sino alguien que estaba construyendo algo propio con una paciencia que recordaba, en ciertos ángulos, a Caelan Morth.
Solo que más joven.
Y con más acceso.