Ayla tiene veinticuatro años, un cuerpo lleno de marcas y un secreto que no puede contarle a nadie: el hombre que mató a su madre es el mismo que la tiene prisionera.
Cada noche, Ayla escapa al único bar abierto en el morro, buscando en el fondo de una botella unas horas de paz. Pero alguien la está observando. William —conocido como Sombra, el dueño del morro— no es el tipo de hombre que mira para otro lado cuando algo no le cuadra. Y esa mujer de lentes oscuros y mangas largas en pleno calor de Río de Janeiro le despierta algo que no logra ignorar.
Cuando Ayla aparece una noche al borde del colapso, Sombra toma una decisión que cambiará la vida de ambos: llevarla a su casa, ponerla bajo su protección y jurar que nadie volverá a tocarla.
Lo que ninguno de los dos esperaba era enamorarse.
Pero en el morro, el amor no viene sin guerra. Un enemigo implacable quiere a Ayla de vuelta. Secretos familiares enterrados durante décadas empiezan a salir a la superficie. Y Ayla descubrirá que la mujer rota que llegó pidiendo ayuda tiene dentro de sí una fuerza que nadie —ni ella misma— sabía que existía.
Una historia de amor intenso, lealtad inquebrantable y transformación en el corazón de las favelas de Río de Janeiro. Para lectoras que no le temen a las emociones fuertes.
Contenido para mayores de 18 años.
NovelToon tiene autorización de Carol Nami para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo Veinticuatro
Capítulo Veinticuatro
Ayla
—Usted tiene que conseguirse un novio guapo, mamá —le dice Pamela a Eloá.
—Yo no estoy loca. Mis dos hijos son celosos a más no poder; el pobre hombre iba a sufrir en manos de ellos —dice, y las chicas se ríen.
—Es verdad, pero es tu felicidad, mamá. No iban a estar encima tuyo por mucho tiempo —dice Pamela.
—Eso es cierto, pero creo que sería más por el lado de la preocupación —digo, y ellas asienten.
Estábamos todas reunidas en la sala conversando. Me estaba encantando; todas aquí eran maravillosas.
—Cambiando de tema, chicas, ¿cómo van los preparativos de la boda de ustedes dos, eh? —Eloá cambió de tema y nos reímos.
—Al mío le falta apenas un mes y ya me estoy volviendo loca —dijo Maribel emocionada.
—Al mío todavía le faltan seis meses, mujer, pero ya estoy enloqueciendo con tantas cosas. Menos mal que tengo a estas mujeres maravillosas que me ayudan; si no, estaría perdida —dice Natália.
—Si ahora están locas, esperen a después de que se casen —dice Eloá riendo—. A veces los maridos quieren poner a prueba nuestra paciencia de todas las formas posibles.
—Menos mal que yo estoy en la época de besitos y arrumacos —digo riendo, y las chicas también.
—Tú y Sombra se ven hermosos juntos. Yo ni lo reconocí hoy, está muy diferente —dice Maribel, y abro una sonrisa.
—Es verdad. Mi hermano cambió muchísimo; desde que Ayla pisó esta casa se muere de amor por ella. Está mansito el pobre —Pamela suelta una carcajada.
—Deja que tu hermano escuche eso y te avienta a la alberca —dice Eloá riendo.
—¿Y tú, Lana? ¿Algún pretendiente? —pregunta Maribel, y Lana se pone más roja que un tomate.
—No... no tengo... a nadie —la pobrecita hasta tartamudea.
—No tiene a nadie, ajá —dice Pamela.
—Deja a la chica, Pamela —dice Eloá—. Si no quiere hablar sobre Pedro, está bien —Lana abre los ojos enormes y empieza a toser.
—Yo... no... tengo... nada... con Pedro —dice roja.
—Por el amor de Dios, tráiganle agua a la muchacha —digo abanicándola.
Tenía muchas ganas de reír, pero me dio pena la pobre. Seguimos conversando y enseguida Ceifador vino a buscar a Maribel para irse. Se despidieron de todas nosotras y se fueron.
No sé por qué, pero algo me dice que Ceifador tiene que ver con la familia de mi papá. Él y yo nos parecemos mucho; hasta es extraño. Pero también podría ser solo coincidencia. Y otra cosa: quiero estar bien lejos de mi papá, si es que sigue vivo. Nos abandonó a mi mamá y a mí, así que entre más lejos de mí, mejor.
William vino a la sala y me llamó para ir a descansar, pero le dije que iba a ayudar a las chicas a organizar todo. Por suerte todos ayudaron y se acabó rápido. Will fue a fumar con los muchachos y aproveché para ir a bañarme.
Entré a la regadera y me quedé relajando un rato. Salí, me sequé y me puse una bata ligera. Fui al clóset y saqué una caja mía que tenía guardada; adentro había fotos mías de cuando era bebé y más chiquita.
Tomé las fotos y empecé a verlas todas, hasta que me detuve en una en particular. En la foto estaba yo con unos cuatro años y un niño parecido a mí, un poco mayor; diría que tendría unos seis años.
¿Será que era Ceifador? Parecía ser buena persona. ¿Sabrá que nuestro papá me abandonó?
¿Por qué estoy pensando en esto? Dios mío, debo estar volviéndome loca. Guardé todo en la caja y la llevé de vuelta a su lugar.
Me acosté en la cama y me quedé esperando a que William apareciera.
...
"Sueño"
—Ven, hermana. Tú puedes, salta —decía un niño.
—Tengo miedo, Son —digo empezando a llorar.
El niño caminó hasta mí y me abrazó. —No tienes que tener miedo, hermana. Siempre voy a cuidar de ti.
...
Desperté agitada y me senté en la cama. ¿Qué sueño era ese? ¿Quién era ese niño? Parecía... parecía el de la foto.
—¿Amor, estás bien? —William se sienta en la cama frotándose los ojos.
—Sí, amor. Solo tuve un sueño extraño. Perdón por despertarte —digo dándole un beso.
—Está bien, vida. Solo me pareció raro; estabas hablando en el sueño, decías que tenías miedo —dice abrazándome.
—Soñé con alguien de mi infancia. Creo que en el sueño tenía unos cuatro años —digo—. Pero ya, dejemos eso. Voy a tomar algo a la cocina. ¿Quieres?
—Sí, amor. Un agua nada más —dice dándome un beso corto.
Me levanto de la cama y voy a la cocina. Agarro un vaso de jugo y me lo tomo; agarro una botella de agua y vuelvo al cuarto.
—Toma, amor —digo entregándole la botella a William—. Ni te sentí cuando viniste a acostarte —digo acostándome a su lado.
—Cuando llegué estabas en un sueñito tan rico que no quise despertarte, mi amor —se acuesta en la cama y me jala hacia sus brazos.
Quedamos frente a frente y empecé a acariciarle el rostro. —¿Mañana puedo ir contigo a la boca?
—Claro que sí, amor. Voy a estar todo el día allá. Puedes llevar tu laptop y quedarte haciendo tus traducciones si quieres —dice dándome un beso corto.
—Está bien, amor. No quiero quedarme sola en casa —digo.
Acerqué más nuestros rostros y empecé a besarlo. Will me jaló todavía más cerca y fui intensificando el beso. Puse mi pierna sobre su cuerpo y él colocó la mano en mi muslo y empezó a acariciarlo.
Sentí su mano subir hasta mi trasero y todo mi cuerpo se erizó. —¿Estás sin calzón, amor? —pregunta con una sonrisa en el rostro.
—Puede que sí —digo sonriendo también.
Vuelve a besarme con más intensidad. Llevo mi mano hasta su bóxer y saco su miembro; lo coloco cerca de mi intimidad y regreso mi mano a su rostro. Empiezo a mover las caderas y poco a poco voy sintiendo mi intimidad pulsar de placer.
—Así me quieres matar, Ayla. Ya estás empapada —abre una sonrisa maliciosa y me aprieta el trasero con fuerza.
—Aaah —suelto un gemido bajo.
Lleva su mano hasta su miembro y lo acomoda en mi entrada. Muevo la cadera y hago que entre hasta la mitad.
—Qué rica estás, amor —dice lamiendo mi cuello.
Suelto un gemido en su oído y eso hace que me jale más cerca, penetrándome aún más.
Empiezo a mover las caderas rico y él gime bajito, excitándome. Volvemos a besarnos, y Will de un solo movimiento gira su cuerpo dejándome encima. Empiezo a montarlo con ganas; me muevo y me dejo caer con fuerza.
—Eso, amor. Siéntate rico para mí —agarra mi trasero con las dos manos y empieza a ayudarme a caer con más fuerza todavía.
—Aaah... qué delicia —echo la cabeza hacia atrás sintiendo la ola de placer que me invade.
William gira nuestros cuerpos de nuevo y se queda encima de mí. Empieza a penetrarme con intensidad, haciéndome jadear de placer; cada embestida suya hace que mi intimidad se moje más.
Sigue así un rato más y pronto mi cuerpo empieza a temblar y un orgasmo llega con fuerza.
—Eso, acaba para mí —dice cogiéndome más rápido.
En pocos segundos él acaba y siento el chorro caliente dentro de mí.
Me levanto de la cama con dificultad, porque mis piernas están como de gelatina. Voy al baño y abro la regadera en agua tibia. William aparece enseguida y empezamos los arrumacos de nuevo. Me voltea de espaldas a él y empieza a besar, lamer y morder mi espalda.
Siento su miembro rozar mi entrada y enseguida me penetra. Su mano va hasta mi cabello, jalándome más cerca de su cuerpo. Me hace dar un paso adelante, pegando mi rostro y mis senos contra el vidrio de la regadera.
—Te voy a coger toda la noche, mi amor —me susurra al oído y empieza a cogerme con fuerza.
—Aaah... eso, amor... cógeme —imploro.
Suelta una risa y empieza a penetrarme más rápido. No puedo controlarme y empiezo a gemir fuerte.
—Eso, gime para mí, hermosa —dice con la voz ronca.
—Dale, William... más fuerte —digo entre gemidos.
Aumenta aún más y el sonido de nuestros cuerpos chocando invade todo el ambiente. Mi cuerpo empieza a fallar y cuando estoy a punto de acabar, lleva su mano hasta mi clítoris y empieza a estimularlo, haciéndome enloquecer de placer.
Pongo las manos sobre el vidrio y grito su nombre. No aguanto mucho y acabo en su miembro. Empiezo a tener espasmos y él no deja de penetrarme; pasan unos segundos y saca su miembro de dentro de mí, rugiendo mientras acaba en mi trasero.
—Carajo, amor, así me vas a matar —dice riendo, y yo también.
Terminamos nuestro baño, pero en cuanto pusimos un pie en el cuarto no aguantamos y lo hicimos una vez más.
Después de toda nuestra diversión, nos dormimos bien abrazaditos.