Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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El juego del poder
El automóvil negro avanzaba a toda velocidad por la avenida vacía.
Dentro del vehículo, el silencio era tenso.
Adrián estaba mirando hacia adelante, pero su mente estaba llena de pensamientos.
Su tío.
Su prometida.
Y ahora hombres armados en su propia casa.
Lucas fue el primero en hablar.
—Si la foto es real… la mansión ya no es tu casa.
Adrián no respondió de inmediato.
—Sigue siendo mi empresa —dijo finalmente.
Alina lo observó desde el asiento trasero.
Por primera vez desde que lo conocía, Adrián parecía realmente furioso.
—Victor nunca haría algo así sin un plan —dijo ella.
Lucas asintió.
—Exacto.
—Entonces debemos esperar una trampa.
El auto giró en la última calle antes de llegar a la mansión Valek.
Las enormes puertas de hierro estaban abiertas.
Demasiado abiertas.
El conductor detuvo el vehículo lentamente.
—Señor… hay personas afuera.
Tres hombres con traje estaban de pie frente a la entrada.
Todos llevaban auriculares.
Guardias privados.
Pero no eran los guardias habituales de la mansión.
Adrián abrió la puerta del auto.
—Esperen aquí.
Pero Alina habló inmediatamente.
—No.
Adrián la miró.
—No voy a quedarme afuera mientras esto pasa —dijo ella.
Lucas también salió del vehículo.
—Además, alguien acaba de intentar matarla.
Adrián suspiró con molestia.
—Entonces no se separen de mí.
Los tres caminaron hacia la entrada de la mansión.
Los guardias los observaron acercarse.
Uno de ellos levantó la mano.
—Lo siento, señor Valek.
Adrián se detuvo frente a él.
—Esta es mi casa.
El guardia respondió con calma.
—Tenemos órdenes de no dejarlo entrar.
El silencio cayó como una bomba.
Adrián lo miró fijamente.
—¿Quién dio esa orden?
El guardia respondió sin dudar.
—El señor Victor Valek.
Los ojos de Adrián se volvieron peligrosamente fríos.
—Muévete.
El guardia no lo hizo.
Pero antes de que la situación empeorara…
Una voz elegante habló desde la puerta principal.
—Déjenlo pasar.
Todos miraron hacia arriba.
Una mujer estaba de pie en la entrada de la mansión.
Alta.
Elegante.
Cabello oscuro cayendo sobre sus hombros.
Su vestido rojo contrastaba con la luz dorada del interior.
Isabella Laurent.
Sus ojos se posaron directamente en Adrián.
Y una sonrisa apareció en su rostro.
—Ha pasado mucho tiempo, Adrián.
Adrián frunció el ceño.
—No te recuerdo.
Isabella soltó una pequeña risa.
—Eso es porque eras muy joven cuando nuestras familias arreglaron nuestro compromiso.
Sus ojos se movieron hacia Alina.
La examinó de arriba abajo.
—¿Y ella es?
Adrián respondió inmediatamente.
—Mi esposa.
La sonrisa de Isabella desapareció por un segundo.
—Según los documentos… tu ex esposa.
Adrián no apartó la mirada.
—Eso aún no está decidido.
El ambiente se volvió aún más tenso.
Pero en ese momento otra figura apareció detrás de Isabella.
Un hombre mayor.
Traje oscuro.
Mirada calculadora.
Victor Valek.
El tío de Adrián.
—Sobrino —dijo con una sonrisa tranquila—. Me alegra ver que sobreviviste.
Adrián lo miró con frialdad.
—No puedo decir lo mismo.
Victor bajó lentamente las escaleras de la entrada.
—Siempre fuiste directo.
Sus ojos se movieron hacia Alina.
Y una expresión extraña apareció en su rostro.
—O debería decir…
Hizo una pequeña pausa.
—Aria Black.
El corazón de Adrián dio un golpe fuerte.
Alina no mostró reacción.
—Han pasado diez años —continuó Victor— desde la última vez que vi a un miembro de la familia Black.
Lucas dio un paso adelante.
—Entonces admites que la conocías.
Victor lo miró con curiosidad.
—Y tú debes ser Lucas Gray.
—Exactamente.
Victor sonrió ligeramente.
—Interesante grupo.
Volvió a mirar a Adrián.
—Pero este asunto es entre familia.
Adrián cruzó los brazos.
—Entonces habla.
Victor caminó lentamente hacia ellos.
—Muy bien.
Se detuvo a pocos metros.
—Hace diez años el imperio Black cayó.
Sus ojos se movieron hacia Alina.
—Pero algo sobrevivió.
Hizo una pausa.
—Una llave.
El silencio llenó el aire.
Alina habló con calma.
—No sé de qué hablas.
Victor sonrió.
—Claro que sí.
Sacó algo de su bolsillo.
Un pequeño objeto metálico.
Un colgante antiguo.
Adrián lo reconoció inmediatamente.
Era idéntico al que había encontrado en la caja de Alina.
Victor levantó el colgante.
—Esto abre una bóveda secreta creada por tu padre.
Los ojos de Alina brillaron con sorpresa.
Victor continuó hablando.
—Dentro de esa bóveda está la verdadera fortuna de la familia Black.
Lucas frunció el ceño.
—¿Cuánto dinero?
Victor sonrió.
—Suficiente para controlar la economía de varios países.
El silencio fue absoluto.
Luego Victor miró directamente a Alina.
—Y solo la heredera puede abrirla.
Adrián miró a Alina lentamente.
—¿Es verdad?
Alina no respondió.
Pero Victor dijo algo más.
Algo que nadie esperaba.
—Y lo más interesante…
Miró a Adrián.
—Es que tu padre ayudó a esconder esa bóveda.
El mundo de Adrián pareció detenerse.
—Eso es imposible.
Victor sonrió con calma.
—Tu padre y Alexander Black eran socios.
El silencio explotó entre ellos.
Pero Victor no había terminado.
Porque lo siguiente que dijo cambió todo.
—Y cuando el imperio Black cayó…
Hizo una pausa.
—Tu padre fue quien traicionó a su mejor amigo.
El corazón de Alina dejó de latir por un segundo.
Porque si eso era verdad…
Entonces la familia Valek era responsable de la muerte de su padre.
Y el hombre que había sido su esposo durante tres años…
Era el hijo del traidor.