TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 15
Mientras me alejaba del salón…
los últimos susurros aún lograron alcanzarme.
Como espinas suaves…
pero venenosas.
—Mira eso…
—Entre plebeyas se entienden.
—Qué patético…
No solo se burlaban de mí.
También de ella.
De la mujer pelirroja que me guiaba con calma por los pasillos.
Mis pasos no se detuvieron.
Pero mi mirada descendió levemente.
Una sombra cruzó mis ojos.
No por vergüenza.
Ni por dolor.
Sino por algo más frío.
Más antiguo.
Más peligroso.
La mujer a mi lado no soltó mi brazo.
Su agarre era firme…
pero gentil.
Como si ya estuviera acostumbrada a ese tipo de comentarios.
Como si no fuera la primera vez.
—No les prestes atención —dijo con una sonrisa suave, sin mirarme—. Sus palabras dicen más de ellos… que de nosotras.
Su voz era tranquila.
Serena.
Sin rastro de resentimiento.
Eso…
me hizo mirarla con más atención.
Sonreí levemente.
Pero no era una sonrisa dulce.
Era sutil.
Controlada.
Casi imperceptible.
—No me molestan —respondí con calma.
Hice una pequeña pausa.
Mis ojos se alzaron hacia el frente.
—De hecho…
Mi voz bajó apenas.
—Me resultan útiles.
La mujer giró ligeramente el rostro hacia mí.
Sorprendida.
Curiosa.
Pero no preguntó.
Y mientras avanzábamos por los pasillos del castillo…
dejando atrás el eco de los murmullos…
mis pensamientos se ordenaban.
Fríos.
Claros.
Precisos.
Porque en ese lugar…
las apariencias lo eran todo.
Y si el imperio creía que yo era solo una plebeya…
Entonces…
nadie sospecharía lo que realmente estaba a punto de hacer.
.
.
.
Llegamos a una habitación para cambiarme.
Apenas las puertas se cerraron tras nosotras…
una luz roja me envolvió.
Suave.
Cálida.
Y en un instante…
tanto mi vestido como yo volvimos a nuestro estado original.
Impecables.
Sin rastro alguno del vino.
Al principio, había pensado usar un talismán para limpiarme.
Pero aquello…
no era magia común.
Entrecerré ligeramente los ojos, observándola con atención.
Analizando.
Y entonces…
lo susurré casi sin darme cuenta.
—¿Poder divino…?
Ella lo escuchó.
Y sonrió.
Mi sorpresa creció.
Había acertado.
Nunca lo había visto con mis propios ojos…
pero lo había leído.
El poder divino no era algo que cualquiera pudiera usar.
Solo los dioses podían hacerlo.
Entonces ella cruzó los brazos, apoyándose con tranquilidad de un sofá.
—Vamos… —dijo con una leve sonrisa—. No me digas que dejaste que te tiraran el vino… sin motivo.
Mis ojos se abrieron ligeramente.
—Ve a hacer lo que tienes planeado.
Mi cuerpo reaccionó de inmediato.
Di un paso hacia atrás.
Mi mirada se volvió fría.
Cautelosa.
Peligrosa.
—¿Quién eres exactamente? —pregunté, con una amenaza apenas contenida en la voz.
Ella no se inmutó.
Al contrario…
sonrió.
Como si aquello le resultara divertido.
—Si mi hermana quiere saber… —respondió con suavidad—, entonces esperaré su invitación a su primera fiesta de té.
Parpadeé.
Confundida.
—No te quedes ahí parada —añadió con naturalidad—. Yo te cubro.
La miré.
Con desconfianza.
Con sospecha.
Sin bajar la guardia.
Entonces volvió a hablar.
Pero esta vez…
su tono cambió.
Más serio.
Más firme.
—Lo juro por mi vida… que no te delataré.
Antes de que pudiera reaccionar…
lo vi.
Su cuerpo fue envuelto por una luz distinta.
Más pura.
Más intensa.
Poder divino.
Un juramento absoluto.
Irrompible.
Si lo rompía…
moriría.
—¿Ahora me crees? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.
Dudé.
Solo un instante.
Luego asentí.
—Gracias… —murmuré.
Sin perder más tiempo…
saqué un talismán de ocultación.
Lo activé.
Y sin mirar atrás…
salí de la habitación a toda prisa.
Porque ahora…
ese lugar en el castillo me esperaba…
el lugar en donde se escondía mi sangre de linaje real.
En donde se escondía…
mi sangre de vampira.
.
.
.
Corrí por los pasillos hasta llegar a la sala del trono.
Ese lugar…
fue nostálgico para mí al verlo.
Pero no perdí el tiempo.
Me acerqué al trono y, en la parte trasera, pasé la mano, deslizándola hasta encontrar un punto exacto.
Un interruptor oculto.
Imperceptible para cualquiera.
Un secreto que solo el rey vampiro conocía.
Al presionarlo…
un pasaje subterráneo se abrió.
Oscuro.
Sombrío.
Sin dudarlo, entré.
Y detrás de mí…
la entrada se cerró.
Las lámparas se encendían a mi paso.
Una tras otra.
Iluminando el camino mientras corría.
Todo…
era tan familiar.
Como si hubiera estado allí apenas ayer.
Finalmente llegué.
Las últimas lámparas se encendieron.
Y frente a mí…
había una pequeña piscina.
Llena de sangre.
Rodeada por una majestuosa habitación vacía.
Silenciosa.
Sagrada.
Era…
mi sangre de vampira.
De mi segunda vida.
En aquel mundo…
todos los reyes llenaban esa piscina con su propia sangre poco después de ascender al trono.
Era una medida de seguridad.
Una forma de evitar la muerte.
O más bien…
de regresar de ella.
Yo nunca pude usarla.
Porque el colgante…
me hizo reencarnar de inmediato.
Y un cuerpo sin alma…
no puede revivir.
Suspiré.
Y esbocé una sonrisa burlona.
—Vladir Noctharys… —murmuré.
Mi mirada se volvió fría.
—Tu codicia no solo…
Hice una breve pausa.
—Me mató a mí y a mi familia…
Mis ojos brillaron con un rastro oscuro.
—Sino que también te privó de conocer este secreto.
Sin dudar más…
me quité la ropa.
Las telas cayeron al suelo en silencio.
Como si incluso ese lugar respetara el momento.
Di un paso hacia la piscina.
Luego otro.
La sangre, espesa y oscura, reflejaba una tenue luz carmesí… como si tuviera vida propia.
Como si me estuviera esperando.
Cuando mi pie tocó la superficie…
un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
No era frío.
No era calor.
Era…
reconocimiento.
La sangre se agitó.
Lentamente al principio.
Luego con más intensidad.
Como si despertara de un largo sueño.
Como si hubiera encontrado…
lo que había perdido.
Extremidades hechas de sangre, comenzaron a envolverme.
Entonces entré por completo.
La sangre no me envolvió de golpe…
subió por mis piernas,
mi cintura,
mi pecho.
Y cuando finalmente me sumergí…
todo desapareció.
Silencio.
Oscuridad.
Y al mismo tiempo…
todo.
La sangre me envolvió por completo.
Se aferró a mí.
A mi piel.
A mi alma.
Como si intentara fundirse conmigo.
Reclamarme.
Reconstruirme.
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
Un dolor agudo...