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Entre Sombras.

Entre Sombras.

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: K-la.escrit.

Alexia es una chica pobre y Milton es el famoso matón escolar. A cambio de pagar su matrícula escolar Milton le pide clases particulares. Qué podría terminar pasando entre ellos?

La novela ya está finalizada.

NovelToon tiene autorización de K-la.escrit. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Alexia abrió los ojos, enfrentando el torbellino de emociones en los de él.

—¿Qué más da, Milton? —susurró ella, su voz flaqueando—. Hace seis años te fuiste. Desapareciste sin decir una palabra, sin una explicación, sin un adiós. ¿Qué esperabas encontrar al volver?

—Esperaba que no me hubieras olvidado —respondió él, acercándose más, hasta que sus frentes se tocaron—. Porque yo no he pasado un solo día, una sola hora, sin pensar en ti. Cada éxito, cada contrato, cada premio... todo ha sido un intento inútil de llenar el hueco que dejaste. Te extraño, Alexia. Me duele cada centímetro de mi piel cuando no estás cerca.

Alexia sintió una lágrima escapar, traicionando su fachada. La honestidad en la voz de Milton fue más destructiva que cualquier insulto. Sus manos buscaron el pecho de él, tratando de empujarlo, pero sus dedos terminaron aferrándose a la solapa de su chaqueta.

—Eres un mentiroso, Milton Vance —sollozó ella, una mezcla de rabia y necesidad—. Un egoísta que solo piensa en lo que quiere.

—Tal vez —admitió él, buscando sus labios con los suyos—. Pero no puedo seguir viviendo sin ti. Dame una oportunidad. Una maldita oportunidad para arreglar lo que rompí.

El beso fue crudo, desesperado, una colisión de voluntades y secretos enterrados. No fue romántico; fue una batalla. Fue el hambre de seis años de carencias, la rabia acumulada por las ausencias y la pasión que ninguno de los dos había logrado extinguir.

Milton la levantó, sentándola sobre el borde del lavabo de mármol, sus manos recorriendo su cuerpo con una urgencia que no admitía negación. Alexia se entregó, sus piernas rodeando la cintura de él, sus dedos enredándose en el cabello de Milton, atrayéndolo hacia sí con una fuerza que ella misma desconocía poseer. Era una intimidad cargada de dolor, una forma de comunicarse que superaba cualquier palabra, cualquier explicación que se debían el uno al otro.

El mármol estaba helado contra su espalda, pero la temperatura entre ellos era volcánica. Milton la besaba con una intensidad que casi le cortaba el aliento, mientras sus manos, grandes y firmes, la reclamaban como si ella fuera el único ancla que le quedaba en un mundo a la deriva. Alexia perdía la noción del tiempo y el espacio; en ese cubículo de espejos, los seis años de distancia se reducían a cenizas. Cada caricia era una pregunta, cada gemido una respuesta, un diálogo desesperado de dos personas rotas que intentaban encajarse a la fuerza.

Él no se detuvo, y ella no lo permitió. Era un acto de rendición mutua, crudo y emocionalmente agotador. Cuando finalmente el frenesí se calmó, dejando solo el eco de sus respiraciones agitadas, el silencio del baño se volvió pesado, opresivo.

Alexia se deslizó del lavabo, sus piernas temblando. Se ajustó el vestido con manos expertas, recuperando la compostura como quien se pone una armadura tras una batalla perdida. Se miró en el espejo: su labial estaba ligeramente corrido, pero su expresión era, una vez más, una máscara de hielo.

Milton estaba detrás de ella, su reflejo en el espejo mostrando un hombre tambaleante, con la mirada perdida. Alexia se giró hacia él, su voz, cuando habló, era una estocada de frialdad pura.

—Esperaba más después de seis años —dijo ella, con una nota de burla que le dolió a ella misma más que a él.

El impacto en el rostro de Milton fue visible, una herida nueva sobre las antiguas. Alexia no se detuvo. Caminó hacia la puerta, pero se detuvo con la mano en la manilla, sin mirar atrás.

—Puedes intentar comprar el mundo, Milton. Puedes intentar reconstruir lo que destruiste con esa arrogancia tuya. Pero escúchame bien: antes de que pretendas que esto significa algo, antes de que te atrevas a tocarme otra vez, me debes una explicación real. ¿Por qué desapareciste? ¿Por qué te fuiste sin decir ni una palabra?

Milton abrió la boca para responder, pero las palabras le quedaron atascadas en la garganta. La mentira que le habían contado sus padres, la versión que Alexia creía a pies juntillas, era un muro que él no sabía cómo derribar sin revelar la verdad más oscura de su familia.

—Alexia, no es tan sencillo... —comenzó él, pero ella lo interrumpió con una mirada cargada de desprecio.

—Todo es sencillo, Milton. Solo que tú siempre has preferido el secreto a la verdad.

Alexia abrió la puerta y salió, dejando a Milton solo en el silencio aséptico del baño, con el perfume de ella aún flotando en el aire, recordándole que, aunque la había tenido físicamente, seguía sin tenerla.

Al salir al bar, se encontró con Patricius, quien la esperaba con una mirada llena de comprensión. No le preguntó qué había pasado, ni necesitó explicaciones. Simplemente extendió su brazo y Alexia, sintiéndose más frágil que nunca, se agarró a él. Caminaron hacia la salida, dejando atrás a Milton, quien permaneció en el baño, con los puños cerrados, contemplando el vacío, dándose cuenta de que la brecha entre ellos no se había cerrado con la pasión, sino que, de hecho, se había vuelto mucho más profunda, un abismo cavado con cada secreto que aún permanecía entre los dos.

La noche seguía su curso en la ciudad, ajena al dolor de dos almas que, a pesar de la rabia, seguían orbitándose como estrellas moribundas. Alexia Mendoza caminó bajo las luces de neón de la metrópoli, sintiendo el peso del secreto que guardaba, una verdad que, de revelarse, no solo destruiría a Milton, sino que cambiaría el destino de todos los involucrados para siempre. Y mientras la ciudad dormía, el recuerdo del toque de Milton en el baño le quemaba la piel, un recordatorio constante de que, a pesar de todo lo que decía, a pesar de todo el dolor, la sombra de su pasado seguía siendo su presente más real y destructivo.

El coche de Patricius esperaba en la acera. Alexia entró, cerrando la puerta y desconectándose del ruido de la noche. Mientras el vehículo se deslizaba por las calles oscuras, ella miró por la ventana, viendo cómo los edificios pasaban como fantasmas. Su mente, sin embargo, estaba fija en los ojos de Milton. Aquella intensidad, aquella desesperación que él intentó ocultar con arrogancia, le dio una pequeña esperanza que trataba de aniquilar a toda costa.

'Entre sombras', pensó ella. Sí, todo en su vida se había convertido en eso. Una existencia construida a medias entre lo que mostraba al mundo y lo que ocultaba en el rincón más oscuro de su ser. Patricius conducía en silencio, respetando su espacio, pero Alexia sabía que incluso esa lealtad tenía sus límites. El juego acababa de empezar y el precio de la verdad estaba subiendo más allá de lo que cualquiera de ellos podía pagar.

La mañana siguiente sería una nueva mentira, un nuevo capítulo en esta tragedia de dos actos donde los protagonistas se amaban tanto como se despreciaban. Alexia cerró los ojos, intentando descansar, pero solo pudo ver la figura de Milton, acorralándola contra el mármol, su aliento, su olor, su dolor. Era una condena. Una condena que ella misma había aceptado al no permitir que el pasado terminara de morir.

El coche se detuvo frente a su edificio. Patricius bajó y le abrió la puerta.

—¿Quieres que me quede? —preguntó él, con su habitual tono protector.

Alexia negó con la cabeza, una sonrisa débil dibujándose en sus labios.

—No, Patricius. Ve a casa. Necesito estar a solas con mis sombras.

Él asintió y se marchó. Alexia entró al vestíbulo, subió al ascensor y, al llegar a su apartamento, se quedó allí, en la penumbra del recibidor, escuchando el silencio de su hogar. Ese silencio era el refugio, el único lugar donde podía dejar de actuar. Y sin embargo, incluso allí, el fantasma de Milton Vance parecía llenar cada habitación, cada rincón, recordándole que, sin importar cuánto corriera, la sombra siempre terminaba alcanzándola.

La vida continuaba, pero a partir de esa noche, nada sería igual. El velo se había rasgado, y detrás de él, solo quedaba la verdad esperando a ser desenterrada. Y cuando esa verdad finalmente saliera a la luz, el mundo de ambos, tal como lo conocían, terminaría consumido por el fuego.

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Sayuris Paola Venecia Barcelo
viejo verde, dale su merecido......
Sayuris Paola Venecia Barcelo
me encanta 🥰
Mary Cabrera
estubo muy bonita, pero me faltó que paso con la mamá de ella? y él amigo patric nunca salió que era su mejor amigo 🤔 pero estubo bonita
Mary Cabrera
que lindo 😍 se casaron y van a estar juntos creando una bella familia sin la sombras del pasado
Mary Cabrera
viejo desgraciado, y la mamá otra porquería donde está?
Mary Cabrera
estos son el nos bestias desalmados🤨 como latigazos? ni por qué fueran la época antigua , y ahora ella va pensar que se fue y se burlo de ella por qué no aparece 😏
Mary Cabrera
hay está el error no hablar, 😏 siempre es lo mismo
Mary Cabrera
El la está ayudando que le de ropa que bien , no tiene si no ropa vieja y desgastada, esto va a ser y ya es para bien le pago sus estudios hasta que termine y ella solo va a ayudarlo a él es un buen trato
Lucía Lombardi
Al final todo salió bien 🥰
KureRoseta
Que lindo un final feliz ☺️
KureRoseta
Que hombre más cínico 😒
KureRoseta
Parece cachorrito el prota 😭
KureRoseta
Ya empezaron los malentendidos a penas se ven 😒 pobres
KureRoseta
Los castigos familiares a veces son muy fuerte. Yo no aguanto ni el primero 😭
KureRoseta
Me encanta esto 🤭 huele a peligro 😮
KureRoseta
Que lindo los pensamientos del protagonista 🤭🥰
Aria Samé Nieves
Me pareció perfecto. No es muy extenso así que no cansa en la lectura..
Aria Samé Nieves
Me encantó la historia 🥰
Aria Samé Nieves
Así me gusta que sea un protector y machote 🤭
Aria Samé Nieves
Me está gustando este chico 🥰
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