NovelToon NovelToon
En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11

—¿Me estás jodiendo, verdad? —le pregunté a Diego, clavándole los ojos con una mezcla de incredulidad y furia contenida.

—No, mis padres sí, pero yo no —respondió él con una media sonrisa socarrona, observándome con una peligrosa picardía brillando en las pupilas.

Aparté la vista de golpe, sintiendo que el cerebro se me hacía cortocircuito sin comprender absolutamente nada de lo que pasaba. Al fondo de la sala, los rostros de los mayores reflejaban una honda sorpresa mezclada con desconcierto ante mi tajante reacción.

—Jaja, solo era una broma... —intervino papá de inmediato, mirándome con cautela y una forzada incomodidad—. No imaginé que se llevaran tan pesado —añadió, volteando a ver a Diego para disimular la tensión.

—Pues entérate bien: ¡yo con él ni a la esquina! —le espeté a papá sin filtros, girando sobre mis talones para salir disparada de la sala principal.

A mis espaldas, alcancé a escuchar cómo los adultos soltaban risas nerviosas e incómodas para romper el hielo. Sin embargo, mi instinto me gritaba que aquello no había sido un simple chiste; papá jamás bromeaba con un tema tan delicado como un matrimonio arreglado.

Me puse a caminar a paso firme por los pasillos de la planta baja, intentando desesperadamente aplacar los nervios punzantes y la rabia hirviente que se había estancado en mi pecho. Llevaba tanto tiempo esforzándome al máximo por mantener a Diego a una distancia prudente, y aun así, él siempre se las ingeniaba para colarse en mi órbita. A este paso, sabía perfectamente que nuestra historia iba a terminar estallando de la peor manera.

Absorta en mis pensamientos, sin darme cuenta de los movimientos mecánicos de mi propio cuerpo, doblé hacia un rincón apartado de la sala y mi mano rozó un pequeño adorno. Al empujarlo con un leve giro, un compartimento secreto se abrió frente a mí: un elegante estante oculto repleto de licores costosos. En mi otra vida, la dolorosa costumbre de ver a Diego sacar botellas de ahí cada vez que discutíamos se había grabado tan hondo en mi memoria muscular que actué por puro reflejo.

Sin pensarlo dos veces, saqué una botella de whiskey Jack Daniel's y busqué a tientas una copa limpia en el borde. Me serví un buen trago y, sin darme tregua, me lo pasé de golpe, de un solo trago largo y pesado que me quemó la garganta como fuego líquido.

—¡Dios bendito... sabe horrible! —me quejé, arrugando la cara con una mueca de asco mientras tosía ligeramente.

No entendía cómo demonios era capaz de beberse esa porquería a todas horas, ¡incluso sin haber desayunado!

De pronto, el sonido de unos pasos sigilosos me sobresaltó, haciéndome dar un brinco. Me giré con el corazón en la garganta y encontré a Diego a pocos pasos de mí, acercándose con una lentitud felina y la mirada llena de una profunda confusión y sorpresa.

Sus ojos grises estaban fijos, imantados en la botella de alcohol que aún sostenía torpemente entre los dedos.

—¿Cómo demonios supiste que ahí se guardaba el licor? —preguntó.

Su voz sonó baja, cortante y profundamente inquietante, disparando todos mis alarmas internas.

*Joder*, me regañé mentalmente, *¿cómo se te ocurre cometer una estupidez semejante?*

—Mmm... no lo sé, solo empujé ese adorno por casualidad y vi que el estante con el licor estaba ahí... —balbuceé, intentando sonar convincente mientras mi voz temblaba.

En un parpadeo, su mano se adelantó con rapidez y me arrebató la botella de los dedos, escrutándome con fijeza.

—Te vi perfectamente, Elizabeth. Ni siquiera lo pensaste un segundo antes de mover el mecanismo; eso es algo que solo sabemos mi familia y yo. Además de los tuyos, jamás ha puesto un pie en esta casa nadie más... Así que exijo una maldita explicación —espetó con ese tono gélido y calculador que siempre utilizaba cuando sospechaba que algo turbio ocurría.

La sangre se me congeló en las venas. No tenía coartada. No sabía qué decir para salir de esa trampa.

—No, de verdad... debes haber visto mal. Yo no tenía la menor idea de que eso estaba ahí escondido —mentí desesperadamente, evitando a toda costa chocar con su mirada mientras trataba de escabullirme dando un paso al costado para pasar por su lado.

Él me dejó avanzar un par de pasos, pero justo cuando iba a cruzar el umbral, me agarró con fuerza de la muñeca y me arrastró sin contemplaciones hacia el fondo del pasillo privado.

Un escalofrío de terror puro recorrió mi columna vertebral. Me detuve en seco, haciendo fuerza con los talones contra el suelo para frenarlo.

—¿Qué sucede contigo? —preguntó, deteniéndose también y viéndome con el ceño fruncido ante mi resistencia.

*No*. Mi mente gritaba aterrorizada. Él no me iba a arrastrar a esa habitación otra vez; no lo iba a permitir bajo ninguna circunstancia.

—¡Suéltame ahora mismo! —le ordené, sacudiéndome con violencia y apartándome de él con tanta fuerza como me lo permitieron mis temblorosas manos.

Pero fui demasiado lenta. Me tomó por total sorpresa y, en un movimiento ágil y brusco, me cargó por los aires echándome al hombro como si fuera un costal de papas. Comencé a gritar y a golpearle la espalda con los puños cerrados, exigiendo que me bajara.

Me soltó de golpe apenas cruzamos el umbral, dejándome dentro de una habitación que yo conocía con aterrorizadora perfección.

Mientras yo retrocedía tropezando con mis propios pies y ahogándome de puro miedo, él se apartó con total naturalidad y se dirigió al pequeño aparador de la pared como si estuviera en su propia sala de estar.

*Me va a encerrar aquí otra vez.*

Intenté aferrarme a cualquier jirón de calma, pero era inútil; el aire me faltaba. De solo ver las paredes oscuras, el diseño del piso y las mismas cortinas pesadas de aquella pesadilla, sentí unas náuseas insoportables y unas ganas horribles de vomitar.

—Dime... ¿con hielo o sin hielo? —su voz tranquila rompió el silencio, trayéndome de golpe a la amarga realidad.

Lo busqué con los ojos desorbitados y lo vi sosteniendo otra botella de alcohol entre las manos.

—Las botellas de antes pertenecían a mi padre, son demasiado preciadas y no podemos tocar ninguna... —murmuró distraído, sirviéndome un poco de líquido ámbar en un vaso limpio.

En ese exacto instante, una oleada de recuerdos del pasado me apuñaló el cerebro: la memoria de él y de mí en mis últimos días, justo antes de morir, cuando él también solía servirme tragos de la misma manera enfermiza.

Di dos pasos tropezados hacia atrás, perdí el equilibrio y caí pesadamente sobre el sofá.

—Estás muy tensa, ¿lo sabías? —comentó con voz suave, avanzando hacia mí a paso lento y deliberado.

Me tendió el vaso con el licor humeante y, en un arrebato de pánico puro, se lo aparté de un manotazo con tanta fuerza que el recipiente voló por los aires y se estrelló contra el suelo, haciéndose añicos en mil pedazos de cristal.

—¿Pero qué diablos te pasa en la cabeza? ¡Si pensé que tenías ganas de beber algo! —exclamó con genuina molestia, dejándose caer de rodillas para empezar a recoger los vidrios rotos con total calma — No te pongas de pie, puedes lastimarte.

Yo no podía articular palabra. Me quedé helada, temblando de pies a cabeza, intentando desesperadamente no colapsar ante el peso de los traumas que amenazaban con destrozarme por dentro.

Las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin permiso, rodando calientes por mis mejillas. Él se incorporó lentamente, sacudiéndose las manos, y se quedó observándome en absoluto silencio, intentando descifrar mi comportamiento errático.

—Sé que te caigo mal... muy mal. Mírate nada más cómo te pones con tan solo estar a solas conmigo en una habitación, pero... —suspiró, y su mirada se volvió tan densa que por un instante sentí que dejaba de respirar.

—No puedo evitar verte, Elizabeth. Sé que suena completamente retorcido, pero tienes algo maldito que me fascina y me atrapa —confesó, bebiendo un trago de su propio vaso sin apartar ni un solo segundo sus grises pupilas de las mías.

La tensión estática que llenaba el aire de la habitación se convirtió en una soga invisible que me robaba el oxígeno. No podía llenar mis pulmones con tranquilidad.

—No te voy a hacer daño. Si te traje aquí es únicamente porque... porque... —intentó explicarse.

—Porque te encanta tener el control absoluto sobre mí —le arrebaté las palabras de la boca, escupiéndoselas con amargura.

Vi cómo sus ojos oscurecidos confirmaban mis palabras de inmediato. Una sonrisa lenta y torcida se dibujó en sus labios, y aunque reconoció mi acierto, esa expresión me aterrorizó hasta los huesos... aunque una parte enferma de mí ya ni siquiera sabía si era miedo puro o algo peor.

—Te diré algo... —murmuró, dejando el vaso sobre la mesita auxiliar antes de sentarse justo a mi lado en el sofá.

Por pura inercia defensiva, me encogí y me alejé deslizándome hacia el otro extremo, un movimiento que, lejos de ofenderlo, pareció causarle una oscura satisfacción.

—Despiertas en mí una sensación de posesión que no logro comprender —continuó, inclinándose hacia mí con una lentitud desesperante—. Realmente no tienes nada extraordinario, eres una chica común, pero cuando te veo... es como si cada fibra de mi cuerpo me gritara que debo poseerte a la fuerza.

Al decir esto, extendió la mano, buscando acariciar mi mejilla con las yemas de sus dedos.

Me aparté de un manotazo, aterrorizada.

—Traté de mantener las distancias, te lo juro. Pero Elizabeth, cada vez que nos cruzábamos volvías a mirarme de una manera tan extraña, tan confusa, que me... distraías por completo. Es como si me conocieras de toda la vida —susurró esta vez, acercando su rostro al mío con una intensidad abrumadora—. Tengo la maldita sensación de que estás buscando algo muy específico en mí. No sé qué es lo que quieres, pero presiento que deseas algo profundo de mi parte, y esa incertidumbre no me deja ni dormir por las noches.

Esta vez, se abalanzó con decisión, acorralándome contra el respaldo del sofá y sujetándome con manos firmes que me impidieron cualquier intento de escape.

Ya no pude contenerme: di un pequeño salto ahogado por el miedo, con sus ojos fijos en mí como un depredador analizando a su presa.

—Tengo la firme sensación de que... en cualquier momento me vas a hacer daño —articulé con un hilo de voz tembloroso y roto por el llanto.

Diego se quedó en completo silencio. Su semblante cambió por un segundo, volviéndose sombrío antes de suspirar con pesadez.

—Déjame decirte algo... Llevo lidiando con un maldito problema mental toda mi vida. Es la maldita razón por la que suelo acostarme con chicas y luego desaparezco sin dejar rastro: tiendo a obsesionarme de forma enfermiza —confesó con una brutalidad desgarradora, rozando su pulgar contra mi labio inferior—. Pero contigo es completamente diferente. Esa obsesión se desbordó y se volvió algo mucho más oscuro y retorcido. Pero nunca te haría daño. — Sus ojos no dejaban de ver los míos con esa intensidad tan arrolladora — Pero... he llegado a soñar despierto que tú estabas atada con cadenas en esta misma habitación, mientras yo me quedaba sentado en silencio en la oscuridad, imaginando las cosas más perversas y retorcidas que un ser humano puede concebir para una mujer.

Sus palabras cayeron como bloques de hielo sobre mi mente, calando hondo y haciendo estallar el pánico absoluto en cada rincón de mi ser.

*Él... ¿él también había renacido con los recuerdos del pasado?*

El miedo estalló en mi interior, desatando una tormenta de desesperación que amenazaba con destrozarme.

1
Betty Saavedra Alvarado
Kiary Diego Eli no te quiere dejar hará de todo para estar juntos
Betty Saavedra Alvarado
Eli estás jugando con fuego te vas a quemar
Betty Saavedra Alvarado
Diego y Eli están locos se aman no se olvidaron
Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play