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La Esposa Del Lobo De Plata

La Esposa Del Lobo De Plata

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Sebastián Volk es el hombre más temido de la alta sociedad. Tras una máscara de plata esconde un secreto monstruoso: es el último heredero de una estirpe de licántropos. Cuando la familia del Sol debe entregar una hija en matrimonio, Mía huye del compromiso y Luna ocupa su lugar. Despreciada por su madrastra, Luna ve en Sebastián la oportunidad perfecta para vengarse. Pero el lobo esperaba una esposa sumisa y encontró a una mujer que no teme desafiarlo. Entre deseo, traiciones y secretos sangrientos, ambos descubrirán que el matrimonio puede ser una prisión… o el comienzo de una guerra.

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Capítulo 8: Ojos dorados en la oscuridad

​El chasquido agudo de las garras de Los Sombras contra el cristal blindado rasgó el silencio dentro de la cabina.

​Sebastián no esperó. Se inclinó sobre el panel central, presionó un botón de emergencia oculto debajo de la guantera y el asiento trasero comenzó a desplazarse hacia atrás. Una escotilla de acero reforzado se abrió en la pared posterior que conectaba con el maletero blindado del Maybach.

​—Entra ahí. Ahora —ordenó Sebastián. Su voz ya no era humana; era un retumbo gutural que hizo vibrar el aire dentro del auto.

​Luna lo miró fijamente. El olor a ozono, sangre viva y furia primaria que emanaba de su esposo era tan denso que casi se podía saborear en el aire.

​—Sebastián, son al menos seis—

​—¡Entra y no mires! —gritó él, tomándola por los hombros con una fuerza abrumadora y empujándola con firmeza hacia el habitáculo blindado—. ¡Si aprecias tu vida, no te atrevas a asomarte, Luna!

​La puerta de acero se cerró de golpe sobre ella, sumergiéndola en una penumbra casi absoluta, iluminada únicamente por la pantalla del indicador de oxígeno. El seguro hidráulico resonó con un chasquido sordo.

​Luna se quedó quieta en la oscuridad, sintiendo cómo el corazón le golpeaba contra las costillas a un ritmo frenético.

​Cree que me voy a esconder como un conejo aterrorizado, pensó, apretando los dientes mientras la frustración le quemaba la garganta. Si voy a ser su esposa en esta guerra, necesito ver exactamente a qué me enfrento.

​Deslizándose con cuidado sobre el piso de metal, Luna buscó la pequeña rejilla de inspección reforzada que conectaba el compartimento de seguridad con el habitáculo principal del auto. Desplazó la pestaña de bloqueo en absoluto silencio y pegó los ojos al cristal polarizado de alta resistencia.

​En la cabina principal, Sebastián ya no estaba en su asiento.

​La portezuela del lado del conductor fue arrancada de cuajo con un estruendo metálico que retumbó en la noche.

​Afuera, la tormenta caía con furia, pero los relámpagos que cruzaban el cielo iluminaban el claro del bosque en ráfagas de luz blanca. Luna contuvo la respiración al ver la escena.

​Sebastián no corría; se desplazaba. Su figura se desdibujaba en la penumbra con una velocidad ultrasónica que desafiaba toda física humana. Un parpadeo y estaba en la puerta del vehículo; otro parpadeo y ya se encontraba en medio del grupo de atacantes.

​Los Sombras, criaturas encorvadas con rostros semitransformados y mandíbulas deformadas por el hambre de caza, se abalanzaron sobre él al unísono.

​Lo que siguió no fue una pelea. Fue una exhibición de masacre pura y calculada.

​Sebastián atrapó al primer atacante por la garganta en pleno vuelo. Con un movimiento fluido y brutal, quebró el cuello de la criatura y usó su cuerpo como escudo contra las garras del segundo. El sonido de los huesos partiéndose y los músculos desgarrándose resonó por encima del bramido del viento.

​Luna observaba sin pestañear. Sintió una mezcla punzante de horror visceral y una fascinación oscura que le erizaba los vellos del brazo.

​No es solo fuerza, analizó ella en silencio, con la mente trabajando a toda marcha a pesar del pánico. Es precisión militar combinada con un instinto depredador perfecto. No duda. No concede espacio.

​Sebastián esquivó un golpe mortal inclinando el torso a una velocidad imposible para la fisonomía humana. Asestó un puñetazo directo al pecho de un enemigo que lo atravesó de lado a lado, manchando la hierba mojada de una sangre negra y viscosa. Los gruñidos de dolor y los alaridos de las criaturas heridos se ahogaban rápidamente entre los golpes secos y el crujir de la madera cuando los cuerpos salían despedidos contra los troncos de los pinos.

​En menos de noventa segundos, el bosque volvió a quedar en silencio.

​Cinco cuerpos yacían inmóviles sobre la tierra empapada, rodeados por una bruma roja que emanaba del calor de los restos. El último de los atacantes, gravemente herido en el suelo, intentaba arrastrarse hacia la maleza.

​Sebastián caminó hacia él sin prisa.

​Lo tomó por el cabello, lo alzó a un metro del suelo y, sin pronunciar una sola palabra, le partió la columna vertebral contra su rodilla antes de dejarlo caer como un trapo sucio.

​El silencio que siguió fue absoluto, roto únicamente por el martilleo de la lluvia pesada sobre las hojas y el resoplido agitado de Sebastián.

​Luna pegó más la frente al cristal, con el pulso acelerado.

​Sebastián permanecía de pie en el centro de la matanza. Su esmoquin de alta costura estaba destrozado en la espalda y los brazos, empapado de lluvia y manchado de rojo de arriba abajo. Las manos le goteaban sangre fresca sobre la tierra.

​Lentamente, Sebastián giró sobre sus talones y caminó de regreso al Maybach. Sus pasos eran pesados, cargados de una energía volátil que hacía temblar el aire a su alrededor.

​Llegó al marco de la puerta arrancada y se inclinó para accionar el panel de liberación del compartimento de seguridad.

​La escotilla de acero se abrió con un siseo neumático.

​Luna no esperó a que él la sacara. Salió de la cavidad por su propio pie, poniéndose de erguida en el habitáculo trasero del auto.

​Sebastián estaba inclinado sobre el marco, a escasos centímetros de ella. El hedor a hierro, lluvia y salvajismo que emanaba de su cuerpo era casi sofocante.

​—Te dije que no miraras —dijo él. Su voz era un gruñido rasposo, bajo y cargado de una amenaza latente.

​—Nunca he sido buena obedeciendo órdenes absurdas —respondió Luna, manteniendo la voz firme a pesar de la descarga de adrenalina que le hacía vibrar las manos.

​Sebastián dio un paso hacia el interior de la cabina. Levantó una mano cubierta de sangre para tocarle el rostro, tal vez para comprobar si estaba herida o para imponer su dominación.

​En ese instante, un relámpago cruzó el cielo justo encima de ellos, iluminando la penumbra del vehículo.

​El impacto del trueno coincidió con el chasquido metálico de la máscara de plata. La fuerza del combate previo había agrietado el soporte de sujeción, y la mitad del metal pulido se fracturó, cayendo al suelo del auto con un golpe seco.

​Por una fracción de segundo, la mitad derecha del rostro de Sebastián quedó completamente al descubierto.

​Luna no vio las cicatrices deformes de las que hablaba la alta sociedad. Vio los rasgos tallados de un dios salvaje, una línea de mandíbula perfecta y una piel marcaba por una antigua quemadura plateada.

​Pero lo que paralizó el aliento de Luna no fue la estructura de su cara.

​Fue su mirada.

​Ambos ojos de Sebastián, desprovistos de la sombra de la máscara, brillaban en la oscuridad del vehículo con un color oro puro y fulgurante. Un dorado líquido, incandescente y desprovisto de cualquier rastro de humanidad, que ardía con el hambre voraz de una bestia que acababa de probar la sangre de sus enemigos.

​Luna se quedó helada, atrapada en el centro de esa luz dorada. No había miedo en sus ojos oscuros, solo una comprensión abrumadora de la verdad que su esposo había escondido del mundo.

​Sebastián cerró los ojos con fuerza, ahogando un rugido en el pecho mientras apretaba los puños. Respiró hondo una, dos, tres veces, luchando con una fuerza de voluntad sobrehumana contra la naturaleza de su sangre.

​Cuando volvió a abrir los ojos un segundo después, el destello dorado había desaparecido. Su ojo izquierdo volvía a ser del gris plomizo de siempre, aunque su respiración seguía siendo agitada y peligrosa.

​Sebastián recogió los restos de la máscara del suelo, ocultando de nuevo su rostro antes de fijar su mirada en ella.

​—Bienvenida a mi mundo, Luna —susurró él con una sonrisa amarga y sanguinaria—. Ahora ya sabes con qué clase de monstruo te casaste.

​Luna no retrocedió. Dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos hasta que su vestido de seda tocó el torso ensangrentado de su esposo, y lo miró fijamente a través de las sombras.

​—El problema, Sebastián —respondió ella en un susurro igual de peligroso—, es que todavía no has descubierto de lo que soy capaz yo.

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Carolina A²V
que paso Victoria se te fue la valentía que trajiste❓️🤔
Carolina A²V
dónde se supone está la dichosa orden por desde que llegaron no han mostrado nada
Jesus Castro Montero
Por que Victoria quiere todo lo que tiene Luna ahora sabe que Luna no es nada sumisa ni tonta por que no acabar de una vez con esa escoria que lo único que hace es dar más problemas
Jesus Castro Montero
Luna eres buen terca y que poco te conoce Sebastián jamás te quedarás quieta y hoy más que nunca verá que cometió el error de no consultarte bueno ek se lo busco
Carolina A²V
😂😂😂 demuestralo porque las palabras de una loca cómo tu hija no son de peso 🤨🤔
Carolina A²V
un comentario que hago leo los cargos y me pregunto que hace victoria en ese lugar❓️🤔 porque no la puedo relacionar con nada de lo que sucede 🤔
Carolina A²V
esos funcionarios están buscando narcotraficantes o que❓️🤨🤔
Jesus Castro Montero
Luna no te cree Sebastián ahora tienes que remar mucho para que Luna te pueda perdonar🥰❤️😂🤣💘😈
Carolina A²V
que te dije ella no es de las que se sientan a esperar que pasen las cosas
Carolina A²V
y no te dijo nada previamente
supongo que tu harás tu parte ya que no te piensas quedar sin hacer nada
Carolina A²V
debió bajar a ordenar el desayuno de ambos 🤔
Carolina A²V
Bueno dicen que para cada roto hay un descocido 🤷🏻‍♀️
Carolina A²V
ahora si llego la entrega que dos cuerpos estaban necesitando 🔥🥵❤️‍🔥
Betty Saavedra Alvarado
Luna eres fuerte y empoderada nadie puede contigo Sebas está luchanfo ahora vas a estar su lado para acabar con la Sombras
Betty Saavedra Alvarado
Luna si que eres terca deja que Sebas arregle todo tu vida corre peligro
Carolina A²V
en pocas palabras tu cable a tierra 🤔
Carolina A²V
eso es cierto tu pediste casarte en lugar de mía
Carolina A²V
El detalle está que ella no te creerá así tan fácilmente 🫤🤨🤔
Carolina A²V
por eso te pregunté sobre las tijeras en contra de Sebastián 🤔🫤
Carolina A²V
en serio tienes pensado usar esas tijeras❓️🤔🤨
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