Con el alma rota y dos hijos que proteger, Catalina reconstruyó su vida desde cero… sin él.
Rubén lo dejó todo por una mentira. Pero cuando la ilusión se desvaneció, comprendió que lo que abandonó era lo único real. Regresa arrepentido, dispuesto a recuperar lo que perdió.
Sin embargo, Catalina ya no espera por nadie. Encontró la fuerza, la paz y la vida que él le negó.
¿Podrá su arrepentimiento borrar años de abandono? ¿O será demasiado tarde para volver a su lado?
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Capítulo 23: El primer recuerdo de Catalina
Rubén
Aquella noche no pude dormir.
Valeria se había encerrado en su habitación después de nuestra última discusión.
Yo me quedé solo en la sala.
El apartamento estaba completamente silencioso.
Miré el reloj.
Pasaban de las dos de la madrugada.
Intenté cerrar los ojos, pero mi mente no dejaba de repetir las palabras de Catalina.
“Por mí ya no tienes que hacer nada.”
Me dolieron más de lo que esperaba.
Me levanté y fui hasta un cajón donde guardaba algunas cosas antiguas.
No sabía exactamente qué estaba buscando.
Solo necesitaba distraerme.
Entonces encontré una fotografía.
Era pequeña y estaba un poco doblada en una esquina.
La tomé entre mis manos.
Y al verla, regresé muchos años atrás.
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Rubén
La primera vez que vi a Catalina fue en una pequeña cafetería cerca de la universidad.
Yo tenía prisa.
Había llegado tarde a una reunión y estaba revisando unos documentos mientras caminaba.
Entonces choqué con alguien.
—¡Ay!
Un vaso de café cayó al suelo.
Levanté la mirada.
Era ella.
Tenía el cabello recogido y llevaba varios libros contra el pecho.
—Lo siento muchísimo —dije.
Ella miró el café derramado.
Después me miró a mí.
—Creo que ambos tenemos la culpa.
Sonrió.
Una sonrisa sencilla.
Sin esfuerzo.
—Déjame pagarte otro café.
—No hace falta.
—Insisto.
Ella negó con la cabeza.
—Está bien.
Nos acercamos al mostrador.
—¿Cómo te llamas? —pregunté.
—Catalina.
—Yo soy Rubén.
—Mucho gusto.
No sabía que aquella mujer terminaría convirtiéndose en la persona más importante de mi vida.
No sabía que algún día tendría hijos con ella.
No sabía que construiríamos una familia.
Y mucho menos imaginaba que sería yo quien terminaría destruyéndola.
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Catalina
Aquella misma noche, mientras Rubén seguramente dormía lejos de nosotros, yo estaba revisando la carta que había recibido.
La había dejado sobre la mesa durante días.
Finalmente decidí abrirla.
La hoja estaba doblada cuidadosamente.
Reconocí inmediatamente la letra.
Era de Rubén.
Comencé a leer.
“Catalina:
No sé si algún día tendrás ganas de leer estas palabras. Tampoco sé si merezco que me escuches. Pero necesito escribirlas.”
Sentí que el corazón me latía más rápido.
Continué.
“A veces recuerdo el día en que te conocí.”
Me quedé inmóvil.
Aquella frase me llevó a mis propios recuerdos.
La cafetería.
El café derramado.
Su sonrisa.
La primera conversación.
La primera vez que me acompañó hasta mi casa.
El primer mensaje.
El primer beso.
Todo parecía tan lejano.
Continué leyendo.
“Recuerdo que pensé que eras diferente.”
Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
“Me enamoré de ti sin darme cuenta. Primero de tu forma de reír. Después de tu paciencia. Después de la manera en que cuidabas de todos.”
Cerré los ojos.
No sabía si seguir leyendo.
Pero continué.
“Lo peor es que fui yo quien olvidó todo eso.”
Una lágrima cayó sobre el papel.
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Rubén
Seguí mirando aquella fotografía.
Recordé nuestro primer año juntos.
Catalina siempre encontraba una forma de hacerme sonreír.
Cuando llegaba cansado del trabajo, ella preparaba mi comida favorita.
Cuando tenía problemas, me escuchaba.
Cuando conseguí mi primer ascenso, fue la primera persona a la que llamé.
Cuando compramos nuestra primera casa, Catalina lloró de felicidad.
Recuerdo que esa noche me abrazó y dijo:
—Aquí vamos a construir nuestra familia.
Yo la besé.
—Te prometo que siempre voy a cuidarte.
Cerré los ojos.
Aquella promesa me dolió.
Porque fui yo quien la rompió.
Seguí revisando la caja.
Encontré una pequeña pulsera.
Catalina me la había regalado años atrás.
La había olvidado.
La sostuve entre mis dedos.
Y entonces recordé el día que nació Mateo.
Catalina estaba agotada.
Yo estaba nervioso.
Cuando me entregaron a nuestro hijo, ambos lloramos.
Ella me miró y dijo:
—Mira lo que hicimos.
Yo sonreí.
—Es perfecto.
Aquella noche entendí lo que significaba tener una familia.
Y aun así…
Años después fui capaz de abandonarla.
Me llevé las manos al rostro.
—¿Cómo pude hacerlo?
No había nadie que pudiera responderme.
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Catalina
La carta continuaba.
“Catalina, sé que decirte que me arrepiento no es suficiente.”
Respiré profundamente.
“Sé que no puedo devolverte las noches en las que lloraste. No puedo devolver el día en que te dije que amaba a otra persona. No puedo borrar el momento en que me fui mientras tú estabas embarazada.”
Mis manos comenzaron a temblar.
Aquello era exactamente lo que había vivido.
Pero leerlo desde sus palabras era diferente.
“No espero que me perdones.”
Me quedé mirando aquella frase.
Por primera vez desde que Rubén se fue, sentí que quizá él estaba comenzando a entender la magnitud de lo que había hecho.
Pero la carta todavía no terminaba.
Había una última parte.
La leí.
“Hay algo que nunca te dije. El día que decidí irme no fue tan sencillo como te hice creer.”
Fruncí el ceño.
Sentí un escalofrío.
“Valeria ya estaba en mi vida, pero hubo cosas que ocurrieron antes. Cosas que no tuve el valor de contarte.”
Dejé de respirar durante unos segundos.
¿De qué estaba hablando?
Seguí leyendo.
“Algún día tendrás derecho a conocer toda la verdad.”
La carta terminaba ahí.
Me quedé inmóvil.
Había esperado una disculpa.
Había recibido algo mucho más inquietante.
Una pregunta.
¿Qué había ocurrido antes de que Rubén decidiera abandonarnos?
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Rubén
Guardé nuevamente la fotografía.
Pero antes de cerrar la caja encontré otra imagen.
Catalina estaba embarazada de Mateo.
Tenía una mano sobre el vientre.
Yo estaba detrás de ella.
Ambos sonreíamos.
Recordé aquel día.
—¿Crees que será niño o niña? —me preguntó.
—No importa.
—¿Por qué?
La abracé.
—Porque voy a amar a nuestro bebé sea como sea.
Ella sonrió.
—Y yo voy a amarte siempre.
Abrí los ojos.
Aquella última frase me destruyó.
Porque ella había cumplido.
Yo no.
Dejé la fotografía sobre la mesa.
Tomé mi teléfono.
Busqué el nombre de Catalina.
Estuve a punto de llamarla.
Pero me detuve.
No quería volver a aparecer en su vida solo para confundirla.
Antes necesitaba saber qué había ocurrido realmente.
Porque la carta que había escrito meses atrás no contaba toda la historia.
Había otra verdad.
Una que incluso yo había intentado olvidar.
Y esa verdad tenía un nombre.
Valeria.
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Catalina
Guardé la carta en un cajón.
No quería pensar más en ella esa noche.
Pero antes de acostarme, recibí un mensaje.
Era del mismo número desconocido.
“Ahora entiendes por qué te dije que no confíes en Valeria.”
Mi corazón se aceleró.
Escribí:
“¿Quién eres?”
La respuesta tardó unos segundos.
“Alguien que estuvo allí cuando todo comenzó.”
Miré la pantalla.
“¿Qué quieres decir?”
El mensaje siguiente llegó inmediatamente.
“Mañana te contaré lo que realmente ocurrió entre Rubén y Valeria.”
Me quedé inmóvil.
Por primera vez, sentí que la historia que había conocido durante meses podía estar incompleta.
Y si aquella persona decía la verdad…
quizá el día que Rubén me dejó no había sido el comienzo de la traición.
Quizá había sido solamente el resultado de algo que llevaba mucho tiempo ocurriendo detrás de mi espalda.
🙊a hora cual será el misterio