Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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la verdad de aquella noche
Era una noche en la que poco a poco el invierno comenzaba a llegar.
Louis había salido de su turno de trabajo. Miró el cielo con una sonrisa.
—Ojalá Agustina acepte ser mi novia...
Entonces vio venir a Andrés.
Andrés, enojado, se acercó y le pegó. Louis lo miró, completamente sorprendido.
—¿Cómo te atreves a pedirle a Agustina que sea tu novia? Yo creí que eras mi amigo. Eras como mi hermano.
Louis lo observó confundido.
—¿Estás loco? Yo siempre amé a Agustina.
Andrés volvió a golpearlo.
—¡Pega todo lo que quieras! Yo la amo desde antes de que fuéramos amigos.
Louis rio de lado.
—¿Crees que un chico como tú y su familia van a aceptar esto? Por favor, déjala en paz. Tú eres pobre. Ni siquiera sabes dónde vas a caer cuando seas más grande.
—¡No lo haré!
Louis lo empujó.
—¡Estoy harto de que digas que no! ¡Ya basta! ¿Sabes qué?
Se sacó su pulsera y la tiró al piso.
—Si no quieres ser mi amigo, está bien. No te necesito.
Se fue llorando.
Andrés solamente observó cómo se alejaba.
—Bien, maldito... —murmuró, todavía enojado.
En ese momento, recibió un mensaje.
“Hoy es esa fiesta...”
Andrés miró el teléfono.
—Y si voy, no hay problema. Total, yo no iba para que el idiota de Louis no se sintiera solo.
Cuando volvió a mirar, Louis ya no estaba.
—¿Tan rápido se fue? —se preguntó, serio.
Entonces recordó algo.
—Espera... ¿estaba usando mi chaqueta? —murmuró, curioso—. Después se la pido, si ya no es mi amigo.
Un auto negro pasó por la calle.
Más tarde, Andrés llegó a la fiesta.
Mónica y Agustina estaban allí.
Andrés tomó algo fuerte. Poco a poco, todo comenzó a darle vueltas.
Después, una chica se acercó y se lo llevó.
Fin del recuerdo.
—Así que cuando me dijiste que habías estado conmigo, sí te creí, porque estuve con una chica... pero no sé quién era —suspiró Andrés.
Agustina lo miró fijamente.
—Y Louis tenía tu chaqueta. Por eso creí que había estado contigo. Pero ¿por qué había un auto negro? —preguntó, mirando el cielo.
Al día siguiente
Mónica gritó, sorprendida.
—¿Crees que alguien te quiso hacer daño?
—Es que todo es muy raro. Pasa que... ¿cómo supo Andrés que Louis me pidió ser su novia si fue en secreto?
Mónica la miró.
—¿Qué?
—¡Eso yo no lo sabía!
Mientras tanto, Louis y Leo iban caminando por un parque.
El niño miraba todo a su alrededor, fascinado por los árboles.
—Qué bonito es —comentó mientras agarraba la mano de su papá.
Louis sonrió.
—¿Sabes? Aquí le pedí a tu mamá que fuera mi novia.
Leo abrió los ojos, feliz.
—¿¡Qué!? ¿En serio?
—Sí. Aquí mismo. Fue un día antes de que llegara el invierno. Tu mamá había terminado con su novio hacía como una semana y yo ya no me aguanté las ganas. Se lo pedí.
Louis rio.
—Ay, papá, eres exagerado.
—Estaba enamorado.
Leo lo miró con curiosidad.
—¿Y sigues enamorado de mami?
Louis quedó pensativo.
—¿Enamorado de tu mamá...?
Puso una mano sobre su corazón.
Su corazón latía con fuerza.
En el hospital
—Oye, capaz Eric sabe algo —comentó Mónica.
Agustina levantó la mirada.
—Mmm... ¿Eric Moon? ¿Está en la ciudad?
—Sí, amiga. Evelyn está de viaje. Vi sus estados, así que no te va a molestar.
Agustina tomó un jugo.
Dijo Mónica.
—Así, amiga... ¿me ayudas a hablar con Andrés sin que me insulte?
Agustina soltó una risa.
—Ay, amiga, tú tampoco te quedas atrás. Desde que volvieron a verse... son como perro y gato.
Mónica sonrió.
—Es que es muy lindo cuando se enoja.
Agustina también sonrió.
Mónica era una gran amiga. Cuando Juliana comenzó a tratarla de manera distante, Mónica estuvo allí para ella.
Desde el primer día habían sido Andrés, Louis, Mónica y ella en la escuela.
Aunque, extrañamente, cuando Mónica era más joven, era un poco celosa por Andrés, aunque siempre decía que lo odiaba.
—Mira, Mónica. Eric me contó... —Agustina le mostró el mensaje.
Más tarde, en una cafetería
Agustina llegó al lugar.
Allí estaba Eric Moon, el chico malo de la escuela, el más temible.
Él levantó la mano.
—No puedo creerlo, Agustina Torres. Mira lo grande que estás.
Tomó un poco de su café.
Agustina lo miró seriamente.
—Iré al grano. Tú sabes que tengo un hijo de la misma edad que el tuyo, pero... ¿tú no viste nada? ¿Por qué tú mismo me ayudaste cuando estaba confundida después de la fiesta?
Mientras Agustina hablaba con Eric, no sabía que Andrés estaba por allí. Había llegado por casualidad; no la estaba persiguiendo.
Eric dejó su taza sobre la mesa.
—Mira, solo hice lo que tenía que hacer. Yo sé que tú nunca estuviste con un chico y que esa noche fue tu primera vez. Estabas asustada. Solo te ayudé. Después, en la fiesta, me fui con Evelyn por otro lado.
Agustina se levantó.
—Gracias por la información.
—Adiós, Bad Girl —soltó Eric.
Agustina se fue.
Horas después, Eric salió de la cafetería.
Sacó un teléfono.
Una voz femenina apareció al otro lado.
—¿Le dijiste algo? —preguntó Juliana.
—No le dije nada. Mira, tu esposo dijo que tú misma tienes que decírselo. Yo no me meto.
Eric apagó el teléfono.
—Así que, Agustina... —murmuró con tristeza—. Ella realmente me gusta. Pero fui un idiota. No la cuidé bien.
En la calle, Agustina caminaba sonriendo.
—Bad Girl... Hace mil años que me decía así.
Lanzó un golpe al aire.
—¡Lo idiota que era! Le pegaba en la cara.
—Y uno de esos idiotas era yo —se escuchó detrás de ella.
Andrés soltó una risa.
Agustina se asustó y cayó en sus brazos.
—¿Eres idiota o qué? —protestó, enojada.
—No. Es que quería invitarte a comer otra vez.
Andrés sonrió.
Agustina iba a responder, pero su teléfono sonó.
Era Louis.
Ella contestó.
—Hola, ¿qué pasa? —preguntó, curiosa.
—Leo quiere estar contigo. No deja de llorar.
La expresión de Agustina cambió de inmediato.
—Está bien. ¿Me pasas tu ubicación?
Louis se la pasó.
Agustina guardó el teléfono.
—Perdón, Andrés. Me tengo que ir.
Se alejó rápidamente.
Andrés la miró serio.
En ese momento, alguien tocó su hombro.
—Hola... Andrés —Mónica sonrió—. ¿Vamos a comer?