La Diosa del Veneno : Madrastra Fatal.
Una asesina letal del siglo XXV, Expertas en venenos y curaciones, muere perseguida y despierta en la época antigua, en un mundo antiguo lleno de prejuicios y abusos. Decidida a sobrevivir, rehacerse y proteger a los cuatro hijos que la otra vida dejó a su cargo, rompe todas las reglas: castiga la crueldad con su propia medicina, se gana el respeto con hechos y construye su propio destino. Una historia de fuerza, justicia y transformación, donde la "mujer débil" se convierte en la ley que nadie se atreve a desafiar.
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Capitulo 19: Llamas Que Consumen
Mientras tanto, lejos de allí, en una casa alejada del pueblo, Doña Anna —la mujer que todos creían abuela de Oliver— se reunía en secreto con un hombre encapuchado en la penumbra de una habitación sin ventanas. Ella no habló de inmediato; lo observó en silencio, midiendo sus palabras, antes de acercarse un poco más.
—Ya sé dónde están los mocosos—le dijo ella con voz seca y malvada—. Lucas, Lucía, Esteban y Álex… están con el Príncipe Regente y esa mujer. Los tengo vigilados desde hace días.
—Excelente —respondió el hombre, sin mostrar el menor rastro de emoción—. La Emperatriz Viuda estará complacida.
—Y además —añadió ella, con una sonrisa torcida que apenas se veía en la sombra—, siempre supe que Oliver no era mi hijo. Nunca lo fue. Lo acepté sabiendo desde el primer día que él era el Príncipe Regente, el heredero legítimo. Fui sus ojos y sus oídos. Y esa mujer… Isabella… es peligrosa, más de lo que imaginan. Deben eliminarla antes de que descubra todo.
La traición tenía rostro, y estaba justo donde menos se esperaba.
Esa noche, el viento soplaba con fuerza cuando Oliver me buscó con el semblante serio, pero con la mirada firme, decidida.
—Isabella —me dijo, tomándome ambas manos—, he pensado mucho. No puedo seguir escondiéndome. El imperio sufre bajo un usurpador, los inocentes mueren, y yo tengo el deber de cambiar esto. Volveré a tomar el poder como Príncipe Regente. Reclamaré lo que es mío, y restauraré la justicia. Pero no lo haré solo… si tú quieres estar a mi lado.
Lo miré, y en ese momento supe que no había vuelta atrás.
—Estoy contigo —le respondí, con voz clara y sin dudas—. Hasta el final.
Pero muy lejos de nosotros, en la habitación más lujosa y fría del palacio imperial, la Emperatriz Viuda, que había permanecido enferma y en cama durante meses, abrió los ojos de golpe. Se sentó con una vitalidad que no tenía, apartando las mantas con un gesto impaciente, y llamó a su sirviente con voz cortante y fría como el hielo:
—Escúchame bien —le ordenó, sin dejar lugar a dudas—. Víctor debe morir. No importa cómo ni cuándo, pero no puede seguir vivo. Le he engañado desde que era un niño. Creyó que yo lo protegía… pero yo he sido quien ha movido todas las fichas desde el principio. El trono, el Templo, el veneno en su sangre… todo fue obra mía. Y ahora que se atreve a volver… será su final. ¡Mátalo!
Regresaba a casa, pensando en todo lo que había descubierto, en todo lo que estaba por venir, cuando vi el humo. Primero fue una columna oscura al fondo del valle, alzándose pesada y siniestra contra el cielo nocturno. Luego, el viento me trajo el olor: madera quemada, fuego, destrucción.
Corrí. Corrí con todas mis fuerzas, sin importarme el aire que me faltaba en los pulmones, sin importarme el dolor en mis piernas. Y al llegar a la cima de la colina, lo vi: nuestra casa, el refugio donde habíamos encontrado paz, donde los chicos dormían seguros… estaba envuelta en llamas altas y furiosas, devorada por el fuego que la noche había soltado. Las vigas crujían y se desplomaban, el fuego rugía con fuerza, y el calor se sentía incluso desde donde yo estaba, a distancia.
—¡NO! —grité, y mi voz se rompió en un sollozo desgarrador.
Sin pensarlo, sin temer las llamas ni el calor abrasador, me lancé hacia el fuego, con lágrimas en los ojos y el corazón destrozado. El humo me llenó la garganta de inmediato, tosí sin poder evitarlo, pero no me detuve.
— ¡Niños! —grité, adentrándome entre las llamas, dispuesta a morir si era necesario para encontrarlos—. ¡Estoy aquí! ¡Llegué!
Las llamas rugían a mi alrededor, iluminando la noche con un resplandor infernal, y yo seguí avanzando, sin saber si lo que encontraría sería vida… o cenizas.
Palabras de la autora:
Ahora viene la segunda parte, Isabella y Oliver ( Víctor) tendrán que luchar contra las intrigas imperiales. Y nadie es confiable. Quién menos piensan puede ser un villano.