Camila y Rafael viven un romance perfecto, entre tardes de complicidad, risas e historias compartidas, descubren un amor puro y profundo que avanza hacia el compromiso. Sin embargo, en las sombras, la envidia enfermiza transformada en amistad se vuelve una obsesión oscura.
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capitulo 23
La decisión de que Rafael se quedara en casa de Camila trajo una calma temporal, pero la amenaza de Fernando seguía presente como una sombra constante. Todos sabían que necesitaban más pruebas, algo contundente que conectara directamente a Fernando con los crímenes y que la policía no pudiera ignorar y necesitaban saber quién era que protegía a Fernando en la policía, alguien siempre lo ayudaba a salir ileso.
Fue Richard quien dio la pista que cambiaría el rumbo de la investigación.
—He estado revisando los expedientes de las víctimas
dijo Richard, en una reunión en el apartamento de Rafael, ahora convertido en su cuartel general
—Hay un caso que no habíamos considerado. Una mujer llamada Patricia, que desapareció hace cinco años. Su cuerpo no había sido encontrado, pero su familia a pesar de que las autoridades cerraron el caso, decidieron seguir buscandolo.
—¿Y qué tiene que ver con Fernando?
preguntó Camila.
—La propiedad donde la encontraron.
—respondió Richard, mostrando una fotografía
—encontraron no solo el cuerpo, si no está imagen, Una serpiente enroscada alrededor de una daga.
Todos se quedaron en silencio. Era el mismo del tatuaje.
—¿Y Dónde encontraron el cuerpo?
preguntó Rafael.
—En un pueblo remoto, en la costa norte
respondió Richard
—Pero lo interesante es que el lugar específico. Un faro abandonado. Y según los registros, ese faro pertenecía a la familia de Fernando.
Camila sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Un faro, Dónde está exactamente? Podríamos ir y después a la familia de esa mujer, quizás sepan más de Fernando, no se, si tienen más información del caso .
—A unas seis horas de aquí queda el lugar
—dijo Richard
— La familia vive en un pueblo alejado y dónde fue la tragedia, está en una zona aislada, sin señal de teléfono ni acceso fácil. Si vamos, tenemos que ir preparados.
Rafael miró a Camila.
—¿Quieres ir?
Ella no dudo
—Sí. Si hay pruebas allí, tenemos que encontrarlas.
—Iremos juntos
dijo Rafael
—Richard, ¿puedes preparar el viaje? No quiero nadie sepa que salimos para ese lugar, quiero todo secreto.
—Claro
respondió Richard
—Pero quiero que Norma también venga. Necesito su ayuda para revisar los documentos en el camino.
Norma, que había estado en silencio, levantó la mirada con sorpresa.
—¿Yo?
—Sí
dijo Richard, con un tono que intentaba sonar profesional, pero que delataba un interés genuino
—Eres la única que conoce los detalles de los expedientes tan bien como yo. Tu presencia sería valiosa.
Camila y Rafael intercambiaron una mirada cómplice, y Norma enrojeció ligeramente.
—Está bien
dijo Norma, con voz baja
—Voy.
El viaje comenzó al amanecer. Richard alquiló un coche todoterreno, y los cuatro emprendieron el camino hacia la costa norte. Las primeras horas fueron de carretera, con paisajes que pasaban rápidamente por las ventanillas.
Camila estaba sentada en la parte trasera del coche, junto a Rafael. Él le había tomado la mano y no la soltaba, acariciando sus dedos con suavidad.
—¿Estás nerviosa?
preguntó él, en voz baja.
—Un poco
admitió ella
—No sé qué vamos a encontrar allí.
—Lo que sea que encontremos, lo enfrentaremos juntos
dijo él, besándole la mano.
Delante, Norma y Richard hablaban en voz baja sobre los expedientes. Norma señalaba documentos y hacía preguntas, y Richard respondía con paciencia. En un momento, sus manos se rozaron al pasar una carpeta, y ambos se quedaron quietos por un segundo.
—Perdón
dijo Norma, apartando la mano rápidamente.
—No te preocupes
respondió Richard, con una sonrisa apenas perceptible.
Camila observó la escena y sonrió. Parecía que el amor florecía incluso en medio de la oscuridad.
Después de varias horas de viaje, el paisaje cambió. Las carreteras se volvieron sinuosas, rodeadas de montañas y bosques espesos. El cielo se despejó, y el sol comenzó a brillar con fuerza.
—Falta poco
dijo Richard estacionando el automóvil.
—El faro está al final de este camino y el pueblo está hacia el otro lado, ¿dónde vamos primero?
—vamos a ese faro, quiero ver el lugar
Todos asistieron y Richard siguió el camino, cuando llegaron, Camila sintió que el aliento se le escapaba. El faro era una estructura imponente, de piedra blanca y ventanas rotas, situada en un acantilado que se asomaba al mar. Las olas rompían contra las rocas con un sonido ensordecedor, y el viento salado acariciaba sus rostros.
—Es hermoso
susurró Camila.
—Y siniestro al mismo tiempo
añadió Norma.
Richard y Norma comenzaron a revisar los alrededores, buscando indicios de que alguien hubiera estado allí. Camila y Rafael, en cambio, se quedaron en el borde del acantilado, contemplando el horizonte.
—Mira
dijo Camila, señalando el mar
—El agua parece infinita.
—Como nuestro amor
respondió Rafael, rodeándola con sus brazos desde atrás
—Infinito y profundo.
Camila se giró para mirarlo, y sus ojos se encontraron. En ese momento, el ruido del mar, el viento y el mundo entero desaparecieron. Solo existían ellos dos.
—Rafa
dijo ella, con voz temblorosa
—A veces me pregunto si todo esto es real. Si merezco esta felicidad después de todo lo que pasé.
—Mereces todo, Camila
respondió él, acariciando su rostro
—Mereces amor, mereces paz, mereces ser feliz. Y yo voy a darte todo eso, todos los días de mi vida.
Se besaron con una pasión que contenía todo el dolor y la esperanza de sus almas. Fue un beso largo, profundo, que pareció sellar el destino de ambos.
Cuando se separaron, Camila tenía lágrimas en los ojos, pero esta vez eran lágrimas de felicidad.
—Te amo, Rafa
dijo.
—Y yo te amo, Camila Montalvá
respondió él
—Siempre y cada día de mi vida.
—¡Encontramos algo!
gritó Richard desde el interior del faro.
Corrieron hacia el interior y encontraron a Richard y Norma en una habitación polvorienta. Sobre una mesa, había una caja de madera con documentos y fotografías.
—aqui hay registros de la familia de Fernando.
—dijo Richard, con emoción
—quizas está la relación con la policía, algún familiar o aliado.
—¿Y esto?
preguntó Norma, señalando un sobre amarillento.
Richard lo abrió y extrajo una carta. En el habían una imagen original de el símbolo de la serpiente y la daga.
—ojala aquí este el significado de este símbolo...
dijo Rafael, con el rostro iluminado
—si es así tendremos pruebas irrefutables.
Camila sintió que el peso del mundo se aligeraba. Finalmente, tenían lo que necesitaban para detener a Fernando.
Mientras empacaban las pruebas, las emociones eran únicas, Camila observo un lugar en la vieja chimenea del faro, y encontró un collar lleno de polvo, lo tomo en sus manos y tenía el nombre de Patricia con una pequeña foto.
Pero algo paso, al estar ese collar en sus manos.